Las nueve musas
Raúl Castro

Mis encuentros con el General de Ejército Raúl Castro Ruz

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La primera vez que me encontré con el Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, fue en Angola, el 21 de abril de 1976. Para entonces, la guerra ya había concluido el 27 de marzo de ese mismo año, con la retirada de las tropas de Sudáfrica y Zaire.

Raúl
Raúl en la presa de Punta Gorda, Santiago de Cuba, a los 7 años de edad

La noche anterior a su llegada, ocurrió un incidente que merece ser narrado como preámbulo:

Era la tarde del martes 20 de abril. Había estado lloviendo sobre Quifangondo y sus alrededores, y me había refugiado en el Pelotón de Seguridad con mis inseparables compañeros bayameses. Uno de ellos, el inolvidable Figueredo, se acercó a paso ligero:

—Naranjo, Quindelán ofrece cien Cuanzas -la moneda angolana de aquel entonces- por tu captura, al igual que por el político de la juventud, Aurelio Chacón.

Respondí que estaba allí y que Chacón, si no había regresado, estaba visitando a Caiseg en Funda. Figueredo, con su estilo característico de hablar, me dijo:

—Entonces, compañero subteniente, preséntate. Es urgente, según me comentó. Y soltó una estruendosa carcajada.

Salí a paso ligero rumbo a la Jefatura, a escasos 60 metros. El capitán Quindelán estaba en la ventana de su improvisada oficina, en el segundo piso de una marmolería que nos servía de sede temporal. Me hizo una señal con la cabeza y subí por la escalera de la Sección Política.

—¿Dónde está Chacón? Ni el jefe de la Sección Política lo sabe -preguntó Quindelán con disgusto.

Expliqué que Aurelio había aprovechado la salida de la moto de operaciones con rumbo al batallón de Funda para llevarle instrucciones a Caiseg. Le informé que el Oficial de Guardia estaba al tanto.

Quindelán ordenó conformar dos escuadras de militantes destacados, tanto de la UJC como del Partido. En menos de quince minutos, tenían a la tropa completamente formada, cada escuadra tenía un RPG-7 y los demás fusiles AK. Informé al jefe y este dio el visto bueno.

Explicó que íbamos a reforzar los cordones de seguridad de un alto dirigente cubano que estaba por llegar en las próximas horas. Cuando llegamos al destino, pasamos a la subordinación del Comandante Jefe de Seguridad de la Misión.

Una hora y media después, escuchamos un murmullo lejano que venía subiendo por la avenida paralela a la casa de protocolo. Cuando nos dimos cuenta, una verdadera concentración de hombres y mujeres se acercaba a nosotros, con imágenes religiosas en las manos. En ese momento, eran simples fotos y los marchantes: contrarrevolucionarios que venían a atacar el dispositivo que custodiábamos.

Era lo que pensábamos. Montamos sin orden las armas, ya las circunstancias lo exigían, algunos pusieron las rodillas en tierra para adoptar una posición de tiro más efectiva. Casi por un pelo no se consumó una tragedia, desde la casa alguien gritó.

Santiago de Cuba
Agachado en el Centro Raúl, Colegio de Dolores, Santiago de Cuba.

— ¡Alto!, no disparen, ¡alto, demonios! Cuando se acercó, reconocí a mi jefe durante la batalla de Quifangondo, el primer comandante Carlos Fernández Gondín, quien había sido segundo jefe de la MMCA cuando esos sucesos.

—Perdonen, compañeros -nos dijo-. Se nos olvidó decirles que hoy pasaría por aquí una procesión rumbo a la plaza vieja donde está enclavada la catedral, pues hoy es uno de los días de evocación a la Virgen de Fátima, Santa Patrona de Angola. Aunque se le conoce así, su verdadero nombre es Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Luego, entre risas, comentaban el incidente. Uno de la Seguridad Personal del ministro se acercó y disfrutó de lo lindo con lo sucedido.

Gondín, por su parte, abrazó a su periodista y enlace durante los sucesos de noviembre de 1975, en las cercanías de Luanda. Luego les comunicó a todos:

—El Ministro está adentro que echa chispas -nos comentó muy bajito-. Le cayó encima a los jefes por no haberlos alertado, pero ustedes tranquilos, lo que hicieron fue cumplir con su deber y eso es más que nada y más que todo. ¿De acuerdo?

El tiempo transcurrió y cerca de las cinco de la madrugada el Jefe de Seguridad de la MMCA, nos liberó y agradeció en nombre del ministro su presencia en los cordones de seguridad.

—Nos desea éxitos— nos dijo y partimos rumbo a Quifangondo en el Scania. Aún era de noche cuando me acosté en la litera de la Oficina Secreta, apenas comenzaba a dormir cuando el jefe me despertó abruptamente.

A la mañana siguiente, alrededor de las nueve y media, cuatro autos Mercedes Benz del protocolo angolano entraron por el amplio portón, adornado por un corpulento y añejo Imbondeiro. Raúl Castro Ruz descendió del vehículo y fue al encuentro de Quindelán, quien ya había dado la voz de ¡FIRMES! y le rendía el parte de rigor. De inmediato, saludó a William, le preguntó si recibía cartas y de dónde era. Este, aturdido por el impacto de conversar con el Jefe de las FAR, le dijo que era de Bayamo y que sí, mantenía una correspondencia bastante estable. El ministro le preguntó si era militante, a lo que el bayamés respondió afirmativamente.

Recorrió algunas instalaciones y mencionó que no podía quedarse mucho tiempo, ya que tenía una importante reunión con el camarada presidente Antonio Agustino Neto en una hora. Acompañado por el comandante de Brigada Abelardo Colomé Ibarra, jefe de la MMCA, y del primer comandante Carlos Fernández Gondín, que ya regresaba a Cuba, se dirigió rápidamente al Cuerpo de Guardia donde esperaban el resto de los oficiales.

Saludó a cada uno de ellos, mostrando interés por sus familias y las funciones que desempeñaban. Así llegó al corpulento capitán Rolando, el Jefe de Operaciones, a quien ordenó hacer ejercicio para adelgazar. Cuando llegó nuestro turno, Chacón y yo, casi los últimos de la fila, nos hizo la misma pregunta y se interesó por el trabajo con los jóvenes.

Quedó satisfecho con los intercambios y cuando ya salía del recinto, Gondín le dijo, señalándonos a Ferrer, Herrera y a mí.

—Ministro, estos tres —dijo señalándonos— estuvieron anoche en el cordón de seguridad. Con la agilidad mental que lo caracteriza y esa chispa bromista que siempre ha tenido, se volvió hacia nosotros, nos dio la mano, nos felicitó y luego, volviéndose hacia el capitán, le espetó:

—Estos, Quindelán, junto con los otros, por poco son autores anoche de una masacre. Faltó poco para que ajusticiaran a un grupo de angolanos que iban en procesión. Pero los culpables fueron Gondín y el Jefe de Seguridad de la misión que lo sabían y no los advirtieron. Pero lo mejor de todo —dijo en voz baja y en tono pausado, dando un golpe en los pechos de los tres— es que cumplieron con su deber al ciento por ciento. Los vuelvo a felicitar. ¡Ah! Y cumplan, pongan bien en alto el nombre de la patria y del internacionalismo. Nos veremos.

Salió tan rápido como llegó, marchó con rumbo a las alturas de Quifangondo. Uno de los escoltas no pudo subirse bien al auto y resbaló en el pavimento, se hirió un brazo que atendieron rápidamente hasta que, al regreso para Luanda, fue recogido por sus compañeros.

Antonio Gades
Tumba Monumento a su amigo el artista español Antonio Gades. Cementerio de los integrantes del Segundo Frente Oriental Frank País García. Allí reposarán también sus restos

Cuatro años después, en 1980, nos volveríamos a encontrar en la inauguración del Complejo de la Salud el 14 de junio de ese año, y luego cinco años después, en la inauguración del Palacio de Pioneros en junio de 1985. Esa vez estuvo en el poligráfico “Alejo Carpentier”, la Facultad de Ciencias Médicas y la fábrica de estructuras metálicas; en la entrega de la bandera Listos para la Defensa, a los municipios de Jobabo, Manatí, Amancio, Puerto Padre y Jesús Menéndez, el 13 de agosto del mismo año.

En 1986, volví a estar a su lado en la inauguración del Central Majibacoa, donde le realicé la primera entrevista. La noche antes de la inauguración, recibí una llamada del presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión, Ismael González, también conocido como Mánelo. Me llamó para confirmar que, al día siguiente, debíamos estar temprano en Majibacoa, pues se inauguraría el central azucarero del mismo nombre. No especificó quién asistiría al acto, solo nos dijo que era de primer nivel.

Convocamos a todo el equipo y prácticamente amanecimos en la industria. La visita llegó pasadas las 11 de la mañana, y el primero que vino a saludarnos fue Mánelo, quien, apresurado, solo atinó a decir:

—Detrás viene el General de Ejército.

Raúl inició el recorrido por el basculador, que se alistaba para realizar pruebas; luego fue a las centrífugas, los tachos y, por último, la casa de calderas. Allí indagó sobre el uso que se les daría a los residuos de la caña sobrantes del proceso y otros temas de interés sobre la agricultura y la industria.

Estaba satisfecho, contento, estuvo largo rato conversando con Toñito, el inversionista de la obra, ahora convertido en director del Complejo Agroindustrial Majibacoa. Toñito explicó al ministro detalles de la nueva industria: capital humano, capacitación, áreas sembradas de la gramínea y equipos con los que se contaba para acometer la zafra.

Raúl y Fidel
Foto a su inseparable y entrañable jefe y hermano, Fidel

Cuando parecía que se iba, lo abordé. Le hice una sola pregunta que abarcaba muchas interrogantes, que, de seguro, se hacía el visitante:

—General, este central es el último que se construyó en Cuba. Quizás se piense que va a arrastrar las ineficiencias operativas de sus gemelos 30 de noviembre de Pinar del Río, y el Cinco de Septiembre de Cienfuegos, pero no, está diseñado para ser más eficiente. ¿Cómo acoge el país la puesta en marcha de esta fábrica y la ayuda que dará en la consecución del cumplimiento de los planes de producción de crudo en el país?

—Están preparados los periodistas (sonríe). Sí, esa era una gran duda, aunque los compañeros del Ministerio del Azúcar nos informaron de que los problemas de sus gemelos, como bien tú dijiste, no van a suceder aquí, teníamos nuestras dudas, que, aunque tú afirmes que no, no saldremos de ellas hasta que no arranque a moler —expresó Raúl.

—No somos pesimistas, pero hay que esperar por los niveles de eficiencia en el proceso fabril, solo entonces, sabremos si hay o no razón para preocuparse —dijo Raúl y añadió:

—Lo que esperamos es que sea una gran industria y que nos dé grandes motivos de alegría.

Y el Majibacoa le dio desde su primera zafra satisfacciones a la dirección del país, cumpliendo con la norma de molida, incluso, llegando a la tarea de diseño de molida para un día, en menos del tiempo real, que planificaba la puesta en marcha. Con el paso de los años, el Majibacoa se ha consolidado como una de las industrias eficientes y cumplidoras de sus planes de producción de azúcar en el país.

Y nos dio la razón, en 2019, el Central Majibacoa superó las 58 mil toneladas de azúcar producidas, cumpliendo su plan técnico-económico con tres días de adelanto. El rendimiento industrial fue excepcional, aprovechando al máximo la caña. Además, lograron el autoabastecimiento de energía eléctrica y exportaron todo el azúcar elaborado.

En 2023, el Central Majibacoa se erigió como el más eficiente del país, con un rendimiento industrial de 12,75 toneladas métricas de azúcar por cada 100 toneladas de caña molida. Su compromiso con la calidad y la producción derivada también fue destacado.

La tarde de aquel día, el ministro inauguró además la planta de laminado en frío de la Empresa de Estructuras Soldadas «Paco Cabrera», en la ciudad de Las Tunas, y de la fábrica de perfiles de acero conformados en frío.

Para el año 1990, Raúl vuelve. Al salir de Las Tunas, rumbo al recorrido de ese día, le comento que tengo grabadas en videotape varias fotos de él y de Fidel en su infancia. No pregunta nada, solamente responde: «Como vienes todas las noches a molestar con mis camarógrafos, tráelas esta noche para verlas con Vilma.»

Cuando hacemos un receso, luego de una larga conversación sobre la caída del Campo Socialista y del tambaleo de la URSS, primera conversación de este tipo delante de un grupo de periodistas, y que por lógica no publicamos de mutuo acuerdo, y donde él no pide censura, lo hacemos a conciencia. De esto hablaré un poquito más adelante.

Salimos a fumarnos un cigarro, me pone una mano en el hombro y me dice: «Oye flaco, esas fotos mías que tú tienes, ¿de dónde las sacaste?»

«Esas fotos originales, las tiene un amigo común.» Me mira y sonríe, después de aspirar una bocanada de humo, me afirma: «No me digas que son de Balbino, ¿está vivo?, ¿dónde vive?»

Comandante Opaco Cabrera
El general de ejército, visita la fábrica de fábricas “Comandante Opaco Cabrera”, a su lado más al fondo el autor

«Babinito, general, vive aquí en Puerto Padre,» le digo sin saber lo que vendría.

«Puedes buscarlo,» me pide. Se gira escudriñando al jefe de su escolta, y suelta un «Gandarillaaaaa…» que se escucha en toda el área de la división. No lo deja llegar, ordena en la distancia de unos 10 metros: «Dale un carro al flaco, para que me busque un amigo de la infancia en Puerto Padre,» y dicho esto, sale con Julián Rizo, que ya había llegado a su lado junto a Risquet para consultar algo.

El entonces capitán de fragata Julio Cesar Gandarilla Bermejo, me interroga sobre el supuesto amigo, le doy su nombre completo, Balbino Pérez, y le cuento, hasta que Raúl ve que aún yo estoy allí, y vuelve a gritar: «¡Oye, eso es para ahora!» Alfredo Jordán, entonces Primer Secretario del Partido en la provincia, estaba ajeno, hasta ese momento, de lo que sucedía. Me monto en el Lada, con motor de Alfa Romeo, y en minutos estoy en Puerto Padre.

Al llegar, Balbino se balancea en su mecedora, con chancletas y en camiseta, cuando me ve, le dice a Reynalda Delfina Ojeda Medina, su esposa que estaba en la cocina: «Vieja, trae café, que aquí está Naranjo,» pero cuando ve a mi lado al teniente coronel que manejaba el auto, me pregunta de la manera más infantil: «¿Qué pasó, y ese guardia?» No doy tiempo, solo le digo: «Coge la caja de las fotos, que nos están esperando.» Reynalda, que escuchaba, viene corriendo con una camisa y los zapatos, le impido ponerse los zapatos y le digo: «Así mismo en chancletas, que no hay tiempo.»

Se monta y no hace comentarios, cuando llegamos Raúl está reunido de nuevo. Gandarilla que me espera, me dice que pase, y que cuando deje a Balbino dentro, salga que tenemos que hablar. Abrimos la puerta… cuando el jefe lo ve, sale casi corriendo a recibirlo con un fuerte abrazo, hacía años no se veían. En la infancia fueron inseparables compañeros en el colegio Dolores de Santiago de Cuba.

Intento salir, y cuando Raúl descubre la escaramuza, me dice que no salga, que yo soy el principal protagonista de este encuentro. Eso fue como prender candela en un barril de pólvora. Jordán me mira, Gandarilla me hace señas de que salga, Raúl que me quede.

Balbino Pérez
Con su querido compañero de la Infancia Balbino Pérez, con sombrero. División de Puerto Padre. 1989

El recorrido se retrasó más de dos horas, el tiempo transcurría, y el general de Ejército y Balbino recordando tiempos pasados, muertos de la risa. Al final, cuando terminaron, Jordán y Gandarilla vienen a mi encuentro, Raúl está despidiendo a Balbino, pero parece que se percata de la encerrona del jefe de la Escolta, y del Primer Secretario. Se gira hacia donde estamos, y exclama lleno de emoción:

— Oye flaco, ven acá, – y me pasa sus manos por mis hombros. — Me has hecho pasar el día más alegre y feliz de los últimos años, gracias. —

Me monto en el carro de la prensa y no hablo nada, solamente cuando almorzamos en unos pinares al aire libre, Gandarilla se acerca y me dice:

— Por mí te hubiese fusilado, y Jordán, ahorcado, pero te salvaste, porque el jefe está supercontento. — Lo suelta todo de carretilla, pero con una sonrisa en los labios, me palmea el pecho y me dice:

— Bravo, sigue guapeando. — Julio Cesar Gandarilla Bermejo llegó a Vicealmirante y Ministro de Interior. Lamentablemente falleció el 24 de noviembre de 2020.

Volviendo a la conversación sobre la caída del campo socialista, salió por una pregunta, más bien una afirmación:

— General— le dije. — En Moscú, según reportes de prensa, están vendiendo en grandes ferias cerca del Kremlin, hasta los títulos de Héroes de la Unión Soviética, y lo más bonito es que ahora reniegan de su historia.

Raúl nos mira, mira a Risquet y a Julián Rizo y nos dice:

— El sol no se puede tapar con un dedo, las grandes victorias del Ejército Rojo son imperecederas, eso no es vendible. Pero es cierto que están renegando de su historia, y quien lo hace, más temprano que tarde, divide y pierde. — Acota visiblemente molesto.

— Ese que está encaramado ahora en el poder, tiene ese objetivo, desaparecer las conquistas del primer Estado de Obreros y Campesinos del mundo. La perestroika va a acabar con la URSS, como terminó con Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, donde mataron hasta al propio presidente Chauchesco, y a casi toda su familia. Ahora los errores que cometieron esos Partidos, llamados Socialistas, Comunistas u Obreros, les está pasando factura. —Confirma el ministro ya cabrón.

— Ya nosotros hemos tenido serias discusiones con ellos por la Guerra de Angola, sus concepciones han traído más de un dolor de cabeza para las tropas cubanas, incluso, hemos tenido incomprensiones serias con los más altos cargos del Ejército Rojo, de cosas que no podemos permitir. Imagínate a un Mariscal, tratando de poner en firme, como si fuese un sargento, a un alto cargo de las FAR, lleno de virtudes y magnífico estratega, con una hoja de servicios ejemplar, y en el mismo aeropuerto de Semeretevo, en Moscú. — Concluye el general de Ejército.

Ese día, al terminar la jornada, Raúl nos invita al acto nacional por el aniversario del Ejército Juvenil del Trabajo, a celebrarse en Ciego de Ávila, y visitar otras unidades y obras constructivas en los cayos del norte de esa central provincia.

La visita la realizamos, lo entrevistamos y nos hace una nueva invitación: pasarnos una semana en Topes de Collantes, y desde allí, visitar todas las unidades de montaña del EJT, en las provincias colindantes de Las Villas y Cienfuegos.

Des esta jornada pletórica, surgió esta décima, que la quiero compartir con los lectores de «Las nueve musas»:

En el año noventa, Raúl,
De Las Tunas se marchó,
Y a mí, su amigo, me habló
De un recuerdo sin capuz.
Fotos de su niñez azul,
Con Fidel, su hermano, al lado,
Las tenía yo guardado,
Y a verlas él se animó.
Esa noche, él me pidió,
Tráelas, serán recordado.

 

Ese día de la invitación le pido que le permita al equipo de la TV ir a Angola para hacer tres documentales, uno sobre Agustino Neto; otro sobre el cementerio donde reposaron los restos de los cubanos caídos, y un tercero sobre la batalla de Quifangondo, fue la única invitación del ministro que no cumplió. Lo impidieron por cuestiones lógicas de seguridad.

Días antes de la partida, ya en 1991, se produjo el fin del unipartidismo mediante la promulgación de una ley y alto al fuego, que solo se interrumpió cuando Jonás Malheiro Savimbi, jefe de la Unita, se negó a aceptar el triunfo arrollador del MPLA en las elecciones parlamentarias. Esto, dio al traste con el nombre de República Popular que, desde el 11 de noviembre de 1975, identificaba al país.

Ejército juvenil del Trabajo
Una de las fotos autografiadas por Raúl al autor. Tomada en una unidad del Ejército juvenil del Trabajo en la provincia de Ciego de Ávila, 1990

Fue una apertura al multipartidismo al permitir a la Unita hacer política y ocupar cargos, primero en el Parlamento, y luego en las estructuras de las, hasta entonces, Fapla. Recuerdo el consejo por intermedio del general de cuerpo de ejército Ramón Espinosa Martín, entonces jefe del Ejército Oriental. «Dile al Flaco que escriba de Quifangondo, que el viaje en esas condiciones es imposible, y NO lo autorizo. Que escriba de Quifangondo, que él sabe para eso.»

En 1990, vuelve a la provincia y llega hasta el municipio de Manatí, donde bajo un torrencial aguacero el pueblo congregado esperaba que les hablara. Recuerdo que nos dijo al mayor Francisco García Fernández, Paquito camarógrafo de su escolta y a mí:

—Aguanten ese tanque de 55 galones que yo hablo aquí, no los puedo defraudar. Yo le hice la presentación y él, con el agua que calaba, les habló de la necesidad de reforestar.

Nadie se movía a pesar de la fuerte lluvia. Así estuvo aguantando unos quince minutos, tiempo que duró su discurso, a los iniciadores de la repoblación forestal en el país, movimiento popular que se denominó Plan Turquino-Manatí.

En ese propio recorrido, que se extendió por cerca de cinco días, visitó unidades militares, centros productivos, planes agrícolas. Y fue precisamente en una gran unidad donde ocurrió algo que jamás he olvidado.

En 1997, el 26 de julio, asiste junto a Fidel al acto por el 44 aniversario del Asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Las Tunas, oportunidad en que él realiza la clausura de la conmemoración. Yo estaba allí pero no pudimos conversar, hasta que el 15 de septiembre de 2001 nos reencontramos en Majibacoa, en ocasión de la última Tribuna Abierta por el retorno de los Cinco a la Patria.

Uno de los integrantes de la escolta, el camarógrafo teniente coronel Mario Riera, me dijo en broma:

— Oye, no vas a saludar al jefe. Le dije que sí, que lo deseaba, pero ahora que no estaba Gandarilla no conocía a nadie:

— Entra, tú eres de la casa, y se va a poner contento de verte. Y así fue, conversamos brevemente, me autografió una foto, y me dijo cariñoso y paternalmente, cuando me necesites búscame, escríbeme, llámame.

Escribo con holgura, gracias a Raúl que, sabiendo de mi accidente e incumplimiento del libro pedido, por el uso de máquinas obsoletas, me envió un buen equipo de computación.

Es que Raúl es Raúl, el hombre recto, disciplinado; el mismo que desarmó a sus captores en el palacio de Justicia de Santiago de Cuba el 26 de julio del 1953; el del Granma y la Sierra, el fundador del Segundo Frente Oriental; el forjador, educador y conductor de la Doctrina Militar Cubana de Guerra de Todo el Pueblo de su hermano Fidel, desde su puesto al frente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Si él dijo una vez Fidel es Fidel, yo aquí a modo de homenaje a ese hombre íntegro digo: Raúl es Raúl.

(Las fotos pertenecen al archivo de autor y Equipo de Prensa del MINFAR)

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Las Tunas (1953) Periodista, Investigador de temas históricos, documentalista, escritor.

Graduado de Licenciado en Periodismo en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba. Diplomado en Historia y Marxismo, en la Universidad “Ñico López”, La Habana. Diplomado en Nueva Realidad del Periodismo Latinoamericano, Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, La Habana.

Tiene publicado los libro: Quifangondo a Vitoria é Certa. «Editorial Capitán San Luis», La Habana, Cuba. Legado Inmortal; Madrugada de los Gallos; Las Desavenencias en las guerras: dos conflictos y… Soliloquio: El general dice su verdad. Todos en Editorial AutoresEditores.com. Colombia.

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