Saben ustedes, y si no lo hacen se lo digo, que me gusta escribir exclusivamente sobre lugares en los que haya estado personalmente. Especialmente si son peculiares. Y este es el caso.
Kuburan Terunyan es un lugar fascinante que ofrece una ventana única a las prácticas funerarias tradicionales de la isla de Bali, Indonesia.
Es un lugar apartado, situado en la región montañosa del noreste de la isla, en la aldea de Terunyan y se caracteriza por su método de disposición de cuerpos que desafía las convenciones funerarias modernas. En lugar de enterrar o incinerar a los fallecidos, los habitantes de Terunyan practican una forma ancestral de enterramiento que ha sido preservada a lo largo de los siglos y que probablemente choque como un tren de mercancías en la sensibilidad de los más finolis. Pero antes un poco de contexto.
Kuburan Terunyan se encuentra en el área montañosa de Kintamani, una región que ha sido habitada por los Bali Aga, los balineses originales que han mantenido muchas de sus costumbres prehindúes. Este grupo difiere de los balineses más contemporáneos, que están profundamente influenciados por el hinduismo balinés, una variante del hinduismo que incorpora elementos locales y animistas. Su aldea es una de las pocas que sigue manteniendo las tradiciones funerarias de tiempos pretéritos. Los Bali Aga creen en una vida después de la muerte que está intrínsecamente conectada con el mundo natural. Para ellos, el proceso de morir no es simplemente un final, sino una transición que debe ser manejada con cuidado para asegurar el equilibrio y la armonía en el cosmos. Así que vayamos al grano.
El Proceso Funerario en Kuburan Terunyan
Una de las características distintivas de Kuburan Terunyan es su método de disposición de cuerpos, que refleja una profunda reverencia por las tradiciones ancestrales. Al fallecer una persona en Terunyan, el cuerpo es preparado y colocado en un “cementerio” al aire libre. Los cuerpos se colocan en estructuras conocidas como “pedanda”, en áreas abiertas y están envueltos en sacos de bambú o telas. O dicho más profanamente, los cadáveres quedan al aire libre, sobre el suelo, protegidos por unas cañas para evitar posibles ataques de animales a los cuerpos.
La clave para comprender esta práctica está en el uso del árbol Tarum, o “Taru Menyan.” Este árbol tiene propiedades que, según las creencias locales, neutralizan los olores de la descomposición. Los aldeanos creen que el Tarum ayuda a mantener el ambiente del cementerio libre de malos olores, lo que permite que los cuerpos permanezcan expuestos durante un período prolongado sin causar problemas de salubridad.
El sitio en sí está rodeado de un denso bosque tropical, lo que contribuye a la atmósfera sagrada y aislada del lugar. La disposición de los cuerpos al aire libre se basa en la creencia de que el espíritu del difunto debe estar en contacto con la naturaleza para hacer la transición a la siguiente vida de manera armoniosa. La exposición al aire libre simboliza una forma de liberación del cuerpo físico, permitiendo que el alma del difunto pase a una existencia espiritual.
En la tradición balinesa, los árboles y otras formas de vida vegetal están imbuidos de poder espiritual. El Tarum no solo ayuda a neutralizar los olores, sino que también simboliza la conexión continua entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Esta conexión es fundamental para la filosofía balinesa, que sostiene que el equilibrio entre estos dos mundos es esencial para la prosperidad y la armonía de la comunidad. Dicho esto, la parte filosófica y espiritual, la visita no es para todo el mundo.
Lo visité hace más de un lustro, y tuve la suerte de hacerlo prácticamente en soledad. Llegar allí no fue fácil, no había una infraestructura turística y después de varias horas en coche tuve que pagar a un barquero para que me llevara exclusivamente a la otra parte del lago, pues no había otra manera de acceder. Luego, una vez en el poblado, mi presencia no gustó demasiado y fueron bastante hostiles, pero bueno, eso daría para otra historia, dejémoslo en que finalmente conseguí entrar. Luego lo pensé y razoné que, si aquel era un lugar sagrado, no dejaba de tener sentido que no quisieran la presencia de forasteros curiosos con una cámara de fotos en la mano.
Cuento esto, por que cual ha sido mi sorpresa, al ir a escribir este artículo, darme cuenta que en la actualidad, decenas de empresas online (no daré nombres) de esas que organizan todo tipo de tours diarios (a todas partes) lo ofertaban a bombo y platillo. Reconozco que, dada mi anterior experiencia, me ha resultado algo chocante, sensación que se ha tornado en infinita tristeza al ver decenas de fotos de turistas posando (de cachondeo, risas y sorna) con cráneos, fémures y otras partes de restos humanos en las manos. Esos restos forman parte del santuario, del cementerio al aire libre que es Kuburan Terunyan y deben ser respetados, personalmente jamás se me ocurriría hacer algo así, y menos con los muertos de otros, especialmente cuando se supone que estás en un lugar de respeto.
El ser humano es cada día más imbécil, permítaseme el malsonante, y por mucho que sean los propios locales —necesitados de dinero, lógica y desgraciadamente, y viendo que así pueden hacer negocio y atraer más turistas y con ellos los ansiados dólares— los que ofertan hacerse la foto con los esqueletos de sus antepasados —muy probablemente instados por los turoperadores sin escrúpulos—, está en la mano de cada uno de nosotros rechazarlo y evitar la guasa fuera de lugar. A no ser que al zoquete de turno le parezca bien que cualquier hijo de vecino agarrara la cabeza de su abuela y se hiciera una foto con ella metiendo los dedos dentro de las cuencas oculares. Es, simplemente, descorazonador.
Llego a la conclusión de que Kuburan Terunyan enfrenta varios desafíos que amenazan la preservación de sus prácticas tradicionales. El turismo no para de aumentar en Bali, y muchos visitantes quedan fascinados por las prácticas funerarias únicas de Terunyan, cosa que comprendo y comparto. Sin embargo, pese a que el interés turístico puede traer beneficios económicos, también puede poner en riesgo la autenticidad y la integridad de las tradiciones locales. Y por lo visto, si no ha ocurrido ya del todo, no le auguro buen futuro.
Desde mi punto de vista, las autoridades deberían tomar cartas en el asunto para preservar un lugar de gran significado cultural y espiritual que ofrece una visión profunda de las tradiciones funerarias balinesas. La preservación de Kuburan Terunyan es crucial para mantener viva la rica herencia de Bali. La comprensión y el respeto por estas tradiciones ancestrales no solo enriquecen nuestro conocimiento de la diversidad cultural, sino que también nos invitan a reflexionar sobre nuestras propias concepciones de la vida y la muerte.
Sin embargo, poco espero de las autoridades, en general. Algo más de usted, querido lector. Así que si decide visitar un lugar tan peculiar le ruego que lo haga con respeto, inteligencia y mente abierta. Las bromas se pueden dejar para unos minutos después.
He dicho.




















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