Las nueve musas
Marta Quiñónez

Marta Quiñónez a viva voz

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Su noción de ser en este mundo la llevó a elevar la voz y hacerse canto. Cuando abrió los ojos se vio en el Darién, en Apartadó que apenas se poblaba. Esa tierra fértil y hostil llena de ecos de río y selva. Allí sintió con el pasar de los primeros años un amor muriendo. No sabe si es el silencio de la madre o el innombrable abandono, quizás la creencia profunda de ser la descendiente de sangre negra que “marhabitó” el Continente mohíno (1996) hasta llegar a Kartalá (2002) sin rendirse. Que clama y exige mucho más que justicia poética.

África, viaje de experiencia, los ecos de la mamá abuela y el mar. Entonces, se pregunta por qué son iguales las tardes tristes debajo del baobab o del guayacán de flores amarillas. Poetiza la llegada a la tierra y dice: “África es un baobab lacerado que se niega a ser vuelto cenizas”.

Cuando visitó el continente africano su voz ya había alcanzado el golpe, el dejo profundo de una historia personal que la alejaba de lo otro, de lo común. Poco conformista, se ve así misma reventándose por dentro como los cántaros de barro rojo.

2

Tengo algo
de los beduinos del desierto
De los que miran
con párpados cerrados
por la furia
de la arena levantada
y ellos abajo
como unos sobrevivientes
de la maldición del paraíso
Tengo el alma ardiente
de las negras y negros africanos
mis hermanos
hijos del sol y de la luna
supervivientes
un día después
de la creación
y un día antes de la expulsión
Los sin tierra
los vecinos de la piedra negra
del volcán del kartalá

(Tomado de Kartalá)

Otros deben viajar para tener el encuentro con la voz, con el llamado de la obra que se convierte en apostolado, pero Marta ya tenía la mirada profunda y estaba punzada en un costado por la existencia. Y va por el mundo como una pantera, en busca de una pequeña gota de agua fresca que la ayudé a sentir la calma en la noche de los tiempos. Expresa una vida en su canto como si fuera agua de manantial y no ha sido fácil el encuentro con la palabra ni con el mundo que habita y la pusilanimidad cotidiana del pensamiento común la lleva a explotar como el volcán.

7

Descubrí
que las flores
se suicidan
las he visto caer
pétalo a pétalo
sin poder detener
su frágil descenso
su extenuada batalla
contra el viento
es el testimonio
que tiene mi memoria

(Tomado de Noctivago)

Su voz negra es atávica. Si tuviera conciencia de esto probablemente entraría en el mutismo. Marta Quiñónez es un existir gozoso que canta las penas como si fueran un danzón. Aunque su cuerpo vibra como cualquier mulato del Darién con las armonías dulces del vallenato.

Su obra consta de 16 poemarios:

Continente mohíno (1996)

Noctivago (1998)

Kartalá (2002)

Acantilado (1999)

Abecedario de eximición (2000)

Eva (2001)

La Trinidad (2004)

Arcanos (2006)

No (2010)

Conversaciones en Comala (2012)

Dame tu canto ciudad (2012)

Paréntesis (2013)

El rostro del pan (2014)

Casa (2019)

Alikanusha (2022)

Acantilado (1999) reafirma su canto íntimo, su compromiso consigo misma, con sus sueños y sus demonios. Ella misma se lacera como el baobab y se unta el bálsamo de la poesía para luego reconocer que tarde o temprano regresa la soledad. Su compañera fiel que nunca la abandona.

*

Cuando llegaste
supe que era el amor
Ahora
sos una esperanza
que se escapa
por las ventanas
del alma

(Tomado de Continente mohíno)

Casa (2019)

Ya no grita, su voz es profética. No tiene culto. No vende ilusiones, canta. Está segura de que a solas con su canto es incorruptible aunque tenga la ilusión de encontrar una mano amiga, un amor sensible, que calme un poco ese silencio, ese abandono que la habita y la aleja del mundo superfluo que, sin embargo, es tan necesario para transcurrir por los ciclos protocolarios de la vida.

I

Soy Marta
Mi nombre es grito
de guerra y de amor
Mi nombre
algarabía y silencio
síntesis
entre el tumulto y la soledad
Mi nombre
alarido amurallado en la memoria
sinónimo de amores trashumantes
antónimo de gloria
y se parece mucho
a la desolación
Mi nombre
una canción ya cantada
el cielo donde danza el águila
la carroña
donde se alimenta el buitre
Mi nombre
es presagio de los días sin agüeros
Soy Marta
y soy mi salvación
No me abandono
me huyo y me encuentro
no me abandono

(Tomado de Acantilado)

Conversaciones en Comala (2012)

Marta es una lectora asidua. Me consta. Siempre que la encuentro escucho sus pasiones. Se alía con la voz de los tiempos, con las palabras ebrias de luz, de virtud o de ambrosía. Ama a José María Vargas Vila sin pedirle nada a cambio. Su conexión con este y con otros escritores anacrónicos, grises y nada mercadeables es íntima y profunda: Porfirio Barba Jacob, Macedonio Fernández, César Vallejo, Huidobro, Manuel Zapata Olivella, Juan Rulfo…, estos, entre un sinfín de ascetas escultores de la palabra hermética que se hace alma.

“Esperé a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo
lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara
ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti”

J.R.

Como amarrarse a las espaldas
el destino de quien se ama
no sabemos su nombre
o lo adivinamos en una canción
que nos trae el viento del verano
en otras latitudes llueve
hay montones de aguardos
escritos en los signos
de los hombres
vencidos por el rencor
ultrajan la carne
de quien no los ama
la espera sigue siendo inevitable
mientras la ausencia
desbarata las moradas
plántate
en el siroco vendrá
la señal
cierra los atabales
para que no se rompan
la mujer que esperaste
por luengos años
llegó muerta a tu cama

(Tomado de Conversaciones en Comala)

Marta es editora, librera, ama libros. Lee más de lo que come. Un ejemplo de gestión de sí, autonomía e independencia. Con los años tensa su arco y eleva su voz como si fuera la lira. La palabra la habita y la consuela y explotó en su cuerpo y en su alma y quién sabe hasta cuándo porque es madera fina, está hecha de comino crespo.

Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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