Las nueve musas
XL

Esto me hizo volar

Promocionamos tu libro

Un insecto extraño, de alargado abdomen y alas enormes, casi invisibles, misteriosamente ágiles en su ince­sante agitar, apareció de pronto. Yo in­ventaba pinceladas, maquinaba pensamientos re­costado en un frondoso árbol. El animal se quedó suspen­dido en el aire, quieto frente a mi como tramando algo. Luego giró de improviso, se desplazó veloz en línea recta y se detuvo en seco, de acá para allá como alocado en diferentes direcciones. Pa­recía hilar una constelación de estrellas imaginarias.

—¡Leonardo! —gritó mi madre, maldigo el mo­mento, justo ahora que comenzaba a plasmar en mi mente el bosquejo de una ingeniosa má­quina de volar.

José Fernando Suárez Isaza

José Fernando Suárez Isaza

Autorreseña gramatical

Medellín, Colombia, año sesenta y tres. En la distancia, intento adjetivarme objetivamente. Tomo el diccionario: sólo soy un sustantivo común con ansias de calificar.

Me detengo largo tiempo en dos palabras: música y publicidad. Afición y profesión. Paso la página. Más adelante, aparecen diversas expresiones verbales en modo infinitivo, conjugadas de manera irregular y en cantidad variable de tiempo, modo y lugar: Vender, enseñar, transportar…

Escribir.

Me cayó ese “mal de letras” con el sol casi trepado en lo alto. Vinieron las lecturas, los deslumbramientos, los talleres, los aprendizajes. Fiebres muy altas, ideas que rondan, mal dormir. Efectos concomitantes. Algunas historias son ahora aviones de papel (Quitasol, Lexis, editorial U. P. B., Medellín en 100 palabras, Fundación Haceb, editorial Bola de Papel, Mundo de escritores…), valiosos aprendizajes con los que la fantasía se ha echado a volar. Otras, aguardan pista reducidas en hangares: un libro de cuentos, una colección de cien microrrelatos en cien palabras, una novela y un “Cajoncito de recuerdos”. He cometido versos, pero, ¿quién no ha pecado?

Salvo Las nueve musas, que me permite —algo que agradezco— la posibilidad de volar más lejos, es imposible por el momento destacar en mayúsculas un reconocimiento. Puro cuento sería. Mas, sigo aferrado a las letras, como si yo fuera su pronombre posesivo, como si de palabra nos hubiésemos comprometido a estar juntos por siempre en un futuro perfecto.

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