Las nueve musas
O auto das ánimas

«O auto das ánimas», hacia la reconciliación de una dualidad identitaria e intergeneracional

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El pasado 24 de abril se estrenó en el festival internacional de documentales Visions du Réel de Nyon, en Suiza, la película española de Pablo Lago Dantas. En un homenaje conmovedor, el joven y prometedor director recientemente instalado en Los Ángeles en busca de nuevos horizontes cinematográficos, eligió para su primera obra llevar a su abuela de 87 años, de su pueblo de Cesantes en Galicia a las pantallas mundiales. 

Si en el relato de Lewis Carroll, Alicia recorre un camino iniciático que le permite pasar la frontera entre la niñez y el mundo adulto, en el documental de Pablo Lago Dantas, Alicia es la guardiana de un mundo que está desapareciendo y en el que esta vez, es su nieto quien emprende el camino de la búsqueda.

O auto das ánimas se abre como otro cuento de hadas, ofreciéndonos un mundo mágico y una galería de personajes entrañables en una obra altamente sincera, equilibrada y creativa.

O auto das ánimas

Sinópsis

Tras 20 años de ausencia, Pablo vuelve al pueblo gallego de su infancia para enfrentarse al universo familiar y tradicional del que había sentido la necesidad de escapar afín de crecer y hacerse un hombre en algunas de las grandes ciudades del mundo. Regresa al pueblo durante el periodo de fabricación del aguardiente. Un ritual ancestral de raigambre chamánica que ocurre en la casa de su abuela y le permitirá poner sus dos mundos en perspectiva en una dialéctica existencialista. Así se oponen, a la vez que se sostienen, dos culturas y dos generaciones en un afán de fusión pacificadora. Entre las piedras eternas de la casa de Alicia, la vida y la muerte bailan juntas, al sonido de las últimas gotas de licor que se vierten con pericia en los alambiques.

Los fantasmas

Cuando Pablo nos abre las puertas de la casa de Alicia, el hogar se erige como una cuna del realismo mágico. Desde los primeros planos del documental, en un juego de claroscuro, una luz viva, a la vez calurosa e inquietante, nos extirpa de las brumas gallegas para invitarnos a entrar en la fábula. En su cama, la decana tiene el poder de hablar con sus antepasados. Ellos la esperan para darle la mano y reunirse de nuevo con ella, en su otra casa, la eterna pero cuando sea el momento. Por su parte, ella les ayudó a franquear la frontera hacia el más allá como lo sugiere con finura y relevancia el título del documental. Este mundo místico, muy ajeno al cartesianismo moderno de Pablo, de alguna manera, no deja de fluir y penetrar en las certidumbres del nieto.

El fenómeno de porosidad es generado tanto por la gran apertura que implica la búsqueda del descendiente, por su capacidad sin par de observación, por el peso de las raíces como por la influencia de los líquidos tradicionales. Lo que termina convirtiéndose en un conflicto interno en que se debate para encontrar una resolución. Es así como asoma una lucha dual e intergeneracional entre pasado y presente, tradición y modernidad, vida y muerte. De la misma manera que el nieto cuestiona a su abuela y acoge las creencias que no parece compartir, ella recibe sus interpretaciones opuestas.

El choque de la crudeza de las réplicas ateas del nieto con las proyecciones suavizantes de la abuela, quien se prepara ante las puertas de la muerte, no parecen poder derrumbar las convicciones sólidamente edificadas de la mujer. La plasmación justa y sin engaños del director, de la belleza y la fuerza de esas brechas que cada uno es capaz de abrir en las certidumbres del otro, contagia de lleno al espectador, con las emociones puras y profundas de los personajes.

El lenguaje

Si Pablo denuncia la falta de comprensión entre los dos mundos que lo abarcan y la carencia de comunicación en su familia, el director hace de esta obra, un documental del diálogo. Los silencios, las miradas y las incomprensiones se vuelven intercambios que dicen más que las palabras.

Alicia ya no puede caminar fácilmente ni hacer tantas cosas como antes pero por encima de todo, le gusta hablar y más allá de eso, sabe hablar con los muertos. Rosa, la madre de Pablo, parece de las únicas en saber hablar con su marido. También le habla de Alicia y le revela cosas familiares a Pablo. Ella parece ser la detentora de las verdades o claves escondidas familiares. Esto la convierte en una figura bisagra entre su hijo y los otros miembros de la familia con quien él no logra comunicar como le gustaría. A pesar del silencio de la familia, las mujeres saben escucharle, responderle y le ofrecen un espacio donde poder revelar sus confidencias.

Pablo Lago Dantas

El cineasta ha elegido que los diálogos entre los personajes se entablen en gallego. Lengua materna y legado debilitado, probablemente destinado con el tiempo a desaparecer aún más, igual que este mundo ancestral del personaje. Esta elección lingüística es uno de los numerosos argumentos que hacen de la película un documental comprometido. Es de notar que entre dos mundos divididos por una dificultad de comunicación, el gallego tradicional y materno se convierte en un vehículo unificador.

Al plantearle tantas cuestiones a su abuela, observamos una gran mayéutica en el método de Pablo. Hasta que este procedimiento, con cierta ironía, se vuelca hacía a él para ensanchar su propia reflexión. Incluso se vuelca hacía el espectador y la meditación nos alcanza a nosotros. Son las preguntas que nos guían y nos permiten avanzar a lo largo de la película, incluso sin las respuestas o precisamente sin las respuestas. Como buen recorrido iniciático, lo que cuenta parece ser más el camino que el destino.

El tiempo

Eje de la película, el paso del tiempo y sus procesos omnipresentes nos encauzan hacia un cuestionamiento a primeras vistas sin posibilidad de resolución. Pablo tiene el valor de enfrentarse a ello encarando toda la impotencia y vulnerabilidad que supone, mientras Alicia, parece haber encontrado una solución satisfactoria a este problema, la de la eternidad y del reencuentro con los suyos. A pesar de su deseo de volver a estar reunida con su difunto marido, todavía las Parcas no han anunciado el momento de la abuela.

Pablo la observa, es como las ánimas en transición que no consiguen alcanzar su destino en el más allá. Parece errante, atascada entre esos dos mundos, entre sus dos casas, la del aguardiente y la del cementerio. Como si no estuviese presente en ninguna de las dos y a la vez tuviese el poder de evolucionar en ambas.

Desde la fuga de su juventud y sus ganas de comerse el mundo, el cambio de ritmo de la mujer, su falta de actividades y sus diferencias de perspectivas superan al nieto. Sin embargo, a su vez como las almas errantes, él también se ve atascado entre dos mundos. El de su niñez y él de su edad adulta, sus ganas de quemar la vida y los cuestionamientos que le plantea su falta de construcción. No comparte los códigos tradicionales que llevaron a Alicia y a su padre a construir casas, comprar tierras para sus niños, ocuparse de sus mayores. Ellos desearían que él también tuviese descendencia para cuidarle de mayor, una idea muy ajena a la manera que tiene Pablo de entender la vida. A pesar de su gran oposición, el nieto observa que su abuela no tiene ningún remordimiento respecto a la vida que ella emprendió y llega a envidiar que tenga las cosas tan claras ante los misterios de la existencia.  Alicia, por su parte, sin aleccionarle, le explica su visión de las cosas.

Su tolerancia y benevolencia hacia él son grandes y sabias. Ella ha construido un legado con fuerza y altruismo para todas unas generaciones, lo ve esfumarse con respeto e impotencia ante el nuevo mundo que se está preparando a dejar, pero no reprocha ni impone nada a Pablo.

Frente a todo esto, el nieto es dividido entre la conciencia que tiene de su egoísmo y su decisión asentada de seguir con su camino que nadie parece capaz de parar, ni él. Ante el mismo paso del tiempo, los dos han elegido soluciones opuestas, la del mantenimiento y la transmisión de la tradición por un lado y la de la fuga hacia nuevos horizontes por otro. Pero del legado y del amor de la estirpe, nadie se deshace y es así como Pablo terminará comunicando con su abuela en su propio lecho mortal.

Cuento de hadas

A la vez que marca las generaciones, el paso del tiempo deja sus marcas en las tradiciones. A lo largo del documental seguimos el proceso y los ciclos de fabricación del aguardiente al ritmo de una fotografía poética y de las distintas etapas de elaboración. Preparación, fermentación, cocción, destilación, evaporación, reutilización no cesan de revelar el poder de metamorfosis y transformación del tiempo. Por otra parte, igual que el tiempo opera en la fruta y la verdura que las mujeres recogen, Pablo atraviesa también un proceso de maduración a través del que busca construirse un camino entre la niñez y la edad adulta. Esta alquimia temporal parece darle crédito a la visión del nieto, la vida merecería ser una materia que hubiese que transformar para poder trascenderla. Todo una puesta en abismo sutilmente contenida en esta creación cinematográfica.

Los sonidos

Una de las cosas más lindas, potentes y suaves del documental son sus sonidos. Son finos y sugestivos. Delicados y auténticos, suenan justo. No sirven de artificio para sugerir o señalar de forma caricatural ningún suceso. No provocan ninguna agresión ni contaminación. Nos mecen irrumpiendo dónde y cómo se los espera hasta fundirse en nuestros oídos y hacerse olvidar por su presencia natural. De este modo, hacen del documental una obra de la realidad. Los momentos de silencios, ellos, actúan como suspensiones sonoras que nos permiten dedicarle toda la atención a las imágenes. Como la ausencia, aportan una verdadera presencia invisible.

Pablo, protagonista de la sombra que le deja toda la pantalla a su abuela, centellea por su voz en off. La encarna con tanto brío que se vuelve tan presente como una imagen. Igual que la de los fantasmas de Alicia, su presencia no necesita ningún cuerpo para tener alma y alcanzarnos sin ser vista. La voz del nieto no debilita las imágenes sino que las completa y las potencia sin producir ningún efecto de redundancia. Aparece en los mejores momentos para guiarnos en la reflexión de la misma manera que Alicia guía a Pablo. Tiene varios poderes, a veces dialoga con los miembros de la familia, a veces consigo misma y a veces con los espectadores.

Opera una gran sincronización entre el discurso y la imagen. Es como una ola, cuyo flujo y sonido embarca a los personajes y nos embarca por los caminos de la vida. A veces en una tempestad, a veces en un mar más tranquilo. La textura de la voz es suave, no es nunca monótona pero conlleva un ritmo regular y pausado que resulta arropador y caluroso, tranquilizante a pesar de las preguntas preocupantes que plantea. Nos hace sentir seguros para seguir el viaje al lado de Pablo de principio a fin.

El espectador puede sentir que ocupa un lugar privilegiado al escuchar las confidencias íntimas del nieto narrador como si estuviese inmerso en un diálogo con él. De esta forma, incluso llega a tener la sensación de ser un miembro más de la comunidad. En ese sentido, la película, sin embargo tan íntima, alcanza uno de sus valores universales y de nuevo, contiene una dualidad suplementaria.

En cuanto a la escansión de la voz, revela una dimensión poética que nos mecería como una nana. Es clara y sobria, con un ritmo controlado. Por su soplo se hace cercana como si Pablo nos estuviese hablando al oído de tal forma que la terminamos escuchando como si se tratase de nuestra propia voz, dejándonos embarcar por la primera persona del singular y es así como nos volvemos el yo poético. De este modo, el director no solo logra plenamente compartir las emociones y reflexiones, ideas y visiones de los personajes con el espectador en una verdadera experiencia sensorial sino que también, en un acto altamente comprometido, lo invita a participar activamente en el proceso.

Por otra parte, si el cine puede crear persistencia retiniana, en este caso, sabe ofrecernos un efecto de persistencia sonora. Llegamos a echar de menos la voz en off y a anhelar que aparezca algunos segundos antes de que se haga escuchar. El director logró grabar una voz que nos habita como nos habitan algunos de los sonidos naturales, relajantes, elegidos y adictivos de la película, tales como los sonidos de la lluvia.

Si el documental nos zambulla en unas emociones a veces crudas y crueles, como víctimas a merced del paso del tiempo, la voz no nos abandona nunca, nos acompaña para darnos una mano tranquilizante hasta el final del viaje, proporcionándonos la valentía requerida para emprenderlo, la misma valentía que la que posee y ofrece Pablo.

En cuanto a la tonada gallega, es tan linda que canta como las melodías de un mundo lejano y exótico. Mundo cuyo pueblo no es nombrado nunca y de nuevo, podemos proyectarlo de manera universal.

personajes entrañables

Las elecciones cinematográficas.

Los efectos visuales son puros, suaves, elegantes, sinceros y eficaces. El trabajo de fotografías, de atmósferas, de entrevistas, de sonidos, de montaje, y de escritura nos revelan unos recursos narrativos altamente logrados. Le dan una identidad peculiar y de mucho carácter a la película. La creatividad, la estética y las alegorías nos conquistan. El ritmo, nos deja el tiempo suficiente de apreciarlo todo sin sentirnos apurados y sin tampoco aburrirnos nunca.

La construcción y el tiempo están absolutamente controlados y la arquitectura circular o en espiral termina de arroparnos, como lo hacen los ciclos de la vida. La escritura del guion destaca por su profundidad, por la belleza y la justedad de cada una de sus palabras, cuidadosamente elegidas y ponderadas. A pesar de las numerosas preguntas planteadas, la reflexión es avezada. Nada sobra, se dice y se sugiere lo esencial para que el espectador pueda tener un espacio de interpretación y meditación propias.

En este documental todo es sincero, tanto los personajes, las imágenes como los efectos y los planteamientos, lo cual nos arropa en una gran sensación de confianza.

El aguardiente y los líquidos

Que mejor que la elección de la fabricación de este licor tradicional con la dimensión mágica que conlleva para representar la desaparición de un mundo ancestral y la importancia del paso del tiempo.

Cada año, en casa de Alicia, la bebida sagrada se prepara siguiendo los rituales más rigurosos. Los aguardenteros se alojan bajo el techo de la anciana durante el periodo de preparación. Pablo recuerda esos episodios de reunión festivos como momentos agradables y especiales de su infancia. El espectador, a medida que se adentra en el universo de la casa de Alicia, los observa y aprecia con un mismo sabor sagrado e iniciático. El documental nos abre una ventana privilegiada sobre este mundo íntimo, casi secreto.

En un acto generoso del director, estamos convidados a presenciar este espacio de iniciados. Si esta comunidad no siente necesidad de dirigirse hacia el exterior, nunca deja de ser acogedora aceptando que el exterior la penetre ofreciéndose en un documental.

Tras un preciso y rudo labor, los aguardenteros y la familia de Pablo se vuelven alquimistas capaces de transformar las materias primas de la naturaleza en una poción mágica. La quintaescencia de la fruta recolectada con cuidado, se prepara, se remueve, y reposa en los imponentes alambiques dorados, hasta fluir como por magia en las copas, convertida en una sustancia modificada, cristalina y consagrada. El ritual es comunitario. La transformación se celebra en la alegría, con cantos populares en reuniones familiares y amicales. El director magnifica este clímax siendo capaz de llevarlo hasta un estado de trance.

Quizá por los recuerdos de Pablo niño marcados por la impresión causada por estas ceremonias o por el respeto que les tiene de adulto, las escenas se elevan al altar de lo sagrado en un hermoso homenaje. Los detentores de este conocimiento no solo saben escuchar los ciclos de la vida para transformarlos sino que son los creadores y pasadores de unos lazos transgeneracionales identitarios. La metáfora de las llamas del infierno o del más allá, se observa durante la cocción del licor y transforma la bebida sagrada en un puente capaz de unir los dos mundos, el de Alicia con el de su difunto marido.

Aunque Pablo reproche a los suyos un ensimismamiento en el que se pudo ahogar siendo más joven, el director nos muestra cómo son capaces de cocinar y de transformar el mundo que les rodea. Al fin y al cabo, cocinar es de las mayores alegorías de nuestra relación a la vida en la medida en que no podemos formar parte del mundo sin modificarlo y sin dejar que nos modifique. Entonces, cuando la vida se cocina de forma activa y responsable, el pasado deja de determinarla. Cocinar el mundo, aunque sea con recetas tradicionales, es lo que hace la comunidad de Pablo.

mundo mágico

Al igual que en la familia acogen las elecciones y las diferencias del nieto, la fabricación de su licor se revela como un acto muy democrático en el que las diferentes especies pueden convivir. En una fusión heteróclita la fruta comparte el alambique con el aguardiente, el azúcar y otros ingredientes secretos. Todos se mezclan en el receptáculo mágico en una licuefacción festiva, aboliendo las fronteras de los códigos. De este modo, la casa de Alicia se vuelve un espacio creativo. Un espacio en el que se transforma la materia del mundo para transformar los cuerpos y las almas.

De esta elaboración culinaria se desprenden el cuidado y el amor hacia los demás que la familia ilustra. El proceso de fabricación del licor revela la creación de una felicidad participativa y compartida, en la que la vida se afina en consonancia de placeres y reuniones y donde cada uno se deleita con el sabor y el aroma del otro para embriagarse al sonido de las canciones populares gallegas.

En eco al fluir del aguardiente, a lo largo del documental, nos acompaña la presencia del agua. Como elemento vital y fundamental en los ciclo de la vida, escuchamos sus sonidos, nos zambullimos en sus diferentes estados al mismo tiempo que nos inmerge en el ambiente de la comunidad gallega. Asociada a la vida, quizá a las mujeres o a las figuras maternas, el agua es poderosa e inspiradora. Representa el flujo de los recuerdos a medida que acompaña el fluir de los pensamientos o de las palabras. Se infiltra como las ideas, va y viene, permite flotar, nos da la vida a la vez que nos puede ahogar. Lleva en ella una de las dualidades del documental, la de la vida y la muerte, como si todo convergiese en este nudo central. Si el agua es similar a las ideas y a las palabras, podría sustituirlas cuando no logran salir de la boca de Alicia y que están contenidas en las lágrimas que adivinamos en sus ojos o que llegan a los nuestros.

Los personajes

Son testigos vivientes del mundo que Pablo intenta capturar. El director logra hacerles olvidar la cámara para sumergirnos de pleno en la realidad. Los personajes son tan auténticos y su sublimación tan magistral que son mejores que actores. Bastan sus silencios, sus miradas y sus actos para ponerlos de relieve.

Pablo Lago Dantas sabe plasmar su fuerza revelando sus fragilidades. El trabajo de la cámara revela que a veces no hace falta ningún diálogo para volver a los personajes más potentes que los conceptos. Su personalidad como las elecciones del director enlazan la narración al mismo tiempo que condensan y estructuran el argumento. Los planos elegidos nos permiten una proximidad total con las caras y con las almas, con sus emociones y su temporalidad sin que nada nos pueda distraer.

La cámara captura los rostros al mismo tiempo que captura  nuestros ojos. Tanto a los personajes como a nosotros, nos obliga a sostener la mirada en un juego de intensidad que nos permite ser partícipe del documental, como si fuésemos un testigo más. El director tiene la generosidad de incluirnos en los testimonios mediante los primeros planos que rompen con las distancias. Es así como el testigo es desnudado y revela a la luz la verdad más profunda y sincera que contiene en él. Cuando el cuerpo o el rostro ocupan casi toda la pantalla, no pueden hacer trampas y la superficie del plano se vuelve un todo que contiene la quintaesencia de la narración. De nuevo, Pablo nos ofrece un cine muy sensorial.

Los personajes del documental constituyen una galería de retratos entrañables de la que se desprende su singularidad sin que falte a ratos una pincelada de humor. Pablo los pinta con mucha delicadeza y mucha fortaleza. Cuando entrevista a los personajes, el director les dedica una atención muy cuidadosa y les proporciona el mayor espacio para que se puedan expresar. Crea el tiempo necesario para fomentar una exteriorización justa. No les brusca y deja espacio a su espontaneidad. Respeta las vacilaciones, los titubeos y las asperezas del discurso auténtico. El hecho de que sean pocos los personajes nos permite entablar una relación de mejor calidad y más cercana con ellos.

Alicia

Reina, chamana, supervisora, guía, decana, matriarca, dueña, figura tutelar de la estirpe, sabia, filósofa, madre, abuela, y mucho más. Alicia es una figura magnética que Pablo erige en protagonista del documental rindiéndole un homenaje conmovedor y elocuente.

Superviviente serena, con su gran sabiduría, no tan solo acompaña a Pablo sino que también acompaña al espectador en el camino hacia la muerte. Con su filosofía, de la misma manera que la espera su marido para darle la mano cuando haya llegado el momento, nos da la mano para suavizar la crudeza del fin. Está preparada y lo ha dejado todo preparado, sin remordimiento ninguno, para enfrentarlo. Lo dice con sus palabras, con su carácter y su mirada determinados.

La dualidad presente a lo largo de la película es encarnada por el personaje de Alicia. A pesar de su visión tradicional, no deja de ser abierta a las perspectivas de su nieto. Pablo siente rabia hacia los prejuicios del mundo que ha dejado sin embargo, se topa con una abuela benevolente que acoge sus posiciones con apertura, aceptación e inteligencia. Cuando él le expone sus preguntas y su visión opuesta de la vida, ella lo tranquiliza y le aporta herramientas para relativizar hasta el punto que parecen abrirse brechas en el caparazón del nieto. La consulta como un oráculo que la eleva al rango de deidad y hace de su casa un lugar sagrado. Es como si a pesar de su modernismo antagónico, Pablo buscara la bendición y el acuerdo de su abuela.

documental

Tanta empatía, aceptación y apertura parecen únicamente posibles gracias al amor y al respeto desbordantes que se desprenden de esta relación intergeneracional sana. Estos lazos, este legado permiten que Pablo, quién se oponía frontalmente en un principio al modelo de la comunidad, termine dando un paso de lado para amoldarse a ello, tan siquiera un poco o al menos para dejarle un espacio a las dudas y a las visiones de su abuela. Parece que el determinismo de la mujer y su sabiduría saliesen triunfando.

Alicia tiene una presencia tan potente que tan solo con su mirada y sus emociones, es capaz de hacernos sentir las emociones e imaginar las miradas de Pablo que le da la réplica y que no aparece en pantalla, es como si ella tuviese el don de iluminar la presencia de los ausentes.

Santi

Aguardentero, poeta y artista. De alguna manera podría ser el alter ego de Pablo.

Santi casi no habla pero su ser dice mucho. En él, parecen atascados unas ganas de fuga que el nieto sabe reconocer e interpretar. Es como si su cuerpo luchase constantemente para contener toda su marginalidad. A pesar de ello, no deja de ser extremadamente dedicado para su comunidad. Es muy presente para Alicia. Juntos comparten momentos de diversión mediante juegos de cartas en los que volvemos a encontrar los lazos intergeneracionales que reflejan la solidaridad y la benevolencia de la comunidad, a pesar de los choques y las diferencias de puntos de vista.

De nuevo, Santi, al igual que Pablo, dialoga con Alicia desde su ateísmo y de nuevo, se escuchan y acogen sus diferencias con respeto y sin juicio. Si se aparenta a un doble de Pablo, al igual que el director, Santi es atento a los colores y a las materias cuando pinta o cuando limpia los alambiques, pero también en su manera de interpretar la vida al compartir una visión sensible del mundo. Actúa como la otra cara de la moneda de la comunidad y le permite al director retratar un grupo sin maniqueísmo. Santi es como un mediador que le da cuerpo al mensaje del cineasta a través de una materia a la vez tangible mediante sus pinturas, a la vez impalpable solo por su presencia y sus conflictos contenidos o mediante sus pocas palabras.

Como el director, Santi es otro creador que inspira y es grabado de forma muy artística. Después de que su silueta se haya dibujado como unas sombras chinas, la escena en la que se acuesta en un saco de dormir rojo nos remite a los claroscuros de los cuadros barrocos.

El grupo familiar

Un plano colectivo es dedicado a los miembros de la familia poniendo en énfasis el espíritu comunitario. Están grabados inmóviles, durante varios segundos. De la escena solemne se desprenden el respeto, la fuerza de la familia y del lugar, tal vez su peso oprimente. Pablo los mira desde fuera, no se incluye en el retrato. La composición pictórica, al mismo tiempo que mantiene al nieto en el rango de espectador del cuadro, ajeno a ello, le confiere al grupo un espacio sagrado casi museístico y sin duda muy artístico. La escena se desarrolla en un ambiente espectral, grave, como si fuesen todos los fantasmas de la vida de Pablo. La eficacia dramática ofrece una potente síntesis de la identidad grupal.

El juego

La dimensión lúdica que comparten Santi y Alicia revela muchos aspectos del documental. El juego por su definición, contiene una gran faceta antropológica, crea identidades grupales, relaciones sociales y ritos locales. Por lo tanto, las cartas de Santi y Alicia, participan de la universalidad de la obra.

El juego tiene una dimensión interactiva y pedagógica, traspasa las fronteras de las edades. Para entrar en el juego es necesario dar un salto a otro mundo. Aceptar pasar una frontera. Si el grupo del que proviene Pablo es cerrado, a través del juego es capaz de abrirse a otro espacio. El dispositivo lúdico también tiene límites cuando sus reglas o referencias son obsoletas y herméticas para los no iniciados, uno se puede sentir excluido al igual que Pablo se siente diferente de su grupo o que el espectador se siente extranjero ante los secretos de la comunidad de aguardenteros. En el caso del juego de Alicia y Santi, encontramos esos límites a través de sus puntos de vista opuestos.

Por otra parte, el juego, al ofrecer una realidad dual, libera la palabra. Alicia sabe muy bien moverse en esta doble realidad, lo hace todos los día cuando evoluciona entre el mundo tangible y el del más allá. En el juego con Santi, gracias a la creación de este otro territorio paralelo, los dos personajes son capaces de hablarse de creencias íntimas y de confrontar sus diferencias. Son de los únicos momentos en que vemos que la palabra de Santi se suelta, como si este mundo otro, le permitiese tener un espacio de escapatoria para poder hablar de la muerte y luego volver al espacio tangible y tranquilizante de las cartas en caso de peligro. Alicia y Santi alternan con destreza dos conversaciones, una en cada espacio. Espacios que se sostienen y se ponen en peligro mutuamente porque no pueden existir el uno sin el otro ni tampoco al mismo tiempo, son como la vida y la muerte. El juego nos obliga a trasladarnos, a tomar distancia respecto a nuestra contemporaneidad, a operar rupturas con los códigos y las convenciones.

En suma, Alicia y Santi son capaces de una verdadera performatividad diferida, activando todo un dispositivo experimental y demostrando que tan cerrados no son. De la misma manera que en los juegos se tienen que elaborar estrategias, resolver adivinanzas, buscar respuestas, ellos son capaces de saltar de un mundo a otro para arriesgarse a resolver preguntas metafísicas y encontrar respuestas asombrosas.

La reconciliación

Aunque Pablo les critique por su ensimismamiento, cada uno de los personajes se prestó con mucha dedicación y generosidad al proyecto. Si él ya no forma parte del grupo como a ellos les gustaría, nunca han dejado de quererle y de aceptar sus diferencias, le ayudan a contar su historia.

Por otra parte, si Pablo se reprocha su falta de compromiso ante la vida, lo que cae como una evidencia es la inmensidad del compromiso del director con esta creación homenaje. Su primera responsabilidad es ardiente en cuanto se propone dejar una última huella de la existencia de un grupo que está desapareciendo, un último rastro de su mundo. Su segunda responsabilidad reside en el hecho que lo haga a pesar del conflicto que le supone.

Todo esto nos sugiere un entendimiento de raigambre filosófica. A la manera de los surrealistas, nos parece que Pablo alcanzó una unidad, cierta fusión tras su recorrido iniciático. A partir de su conflicto logró construir una creación poética sin contentarse de quedarse en su nivel totélico. Transcendiéndola, mediante una dimensión antropológica y por lo tanto comprometida. Esta dimensión no puede ser anterior a la creación poética sino que nace precisamente de ella. Bien decía Marcel Duchamp « la conexión con la vida libera del virtuosismo estético que le atribuye la sociedad moderna al arte entre rol consolador e institucionalización”. Esta conexión con la vida es la que respira de los juegos de Santi y Alicia como de la búsqueda de Pablo.

Tomar riesgos, descentrarse, escuchar y jugar papeles distintos, imaginar, ponerse en la piel del otro, pensar estrategias es decir, desplazarse y por lo tanto, comprometerse. Es la síntesis de las varias realidades, de los dos mundos opuestos, de ambas tensiones que nos obliga a alcanzar una realidad otra, superior, una surrealidad. La que parece haber alcanzado Alicia y la que parece entrever Pablo al final de su documental o la única que nos parezca a nosotros poder ser la solución a su conflicto. Es lo que hacemos constantemente en nuestras propias vidas, componer y reajustar con los varios niveles de realidades.

El documental de Pablo nos invita a desplazar nuestras miradas en las varias realidades como en un juego de anamorfosis. Hasta que como hacían los impresionistas, nuestros ojos puedan yuxtaponer los diferentes colores para alcanzar la justa mezcla óptica. El compromiso de la obra, al invitar al espectador a este mecanismo, es total y cobra un cariz universal. Pablo se pregunta si es comprometido, puede que no lo sea en su propia vida pero el documental del director compromete incluso la responsabilidad del público, confiriéndole un valor de memoria y político a la película. Esta responsabilidad está sintetizada en la paradigmática obra de Jean Paul Sartre, Les mains sales, donde el idealismo se unirá en una simbiosis metafísica con el materialismo.

André Breton, en su primer manifiesto del surrealismo, busca fundir en una unidad superior las horas del sueño y de la vigilia. La noción de compromiso y de síntesis se vuelve a encontrar en la fenomenología que fuerza a desplazar la mirada pero también en el existencialismo que indica que la existencia precede la esencia y en ese sentido responsabiliza al espectador y deja libre a Pablo.

El público y el nieto, perdidos ante el laberinto del juego documental o del caos del antagonismo vida y muerte, tienen que comprometerse y responsabilizarse en un más allá poético, para liberarse alcanzando una surrealidad. Y si el Pablo personaje no lo logró todavía del todo, es lo que alcanza el Pablo director con su creación. La surrealidad solo puede nacer de la creación poética gracias a una síntesis.

En suma, el director permite al espectador dar un salto hacia una dimensión antropológica y política del arte, orientándolo hacia un compromiso existencialista.

Finalmente, la obra se podría entender como una especie de “work in progress” del ser y de la vida, ya que nos indica que lo que cuenta no es el objetivo final sino el camino, la búsqueda. De hecho, el documental no propone ningún final, no da tampoco ninguna respuesta, sino que termina con una pregunta. Se queda suspendida en el aire, de tal modo que podríamos seguir el camino en bucle y sin fin. De esta forma nos volveríamos un poco como el Sísifo de Camus.

Si no aprendemos a aceptar ciertas cosas, como Alicia lo entendió y las aceptó para estar en paz, seguiremos resbalando y resbalando de la montaña para volver a subirla infinitamente. Si Pablo sigue pensando que podrá ser un niño toda su vida puede que este condenado a resbalar y resbalar de la montaña como Sísifo, sin cesar. El final inconcluso, las preguntas abiertas, nos indican que si no hay respuestas, no hay una sola manera de ver la vida como bien lo dice Alicia “cada uno lleva su camino como quiere”. La película se dibuja entonces como un mándala budista en la arena, meditativa, en busca de una unidad mediante figuras efímeras y variables, en las que cada uno puede proyectarse.

Julie Mies

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