“La creatividad no consiste en una nueva manera, sino en una nueva visión”
Edith Wharton
“El arte deriva de un deseo de la persona para comunicarse con otro”
Edvard Munch

El arte digital: una manera diferente de representar la realidad
Cada vez más, las nuevas tecnologías captan la atención de muchos artistas ya que les permite adentrarse en un mundo donde lo desconocido o lo irreal ya no es patrimonio de unos cuantos, sino que pasa a ser una actividad de lo más normal.
Actualmente hay artistas que se han iniciado en el arte digital sin haber tenido en cuenta otras disciplinas creativas que son muy necesarias para desarrollar y elaborar una obra, ya que se han de tener buenos conocimientos para el dibujo. Pero también hay artistas, sean pintores o escultores, que suelen interesarse por todo lo que concierne a la temática digital, después de haber dedicado la mayor parte de su vida profesional a sus disciplinas habituales, por ello han decidido adentrarse en un terreno que le permite ir más allá de sus propias creaciones.
También es cierto que la videocreación, o sea el videoarte, surgió a mediados de los sesenta del siglo pasado, siendo el coreano Nam June Paik uno de sus principales exponentes junto con el alemán Wolf Vostell –que tiene un museo en la localidad cacereña de Malpartida donde se exponen obras suyas y de otros destacados artistas conceptuales-. Posteriormente aparecieron autores como el estadounidense Bill Viola y el catalán Antoni Muntadas.
Respecto a Pere Bruix (Barcelona, 1949), conocido también como Bruix.net, fue a finales de los 80 cuando empezó a trabajar directamente con el ordenador, alternándolo con la pintura y la escultura. Su primera exposición individual tuvo lugar en 1966, concretamente en el Centre Sant Josep de Barcelona.
Ahora su obra dentro del campo digital lo podemos presenciar en una exposición individual en la barcelonesa Art Gallery Patricia Cancelo -que lleva el nombre de su directora, la escultora y pintora Patricia Cancelo, que hace años tuvimos la oportunidad de referirnos a ella en esta revista– titulada La llum dins el temps (La luz dentro del tiempo), donde se pueden contemplar un conjunto de obras pertenecientes al periodo 2020-2025, aunque también hay algunas de años anteriores. Todas ellas están realizadas a partir de procesos y programas informáticos tratados posteriormente con un sistema lenticular y efecto 3D, con impresión digital policroma sobre papel para un plástico PS lenticular, con Cama Plana en tintas UV sobre papel metalizado o bien sobre plancha de aluminio Dibond blanca.

Pere Bruix: Seis décadas dedicadas a la creación
Pere Bruix lo podemos considerar como un artista polifacético debido a que trabaja la pintura, la escultura, la obra gráfica, la instalación, el video y obviamente la imagen digital. Pero también ha compaginado estas disciplinas con la docencia –dando clases de diseño por ordenador-, la promoción cultural y el comisariado de exposiciones.
Se formó en Bellas Artes en las facultades de Barcelona y Valencia. Es catedrático de Dibujo. Asimismo, realizó estudios en la Escuela de Artes y Oficios, el Instituto del Teatro –cine y video-, Artes del Libro –grabado y litografía- y en el ICE –sobre diferentes programas de multimedia-, todos ellos situados en Barcelona.
Su obra se ha exhibido en diferentes galerías españolas y extranjeras, principalmente europeas y americanas. Ha participado en diversas ferias internacionales. Tras su primera exposición individual tres años más tarde exhibía sus obras en Expo-art, patrocinado por ASPACE de la Feria de Barcelona.

Antes de adentrarse en el terreno del arte digital, su obra se movía entorno al arte óptico y cinético, o sea el Op-art, destacando por emplear efectos e ilusiones abstractas haciendo creer al espectador que existe la idea de movimiento o incluso de profundidad a partir de las imágenes representadas. En el arte cinético las obras sí que se mueven realmente o al menos parece que lo hagan, provocando que el público que las observa tenga la percepción de que existe un cierto dinamismo. Los máximos representantes de ambas tendencias fueron Víctor Vasarely y Alexander Calder, respectivamente. Su interés se produjo en sus albores artísticos, o sea a finales de los 60 y principios de los 70, en que la mayoría de sus trabajos pictóricos se basaban principalmente en el uso del esmalte sintético sobre acetato transparente o metalizado. A su vez, utilizaba otros recursos o efectos visuales como, por ejemplo, los espejos y los motores eléctricos debido al movimiento que generaban.
En la misma época se interesa por otras formas de representación, aunque siempre próximas a lo que ocurría en aquellos momentos en Europa. De todos modos, no deja de sorprendernos ya que Bruix es un artista que siempre está atento a lo que sucede en las últimas vanguardias. Por ello no es de extrañar que se aboque hacia el arte conceptual, el arte povera y el land-art, creando instalaciones, acciones, fotografías, vídeos, grabados y objetos diversos, incorporando según el propio artista “el contraste entre materiales, ideas o conceptos, que generen la sorpresa en el espectador”.

Entre 1973 y 1980 se aleja del arte cinético y del conceptual- aunque estas tendencias no desaparecen realmente en sus obras posteriores- para dirigirse a un determinado realismo gráfico crítico que le permite conseguir y a la vez ampliar sus conocimientos de diseño gráfico y el conocimiento visual. Ello le sirve para incidir sobre infinidad de aspectos relacionados a nivel político, social y cultural, usando imágenes y tipografías que buscan la complicidad del espectador. La mayoría de las obras son pinturas, grabados y esculturas que se mueven entre la abstracción y la figuración.
De la misma época son un grupo de esculturas de la serie Contraposición de fuerzas, en las que emplea diferentes materiales: mármol, piedra, plancha metálica y hormigón armado, para espacios públicos o de dimensiones más pequeñas. En todas ellas se percibe su admiración por la geometría, pero desde una vertiente en la que el espacio vacío es igualmente protagonista.

Dentro de la misma serie, hay un grupo de pinturas en las que se percibe “una simplificación de formas, colores y texturas, trabajadas con tinta de serigrafia e incorporando elementos metálicos (…) esparcidos con paletas de entintar normalmente encima de cartulinas de materiales y texturas especiales”. Es como si quisiera transportar la escultura -el volumen- hacia la pintura, o lo que es lo mismo, el concepto tridimensional al bidimensional, creando formas geométricas que parecen puzles, ya que las fuerzas que aparecen -la contraposición de ellas- se unen o bien se acercan a su principal objetivo.

A finales de los 80 genera una serie de obras de grandes dimensiones que denomina Pintura de espacios, ya que se acercan a su ideario digital, iniciando una nueva manera de expresión dentro del terreno pictórico, como es el empleo de la mano, siendo sus dedos los que cumplen la función del pincel o de la paleta, así como el uso de determinados colores. Otra serie importante de los 90 es Dimensión, que compila la escultura, la pintura y la instalación, consiguiendo que exista la idea de profundidad -otro concepto que irá apareciendo en sus obras digitales-, donde se entrelazan y originan una visión del espacio-tiempo muy singular, de la que Carme Gassó señala que se trata de “un conjunto de elementos plásticos mencionados que está meticulosamente unido para dar sentido a una serie de reflexiones, teorías, que narrativamente se dirigen hacia una dirección temática, donde se enlazan para terminar dando conceptos nuevos a preguntas previas”.

En 2000 realiza una instalación en el espacio que ocupaba la galería Eude en la Feria New ART de Barcelona, que posteriormente dará origen a LOOP, la feria de la videocreación. Tres años más tarde, ya en la propia galería, vuelve a mostrar este trabajo, pero más ampliado, titulado Más allá del tiempo, aunque en realidad eran dos instalaciones que ocupaban sendos espacios de la galería. En la primera, o sea en la entrada y en la parte central, había un conjunto de telas que estaban situadas en las paredes y en el techo, que “escondían automatismos que proyectaban efectos lumínicos sobre la exposición formada por diferentes objetos de luz que hacían referencia a la expansión del espacio-tiempo, reduciendo las tres dimensiones físicas a dos”. En cambio, en el segundo espacio, ubicado al fondo de la galería, la instalación estaba compuesta por casi 1500 metros de cables de fibra óptica con medio millón de metros de hilo de fibra de vidrio por donde transcurría la luz de dos proyectores que iban soltando puntos de luz que a su vez iban modificando el color que se reflejaba y multiplicaba en los diferentes espacios de la sala donde estaba ubicada la instalación.
La luz dentro del tiempo
Será a partir de 1996 que Pere Bruix se compromete directamente con el arte digital sin dejar de lado otras maneras de expresión creativa. Es el momento en el que el protagonista es el ordenador partiendo de infinidad de programas de diseño empezando por la serie Lenguaje digital. Las obras están realizadas con tintas resistentes “UV” sobre plancha de aluminio Dibond blanco de dos caras.
Se dio la circunstancia que el artista vio una copia de una fotografía realizada por ordenador que era incorrecta, provocando que la imagen fuera diferente y alejada de la realidad, además de ser abstracta, pero con la singularidad de que se podía considerar como una obra de arte, o así lo entendió él. En resumen, había originado una nueva pieza sin haberla creado expresamente, ya que había surgido de manera espontánea. Todo ello provocó que reconsiderara y a la vez comprendiera que se encontraba delante de una tesitura diferente y por tanto quiso descubrir la causa de este error, pero finalmente no lo logró.

Hay una palabra que define este tipo de error, es el Glicht Art, que traducido significa la modificación adrede de los registros digitales, sean imágenes de video o bien sonidos que tengan un propósito creativo. Precisamente Rosa Menkman señalaba que “el error tecnológico obligaba a reconsiderar nuestra manera de plantar cara a la tecnología y la consideración que tenemos de ella”. Se da la circunstancia que Nam June Paik ya lo aplicaba cuando distorsionaba imágenes de video al poner imanes cerca de la pantalla, originando una serie de interferencias que se podían relacionar con la abstracción.
En realidad, en la exposición de la galería Patricia Cancelo se exhiben diferentes maneras de expresar el arte digital. En primer lugar, aparece la serie Lenguaje digital, donde la línea horizontal es la protagonista de la composición a través de un conjunto de líneas delgadas y gruesas, a modo de ondas vibratorias. A nivel cromático se observa su interés por reflejar diversas tonalidades, principalmente el color amarillo por su luminosidad, además de “los rojos que recuerdan los amaneceres, los azules evocando el cielo y el mar…”.

Respecto al segundo apartado, surgen unas formas helicoidales que parecen olas o estratos sedimentarios que, de algún modo, se acercan al terreno natural. Una naturaleza que va más allá de lo físico para dirigirse a lo humano, como si se tratara de conectar el universo con las distintas fuerzas cósmicas que lo constituyen.
En cambio, en el siguiente ámbito, surgen unas figuras alargadas dispuestas verticalmente que evocan los interiores de un templo, como una especie de concatenación de arcos dispuestos de forma homogénea que, según Pere Bruix, representan “vibraciones de baja frecuencia entre seres vivos, o entre muertos (otra dimensión) y de esta dimensión”. Estas formas irisadas pueden tener el origen desde una perspectiva onírica, o sea no solamente provienen de otra dimensión, sino que podrían corresponder a una serie de campos magnéticos o electrónicos en pleno movimiento.

Relacionado con esta última serie, hay un conjunto de obras tridimensionales en las que en el fondo surge el aura o las ondas electromagnéticas sumado a los colores del arco iris. En primer plano hay unos árboles y un ser humano que parece ajeno a lo que sucede a su alrededor. En otra pieza la presencia de dos árboles de especies diferentes inclina la balanza respecto al fondo compositivo irisado. Pero lo más sorprendente son unas obras en las que un conjunto de círculos, o sea de planetas o satélites, parecen desplazarse en el espacio intergaláctico. Si nos acercamos a ellos y tenemos la intención de poner nuestra mano, podemos atravesarlos.
El artista deja para más adelante viajar hacia la quinta dimensión, ya que cabe la posibilidad de atravesar la barrera de nuestras dimensiones con la intención de “situar al espectador como observador, de manera más real, de su o de nuestro universo de cuatro dimensiones (tres dimensiones del espacio más una del tiempo)”. En resumen podríamos afirmar que Pere Bruix muestra un trabajo donde la informática, la astrofísica y la filosofía se fusionan en perfecta armonía con el arte digital, originando a su vez una nueva manera de representar la realidad o irrealidad de una propuesta plenamente creativa que merece ser observada con detenimiento y sobre todo con la mente bien abierta y alejada de cualquier tipo de prejuicio.


















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