Las nueve musas
Batalla Naval, Santiago de Cuba.

La Batalla Naval de Santiago de Cuba. (I)

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«Yo veo aquella batalla como una victoria de España, no como una victoria de estados Unidos. No estaban en condiciones ni de provocarle una herida a un marino norteamericano; si se analiza el poder de los cañones y el alcance de los cañones españoles, y la concentración de fuego tan terrible que caía sobre cada barco, fue una victoria del honor y la valentía española»
Fidel Castro Ruz
Líder de la Revolución Cubana.
26 de junio de 1998.

La valentía del Almirante Pascual Cervera y Topete y sus hombres, en la Batalla Naval de Santiago de Cuba. (I)

Almirante Pascual Cervera y Topete
Almirante Pascual Cervera y Topete

Se dice que, en la mañana del 3 de julio de 1898, tocado con todas sus condecoraciones, el Almirante Pascual Cervera y Topete, fue hasta el puesto de mando del buque Infanta María Teresa —insignia de su armada. Hizo congregar a toda la tripulación y les dijo:

«Ha llegado el momento solemne de lanzarse a la pelea. Así nos lo exige el sagrado nombre de España y el honor de su bandera gloriosa. He querido que asistáis conmigo a esta cita con el enemigo, luciendo el uniforme de gala. Sé que os extraña esta orden, porque es impropia en combate, pero es la ropa que vestimos los marinos de España en las grandes solemnidades, y no creo que haya momento más solemne en la vida de un soldado que aquel en que se muere por la Patria. El enemigo codicia nuestros viejos y gloriosos cascos. Para ello ha enviado contra nosotros todo el poderío de su joven escuadra. Pero sólo las astillas de nuestras naves podrán tomar, y sólo podrá arrebatarnos nuestras armas cuando, cadáveres ya, flotemos sobre estas aguas, que han sido y son de España. ¡Hijos míos! El enemigo nos aventaja en fuerzas, pero no nos iguala en valor. ¡Clavad las banderas y ni un solo navío prisionero! Dotación de mi escuadra: ¡Viva siempre España! ¡Zafarrancho de combate, y que el Señor acoja nuestras almas!»

Impartió las órdenes precisas y salió a navegar con rumbo a la salida de la bahía de Santiago de Cuba. Él era el abanderado de la escuadra, no rehusó ser el primero, era un hombre comprometido por el deber y la recia disciplina castrense.

acorazado Cristóbal Colón y el Vizcaya
El Crucero acorazado Cristóbal Colón fue enviado a la guerra sin su artillería En la foto El Cristóbal Colón (izquierda) y el Vizcaya

La noche antes, prácticamente comenzó la batalla. Los estadounidenses fracasaron al intentar bloquear la entrada a la bahía de Santiago hundiendo en ella el barco de vapor USS Merrimac, que fue avistado por las baterías costeras. Los buques “Vizcaya”, el Reina Mercedes y el Plutón de la Armada de Cervera. Lograron primero dejarlo a la deriva tras dispararle de forma intensa, y posteriormente hundirlo con torpedos antes de que bloquease el canal.

Pero esa mañana del domingo 3 de julio de 1898, la suerte estaba echada sobre los valientes marinos españoles, que como su jefe, tomaron la única decisión posible, seguir adelante a todo vapor. A las 09:45 de la mañana, el Infanta María Teresa —buque insignia del almirante Cervera— asomó la proa por la bocana de la bahía de Santiago. Fue el primer buque español en hacerlo.

El Infanta María Teres
El Infanta María Teresa cerca de la isla de São Vicente, Cabo Verde.

Dicen grandes estudiosos del tema, que Cervera, convencido de su inferioridad, decidió salir a primeras horas del día, el 3 de julio, navegando hacia el oeste y pegado a la costa para salvar el mayor número de vidas posibles. La decisión del almirante de partir para el combate con luz diurna se fundamentó en su preocupación por la seguridad de sus barcos. Esta decisión era, militarmente hablando, la peor de todas las posibles, pues probablemente una salida nocturna o en un día de mal tiempo hubiese evitado la destrucción total de la flota. Además, la estrechez del canal de salida del puerto obligó a los barcos a navegar uno tras otro.

Siguiendo las órdenes especificadas por Cervera, los buques españoles salieron en orden decreciente de tamaño y potencia de fuego. Así, la escuadra española salió de puerto encabezada por el buque insignia Infanta María Teresa, en el cual se encontraba el propio Cervera. Los barcos dejaron el puerto a intervalos demasiado largos y siguiendo toda la misma ruta.

Dice la historia bien complementada, que Cervera dirigió su buque insignia hacia el buque estadounidense más cercano, el Brooklyn. Al observarlo, el comodoro Schley, que se encontraba a bordo, hizo que este diera media vuelta y se alejara para evitar un hipotético intento de espoloneamiento. Al comprobar que el Infanta María Teresa no intentaba dicha maniobra, sino huir, ordenó al Brooklyn regresar a la posición original, momento en el cual estuvo a punto de colisionar con el Texas. Ambos buques estadounidenses pudieron rodear y cañonear a la vez al Infanta María Teresa, que fue atacado en desigual batalla de un único buque contra casi toda una escuadra.

Pero vamos a retrotraernos en el tiempo. La escuadra estadounidense arribó el 19 de mayo al puerto de Santiago de Cuba. El 25 de mayo, Cervera envió un telegrama al ministro de Marina en estos términos:

«Estamos bloqueados. Califiqué de desastrosa la venida para los intereses de la Patria. Los hechos empiezan a darme la razón. Con la desproporción de fuerzas, es imposible ninguna acción eficaz. Tenemos víveres para un mes».

La escuadra permanecía bloqueada en el puerto de Santiago, sometida a todo tipo de presiones por los dirigentes de Madrid para que presentara batalla a la escuadra estadounidense del almirante Sampson. Sin embargo, Cervera se resistía a salir de la seguridad del puerto. La flota estadounidense permanecía fuera del puerto esperando la salida de los buques españoles. Por las noches siempre había dos buques estadounidenses vigilando e iluminando con sus proyectores la bocana de salida sin que las baterías de costa pudiesen molestarlos.

El jefe de Estado Mayor de la escuadra de Cervera, el capitán de navío Joaquín Bustamante, propuso al almirante una salida nocturna escalonada para evitar la pérdida total de la escuadra, pero al igual que la propuesta de Villaamil, la idea fue desestimada. Desde el 19 de mayo hasta el 3 de julio de 1898, fecha en que tuvo lugar el combate naval, la escuadra española colaboró con el Ejército de Tierra defendiendo Santiago, y hubo un intenso cruce de telegramas entre Santiago, La Habana y Madrid acerca de cómo proceder a la vista del desarrollo de las operaciones militares en tierra y el bloqueo naval por la escuadra del almirante Sampson.

En esta situación de bloqueo, Fernando Villaamil realizó una nueva propuesta, consistente en lanzar un ataque nocturno por sorpresa con torpedos con los dos destructores que le quedaban (el Terror había sufrido averías antes de llegar a Santiago de Cuba, por lo que regresó a Puerto Rico). Pero su idea fue nuevamente desestimada.

Reina Mercedes
Reina Mercedes

Los estadounidenses trataron de encerrar la escuadra de Cervera provocando el hundimiento del vapor Merrimac, cargado de carbón y con un cinturón de jarras llenas de pólvora que se harían explotar en el momento oportuno. Se presentaron siete voluntarios para esta arriesgada misión. El teniente de Ingenieros Richmond Pearson Hobson y seis hombres. El buque fue descubierto por los centinelas y el fuego comenzó de inmediato desde la batería de Punta Gorda, mientras que, al mismo tiempo, se dispararon dos torpedos desde los cazatorpederos, provocando el hundimiento del navío sin que llegaran a detonar las jarras de pólvora. El barco quedó hundido cerca de Cayo Smith y la entrada de Santiago continuó libre. El teniente Hobson y sus hombres fueron rescatados del mar en una balsa volcada y a la deriva, y hechos prisioneros de guerra y tratados por Cervera con gran caballerosidad y humanidad.

USS Brooklyn
USS Brooklyn

Volvamos a las 9 de la mañana del domingo 3 de julio de 1898. Al Infanta María Teresa lo siguieron en la salida el Vizcaya y el Cristóbal Colón, que se alejaron intercambiando disparos a larga distancia. Por ello, el fuego de toda la flota estadounidense se centró sobre el siguiente buque en salir: el Almirante Oquendo. Los últimos barcos en abandonar el puerto fueron los pequeños y rápidos destructores de Villaamil, Furor y Plutón, que sufrieron importantes daños en poco tiempo; con su pequeña artillería poco pudieron hacer contra el enemigo. El Plutón se hundió rápidamente. A bordo del Furor, murió Villaamil intentando subir a la torreta del cañón de proa para disparar contra los estadounidenses.

Una vez liquidados los destructores, la escuadra estadounidense persiguió al Vizcaya hasta dejarlo también fuera de combate. (CONTINUARÁ.)

Foto de cabecera: Combate de Santiago de Cuba –  Pintura de Ildefonso Sanz Doménech.

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Las Tunas (1953) Periodista, Investigador de temas históricos, documentalista, escritor.

Graduado de Licenciado en Periodismo en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba. Diplomado en Historia y Marxismo, en la Universidad “Ñico López”, La Habana. Diplomado en Nueva Realidad del Periodismo Latinoamericano, Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, La Habana.

Tiene publicado los libro: Quifangondo a Vitoria é Certa. «Editorial Capitán San Luis», La Habana, Cuba. Legado Inmortal; Madrugada de los Gallos; Las Desavenencias en las guerras: dos conflictos y… Soliloquio: El general dice su verdad. Todos en Editorial AutoresEditores.com. Colombia.

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