Las nueve musas
Firma de Cruzelaeguí

Cruzelaeguí. Una joya musical redescubierta

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Fray Francisco Martín de Cruzelaeguí,
Una Joya Musical Redescubierta, del Virreinato de la Nueva España
Seminario Permanente de Ópera Mexicana

El Virreinato de la Nueva España, lo que hoy es en gran medida México, como en el resto de la América no solo española, sino también portuguesa e incluso francesa, se caracterizó por una constante búsqueda de conquista no solo material, sino también de algo muy importante para la península Ibérica y la cultura occidental de la época: una conquista espiritual que garantizara la sumisión de los pueblos originarios de Mesoamérica, al pensamiento y las costumbres de la corona española.

Es así, como la Europa Católica, y en especial España, mueve su maquinaria intelectual, para descubrir la mejor forma de conquistar el espíritu de los indígenas durante la colonia. Vale recordar aquí, que la labor la hizo más fácil el hecho de que las naciones que conformaban el continente Mesoamericano practicaban la misma religión y contaban, en la mayoría de los casos, con los mismos dioses.

Ya desde tiempos del emperador romano Constantino, se visualizaba a la religión como el arma más poderosa en batalla, pues es lo que a fin de cuentas mantiene el ánimo del guerrero en pie. Y no es el único ejemplo ni el más antiguo (pero sí tal vez, el más significativo, dada la poderosa influencia del cristianismo en el mundo actual). La historia humana está plagada de conquistas espirituales desde hace miles de años, a través de la imposición de los dioses de los ejércitos vencedores.

En el caso particular de la Nueva España, los frailes católicos se dieron a la tarea de observar con mucha atención las costumbres de los pobladores originarios de Mesoamérica. Esto desde antes de la caída de la Gran Tenochtitlán en 1521, a manos de Hernán Cortés y decenas de miles de guerreros Tlaxcaltecas, entre otras naciones de Mesoamérica que lo apoyaron, (y sin los cuales la conquista española tal vez habría sido un fracaso, o por lo menos en ese año). Baste mencionar solo el caso de Fray Bernardino de Sahagún, quien deja los primeros escritos acerca de la cultura y lo que era en esos días el Imperio Azteca.

El análisis de los códices náhuatl originales debe haber sido exhaustivo, y personalmente tengo la duda que hayan sido destruidos, pues era la mejor fuente de información para conocer el pensamiento ancestral indígena y vencerlo. No me extrañaría que algún día aparecieran. Hoy son muy pocos los códices originales que han salido a la luz pública, pienso que existen muchos más, tal vez resguardados celosamente por quienes afirman haberlos destruido. Sin embargo, no tengo pruebas, es una conjetura.

Así es como descubren que en la música estaba el secreto para atraer a los pueblos originarios de lo que hoy es México, a la religión católica. (Dada la importancia de esta, para la vida indígena en todos sus ámbitos). Conclusión que es citada por el Dr. Alonso Hernández Prado de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro en su libro: “Fray Francisco Martín de Cruzelaeguí un compositor franciscano en la Nueva España”, y que es el motor del presente artículo.

Al verme en la necesidad de escribir un artículo para el Seminario Permanente de Ópera Mexicana, dirigido por la Dra. Enid Negrete, pensé que tal vez podría encontrar a algún compositor virreinal que hubiera trabajado en la Ciudad de Celaya, ubicada en el Estado de Guanajuato en México, dado que ahí vivo, y hay poca información al respecto.

Apenas iniciada mi búsqueda, encontré ese que, para mí, es un tesoro de la investigación musical del Virreinato, el libro antes citado del Dr. Alonso Hernández Prado, publicado por Editorial Infinita en abril de 2020, y el editor Daniel Zetina para la lectura gratuita del ejemplar en Internet.

No es la única biografía del fraile compositor Cruzelaeguí, (cuestión que el propio Hernández menciona y que trataré más adelante), pero sí la más completa y la más reciente. Por lo que el presente artículo es un esfuerzo para la divulgación del trabajo que sobre Cruzelaeguí, hizo el Dr. Hernández y en ambos casos, finalmente, tanto de Hernández Prado, como el mío propio, es el rescate histórico de un gran compositor olvidado durante más de doscientos cuarenta años y que es hasta el 2020 que sale a la luz de la oscuridad por la publicación del autor de la biografía del fraile, y que haré lo mejor que pueda para dar un resumen del mismo, que sirva para reconocer la importancia del trabajo de Hernández Prado en el panorama musicológico del México Virreinal.

El Prólogo es del Dr. Mauricio Beltrán Miranda.

En la Introducción de su libro, el Dr. Hernández nos platica de como conoció la existencia de Cruzelaeguí. Nos cuenta que fue a través del catálogo del Archivo Musical de la Basílica de Guadalupe, publicado por la Maestra argentina Lidia Guerberof Hahn (2006). Quien le facilitó dos obras del fraile, del cual había poca información, por lo que Hernández se da cuenta del valor histórico y se da la tarea de hacer un trabajo de investigación del personaje en mención.

Después de la aprobación de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro y el apoyo Institucional del Estado de Querétaro por medio del Programa APOYARTE, obtiene los recursos económicos no solo para la investigación escrita, sino para la grabación de dos obras para coro y orquesta del compositor Fray Francisco Martín de Cruzelaeguí, y por lo cual podemos disfrutar gratuitamente de una música maravillosa olvidada durante casi doscientos cincuenta años.

Comienza así sus pesquisas, (como el mismo expresa), para redescubrir al músico fraile Cruzelaeguí.

Cabe aquí mencionar que el éxito de la investigación del Dr. Hernández en el tema del fraile compositor, fue en buena medida, dice, gracias a la colaboración del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), a través de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia “Dr. Eusebio Dávalos Hurtado”, que facilitó sus archivos históricos del Virreinato mexicano y en especial le permitieron, con muy buen ánimo, la revisión del archivo en microfilm del catálogo de artículos e incluso música del fraile. También reconoce la buena disposición tanto del Archivo de la Basílica de Guadalupe, como del Conservatorio “José Guadalupe Velázquez” de Querétaro.

Nos comenta que no ocurrió lo mismo con los archivos de las Catedrales de la Ciudad de México y de Puebla, donde le negaron la entrada a sus archivos, y hace eco de lo que otros investigadores como García Ayluardo y Rubial García (2018, 18), ya han padecido en cuanto a las negativas de las autoridades eclesiásticas para la consulta de los acervos de sus archivos históricos, cuestión que obviamente entorpece el conocimiento sobre buena parte de la cultura Virreinal mexicana; de ahí es que resulta extraño que en las conclusiones al final de su libro, Hernández diga que los gobiernos posrevolucionarios (sin aclarar si los de la Revolución de Independencia o los de la Revolución de 1910), intentaron destruir los vestigios del México Virreinal, por culpar a los españoles y a la Iglesia Católica del maltrato a los indígenas. Siendo que como su propia publicación indica, fueron las Instituciones del Estado, herederas de los gobiernos posrevolucionarios, como el INAH, el Conservatorio de Querétaro, la Universidad Autónoma de Querétaro y el propio Gobierno del Estado de Querétaro, los que proporcionaron la principal fuente de ayuda en información y económicamente, para la consecución de su invaluable trabajo de investigación sobre este espléndido compositor del Virreinato en México.

El material bibliográfico que encontró acerca de Cruzelaeguí, comprende cuatro biografías del fraile, mencionadas así en su libro al inicio del Capítulo Primero:  …la primera del compositor mexicano Gabriel Pareyón (Zapopan 1974), en el Diccionario Enciclopédico de la Música de México, publicado por la Universidad Panamericana (Pareyón 2007). La de Aurelio Tello, compositor nacido en Perú en 1951 y radicado en México desde 1981 editor y coordinador de la Catedral de Puebla, Catálogo y Apéndice Documental de Compositores Novohispanos, publicado en el 2015 por el Concejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla. La de Jon Bagüés Erriondo en Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, editado por la Sociedad General de Autores y Editores en Madrid en 1999. Y la del Diccionario de Músicos Vascos, editado por Fernando Abaunza Martínez (compositor y musicólogo originario de Guernica, Vizcaya).

Según los datos biográficos encontrados por Alonso Hernández, sitúan la vida del fraile compositor entre 1720 y 1802, habiendo discrepancias entre sus biógrafos sobre el año preciso de nacimiento y muerte. Las cuatro biografías aparecen completas en el libro de Hernández, dado lo cortas que son. Es muy probable, además, que Cuzelaeguí, haya fallecido en la Ciudad de México, dato muy relevante pues afianza la idea del fraile como músico del Virreinato de la Nueva España, hoy México.

Fray Francisco Martín de Cruzelaeguí, no solo fue compositor, era organista y restaurador de órganos, hecho último que lo llevaba a viajar a varias partes de la Nueva España para arreglar y afinar los órganos de las capillas e Iglesias. Y ese fue el caso de la Ciudad de Celaya, donde para restaurar el órgano del Templo de San Francisco, permaneció un tiempo, aunque no se sabe cuanto con exactitud, pero dadas las difíciles condiciones de los viajes y el tiempo que toma restaurar un órgano de capilla, es de esperarse que estuvo varios días por lo menos.

Es gracias a Lidia Guerberof, (menciona Hernández), que sabemos que en el “Archivo Musical del Templo Franciscano de Celaya” se encuentran dos manuscritos del fraile, lo que me lleva a pensar que tal vez los compuso durante su estancia en Celaya y probablemente se hayan interpretado en el Templo mencionado. Se trata de una Missa a 3 voces, con violines, cornos y bajo, y un Himno a la Virgen María, a 4 voces con orquesta.

Y entrando ya en el terreno de su música, dos de las obras que rescató el Dr. Hernández Prado, y que grabó profesionalmente y que las podemos escuchar, al acceso a cualquier persona por YouTube, son Dixi Dominus 3 y Magníficat 5. Un verdadero logro en el ámbito del rescate y divulgación de la música en México.

Hernández las circunscribe en el estilo galante, (pág. 119 de su libro). Hay que entender que al mismo tiempo que se desarrollaba este estilo, liberado de las complejidades contrapuntísticas del barroco, compositores como Bach (1685-1750) y Haendel (1685-1759), continuaban componiendo según el estilo barroco. Así pues, creo que Cruzelaeguí fue una mezcla muy equilibrada entre el barroco temprano y el estilo galante.

Mientras que la armonía y la forma de emplear el coro con la orquesta recuerdan a compositores, incluso anteriores a Bach, como Francesco Antonio Urio (1631-1719), y Franz von Biber (1644-1704), su estilo vocal para los solistas es más apegado al estilo galante. No se con exactitud, (por falta de datos y documentos históricos que lo corroboren), hasta que punto este estilo híbrido entre el barroco y el galante de Cruzelaeguí, se haya visto influido por compositores como Alessandro Scarlatti (1660-1725), y su hijo Doménico Scarlatti (1685-1757), lo cierto es que ambos, tanto Alessandro como Doménico, eran amantes de la cultura española, a la que influenciaron con su música sin lugar a duda. Alessandro vivió en Nápoles y su hijo nació y se educó en este Virreinato de España.

Hay que recordar que Nápoles pertenecía al Imperio Español en tiempos de todos estos compositores, de hecho, Doménico falleció en Madrid, y hacia el final de su vida, llegó a firmar su nombre en español como Domingo Escarlati.

Es bien sabido que tanto Alessandro como su hijo Doménico fueron grandes compositores de óperas. Incluso Alessandro tiene que ver mucho con el desarrollo del Aria da Capo en la ópera. Doménico no fue un gran reformador operístico, pero en su juventud compuso por lo menos una docena de óperas, que no es poca cosa. Sin embargo, decidió dedicar la mayor parte de sus esfuerzos creativos, a la música para clavecín.

No quiero dejar pasar por alto, la probable influencia de la primera escuela de Viena en los solos vocales de Cruzelaeguí. Sus líneas melódicas recuerdan bastante a las Arias de algunas óperas de Mozart (1756-1791), como Las Bodas de Fígaro entre otras. Música que de seguro no era ajena a los conocimientos de la mayoría de los compositores europeos de la época.

Es, así pues, que reconozco en Cruzelaeguí una magistral manera de combinar tanto el estilo barroco, que estaba ya de salida, como el nuevo estilo galante que desembocaría en el clasicismo. Un barroco temprano que se reconoce en la sobriedad de su música y la manera de usar el coro con la orquesta y la armonía, aunque sin la complejidad del contrapunto del barroco tardío. Y, por otra parte, un estilo que recuerda incluso a Mozart, en las partes para voz solista acompañadas de orquesta. El empleo del bajo de Alberti en esas partes lo reafirma aún más.

Menciona el Dr. Hernández Prado en su libro, que para el musicólogo Thomas Stanford, el estilo de Cruzelaeguí recuerda el estilo battaglia, con el empleo de acordes que pueden ser una cita del clarín llamando a la batalla. (cit. en Pareyón 1989, 28), lo que para Stanford remite conocimientos e influencias para Cruzelaeguí, desde música del siglo XIV. Cosa que puede ser muy factible, dada la preparación en música académica de los frailes de aquella época, adiestrados en la música escrita desde los siglos X y XI.

La labor del Dr. Hernández Prado, de transcribir las partituras de Cruzelaeguí al programa de notación Finale, y después darse la tarea de conjuntar el ensamble instrumental original y los coros con solistas que él mismo dirigió, para realizar una grabación profesional que le dio vida nuevamente a una música olvidada durante más de doscientos cuarenta años, sin duda es un esfuerzo titánico que hay que reconocer, agradecer y felicitar.

Y nos deja, además, un libro de consulta gratuita en Internet, sobre la vida del ilustre compositor y fraile Franciscano que fue Francisco Martín de Cruzelaeguí.

Ildemaro Correa Zavala
Celaya, Gto. México 22 de febrero de 2022

Foto de cabecera: Firma de Cruzelaeguí en una partitura (archivo «Agustín González» del conservatorio «Jose Guadalupe Velázquez» en Querétaro – México)

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