Ana Mazzoni nació en Morteros, localidad ubicada al Este de la provincia de Córdoba, una región de inmigrantes italianos, de los cuales desciende Ana.
Una tierra llana y húmeda contrapuesta a lo Andino, sitio donde encontró la esencia su trabajo, especialmente el mundo andino de Bolivia y el norte de Argentina.

Egresó de la Universidad Nacional de Córdoba con el título de Profesora superior de Artes Visuales y de la Escuela de artes aplicadas Lino Enea Spilimbergo con el título Técnico en tejeduría textil. Actualmente dicta un taller de arte textil en la Universidad Nacional de Córdoba y en su propio taller; rodeado de lanas, hilos y tintes naturales, tiene espacio para cursos, exposiciones y conferencias. Sus tejidos de diseño propio y original han obtenido premios en Córdoba, Buenos Aires, Miami.
Participó en diferentes bienales y exposiciones de arte textil en México y en las trienales de Angers en Francia y Lodz en Polonia. Su obra está expuesta en diferentes Museos y galerías de arte de La Paz, Bolivia, Buenos Aires, Córdoba, Polonia, Francia, Costa Rica y en colecciones privadas de Argentina, Bolivia, Alemania, Sudáfrica, España, Estados Unidos y Nueva Zelandia.
Luego de recibirse de profesora de artes visuales en 1973 se trasladó a Jujuy donde se desempeñó como maestra rural, allí se incorporó a la vida y costumbres de los pueblos originarios estando en contacto directo con la personalidad y singularidad de la cultura andina.
Se internó en las poblaciones observando las costumbres y dialogando sobre ellas, interesándose especialmente en la elaboración de los textiles, prestando atención a la manera en que estas culturas desarrollan sus tejidos con técnicas ancestrales, de las que rescata sus valores intrínsecos relacionados con el ser andino y expresa “Mi obra toda ha sido y es un homenaje a los hacedores anónimos de esa gran cultura, a la que a veces me permiten penetrar con una curiosa y respetuosa mirada que no deja de asombrarse ante lo desconocido” porque al observar como tejen se percibe el ser andino, condicionado por la geografía “abrupta”, elevadas montañas, luz y silencio. Esta mirada y la acción de “meterse” en los pueblos y fijarse como tejen, tanto sea en Bolivia, como en México, Guatemala, Perú, Cuba o Costa Rica reaviva su forma de abordar sus creaciones.

Ana hace regularmente viajes al Norte de Argentina y Bolivia. Es por ello que sus tejidos tiene la preponderancia intensa de Tiahuanaco y Nazca, dos culturas precolombinas cuyo patrimonio es la tejeduría, dado que viven en zonas de alta montaña con temperaturas bajo cero en algunos meses. Debido a la cría y domesticación de camélidos (llama, alpaca y vicuña) perfeccionaron los textiles que realizaban para sus atuendos con pequeños dibujos geométricos con figuras repetitivas, dando mucha relevancia al color que extraían de tintes naturales, marrón, rojo, amarillo-naranja y azul-verde. Asimismo tejían con hilos de algodón y en algunas ropas bordaban sobre el mismo tramado.
Estos conceptos del tejido fueron tomados y recreados por Ana en sus innovaciones como los Unku, vestidos rectangulares y sin mangas con abertura al medio para pasar la cabeza de hombre o de mujer, el de estas últimas era más largo y llega hasta los tobillos. Era usado por la clase dirigente Inca y sus diseños estaban relacionados con la cosmogonía, la identidad y el prestigio del portante. Sus dibujos geométricos estaban repetidos en la trama del tejido

Ana ha recreado los Unku como un vestido más corto con una capa que aparece sobrepuesta se anuda a la altura del cuello con maderas o semillas para adornar la vestimenta, elaboradas con fibras vegetales para lograr perdurabilidad. En algunos casos el chaleco anexado es transparente y tiene orificios que permiten ver el diseño interior de la capa base, en ese diseño de dibujos prehispánicos recreados aparecen los símbolos de la cultura precolombina como escaleras, triángulos, zigzag, cuadrados o rayas horizontales y verticales.
Además de los Unku sus tejidos muestran un entrecruzamiento de urdimbre y tramas texturadas de diferentes y penetrantes colores, una “obra plásticas cargada de conceptualizaciones etnográficas, antiguas historias y nuevas miradas “añade Ana. Combina en el diseño tramas de colores planos con rostros de ojos bien abiertos y exagerados y entre estos rostros o mascaras una serie de objetos colgantes, ya sean maderitas o semillas, que le da dinamismo a la composición. Como algodón, o seda.

En sus tejidos como Cóndor, la trama central está dominada por la cara del cóndor exagerando el perfil con el pico y el ojo con colores que van de los naranjas al amarillos y en los extremos, encerrando la cara del cóndor, colores marrones y naranjas planos que se interrumpen con lanas colgadas de colores más claros u oscuros para contrastar con el diseño central y dar relevancia a la figura central. Ella añade “amo el color desenfrenado de esa América: popular, ingenua, paralela, periférica y misteriosa con su carga de valores y esencia”

En Ana reconocemos la dualidad de Latinoamérica, la simbiosis del ciudadano con su influencia occidental y el indígena, hombre ligado y enraizado en la naturaleza y el paisaje, Ana en sus recreaciones armoniza esta dualidad, por eso afirma “América (la del Sur) me propone el desafío de inmiscuirme en sus entrañas culturales, y es Bolivia el sitio. Allí la sorpresa, la emoción y el desgarrador grito de esa geografía abrupta, de esas culturas desafiantes y misteriosas… es lo que me conmueve” .
En su remodelación y reinterpretación de las vivencias ancestrales denota el mestizaje geocultural de la civilización de la ciudad con lo tradicional y ancestral, el apego a la tierra del indígena y la vida ciudadana de la civilización occidental, esto es lo que conforma el hombre americano. Esto es lo que se patentiza en las obras textiles de Ana Mazzoni.


















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