Entre 1927 y 1946, Amado Alonso estuvo frente al Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, donde dio a conocer la por entonces renovadora teoría saussureana. He aquí su historia.
La traducción del Curso de lingüística general
Si pretendiéramos situar cronológicamente el origen de la gramática estructural en Argentina, deberíamos remontarnos a los años en que Amado Alonso estuvo a cargo del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, esto es, al periodo que va de 1927 a 1946. El hoy en día célebre filólogo español ya había empezado a divulgar el pensamiento saussureano en el Instituto, y muy pronto se ocupó de traducir y prologar el Curso de lingüística general, título que la editorial Losada acabaría por publicar en 1945. Fue esta la primera versión en español de la obra y, a partir de ese momento, la que se estudiaría en todas las universidades del país.
Sin embargo —y contrariamente a lo que a priori se podría suponer—, el prólogo de Alonso no era un absoluto un panegírico, sino un objetivo documento en el cual se sopesaban los alcances y los límites de la doctrina del lingüista ginebrino. Por un lado, elogiaba «su rigurosa concepción estructuralista de las lenguas como sistemas en que todos los términos son solidarios, y en el concepto complementario —más bien implicado— de “valor” (el valor de una unidad lingüística está determinado, limitado y precisado por el de las otras unidades del sistema)»[1]; por el otro, señalaba como defectos la unilateralidad «sociologista» y la falta de interés por el lado individual de los procesos lingüísticos que observaba en el Curso, rasgos que atribuía a la indiscutible formación positivista del autor.
Alonso se había manejado con igual objetividad en el prólogo a Filosofía del lenguaje, de su otro guía, Karl Vossler, libro que apareció algunos años antes en la misma colección.[2] De hecho, no deja de ser paradójico que, para Amado Alonso, la lingüística espiritualista de Vossler se encontraba filosóficamente mejor fundada que la saussureana, además de que permitía reconocer y (por qué no) apreciar el lado activo y creador del lenguaje.[3]Alonso, en definitiva, creía que, de la confluencia de las dos lingüísticas (la vossleriana y la saussureana), surgiría el camino por el que transitarían los futuros estudios del lenguaje. Con todo, esto no fue lo que ocurrió, ya que el programa de Claude Lévi-Strauss, a partir del cual se edificaría el estructuralismo como corriente teórica, desconocía en gran medida los postulados del lingüista alemán.
Dos ángeles guardianes: Miranda Lida y Ana María Barrenechea
Gracias a Miranda Lida (amiga de Alonso y, como él, miembro del grupo de colaboradores de la revista Sur) poseemos en la actualidad una historia del ambiente intelectual y editorial de Buenos Aires en los tiempos del Instituto.[4] Como se ha dicho, la editorial Losada publicó el Curso de lingüística general en 1945, año que se convertiría en un hito de la historia política argentina, ya que fue precisamente el año en que nació el peronismo, movimiento que en 1946 ganaría las elecciones, dando inicio a una nueva era de la vida cívica nacional.
En 1946, Enrique François asumió como decano interventor de la facultad de Filosofía y Letras y no tardó en demostrar que llegaban nuevos tiempos a esa casa de estudios. Aprovechando la oportunidad que le brindó Amado Alonso al solicitar una licencia para dictar un curso en Harvard, François lo desplazó de la dirección del Instituto de Filología. La renuncia del filólogo español a su cátedra en la facultad y su posterior viaje a los Estados Unidos para continuar su carrera fueron tanto la respuesta a las acciones del decano como el final de una lucha que este amigo del medio intelectual argentino —por entonces, de claro signo liberal y, por lo tanto, decididamente antiperonista— no quiso o no supo llevar hasta sus últimas consecuencias.
Poco más de una década después, el proceso de reorganización académica que siguió al derrocamiento de Perón se encargó de crear la cátedra de Gramática Castellana en la facultad de Filosofía y Letras. Ana María Barrenechea, una discípula de Amado Alonso dispuesta a reavivar el legado de su maestro, fue designada como titular de la cátedra. Muy pronto el concepto de gramática estructural empezaría a tener una amplia aceptación en la enseñanza universitaria y media. Sin saberlo, mi lectura de la obra de Saussure —y, me atrevería a decir, la de toda mi generación— fue deudora de este impulso. En realidad, los estudiantes de Letras no leíamos todo el Curso, sino solo aquellos capítulos en los que Saussure explicaba sus ideas principales, como la distinción entre y habla; el carácter doble del signo lingüístico (significado y significante); los enfoques sincrónico y diacrónico sobre los hechos lingüísticos, etc., temas que seguramente encontrarán desarrollados en mi artículo «Los aportes de Ferdinand de Saussure a la lingüística contemporánea».
[1] Ferdinand de Saussure. Curso de lingüística general, Buenos Aires, Losada, 1945. Prólogo de Amado Alonso.
[2] Cabe mencionar que la ya legendaria colección era dirigida por el mismísimo Amado Alonso.
[3] Recordemos que Vossler, en sintonía con las ideas de Humboldt, pensaba que la lengua era, por sobre todas las cosas, actividad (energeia), no producto (ergon).
[4] Véase Graciela Lida. Años dorados de la cultura argentina: los hermanos María Rosa y Raimundo Lida y el Instituto de Filología antes del peronismo, Buenos Aires, EUDEBA, 2014.
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