Democracia y dictaduras en Grecia y Argentina – Vías paralelas
PARTE 2

1964 – GRECIA
Elecciones en Grecia. Ganador: Georgios Papandréou, líder del partido centro-izquierda Énosis Kentrou (Unión de Centro) con un porcentaje arrasador de 52%. Apodo: El viejo de la democracia. Oposición: ERE (Unión Radical Nacional) de corte derechista y punta de la lanza de la política descrita en la parte 1 “Guerras mundiales, civiles y frías”.
Se trata de un momento histórico, como, casi 20 años después de la derrota del fascismo en Europa, es la primera vez que llega al poder un partido no derechista.
El pueblo se sintió aliviado, como creyó que acababa de terminar un largo período de opresión, exilio, vigilancia, y barbarie paraestatal que alcanzó su apogeo con el asesinato del diputado de EDA (Izquierda Democrática), médico y corredor de Maratón por la paz, Grigoris Lambrakis en 1963 en Tesalónica, por un bravucón paraestatal, con la tolerancia absoluta de la policía. Dicho asesinato hizo al entonces primer ministro, y líder del partido conservador ERE, Konstantinos Karamanlis exclamar con indignación, sincera o fingida “Por fin, ¿quién está gobernando este país?” Digamos que su indignación fue sincera, puesto que la mano larga del régimen, esto es, el monstruo paraestatal creado para “casos de emergencia”, muy a menudo se salía de control y actuaba por sí solo.

Aquí vale la pena resaltar que la mentalidad polarizada antes referida, según la cual todos los no capitalistas o neoliberales se tildan automáticamente de comunistas, o sea órganos de la Unión Soviética, proviene de la propia superpotencia del bloque occidental, los EEUU, y su mano larga, a través de la cual intervenía en todo el mundo, la CIA.
Los agentes de la CIA estacionados en Grecia sonaron una alarma que llegó hasta Washington. Según ellos, tras la victoria de la Unión de Centro la amenaza comunista era más inminente que nunca.
Lo más irónico es que durante los conflictos entre ingleses y comunistas el 3 de diciembre de 1944, Georgios Papandréou, que era el primer ministro provisorio al final de la guerra, se opuso a los comunistas, obedeciendo a Churchill, quien, por cierto, había ordenado a su general Scobie, encabezado de las fuerzas británicas estacionadas en Grecia, que no hesitara en tratar la capital griega como ciudad bajo ocupación, a fin de eliminar el peligro comunista.
Una de las frases más indicativas del hecho que Churchill, ya antes de la finalización oficial de la guerra, durante una de las últimas batallas en desarrollo, entre Nazis y aliados en Bologna, ya pensaba en términos del día siguiente, o sea según las condiciones nuevas que traería la Guerra Fría, fue la siguiente: “Qué hacer con Bologna si pierdo Atenas”. Esto demuestra llana y claramente, que, en su mente, los enemigos ya no eran los Nazis, sino los soviéticos.
Simultáneamente, los grupos X, en lugar de ser disueltos, juzgados, condenados y ejecutados, como colaboradores de los Nazis, fueron utilizados como fuerzas de apoyo para el ejército británico, o sea, fueron blanqueados y absueltos por sus crímenes irrevocable e indefinidamente.
Todo este comportamiento colonial de Gran Bretaña no fue al azar, sino según la repartición de esferas de influencia acordada por Churchill, Stalin y Roosevelt en el encuentro histórico de Yalta. El acuerdo en cuestión contemplaba que el 90% de Grecia pasaría a la esfera occidental, mientras apenas el 10% a la URSS. Aquí cabe mencionar que el partido comunista griego jamás consiguió un porcentaje mayor en las elecciones que han estado teniendo lugar a partir de 1974, o sea a partir del final de la última dictadura, la restauración de la democracia y su legalización por primera vez desde el final de la Guerra Civil.

Concluyendo ese episodio tan crucial para la continuación de la Guerra Civil griega, es imperativo subrayar que toda esa masacre comenzó por una manifestación, que tuvo lugar delante del parlamento en guisa de protesta contra el ultimátum de Papandréou según el cual todos los miembros del EAM y, para que seamos más precisos, de su brazo militar ELAS (Ejército Nacional Popular y Libertador) tenían que entregar sus armas. La guardia civil, junto con los asquerosos grupos X ya tenían el permiso de acribillar a la multitud sin piedad o segundos pensamientos. El resto del “trabajo” lo asumió el ejército británico. Así que, sí, Papandréou era tan comunista.
Siguió una serie de acontecimientos en los que fueron involucrados el establecimiento posguerra colaboracionista, el rey Constantino, hermano de la reina Sofía de España, con el apodo despectivo “Kokos”, un grupo de diputados que traicionaron a Papandréou derrocando a su gobierno, la CIA y la embajada de EEUU.
En cuanto al papel del rey, en particular, hay que añadir que planeaba su propio golpe, pero simplemente no alcanzó. Sin embargo, no hesitó ni un segundo en colaborar con los militares. Años después, dio una entrevista, en el marco de un atentado de regreso al trono de Grecia tras su rechazo colosal, con un ensordecedor 70%, mediante un referéndum histórico, celebrado en 1974, que trajo la abolición de la monarquía, que no aportó nada excepto de desastres al país. En esa entrevista tuvo el descaro de mantener que mostró su condena por la Junta a través de un mensaje casi subliminal, esto es, el hecho que en una foto que sacó al lado de los militares ¡se negó a sonreír! Según él, esa ausencia de sonrisa constituyó un acto de resistencia y, a la vez, una prueba irrefutable de su desaprobación.

Solo para tener una muestra pequeña de lo colaboracionista que era una gran parte del establecimiento político de la época, uno de los primeros ministros, títeres de los Nazis, Ralis, y el jefe de la policía que coordinó el ataque de los grupos X contra los manifestantes del EAM, Évert, fueron padres de posteriores líderes de la Nueva Democracia, esto es, del mayor partido conservador actual.

El rey tuvo la inspiración fatal de prohibir al primer ministro que asumiera el ministerio de defensa, violando la constitución vehementemente. Lo hizo porque todos los reyes del Estado moderno griego, miembros de una dinastía de origen danés-alemán, impuesta por las grandes potencias al recién nacido Estado griego que, según ellos, no estaba en posición de auto-gobernarse justo después de su liberación del Imperio Otomano en 1830, consideraban las fuerzas armadas del país algo como propiedad suya.
Papandréou amenazó con resignación pero la situación fue resuelta de modo bien inesperado y mil veces peor. El padre del primer ministro actual y líder del partido derechista de la Nueva Democracia, Konstantinos Mitsotakis, diputado de la Unión de Centro en aquel entonces, en colaboración con la embajada estadounidense, la CIA y el palacio, persuadió a un número de diputados suficiente para el derrocamiento del gobierno. Con ellos, entre otros, fue formado un nuevo gobierno aprobado por los agentes antes mencionados.
Entretanto, el pueblo reaccionó con ira, acudiendo a las calles y gritando un lema que mucha gente recuerda hasta la fecha: “¡Mitsotaki(s) canalla!” Por ahí fue usado por primera vez el apodo “pesadilla” para él, una palabra que para los griegos tiene un significado doble, puesto que Efialtes (pesadilla en griego) había sido el traidor que, durante la famosa batalla de Termópilas, reveló al ejército persa aquel sendero secreto que le permitió que rodeara a los hasta aquel momento invencibles 300 espartanos.

Ese gobierno, conocido hasta hoy como “gobierno de los apóstatas”, sin el menor apoyo popular, era demasiado débil, así que, inevitablemente, fue reemplazado por una larga serie de otros gobiernos, igual de débiles e impopulares, y más o menos así, empezó un período de inestabilidad extrema hasta el año fatal de 1967.
A río envuelto, ganancia a los pescadores, o, como se dice en Grecia, “El diablo se alegra cuando hay lío”, algo que, lastimosamente, se implementó en ese caso también.
Mientras reyes y políticos seguían peleando entre sí, un militar distinto seguía su propia carrera en plena colaboración con agentes de la CIA, como el notorio Gust Avrakotos, estadounidense de origen griego. Se llamaba Georgios Papadópoulos y tomaba iniciativas que superaban su jurisdicción de lejos. Una de ellas fue una provocación que organizó en un campo militar en el Norte de Grecia. Tuvo la inspiración de causar daño a tanques del ejército poniendo azúcar en sus depósitos, a fin de echar la culpa a los comunistas. La conspiración fue expuesta, así que todo el sistema se enteró de la calidad del hombre en cuestión. Otros militares que mostraron su naturaleza peligrosa fueron Patakós y Makarézos. Menos mal que el sistema político se dio cuenta del peligro que constituían esos hombres, así que los esparció por todas las partes del país.

No obstante, el jefe supremo de las fuerzas armadas Spantidakis, siempre tras comunicación con la CIA, los devolvió a todos a Atenas, donde se juntaron para realizar sus planes, que sellarían el destino del país por un largo período. Mientras tanto les delegó la misión “sagrada” del combate de cualquier amenaza comunista donde la detectaran. De este modo esos 3 llegaron a tener demasiado poder y, prácticamente un cheque en blanco que les permitía hacer lo que quisieran. En pocas palabras, el propio sistema armó la mano de las serpientes que estaban listos para romper el huevo y salir a la luz. Las primeras grietas ya eran visibles…
ARGENTINA – 1973
La gobernación del cuarteto Frondizi, Ilia, Onganía y Lévingston que había empezado con la llamada “Revolución Libertadora” en 1955 llegó a su fin en marzo de 1973, cuando las primeras elecciones libres, después de casi 2 décadas, fueron ganadas por Héctor José Cámpora con el arrasador 49,5%.

Cámpora, que había sido designado como delegado personal por el propio Perón y líder del Partido Justicialista en 1971, renunció a su cargo en 1973 y organizó las primeras elecciones sin proscripciones, que fueron celebradas el 13/07/1973, allanando así el camino para el regreso triunfal de Perón con el impresionante 62%.
Sin embargo, no alcanzó permanecer por mucho tiempo al timón del país pues el 01/06/1974 sufrió un paro cardíaco. Lo sucedió la vicepresidenta y, a la vez, su esposa María Estela Martínez, o Isabelita, como la conocía la mayoría de la gente.

A partir de ahí se observa una disminución dramática del poder de Isabelita, junto con un aumento simultáneo del control de los militares, a quienes, los favorecía considerablemente el clima ya formado en el resto del continente. Mediante el notorio “Plan Cóndor” elaborado por la propia CIA y ejecutado por simpatizantes locales, Argentina ya estaba rodeada de dictaduras a tal punto que alguien se preguntaría cuándo llegaría su vez también.
El 02/05/1975 Isabelita firma el decreto de “Aniquilamiento de Subversión”, de donde surge el “Operativo Independencia” que contemplaba la eliminación del Ejército Revolucionario Popular (ERP), un movimiento Guevarista que actuaba en la selva tucumana. El operativo en cuestión es liderado por una persona que nos va a ocupar bastante a continuación, el general Jorge Rafael Videla.

Las tácticas implementadas contra el ERP se consideraron como un ensayo general para algo mucho mayor que estaba por seguir. Paralelamente, con el poder cedido a ellos, los militares tenían cada día un papel más crucial en decisiones gubernamentales claves, disminuyendo cada vez el alcance del poder de la presidenta, que se convertía, paulatinamente, en una comparsa en el escenario gubernamental.
Mientras tanto, un hombre de confianza de Isabelita, y miembro de la logia anticomunista Propaganda Due, José López Rega jugó un papel bien siniestro detrás de sus espaldas, socavando su poder y posición aún más, creando, en cualidad de Ministro de Bienestar Social, un grupo parapolicial y paraestatal llamado Alianza Anticomunista Argentina o triple A, un grupo terrorista de ultraderecha que nos recuerda a los griegos X.

Entretanto, las portadas de la prensa insinuaban a diario que solo una intervención militar podría sacar el país del período de incertidumbre que recorría. Toda esa campaña tuvo 2 aliados. Uno esperado, o sea los principales representantes del capital local y la iglesia, y uno inesperado, es decir la opinión pública, obviamente afectada por las portadas de los diarios que exigían una intervención militar cada día más, que veía el derrocamiento de Isabelita Perón como la única solución fuera como fuere. En pocas palabras, el pueblo, habiendo caído en la trampa que le habían puesto agentes del paraestado, como Videla o Rega, deseaba que eliminaran la inestabilidad política y social las propias personas que la habían causado.

Tal como en el caso griego, con el respectivo Videla, esto es el coronel Papadópoulos, el escenario estaba listo y las manos erróneas plenamente armadas. Un incidente bien característico de lo que venía fue durante una fiesta, donde, entre cócteles y sonrisas Alicia Hartridge de Videla confió a unas señoras que su esposo la convertiría en la primera dama del país.


















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