Las nueve musas
Javier Lostalé
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Javier Lostalé: «La poesía, si verdadera, debe ante todo emocionar, poner en tensión todos nuestros sentidos, sin que sea necesario entenderla, tener una idea clara de lo que se nos transmite»

Javier Lostalé (Madrid, 1942) además de un excelente y prestigioso poeta, autor de nueve poemarios, es un admirado periodista radiofónico y crítico literario, presentador del programa El ojo crítico y codirector de La estación azul. Es célebre su voz grave, serena, de dicción impecable y acento neutro. También su bonhomía y elegancia, su vasta cultura y su mirada franca y azul.

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Ascensión (SIN COLECCION)
  • Lostalé, Javier (Autor)

Ascensión, editado por pretextos en octubre del pasado año, es el último libro de Lostalé, y como en toda su obra poética, el amor es el núcleo temático. Los poemas agrupados podrían leerse como un solo cuerpo si no fuera porque cada uno de ellos tiene su título. Dada la coherencia del discurso es comprensible que el autor no haya dividido el poemario en secciones. Aquí el amor tiende hacia la elevación (el título del volumen no puede ser más acertado) con numerosas referencias a lo vertical y lo etéreo, sin renunciar a la corporeidad, la sensualidad y un erotismo velado. Pero el amor también lleva consigo su cuota de desamor, o en algunos casos de exaltación del deseo que no llega a convertirse en un hecho, de la misma manera que la intensificación de todo lo tangible conlleva una celebración de lo ausente, expresado todo ello desde una incandescencia rítmica y semántica y un equilibrio verbal minuciosamente cuidado. Tanto el instante presente como la evocación de lo perdido nos llega como llamaradas de plenitud lírica. Aun cuando el poeta hace recuento de las pérdidas, en ningún momento resulta áspero ni desolado, pues no se recrea en el vicio de la herida. Estos versos dan testimonio de una vida plena y longeva con sus claroscuros, de ahí que también asome una melancolía sin desengaños, que más que contradecir, refuerza la emoción cenital del poemario, y es que el incontenible paso del tiempo y la aventura vital todavía activa y esperanzadora responden a un mismo aliento creativo.

En este recorrido amoroso que va de lo carnal y lo puramente humano a lo metafísico y lo espiritual, hay una sabia fusión de contrarios. Las instancias opuestas intercambian sus categorías. Los poemas de Ascensión, depurados y emotivos, crean una luminosa alianza entre lo invisible y lo visible, la inmanencia y la trascendencia, el himno y le elegía, la celebración y la resignación, y es por ello que el oxímoron, la paradoja y la antítesis son tres de los recursos literarios más utilizados por el autor, además del uso de los adjetivos antepuestos no como mera ornamentación, sino como un asociación vitalista que da lumbre al sustantivo reforzándolo, así como la imagen como elemento de transfiguración, que sin ser de corte irracionalista tiende a romper los límites de lo previsible.

El poeta festeja el milagro de estar vivo asumiendo sin lamentaciones lo efímero de esta virtud, cantando con un fervor espiritual que no descansa por lo que tiene de expresividad constante incluso en los itinerarios más atribulados. En Ascensión Se dan la mano la intensidad y la hondura en una voz lírica llena de gratitud y esperanza, aun cuando el amor trenza el vacío.

En definitiva, hay una mística reparadora y carnal en la poesía amorosa de Ascensión, una energía vitalista que hace revivir la juventud en la edad provecta de tal modo que, como dice uno de sus versos: “en lo más oscuro, late el tacto de una luz”.

Javier Lostalé es un poeta inspirado que muestra estados de asombro atentos a la belleza y la gravedad de existir a través de una mirada limpia y hospitalaria. Sin duda es la suya una de las voces más honestas y reparadoras de nuestro panorama poético actual.

Se dice de ti que eres un poeta tardío porque publicaste tu primer libro de poemas a los treinta y cuatro años, ¿qué te movió a escribirlo? ¿Por qué seguiste escribiendo? ¿Por qué estamos aquí esta tarde?

Mi primer libro, Jimmy Jimmy lo publiqué en efecto a los treinta y cuatro años, si bien, cinco años antes, poemas de ese libro aparecieron junto a los de Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca, Ramón Mayrata y Eduardo Calvo en una antología, Espejo del amor y de la muerte, preparada por Antonio Prieto y con un texto introductorio de Vicente Aleixandre. Fue, precisamente, el propio Aleixandre, la lectura de Sombra del paraíso, el que me inclinó a entregarme a la poesía como “una forma de ser y estar en el mundo”, según afirma Antonio Colinas. Desde entonces la creación poética no me ha abandonado, aunque mi profesión de periodista determinó que entre mi segundo libro, Figura en el Paseo Marítimo, publicado en 1981, y La rosa inclinada, hubiera catorce años de silencio, pero sin abandonar la escritura. Y a partir de ese momento fueron apareciendo, con una periodicidad media de cuatro años, el resto de mis libros: Hondo es el resplandor, La Estación azul, Tormenta transparente, El pulso de las nubes, Cielo y Ascensión, mi último libro hasta el momento que ha publicado recientemente Pre-Textos. Durante todo este tiempo mi profesión radiofónica estuvo ligada a la Cultura en Radio Nacional, sobre todo a través de «El Ojo crítico» y de «La estación azul», programa que creamos Ignacio Elguero y yo a finales de 1999, y en el que, aunque jubilado hace mucho tiempo, sigo colaborando

En cuanto a por qué escribo respondo con uno de mis textos: Escribo porque al abrir el seno de una palabra encuentro la iluminación última del beso, porque pronuncio a solas mi única verdad: esa que después desmiento con mi vida. Escribo para ser joven y alimentar una esperanza radical, para tener lo que no tengo y escuchar lo que nunca me dijeron. Escribo porque nunca fue más bello el engaño.

Y en cuanto a por qué estamos aquí esta noche, diré que en primer lugar por agradecimiento a Miguel Hernández que sigue entre nosotros con sus tres heridas: vida, amor y muerte, fecundadas por la poesía. Y para intentar que algunos de los poemas de Ascensión se inserten en la vida de los oyentes.

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Jimmy, Jimmy
  • Javier Lostale (Autor)

A lo largo de tu trayectoria poética has evolucionado de una primera etapa novísima hacia un esencialismo reflexivo y una visión del amor elevada, casi mística…

Existe esa evolución, que se corresponde con la edad y con lo vivido. En los primeros libros lo autobiográfico predomina, luego la poesía se va desvinculado del yo y el lenguaje se va haciendo cada vez más esencial. Es lo que ha ocurrido a partir de Tormenta transparente.

En rigor, Ascensión se mueve en el extremo de una ambivalencia básica: es un libro de pérdidas, de ausencias, de desamor y de asfixia. En cambio, no hay amargura ni rencor y sí una sublimación del dolor y una luminosa asunción del conflicto entre realidad y deseo, felicidad y melancolía a través de una expresión celebratoria de lo vivido y el empleo de un simbolismo positivo, de tal modo que prevalece la luz incluso en los fondos más oscuros. Dos ejemplos de cómo estos elementos antagónicos intercambian sus valencias son los poemas «Mirada solar» y «plenitud».

Está muy bien visto. La ausencia y el desamor no nublan la celebración de la vida, con sus instantes convertidos en eternidad. En mi poesía conviven lo elegíaco y lo hímnico. La sombra está llena de luz, y es el deseo el que crea constantemente la realidad.

En el poema «cencellada» leemos: «No hay memoria sin olvido/ni lugar que nos reciba/ sin la compañía de lo que fue». Versos que nos recuerdan  a estas palabras de las Confesiones de san Agustín: «¿Qué es el olvido sino la ausencia de la memoria?»

Es una espiritualidad que se confunde con lo que dice Clara Janés sobre la elevación, que es para ella «el sentir interior». Tiende la poesía de Ascensión a ser como en los místicos una escala hacia el ser amado, lográndose tal fusión que se desaparece en él. Intenta también poseer el erotismo que se encierra en la llama mística, lo que explica que mi poesía esté inundada también por el cuerpo. Todo ello, claro, pensando en la distancia infinita que me separa   de uno de los mayores poetas, si no el mayor, de todos los tiempos. Hablo de San Juan de la Cruz.

Toda tu poesía, los versos de tu último libro no son una excepción, es de una honda espiritualidad, con alusiones continuas a elementos etéreos o intangibles, pero sin renunciar a la fisicidad, al deleite de los sentidos. En el poema «Cuerpo», por ejemplo, asoma un concepto del amor entre místico y sensual que nos recuerda a la poesía sufí.

El olvido, pienso, tiene una altitud superior a la poseída por la memoria. En el olvido lo enterrado sigue respirando, aunque nunca nos alcance. Como citáis a San Agustín, yo diría que coincido con lo que dice de que «el olvido es la ausencia de la memoria», pero añadiría, con el mayor respeto a su figura, que el olvido es la memoria bajo especie de eternidad.

 ¿Qué sorprende más en un poema, ¿quizá lo que está velado?

En toda poesía es más lo que tiembla secreto que lo expreso, pero que el lenguaje, como una súbita iluminación, hace claro para el sentir y el pensar del lector. O sin hacerlo claro intensifica su vida.

En nuestra opinión «Existir» es uno de los poemas capitales de Ascensión, pues contiene con una radical nitidez el leitmotiv del conjunto: el amor (y el desamor) como motivo axial de nuestra existencia, mediante el cual es posible derrotar a la propia muerte.

El amor, como sabéis, es un tema universal de la poesía. Da sentido a la existencia aunque no haya nadie en quien se concrete. El amor y el erotismo son el germen de un continuo renacer.

En una entrevista declaraste categóricamente: «Quedarse a solas con la poesía es algo terrible. Si fuésemos como escribimos seríamos mucho mejor». ¿La poesía puede ser salvífica y destructiva al mismo tiempo?

Creo que no puede establecerse un paralelismo entre vida y poesía, porque muchas veces escribimos lo que nos gustaría vivir y que, desgraciadamente, no vivimos. En un poema, y gracias al poder del lenguaje, podemos tener la más intensa experiencia amorosa. Y luego, al terminar su escritura, irnos solos a la cama.

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El pulso de las nubes (Poesía)
  • Lostalé Alonso, Javier (Autor)

«Poema de amor» acaba con una hermosa declaración que, como la anterior resulta paradójica: «Quien ama mora tanto en sí/ que casi no puede respirar», y en el siguiente, titulado» «Plenitud» asoma otra paradoja: quien ama «vive ya sin nombre/como quien no se pertenece/al ser sólo un cautivo/ de tan plena libertad».

Pienso que la paradoja es con frecuencia el alma del amor. Por eso dentro de él todo es aire y, sin embargo, nos falta la respiración. Y como los versos que citáis somos cautivos de lo que no es sino la máxima libertad

 También has manifestado en varias ocasiones que la poesía transforma al lector y le provoca emociones intransferibles, aunque este no la entienda.

La poesía, si verdadera, debe ante todo emocionar, poner en tensión todos nuestros sentidos, sin que sea necesario entenderla, tener una idea clara de lo que se nos transmite. Basta con que nos golpee interiormente y nos haga amanecer, aunque solo sea durante unos instantes. Un poema admite además infinitas lecturas, según sea la hora del día o nuestro estado de ánimo

Los autores que citas al comienzo del libro (Clara Janés, Rilke, San Agustín, Jenaro Talens, Paul Celan) anticipan el contenido del libro y creo que además dan fe también de tu forma de poetizar; pero hay otros poetas muy presentes en tu obra poética en general y en Ascensión en particular, nos referimos a Juan de la Cruz, Vicente Aleixandre, Juan Ramón Jiménez y Claudio Rodríguez.

De todos ellos he aprendido, especialmente de Vicente Aleixandre y su concepción cósmica del amor; de Rilke y su aspiración a lo absoluto; de Juan Ramón Jiménez el espíritu mismo de la poesía y de San Juan de la Cruz la constante ascensión encarnada en el cuerpo.

 En el poema final del libro, «Solitud», escribes algo que nos parece una clara declaración de intenciones acerca de tu condición de poeta no acomodado: «Tu lugar es no tener lugar,/ estar siempre en el tránsito».

Siempre estamos en el tránsito, esperando la llegada de alguien, de un paisaje, de una música, que sean anuncio de lo secreto aún sin desvelar. En el tránsito brilla la más honda esperanza.

En la entrevista que te ha hecho recientemente Gloria Díez en la revista digital El Cuaderno afirmas en una de las respuestas: « (…) a la persona amada, independientemente de la edad que tenga, la vemos siempre como la vimos en el momento en que la elegimos; la seguimos viendo igual». ¿No te parece una visión idealizada del amor solo a la altura de algunas sensibilidades muy dotadas y que el común de la gente opina lo contrario?

Cada vez creo más en lo que decís. El cuerpo del ser amado sigue siendo el mismo que habitamos cuando éramos jóvenes. No hay arrugas ni envejecimiento capaces de borrar la visión primera que de él tuvimos. Y pienso en el cuerpo sin separarlo del alma, del espíritu. En este aspecto si la comunión de los amantes dura a través del tiempo, el espíritu va imponiendo el cielo en el que ellos brillan, y lo más terrenal en él se refleja y ahonda.

Son frecuentes en el mundo de la poesía las rencillas, los celos y las envidias, en definitiva, la competencia feroz. Sin embargo, tú destacas por tu bonhomía y generosidad. ¿Confías en la hermandad entre poetas?

Nada hay más hermoso que la gratitud, ni nada más turbio que los celos o la envidia por el bien ajeno. Cada buen libro de poesía que nazca siempre ampliará nuestro horizonte. Y ello debe alegrarnos. Lenta y limpia como una hilera de árboles transparentes nace en el pecho la gratitud.

Eres un consumado periodista: ¿cómo compaginas el lenguaje denotativo del periodismo y el connotativo de la poesía?

Son distintos lenguajes como apuntáis. El periodístico es, lo expresáis bien, denotativo, y el de la poesía connotativo, asociativo. El lenguaje periodístico nombra la realidad, el poético la crea.

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  • Javier Lostalé (Escritor)

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Ada Soriano

Ada Soriano

Ada Soriano nace en Orihuela el 30 de diciembre de 1963 en el conocido Palacio Sorzano de Tejada, sito en la Calle del Ángel, donde sus padres residieron durante tres años.

Colabora con reseñas y entrevistas en los medios digitales Mundiario, Frutos del Tiempo, El Cuaderno y Las nueve musas.

Ha publicado las plaquetas Anúteba, compuesto por poemas de la autora y del poeta José Luis Zerón (Edición de autor,1987) y Alimentando lluvias, compartido con el poeta Miguel Ruiz Martínez (Instituto Alicantino de Cultura Juan-Gil Albert, 2000), así como los libros de poemas Luna esplendente o sol que no se oculta (Ediciones Empireuma,1993), Como abrir una puerta que da al mar (Biblioteca Pública Fernando de Loazes, Generalitat Valenciana, 2000), Poemas de amor (Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Principio y fin de la soledad (Cátedra Fernando de Loazes, Universidad de Alicante, 2011), Cruzar el cielo ( Editorial Celesta, Madrid, 2016), Dondequiera que vague el día (Ars Poetica, Oviedo, 2018) y Línea Continua (Huerga & Fierro, Madrid, 2022) y los libros de entrevistas No dejemos de hablar. Entrevistas a 19 poetas y No dejemos de hablar (2). Entrevistas a 24 poetas (Editorial Polibea, Madrid, 2019 y 2022 respectivamente).

Antologías: Narradoras españolas de hoy (Editada por la Universidad de Perpiñán, Facultad de Ciencias Humanas, Jurídicas, Económicas y Sociales, 1988); Los nuevos poetas (Ediciones Seuba, Barcelona, 1994); La Mar, II Ciclo de Poesía y Prosa Temáticas ((Alicante-Murcia, 2001-2002); Alimentando Lluvias, pliego compartido con el poeta Miguel Ruiz Martínez, quien falleció en 2009 a la edad de 51 años (Instituto de Cultura Juan-Gil Albert, Alicante, 2000); Arte contra la violencia de género, Plataforma contra la violencia de género de Orihuela (Sala de exposiciones CAM, Orihuela, 2009); Tauromaquia teñida de azul, exposición de José Aledo Sarabia (Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2011); El libro de plomo (A.C. Ediciones Empireuma, Orihuela, 2013); Exposición fotográfica Mujeres de Orihuela y pedanías, Asociación de Mujeres Clara Campoamor de Orihuela (Sala Museo San Juan de Dios, Orihuela, 2017); Diez mujeres que escriben hoy. Diez mujeres que cambiaron la historia del Arte. (Monográfico por Rosario Troncoso, Cádiz, 2019); Casa Natal. Encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. 27 poetas (Fundación Cultural Miguel Hernández y excelentísimo Ayuntamiento de Orihuela, 2019); Pandémica, Terrestre, Infernal (El Cuaderno, Diarios de Cuarentena (Asturias, 2020).

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José Luis Zerón Huguet

Nace en Orihuela el 28 de octubre de 1965.

Trabajó cuatro años (1987-90) como redactor de la Vega Baja en el Periódico de Elche, y dos (89-90) como corresponsal del diario ABC. Asimismo colaboró ocasionalmente con el diario alicantino Información y en el periódico digital Minuto Cero y regularmente en la revista digital Galla Ciencia.

Actualmente colabora con asiduidad en el blog literario Frutos del tiempo y es coordinador de los ciclos encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. Fue fundador y director de la revista sociocultural La Lucerna y fundó y codirigió la revista de creación Empireuma y presidió la Asociación Cultural Ediciones Empireuma, que publicó más de quince libros.

Su actividad cultural es diversa: ha escrito prólogos, pronunciado y promovido conferencias, y participado en numerosas mesas redondas presentaciones de libros y exposiciones de pintura. Ha sido jurado en varios concursos literarios de ámbito nacional e internacional. Con Manuel García Pérez escribió el guión del espectáculo audiovisual Esquirlas de luna en homenaje a Federico García Lorca, y ambos dirigieron su puesta en escena con gran éxito en el Aula de Cultura de la CAM-Orihuela en 1998. También fue autor y director del montaje poético audiovisual Las tres heridas y del poema y parte de la introducción del corto Pasos y sombras, de José Rayos.

Su producción poética editada consta de dos plaquetas: Anúteba, conjunto de poemas suyos y de Ada Soriano (Ediciones Empireuma, 1987), y Alimentando lluvias (Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997); Y los libros Solumbre (Ediciones Empireuma, Orihuela 1993) , Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Ante el umbral, (Instituto alicantino de cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Sin lugar seguro (Germanía, Alzira, 2013), De exilio y moradas (Polibea, Madrid, 2016), Perplejidades y certezas (Ars poética, Oviedo, 2017), Espacio transitorio (Huerga & Fierro, Madrid, 2018) e Intemperie (Sapere Aude, Oviedo, 2021).

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