Las nueve musas
Sade y Santa Teresa

El Marqués de Sade y Santa Teresa de Jesús

LA UNIÓN ENTRE EL MARQUÉS DE SADE Y SANTA TERESA DE JESÚS ES D/OS

Sin importar la época, hablar del Marqués de Sade, para muchas personas, provoca molestia, incomodidad, intolerancia e incluso repulsión, quizá, porque al mismo tiempo despierta cierta morbosidad erótica.

Esto en gran medida es motivado por el desconocimiento e incomprensión de su vida y obra.

En contrasentido, tenemos a Santa Teresa de Jesús, religiosa quien fundamentó su vida en un encuentro con D/os a través no sólo de una vida sacra y humilde, sino que demostró el enamoramiento, la pasión, y la convivencia con D/os de una mujer que se ha casado con Él.

Y es así como estos personajes contrapuestos, tienen en sí mismos un punto céntrico que los entrelaza.  ¿Quién o qué es ese punto?, la respuesta, D/os, ambos proclaman su Palabra: Santa Teresa, denunciando desde la espiritualidad la maldad humana, su soberbia, su ambición de poder y Sade manifestando a través de la Carne la misma precariedad.

A primera lectura esta relación es contradictoria y quizá ofensiva, sin embargo, no pretendo hacer una comparación entre ambas vidas, sino entre los acontecimientos que ambos denuncian. Donatien Alphonse François de Sade fue un noble francés, quien ha sido bautizado como el padre del Sadismo, sin embargo; Sade no inventó el Sadismo ni fue el primero que lo plasmó, porque la violencia en el acto sexual se encuentra desde los inicios de la civilización, si es que así podemos llamarle así a este gran Leviatán como menciona Hobbes del que formamos parte.

Un ejemplo claro se encuentra en las Bacanales, donde en honor a Baco o Dionisio se realizaban fiestas donde los límites eran inexistentes y donde las orgías en el 200 a.C., ya estaban presentes o en el 40 d. C. como lo dejan ver las diversas biografías sobre el emperador Calígula.

Rebajas

Por su parte, Santa Teresa (la quinta entre once hermanos), nacida en 1515, dentro de un ambiente español sumamente religioso, toma como centro de su encuentro con D/os Siete Moradas o lenguajes que tienen su principio en el Cuerpo.

Siendo aquí donde comienza el encuentro entre estos autores.

Para Santa Teresa a través de revertir al cuerpo de Silencio, no de un callar, es el comienzo del Sendero hacia D/os, una senda de la cual nadie puede despojarse. En Sade, el conocimiento del cuerpo, de su carne, es el camino que lo conducirá a un conocimiento racional de D/os. Ambos tienen razón, tanto el cuerpo como el espíritu son la base central para articular una comunicación plena con Dios, equilibrada por el Alma, a quien se le hado el nombre de Mente y desde la cábala de Satán.

Ambos toman la Palabra para analizar a la humanidad e incitarla a superar el vacío, porque ambos han sido tomados por D/os para dar un mensaje.

La época de cada uno marca la disyuntiva de sus personalidades. Santa Teresa vivió en un siglo sumamente religioso, su alma estaba impregnada de ese sentimiento de reserva y oración, Sade creció y se desarrolló en la época de la Ilustración donde la espiritualidad y el sacrificio estaban lejos de ser lo que habían sido.

En el 1500 la voz de Sade lo hubiese llevado a la hoguera, en el siglo de las luces la voz de Santa Teresa hubiese sido causa de burla ante el poder de la razón, es en este momento donde se percibe la coherencia del tiempo y de la expresión de la palabra. Se puede decir que cada uno dio a su época lo necesario para encontrarse con D/os y reflexionar.

Es importante resaltar que Sade, no fue el primero en dejar por escrito ciertas tendencias o filias sexuales del ser humano, porque en el Séfer Bereshit o libro del Génesis se dan por sentadas en Sodoma y Gomorra las depravaciones de las cuales era objeto el ser humano, no sólo sexuales sino depravaciones del alma que corrompían al Espíritu,  como  también lo denuncian el Marqués De Sade y Santa Teresa al exhibir la soberbia, el abuso de poder que llevó a la falta de caridad y sobre todo la ausencia de coherencia donde tanto el gobierno pensante como la santidad se convirtieron en una moda más que en un verdadero encuentro.

Sade antes que Freud, deja implícito el despertar de la sexualidad en los niños y su prolongación hasta la etapa de la vejez, y da por sentado que el dolor es central para el desarrollo del placer, y que este se enfatiza en la cuestión sexual.

Es así como de forma clara muestra entre líneas que el ser humano goza con el dolor del otro, no sólo en lo sexual sino en otras muchas actividades marcadas entre el dominio y la sumisión, teniendo su comienzo en la relación con nuestros padres, perpetuándose en el poder del gobierno hacia el pueblo. Pero, ¿de dónde nace esta inclinación al sadismo? La respuesta se encuentra en el yo, en la necesidad de no sentirse gobernado, lo que resulta imposible, ya que sólo D/os está exento de tutela.

Entonces, como defensa, el Hombre goza del dominio sádico, usándolo como un placer fundamental dentro de su desarrollo. Esta actitud, la cual puede tomarse como un regalo divino, obedece a la misma lógica que nos impulsa a gobernar la vida ante el temor de la muerte.

Por otra parte, Santa Teresa, antes que muchos psicólogos, muestra un encuentro con el interior, donde la voz del inconsciente busca la verdad y, sobre todo, un encuentro con uno mismo, resaltando la necesidad de un cuerpo para sentir a D/os cuando el espíritu llega a su encuentro. Para Santa Teresa el éxtasis inicia en la mente, pasa por el corazón y se esparce en las Siete Moradas o Lenguajes, hasta ya no poder rindiéndose al Cuerpo, a la Carne, para que a través del éxtasis -relacionado con el orgasmo -porque en este se unen las siete moradas o lo siete puntos energéticos- sentir a D/os, porque no se puede tener un encuentro con D/os si no ha existido un encuentro propio.

El ser humano es espiritualidad y sexualidad, no puede ser uno sólo porque perdería sentido la Encarnación.

Para Santa Teresa somos un Castillo, un lugar con Siete Moradas colocadas en diferentes lugares, arriba, abajo, a los lados, siendo cada uno de estas Moradas el lugar donde D/os se comunica con su creación, donde D/os toma al Castillo como aposento y se convierte en Rey tomando al alma como su reina, y es este mismo lugar que el Marqués de Sade toma para realizar sus encuentros, un Castillo, donde las víctimas son situadas y donde los poderosos realizan sus encuentros para satisfacerse.

Pero, ¿qué es un Castillo? ¿Por qué esta construcción para unos se toma como punto de encuentro para la satisfacción del Cuerpo y en otros para la realización y la satisfacción del Alma? Un castillo es un lugar fuerte, cercado de murallas, en donde es difícil entrar y salir. Para Santa Teresa el Cuerpo es el Castillo donde se resguarda el Alma, y para Sade, el lugar donde el Cuerpo se enfrenta a sí mismo y al conocimiento no del Bien y del Mal, sino de la Bondad y la Maldad.

Sade a lo largo de sus lecturas nos devela como el Hombre con poder se pierde a sí mismo, olvidando a D/os y, por ende, a todo a su alrededor. El ser humano se encierra en una construcción poderosa, se construye Palacios y Castillos porque le es tan difícil entrar en el propio que para no sentirse abandonado por sí mismo se construye uno a su gusto, dándose el lujo de elegir quien entra y quién no, como respuesta a su insatisfacción dolorosa, porque al no tener entrada a su propio Castillo se niega a la comunicación con lo divino.

Santa Teresa describe el proceso en donde el ser humano se enfrenta a su propia existencia, percibiendo que la puerta que le permitirá entrar a ese Castillo es la oración, sin embargo, no es tan sencillo, el ser debe pasar por un proceso de encuentro y desencuentro, de verdad y mentira de su propia existencia, en donde entenderá que existe un proceso de Muerte – Vida – Existencia, en una lucha entre el Pensamiento, el Cuerpo y la Fe hasta llegar a un matrimonio místico, mientras que en Sade el encuentro con uno mismo se da por medio del Conocimiento de los Instintos, los cuales, – regularmente- deben superar los abismos del Alma para llegar al Espíritu, es decir, el Ser Humano tiene que conocer sus extremos.

El Ser Humano es Cuerpo, Alma y Espíritu, el Cuerpo y el Espíritu tienen deseos, por ello, piden al alma satisfacerlos, pero esta complacencia no debe ser un olvido de D/os, entonces, ¿por qué el sentir del Cuerpo es considerado un alejamiento de D/os?, ¿acaso Jesús y cada uno de los profetas no fueron hombres?

La condena al cuerpo y a la satisfacción sexual no es una exigencia en las enseñanzas de Cristo, sino un platonismo extremo proporcionado por el maniqueísmo de san Agustín. El dolor en la sexualidad tiene una relación fundamental en el encuentro con D/os, como se percibe a lo largo de la historia del cristianismo. Por ejemplo, se tienen mártires, peregrinos y porque no decirlo, a la imagen de Jesucristo que ha sido representada por grandes maestros de la pintura, y la cual muestra a un hombre hermoso, con un cuerpo armónico, perfecto, delgado, con una mirada profunda capaz de enamorar tanto a un hombre como a una mujer, y a esta perfección de virilidad se le agrega el dolor en su rostro al ser crucificado.

En la propia imagen de Cristo se establece un dialogo entre el Dolor, la Sexualidad y la Fe. La Sexualidad es un encuentro no sólo consigo mismo(a) sino con el otro, por medio de ella, el ser humano encuentra un instante verdadero formando una especie de trinidad entre él/ ella, el otro/otra y D/os.

Quizá, la pregunta clave podría ser: ¿por qué Sade escoge a la Sexualidad para mostrar la Virtud y el Pecado de la humanidad, y por qué Santa Teresa hace del Cuerpo la Primera Morada? Vale la pena recordar que, como lo deja ver el Séfer Bereshit o libro del Génesis 3, el Pecado Original fue la soberbia, porque le impidió al hombre y a la mujer hacerse cargo de su falta de responsabilidad, no la lujuria.

El Hombre, -con H mayúscula, como símbolo de la Humanidad- intenta ser como D/os, pero pierde su Inocencia Original por su pudor ante la percepción de sentirse desnudo. Por ello la Sexualidad se convierte en la única puerta hacia su propia Verdad, una ventana que se abre para escarparse de sí mismo y a la vez para encontrarse con el todo.

Sade es el Job de la Revolución Francesa, porque su vida fue una gran apuesta entre D/os y Satán, porque fue un hombre privado de su libertad, – pasó veintisiete años de su vida en once prisiones distintas, cárceles y manicomios-, obligado a vivir lo que no quería vivir, sentir, realizar; un hombre que fue despojado de su fama, poder, linaje, hijos y amor, que perdió a causa de la venganza, sus derechos fundamentales que aunque todavía no estaban explícitos ya le eran inherentes desde su nacimiento. Y a santa Teresa como Edit, la mujer de Lot quien se convierte en estatua de sal, por pretender encontrar en la vida del ser humano coherencia y Amor a la Verdad, por ello voltea, para ver el pasado y recordar la necesidad de la fidelidad en este aquí creado del presente-futuro.

La vida de Sade estuvo marcada por el encierro en cárceles y manicomios, la vida de Santa Teresa por la enfermedad. En ambos existe la marca del sentir del Cuerpo, para ambos el Cuerpo es el punto de encuentro con D/os; claro está que a partir de una marca cultural: en ella el extremo religioso y en él, el de la razón, por ello, Sade denuncia la necesidad del Espíritu y Teresa la necesidad del Cuerpo.

Un punto en cuestión podría ser el por qué Sade denuncia la necesidad del Espíritu y Teresa la del Cuerpo, cuando a primera y segunda lectura podría ser al revés. Sade expone al ser humano con sus deseos más pretenciosos de poder, muestra a una sociedad enferma a través de personificar personalidades importantes de la época, Obispos, gente de Estado, burgueses, hombres y mujeres de la monarquía, quienes enfermos de poder azotan a un pueblo pobre, débil, que depende por completos de ellos, es de esta manera como Sade, al igual que Jesús, denuncia el abuso de poder.

Sade expone a estos hombres y mujeres poderosos sometidos el uno con el otro y dice,

Después de ejercer la justicia durante treinta años, ¿no es razonable que, al menos una vez en vuestra vida, seáis vos su víctima?

Sade no percibe al Cuerpo como un mal, sino como a otra víctima del ser humano quien lo toma para satisfacer los deseos más impuros del Alma. Para Sade, el Alma está enferma, porque no tiene Conocimiento del propio Cuerpo; al saltarse su propia humanidad el ser humano se desconoce, se encierra en los deseos de su Alma inconsciente y se pierde en un Castillo construido por sus propias manos para embellecer al Espíritu y engañarlo, siendo en este proceso donde se aferra a la Sexualidad, porque sabe que es el único camino verdadero donde se percibirá a sí mismo en el otro.

Es la Sexualidad violenta la que procurará a la persona un encuentro con el Espíritu, donde el Alma se saldrá de sí misma y al sentirse dentro de una humanidad podrá restringir sus deseos e hincarse ante la Voluntad de D/os; el Alma sin tomar en cuenta la voz Cuerpo y el Silencio del Espíritu se siente Imagen y Semejanza de D/os, sin embargo, no ha entendido que al Morir el Cuerpo también muere ella, porque ante la Eternidad sólo el Espíritu lo es, el Alma es inmortal frente al Cuerpo, pero mortal de frente a la Eternidad. Para el Alma, el Cuerpo y el Dolor son los causantes de la fragilidad del Hombre, siendo estos quienes le recuerdan su debilidad y dependencia del Creador.

Santa Teresa habla del alma como punto de encuentro con Dios, y la asemeja con un Castillo donde se resguarda todo, siendo la puerta de entrada, la Oración, sin embargo, Santa Teresa resalta la necesidad del Cuerpo, de su Carne, donde cada manifestación del Alma se hace presente, donde la Pureza se mezcla con la impureza, donde el trigo crece junto con la cizaña. Siendo esta la razón, por la cual le es tan difícil al ser humano pasar de las dos primeras Moradas, porque a pesar de que la puerta es la Oración, la Paz se perturba ante la desobediencia del Alma de frente al Espíritu, confundiéndolo y encerrándolo en el Cuerpo. Santa Teresa sabe que el Espíritu sin Cuerpo se desvirtúa y se extravía en la soberbia, sabe que el Alma en la Carne sin Espíritu se olvida de D/os, por ello D/os se hace Hombre. Es el Cuerpo quien le entrega al Espíritu su divinidad, a través de la Responsabilidad, la cual lleva en si misma la Gracia de la Libertad.

Las obras de Sade más conocidas son:

  • Justina · Julieta · 120 días en Sodoma · Filosofía en el tocador (o en la alcoba, dependiendo de la traducción) · Diálogo entre un moribundo y un sacerdote · Los crímenes del amor · Historietas, cuentos y fábulas.

Las obras de Santa Teresa más representativas son: · Las Moradas · Libro de su Vida · Camino de Perfección.

La presencia de D/os en la obra del Marqués de Sade y Santa Teresa tiene un argumento abstracto y subjetivo, irreverente e incluso absurdo, sin embargo, sus obras se recrean alrededor de un largo encuentro – desencuentro con D/os, y desde mi punto de análisis, con el D/os judío cristiano para Alphonse y con el Mesías esperado en Teresa.

Estos encuentros se dan mediante la polaridad de la naturaleza: espiritual y sexual, el pecado y la virtud, y sobre todo a partir de la Teología de la Carne que nos enlaza con la diversidad y la libertad otorgada por D/os.

Pero, ¿cuál es la relación D/os, Sade y Santa Teresa? Por muchos años se ha dicho que un escritor o en términos generales, un artista, es un elegido de D/os o de los dioses. Juan Pablo II, en su carta a los artistas menciona, el artista es el co-creador de D/os y tiene la responsabilidad de transcribir lo creado por D/os, especialmente lo que no es fácil de digerir por el ser humano.

Entonces, ¿por qué se le niega este privilegio a Sade? ¿Por qué se le rechaza y juzga?, ¿por qué no se le cree capaz de comunicar algo que D/os le quiere decir al ser humano sobre la seducción, la sumisión, la espiritualidad y el poder?, ¿por qué no aceptar que existe un halito de D/os en sus palabras escritas? Y ¿por qué en Santa Teresa el encuentro con el Cuerpo es un don que beneficia al Espíritu? ¿Acaso no es similar lo que busca cada uno? ¿Por qué no se puede entender que, así como el Cuerpo es el primer peldaño para subir a la Séptima Morada en Santa Teresa, en Sade el Cuerpo y su Carne son el último escalón para bajar al espíritu?

Hablemos un poco de la Teología de la Carne, la cual rescata y enaltece el valor del Cuerpo, sanando el daño hecho por la escuela paulina – agustiniana al considerar al Cuerpo como un instrumento de tortura, a causa de sus ideas platónicas y maniqueas.

Esta teología eleva la dignidad del ser humano mediante la Sexualidad que nos conduce a la Encarnación. Según esta rama de la teología, el Cuerpo nos ayudará a comprender nuestra humanidad en compañía del Espíritu Santo, enfatizando el concepto de igualdad de sexos que ya aparece en la Biblia cuando se describe la Creación en el Séfer Bereshit o Libro del Génesis: D/os crea por separado, aunque uno del otro, a is (varón) y a issah (varona), pero es sólo cuando ambos ya fueron creados que los nombra Adam, Hombre en sentido de humanidad.

En otra interpretación del relato, D/os crea a la mujer, no de la cabeza para que no sea su dueña, no de los pies para que no sea su esclava, sino de la costilla símbolo de la igualdad. Siendo esta igualdad entre lo masculino y lo femenino -donde ambos son capaces de todo, incluso de decidir amar o no a D/os-, lo que se refleja en los personajes de Sade y por lo que lucha Santa Teresa.

Ninguno tiene una ventaja determinada sobre el otro, todos son fuertes, débiles, creativos, etc.; son capaces o incapaces de todo, pero no por ser hombre o mujer, sino por saber o no ejercer adecuadamente la inteligencia, el conocimiento o por la separación del espíritu.

De esa forma la obra de Sade tiene como denominador común la igualdad entre los sexos, misma que se considera un derecho fundamental dentro del desarrollo moral de la teología, y en la obra de Santa Teresa la coherencia entre el Cuerpo, la mente-alma-satán, Espíritu, tienen como base el desarrollo de la humanidad para el bienestar común del espíritu y del cuerpo.

Buscar una relación entre el Marqués de Sade y Santa Teresa de Jesús no ha sido una tarea fácil y no porque los textos no lo permitan, sino porque unir a estos personajes podría parecer una blasfemia, sin embargo, existen cientos de puntos que relacionan la obra de estas dos grandes personalidades de la literatura universal con D/os.

Sade se atreve a denunciar las carencias de una sociedad victoriana privada de amor hacia el otro, donde la pobreza y el abuso de poder eran extremos frente a las riquezas y gastos absurdos que se tenían en la Aristocracia. Sade denuncia los hombres que utilizan a Dios para su propio beneficio, a hombres y mujeres que dañan la fe del inocente, por eso es tan fuerte leer escenas donde se tienen relaciones con niños y donde se les maltrata como a Justine, sin embargo, hay que denotar que el niño(a), es la imagen de la inocencia tan remarcada en las enseñanzas de Cristo, quien dice Sean como niños, pero esta inocencia es robada y utilizada y al mismo tiempo los niños representan al pueblo, indefenso de frente a los grandes poderes encarnados en los personajes, la Iglesia, el Estado, la Aristocracia.

Cada personaje de Sade es como una parábola en los discursos de Jesús y ante su literatura se puede repetir las palabras que utilizaba Jesús frente a sus discípulos ¡Quién tenga oídos para oír, que oiga! (Mc.4, 9). Santa Teresa, es una mujer que regresa al Cuerpo, lo retoma y también denuncia los extremos. Ambos denuncian, ninguno goza, ambos son Profetas, pero como ya se dijo en un inicio, ambos lo hacen conforme a su época de manera fuerte y directa. La voz de Teresa es la de una mujer que reclama y exige la presencia del Cuerpo y su Sexualidad, porque es en el clímax donde el Alma une al Cuerpo con el Espíritu, otorgando sentido a la Justicia y a la Verdad; y en la voz de Sade se escucha a un hombre que reclama el abuso de poder causado por la soberbia del alma.

Ante el Amor, la Sexualidad y la necesidad de Justicia concluiré con los siguientes versos:

D/os
me he alejado de Ti
a pesar de acurrucarme en Tu pecho
cada anochecer

Los que se han erigido en tus representantes
Me acechan
porque soy polvo de su cuerpo
o mentira de pecado en sus creencias

D/os
al alba cierro los ojos
y Te nombro
para adorarte sin intermediar
de aquellos que Te pronuncian
Te predican         Te mienten
y se enriquecen con Tu sangre
y con la sangre y la fe de mi pueblo

Te sacrifican una y otra vez
se deslían de Ti
y se solazan en sus injusticias

Su castidad tiene tres sexos
Su egoísmo se oculta bajo la sotana

Tú me hiciste libre
pero ellos me esclavizan con sus dogmas

Se glorifican con Tu nombre
más manejan la pobreza
la ignorancia de los hombres
y se justifican en la sombra de Adán

D/os
duermo contigo y te profeso
como Hombre
como D/os
y me subsisto en Tu Espíritu

Tu voluntad me llevó a Tu templo
y conocí a Tu Hijo
era honesto
frágil
triste
curaba con sus lágrimas

D/os
sus discípulos lo tienen clavado
y recluido en mil santuarios
con sus ojos azules y sus labios rojos
y él permanece allí
humillado
siempre sangrando

D/os
guardo Silencio
por mí
por Ti
y por nuestro hijo.

(del poemario Diecinueve Plegarias y un Credo según la Carne… Kata Sarká. Las nueve musas ediciones)

Diecinueve plegarias y un Credo... según la Carne
  • Martínez de León, Martha Leticia (Autor)

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Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Hermeneuta en Libros Sagrados y Lenguas Antiguas.

Maestra en Ciencias Bíblicas y Hebreo Antiguo. Maestrante en Estudios Judaicos por la Universidad Hebraica. Licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de México. Especialidad en islam por la Universidad de Al Azhar de El Cairo, Egipto.

Especialidad en el Pensamiento del Papa Francisco y el Libro del Apocalipsis por el Boston College.

Especialidad en Música Contemporánea (Piano-guitarra).

Generación XXXII de la Sociedad de Escritores Mexicanos (SOGEM).

Ha publicado treinta y siete libros en México, España, Estados Unidos e Italia en diversos géneros literarios y teológicos.

Conferencista a nivel internacional.

Creó y desarrolla la teología del Silencio y de la Carne la cual entrelaza con la investigación mística, científica y musical bajo el nombre de “Lectura gemátrica, pitagórica y cuántica del Séfer Bereshit 1-3 -Hashem se revela a través del Big Bang-

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