“La pintura abstracta es abstracta. Te confronta. Hace un tiempo, un crítico escribió que mis cuadros no tenían ni principio ni fin. No lo decía como un cumplido, pero lo era”
Jackson Pollock
“La esencia del arte es el silencio”
Mark Rothko
“Tenemos el deber moral de conocer el arte de nuestro tiempo”
Peggy Guggenheim

Xavier Grau. Una revisión de la pintura expresionista
La galería Miguel Marcos de Barcelona ofrece una pequeña exposición de pinturas de gran formato de Xavier Grau, todas ellas pertenecientes al período 1983-1994 que, en realidad, corresponden a la época más importante del artista. De hecho, desde 1983 la galería ha estado al lado del pintor, pero no solo en su sede actual sino también anteriormente en las de Madrid y Zaragoza, además ha colaborado en diversas exposiciones en centros culturales y museos españoles.
Esta muestra representa un pequeño homenaje a los cinco años de su muerte. De todos modos, hace dos años la galería ya exhibió algunas piezas de principios del presente siglo, de las que el crítico Juan Bufill en La Vanguardia, comentaba que sus pinturas “son como paisajes de energía a veces sombría, donde el dinamismo está lleno de entusiasmo, pero esboza también la amenaza o el peligro de convertirse en tragedia -aunque esto intuido no lo vemos-, y donde el desorden fluye ebrio y las estructuras se rompen”.
La primera vez que escribí sobre su obra fue con motivo de una exposición individual que realizó a principios de los 90 en la desaparecida galeria barcelonesa Dau al Set, que luego pasó a llamarse Salvador Riera, aunque posteriormente su trabajo se ha podido contemplar en otros espacios de la ciudad como, por ejemplo, en la galería Carles Taché en 1995, de la que Conxita Oliver en el Avui destacaba su “pincelada gestual y espontánea que la une íntimamente a una aventura pictórica, junto con un color potente y arrebatado, determinan una obra densa y cálida en su configuración formal”. Tanto Bufill como Oliver hacen referencia a la fuerza tanto desde un punto de vista cromático como gestual de sus propuestas plásticas.

La importancia del Grupo Trama
En 1976 se presentaron en la galeria Maeght de Barcelona la revista Trama y la exposición Por una crítica de la pintura, en la que participaban José Manuel Broto, Gonzalo Tena, Javier Rubio y el propio Grau. Fue el momento en el que se creó el grupo Trama con estos mismos autores, además del escritor y periodista Federico Jiménez Losantos. Más adelante se unieron Jordi Teixidor y Carlos León. Este grupo fue uno de los máximos exponentes del expresionismo abstracto en España, junto con los informalistas catalanes y el grupo El Paso. Solamente tuvo una trayectoria de cinco años, pero en sus inicios produjo una gran convulsión dentro del panorama artístico del país debido a que en aquella época el arte conceptual, principalmente en Catalunya, estaba en pleno auge.
El Grupo Trama se basaba en la denominada “pintura-pintura”, o sea la relacionada con el grupo francés Suppports-surface, que surgió en 1966 hasta su desaparición seis años más tarde. El trabajo del grupo se situaba en “la perspectiva de una lucha particularmente larga y dura en el frente ideológico y tiene como principal objetivo restituir a esta práctica, la pintura, su complejidad operatoria como objeto de conocimiento en el campo de las otras prácticas sociales”.
Todos los componentes se movían dentro del terreno abstracto, en concordancia con determinados planteamientos del expresionismo abstracto americano como, por ejemplo, la Escuela de Nueva York, caso de Philip Guston, William de Kooning, Mark Rothko y Adolf Gottlieb, además de Cy Twombly, cuyos lenguajes pictóricos se aproximaban de modo natural, sin ningún tipo de impedimentos, vinculando la gestualidad y el color con el espacio de modo totalmente libre y atrevido.
Xavier Grau. Compromiso con la abstracción
Xavier Grau (Barcelona, 1951 – 2020) se formó en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, interesándose por la escultura y la pintura. A partir de 1981 ejerce la docencia en la misma Facultad. La primera exposición individual tuvo lugar en 1979, concretamente en la galería madrileña Buades, donde exhibió sus obras periódicamente hasta finales de los 80. En 1997 el Centre d’Art Santa Mónica de Barcelona le dedicó una retrospectiva y en 2014 fue la Fundació Vila Casas quien le abrió las salas temporales del Museo Can Framis para mostrar la excelente exposición La morfosis sin fin.
Al margen de la galería Buades, su trabajo se ha exhibido regularmente en las salas barcelonesas Carles Taché y Miguel Marcos -también en la sede de Zaragoza-, Adelantado de Valencia y Maior de Pollença.
Juan Manuel Bonet definió su obra como “llena de ecos de otras pinturas en las que a veces reina el caos y súbitamente se hace la luz y todo se ordena”. Fue en la década de los 80 cuando su trabajo se vuelve más difícil y complejo, con la particularidad de que surgió de manera descollante tanto el aspecto compositivo como cromático.

Con el paso del tiempo se fue acentuando su interés por el color, en muchos casos de manera violenta que, sumado a la gestualidad y a las manchas de color, ocasionaba que sus obras fueran cada vez más expresivas tanto a nivel emocional como sentimental, ya que aparecen en las telas o papeles infinidad de elementos geométricos incluyendo formas serpenteantes en los que la idea de movimiento es bien palpable.
Un año después de su muerte, la Galería Miguel Marcos mostró una pequeña pero bien seleccionada exposición de sus pinturas, de las que Juan Bufill destacaba que en sus obras el artista “se complacía enmascarando y ocultando los sentidos de sus cuadros, multiplicando los signos y los rastros, los objetos y elementos expresivos evocadores o crípticos. Y acumulando capas, veladuras y pinceladas como torbellinos, hasta formar lugares que parecen laberintos con hilos rotos y dispersos”. Esta definición de su obra explica perfectamente su aportación al arte contemporáneo más actual.

Xavier Grau. Pinturas 1983-1994
La exposición Xavier Grau. Pinturas 1983-1994 sólo cuenta con 5 acrílicos sobre lienzo, pero con la singularidad de ser lo suficientemente representativos de su trabajo pictórico. En cada una de ellos se aprecia como absorbía y memorizaba todo lo que hacía referencia a su entorno habitual, para después trasladar sus conocimientos a la tela, como también ocurre cuando el soporte es el papel, a través de grandes pinceladas muy gestuales que se extienden a lo largo y ancho de la superficie tratada, aparentando, además, cierta predilección por el “horror vacui”, ejecutando lentamente un complejo entramado, una especie de tela de araña, que va cubriendo pacientemente parte de la composición, tanto por los colores utilizados, como por los elementos pseudofigurativos que surgen de modo tímido y fragmentado.
Solía emplear las gamas primarias para resaltar el primer plano y los neutros como fondo compositivo, consiguiendo con ello una propuesta plenamente personal que, con el recurso de las formas aludidas anteriormente, mantienen un tono de curiosa morbosidad para el público a quien en un principio le será difícil captar las ideas que quiere transmitir el artista, y será a base de un profundo y lento análisis que irán adentrándose en cada una de las obras exhibidas.


















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