Las nueve musas

El tiempo y la eternidad según Santo Tomás

Actualmente medimos el tiempo con relojes digitales conectados a satélites. No hay mayor misterio pero… ¿Qué es el tiempo? Leyendo unos viejos apuntes de Santo Tomás pude filosofar, un poco, acerca de lo que es el tiempo y la eternidad.

tiempo
Santo Tomás de Aquino confundiendo a Averroes

La primera forma de reflexionar sobre el tiempo es cuando sabemos que no seremos eternos, que nuestras vidas tienen un tiempo estimado y que en cambio hay cosas o animales que viven más tiempos e incluso algunas que son eternas.

Básicamente hay eternidad, evo o tiempo. El tiempo es la medida propia de los entes corpóreos, sujetos al movimiento, como son todos los entes que componen el universo visible. El evo es la duración propia de las criaturas espirituales, como los ángeles y las almas humanas separadas del cuerpo. La  eternidad   es  la  posesión  total  simultánea  y  perfecta  de  la  vida interminable, definición de Boecio que Santo Tomás incorpora a su síntesis teológica. Según la tradición el Esse Subsistens es propia de Dios  y es enteramente trascendente pero puede ser comunicada a las criaturas que están en Visión Beatífica.

Estamos acostumbrados a planear una clase a las 6:00 pm y sólo esperamos a que el reloj marque las 6:00 pm para saber que es la hora de la clase, pero la pregunta aún no está resulta ¿Qué es el tiempo?

Según San Agustín en Las Confesiones si nada pasase no habría pretérito;  y si nada adviniere no habría tiempo futuro; y si nada existiese no habría tiempo presente.  Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿Cómo pueden ser, si el pasado ya no es y el futuro todavía no es? ¿Cómo puedes programar tu clase de 6:00 pm si está en un futuro inexistente?

En cuanto al presente, si siempre fuera presente y no pasará a ser pasado, ya no sería tiempo sino eternidad. Es necesario entonces que para ser tiempo, pase el presente a ser pretérito, ¿Cómo decimos que existe el presente, si su causa o razón de ser lo que es reside en dejar de ser? ¿Tendremos que decir que existe el tiempo cuando ya no es? Es decir que nos damos cuenta que el tiempo estuvo presente justo cuando se fue y ya no está, de tal modo que cómo es que nos dimos cuenta?

Aristóteles también reflexionó sobre el tiempo y legó a conclusiones similares, en su libro Física escribe:

“Con el tiempo hemos de tratar de algo misterioso, oscuro y muy difícil de captar, pues una parte de él ha acontecido y ya no es, otra está por venir y no es todavía y parece imposible que lo que está compuesto de no-ser tenga parte en el ser.”

Es claro que el tiempo se puede medir por el movimiento, es la duración del movimiento de las cosas corpóreas, más que la duración es la medida de esa duración. Por eso es que Aristóteles y Santo Tomás lo definen como “el número del movimiento según el antes y el después”.

Hay otra forma de pensar en el tiempo, podemos pensar que el tiempo sólo es parte del pasado o del futuro y que el presente es algo diferente al tiempo. Es decir, en el ahora no hay tiempo pues el ahora pertenece a un aquí (lugar) y no a ningún fluir o moverse. Pero ¿Cómo se uniría el presente con el futuro? El tiempo es divisible en ahoras instantáneos, como si fuera una línea que puede siempre dividirse en micro-instantes, estos micro-instantes siempre pueden hacerse más pequeños como una atomización del tiempo con vacíos temporales intermedios. Para evitar este dilema podemos hacer lo que hace la física clásica, sumarle el movimiento. Esto nos ayudaría a medir el tiempo sin tener que entrar en el dilema de los micro-instantes. Aunque la física clásica no entra en estos dilemas y la física cuántica nos llevaría a una valiosa charla, aunque más larga.

Por último, el tema se puede abordar desde otra rama, la rama de la antropología. Según los estudiosos de la antropología hay dos formas de pensar en el tiempo, la primera como una línea recta que no se repite. La segunda como un círculo que cuando se termina su recorrido vuelve a recorrerse. El tiempo lineal irrepetible es propio de las culturas occidentales y el tiempo repetitivo propio de oriente. En mi canal de literatura tengo un video donde se toca el tema del tiempo circular en los griegos, se titula: Lévi-Strauss – El suplicio de Papá Noel.

¿Cómo podemos concluir estas reflexiones a las que nos llevaron mis viejos apuntes de Santo Tomas? Tal vez lo mejor sea usar la conclusión de San Agustín: Cuando no lo pienso lo sé; cuando lo pienso no lo sé.

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Alejandro Rangel

Alejandro Rangel

Alejandro Rangel (Morelia, Michoacán en 1993)

Recuerdo que con lágrimas le pedía a mi madre que me dejara ir a jugar sin leer mis diez minutos diarios. Colérica me lo prohibía, y yo le negociaba únicamente leer tres páginas en voz alta. Me resignaba y comenzaba a leer sólo para obtener la libertad de jugar. Ahora me pregunto si el mundo moderno me dará la libertad de leer.

Fue parecido a como educan a los poetas nórdicos, pero sin ponerme una piedra enorme en el pecho, y me llevó el mismo tiempo que a ellos desarrollar la capacidad de escribir. Escribir es como orinar, dice Tzara, y sí, después de mis lecturas tengo que evacuar y limpiar mi organismo.

Leer me ha dado la oportunidad de hablar con Sócrates, Dante, Virgilio, Lautréamont, Verlaine, Artaud, Scheherezada, y demás.

Una voz dentro de mí me susurraba que lo primero que debía escribir eran jitanjáforas. A mis dieciséis años empecé escribiendo cinco y después de tres años terminé el libro Cuentos de senil vanguardia, la novela Vallkme’r Párkiaüd, el poemario Hechizo y Contra-hecizo e Introducción al pensamiento de Lévi-Strauss.

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