“Quiero cambiar” piensan e incluso expresan muchas personas en su vida cotidiana y con esa demanda vienen a veces a nosotros porque saben ellos o su red de apoyo que algo no marcha bien.
El ser humano no siempre se comporta como un buen tomador de decisiones, de hecho se cree que somos más bien malos tomadores de decisiones porque le damos en ese proceso excesivo espacio a la emoción, a la pasión.
Cuando un ser humano detecta un problema en su vida suele poner en marcha soluciones por pequeñas o absurdas que sean.
Estas soluciones, que pueden estar basadas en eso que se ha venido en llamar sentido común, en muchas ocasiones no solo no solucionan el problema sino que ya forman parte de él.
Este es un tema inmensamente desarrollado por autores de la Escuela de Palo Alto como Paul Watzlawick.
Existe un cambio puesto en marcha por la persona como primer intento de solución que puede, como decíamos antes, llegar a convertirse en parte del problema y perpetuarlo. Sin embargo, existe otro posible cambio más creativo, más revolucionario en su contexto, que supone un salto cualitativo. Es un cambio que se produce a nivel de lo que rige la estructura de ese problema o de su contexto, por ejemplo en un contexto familiar.
Resulta apasionante este campo de la psicoterapia porque las personas vienen a nosotros consultando problemas y a veces no caen en la cuenta de que ellos están influyendo en el mantenimiento de ese problema incluso cuando intentan darle solución.
Ellos no pueden ver esto con tanta claridad porque están demasiado involucrados y es en el transcurso de una psicoterapia cuando pueden ir vislumbrando otras soluciones, normalmente más creativas e impactantes, algunas de ellas incluso paradójicas.

















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