Las nueve musas
Lissette Silva Lazcano

Lissette Silva Lazcano… entre el polvo del mundo

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Existen diferentes tipos de filosofía, podría decirse que tantos como seres humanos existimos en el mundo, sin embargo, la Academia ha creado escuelas haciendo de ella algo más cercano al sofismo, o donde cada académico parece instaurar una verdad absoluta, algo que de por sí ya contradice la libertad de la filosofía; sin embargo, dentro de esto, siempre existen determinados conocimientos que se expanden en el universo, y llegan a penetrar en el corazón y en el pensamiento, no de la mente sino del corazón, en ese órgano donde se entretejen las emociones y los sentidos con el raciocinio, y es dentro de este jardín de pensadores que se encuentra Lissette Silva Lazcano, quien fue y seguirá siendo una filósofa a la que podría llamarse una filósofa que contemplo a partir de la oscuridad y de la Nada, como lo hicieron muchos profetas.

Y digo oscuridad porque ésta es la que otorga una imagen más cercana hacia el Todo, alejada de la blancura de la luz que no hace más que confundir entre la diversidad de colores. Lissette Silva fue una filosofa, estudiosa de la llamada escuela de Frankfurt, la cual funde a los individuos en función de la lógica que el orden social impone, la razón técnica, la mecanización del ocio y el trabajo y la ley de la ganancia, y estudió en especial a Max Horkheimer; sin embargo, existía dentro de su pensamiento una filosofía más cercana a la de la contemplación de los Iniciados, donde todo se percibía desde la Nada, desde la oscuridad que va dejando que el otro se sumerja en una búsqueda diaria y constante, porque el ocaso muestra una realidad que el crepúsculo le despoja dejando diferentes conocimientos, porque desde su percepción de la Vida, cada ser humano era cambiante cada minuto, por el cual habría que verlo con nuevos ojos, y escucharlo nuevamente porque ya era un ser con otro conocimiento.

Esta forma de comprender la realidad la llevó a entender de manera profunda la esencia de cada ser humano y de cada ser vivo, porque desde su esencia de la vida cada planta, otorgaba una respuesta a la cual habría que hallarle una pregunta, porque el misterio de los gatos conducía hacia ese otro punto de la existencia donde el otro yo existía en esa búsqueda constante hacía la pregunta adecuada.

Lissette Silva comprendía que el ser humano lleva en sí mismo todas las respuestas, por ello, habría que buscar constantemente la pregunta, por eso, en ella, todo era una constante pregunta, de ahí que el juicio estaba lejano a su pensamiento, y por esa razón también todo debía ser cuestionado.

Aunado a ello, esta pensadora se convirtió en un referente del feminismo mexicano, el cual edificó y fortaleció el llamado movimiento Mujeres morena, en donde se centró no en un feminismo radical y enfermizo en contra de los hombres, sino que ella comprendía que en ocasiones la fuerza de la mujer proviene de la fragilidad que la envuelve, y que parte de su fortaleza surge de la maternidad y del amor compartido con su pareja.

El feminismo para ella provenía de la magia que otorga la feminidad de las culturas, de las palabras, de la creación, de la sabiduría, de la lucha, del grito ante la injusticia, de la música, de la danza, pero, sobre todo, provenía de la fuerza inexplicable que le daba el ser madre, esposa, amante, amiga, hija, cualidades que parecen hoy en día no congeniar con la lucha.

Sin embargo, en su caminar, ella demostró, que hacer y fortalecer un movimiento social como lo es el feminismo tiene que ver con conocer, escuchar y saber tocar cada una de las características que forman y edifican a la diversidad de mujeres que caminan en la lucha y que desean cambios sociales sin dejar de lado la belleza que otorgan los instintos.

Lissette amaba el arte y lo entretejía con su día a día, podría decirse que así como Shakespeare dio a diversos textos literarios un toque profundo filosófico, así ella daba en cada uno de sus pasos un toque de filosofía a todo lo que escuchaba y contemplaba, en su caminar no había algo que no tuviera conocimiento o un por qué, y sobre todo que no tuviese un motivo para reír, la risa para ella, también parecía tener un sentido filosófico a semejanza del budismo, en el cual la risa es la mayor respuesta filosófica a la vida, porque hay que reír para saber llorar, a imagen de cómo hay que gritar para saber consagrar al Silencio.

Escuchar sus conferencias, sus palabras entre cada uno de sus discursos te llevaba a un paso por diferentes épocas, te hacía comprender en pocos instantes la esencia y los porqués de Lisístrata y al mismo tiempo entender las razones de la Escolástica.

Ella era en esencia la filosofía personificada, en ella, el significado etimológico de filosofía se hacia presente, en ella se comprendía el amor al conocimiento, pero no sólo a través de los libros que devoraba, sino de ese conocimiento que le daba el abarcar cada día, porque se alimentaba de los instantes, y se bebía el tiempo, y de una manera inexplicable captaba cada centímetro de cada paso, de cada cielo, de cada segundo, de cada palabra lejana que resonaba entre sus pasos entre el polvo del mundo.

Entre el polvo del mundo es el nombre de uno de sus libros, el cual la hizo ganadora del Premio Sverdlin de Filosofía, y ganadora de la medalla Alfonso Caso, titulo el cual define no sólo la esencia de su estudio filosófico, sino que la define, a ella como ser y esencia dentro de un mundo que no dejó de contemplar un segundo.

Es claro que existen diversidad de puntos que podrían tocarse sobre sus enseñanzas y sobre su desarrollo en la academia, sin embargo, en este momento creo que es más valiosos conocer esas huellas que la llevaron a postular ese pensamiento, porque sí, la filosofía se encuentra plasmada en muchos libros, pero la verdadera, es quizá, la que no está escrita, sino aquella que se pronuncia en las preguntas cotidianas que surgen desde las diferentes realidades, así su pensamiento surge desde la voz que pregunta a su mamá ¿dónde estás? Hasta la voz que cuestiona la guerra, o si habrá qué comer, o si será posible despertar.

Es así como su filosofía que se convirtió en un movimiento de lucha social tiene su origen en sus propias preguntas, pero sobre todo, como lo mencionó muchas veces se fue forjando cada día más a partir de las preguntas, miradas, movimientos, lágrimas, y risas de su hija, para ella, su hija era la más hermosa respuesta filosófica que le otorgaba cada segundo una desenfrenada oleada de preguntas, por ello, ella contemplaba y absorbía el mundo, y hago énfasis en ello, porque al contrario de lo que se predica hoy en día sobre la maternidad, en ella, se revelaba como la más grande expresión de la sabiduría, junto con el acto de cocinar, sí Lissette Silva a semejanza de sor Juana encontraba en el acto de cocinar muchas respuestas a sus posturas filosóficas y hallaba el porqué a muchas situaciones a las que se enfrentaba en esta lucha feminista, porque ella comprendía que el caminar en busca de la libertad no implica imponer ideales ajenos, sino que liberar involucra redimir desde lo cotidiano, lo cual en ocasiones pareciera ser lo más complicado de entender.

Lissette Silva Lazcano vivía cada día de manera inesperada, quizá por ello, su muerte también lo fue, sin embargo, ¿puede existir la muerte cuándo se han sembrado tantas preguntas en el corazón, en la mente y en el vientre del otro? ¿Existe la muerte cuando se han dejado tantos caminos construidos? La respuesta más clara es que no, la muerte no existe cuando se dejan tantas semillas plantadas y sobre todo cuando la filosofía no se queda en discursos repetitivos ni cuando un movimiento social deja de girar alrededor de las necesidades de los partidos y se convierte en un hogar.

Las enseñanzas de Lissette Silva Lazcano se asemejan a esas palabras trazadas por Jesús en la arena, es decir, vocablos que te llevan a comprender el Misterio de ser uno mismo.

La filosofía de esta estudiosa a nivel académico es muy profunda, sin embargo, a nivel de experiencia de vida conducen a la contemplación y al mismo tiempo sin que te des cuenta te llevan a anhelar vivir y reír para poder reflexionar y renacer a pesar del dolor que aparece día a día en el mundo.

La filosofía y cada una de las enseñanzas de Lissette fueron y están escritas con el Polvo del mundo, porque somos polvo y al polvo volveremos y serán parte del latido de nuestras huellas porque más allá de la existencia como menciona Quevedo:

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, más tendrá sentido;
Polvo serán, más polvo enamorado.

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Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Hermeneuta en Libros Sagrados y Lenguas Antiguas.

Maestra en Ciencias Bíblicas y Hebreo Antiguo. Maestrante en Estudios Judaicos por la Universidad Hebraica. Licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de México. Especialidad en islam por la Universidad de Al Azhar de El Cairo, Egipto.

Especialidad en el Pensamiento del Papa Francisco y el Libro del Apocalipsis por el Boston College.

Especialidad en Música Contemporánea (Piano-guitarra).

Generación XXXII de la Sociedad de Escritores Mexicanos (SOGEM).

Ha publicado treinta y siete libros en México, España, Estados Unidos e Italia en diversos géneros literarios y teológicos.

Conferencista a nivel internacional.

Creó y desarrolla la teología del Silencio y de la Carne la cual entrelaza con la investigación mística, científica y musical bajo el nombre de “Lectura gemátrica, pitagórica y cuántica del Séfer Bereshit 1-3 -Hashem se revela a través del Big Bang-

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