Democracia y dictaduras en Grecia y Argentina – Vías paralelas
PARTE 1

1944 – GRECIA
Se acaba la Segunda Guerra Mundial y, a la vez, la triple ocupación de Grecia por alemanes, italianos y búlgaros. Casi enseguida estalla el primer episodio de la Guerra Civil que seguirá, a saber, la intervención británica en Atenas, a fin de que el movimiento-partido izquierdista que prácticamente liberó el país, EAM (Frente Libertador Nacional), no llegue al poder, o, mejor dicho, lo pierda.
Se trata de un asunto que surgió en otros países también, que incumbe a un conflicto que tuvo lugar entre fuerzas simpatizantes de las dos superpotencias que prevalecieron después de la derrota de las fuerzas del Eje, los EEUU y la URSS.
La Guerra Civil que comenzó, oficialmente, en 1946 y duró hasta 1949, resultó ser la oportunidad ideal de blanqueo para todos los traidores que colaboraron con las fuerzas de ocupación durante la Segunda Guerra Mundial.
Cuando hablamos de traidores, por desgracia, no hablamos de individuos o casos aislados, sino de una red entera que constituía, prácticamente, una segunda ocupación griega que funcionaba en nombre de la respectiva alemana, desde el Primer Ministro y los representantes del capital local, hasta los notorios grupos de terror, exterminio e intimidación para todos los luchadores por la libertad, llamados grupos X.

Dichos despreciables seres, que apoyaban a los ocupantes, aterrorizando y asesinando a sus propios compatriotas, en vez de ser ejecutados al acabar la guerra, fueron blanqueados y utilizados para la causa “sagrada” contra el peligro comunista, un peligro que, a lo largo de la historia, ha servido como excusa ideal para un montón de males.
Sobra decir que las fuerzas en cuestión, junto con el ejército nacional y el apoyo incondicional de EEUU, después de la entrega del cetro de la superpotencia por Gran Bretaña, justo después del declive del Imperio Británico, ganaron la guerra, sellando el destino de los patriotas verdaderos para siempre, arrestando, encarcelando y exiliándolos sistemáticamente.
Algo parecido ocurrió durante la Guerra Civil española, donde el bando derechista de Franco fue apoyado por las potencias del Eje contra el bando centro-izquierdista, mientras que el resultado de la guerra fue todo el contrario en Vietnam, donde ganaron los comunistas de Ho Chi Minh. En cuanto a casos como el de Corea, hubo un resultado bien diferente, ya que la Guerra Civil llevó a la división oficial del país.
La década que sigue se caracteriza por un predominio incuestionable de la derecha que adoptó una táctica basada en el concepto que los no derechistas son automáticamente comunistas, o sea, ateos y traidores, que lo único que merecen es torturas y exilio, en el mejor de los casos.
Por lo que respecta a los nazis, no solo a los alemanes, sino a todos sus colaboradores y simpatizantes, como los croatas Ustasi de Ande Pavelic, o los ucranianos de Stepan Bandera, un héroe para batallones ucranianos como el de Azof, se marcharon de los países anteriormente ocupados y acudieron, ¿adónde? Vamos a ver.

1945 – ARGENTINA
Todos los regímenes autoritarios de América del Sur abrieron sus brazos para recibir a unos “ciudadanos nuevos”, con nombres y nacionalidades locales pero con un pasado bien oscuro y ajeno. Se trata de criminales de guerra, que a través de una red con el nombre bien oportuno “La ruta de las ratas”, apoyada por el mismísimo Vaticano, llegaban en miles, con pasaportes falsificados, a los países del Cono Sur y, sobre todo, a la Argentina.
La pequeña ciudad de San Carlos de Bariloche se convierte en una colonia alemana, donde un montón de Nazis, en lugar de ser juzgados, condenados y ejecutados a través de los juicios de Núremberg, empiezan una vida nueva, librados de los pesos del pasado. Entre ellos hubo bastantes bien famosos, como el “ángel de la muerte” Dr Méngele o Adolf Eichmann, que en algún momento fue secuestrado por Mossad y juzgado en Israel. Muchos de ellos sirvieron al Estado como asesores en asuntos de represión, vigilancia, interrogatorios, y así sucesivamente. Al principio de la Guerra Fría, tanto en la Argentina como en países vecinos, se ponían los cimientos para un futuro aún más autoritario que antes, allanando el camino para más dictadores aspirantes.

Sin embargo, el contacto entre la Argentina y los regímenes fascistas de Hitler y Mussolini había comenzado ya en la década de los 30, cuando bastantes oficiales del ejército, entre quienes el propio Juan Perón, fueron a Italia y Alemania para recibir entrenamiento “avanzado”.
Al asumir el poder en 1943 mediante un golpe de Estado que derrocó al hasta entonces presidente Ramón Castillo, un golpe que ni fue el primero ni sería el último en la historia del país, Perón decidió que el contacto con militares y científicos alemanes contribuiría al avance económico y tecnológico y la industrialización del país.

Aquí hay que señalar que la asunción del poder mediante un golpe por un político extremadamente popular, como Perón, no constituye ninguna sorpresa ni un caso único. Verbigracia, en 1916 en Grecia, el político más popular de la historia moderna griega, Venizelos, cuyo nombre lleva el aeropuerto de Atenas, llegó al poder gracias a un golpe también. Naturalmente, ningún autor de un golpe llama su atentado así, sino elige otros términos, mucho más populares y aceptables, como “movimiento” o “revolución”.
En cuanto a la relación estrecha entre la élite argentina y los Nazis, vale la pena mencionar algunos intentos hacia esta dirección, como el de Ernesto Hoppe, que negoció con los Nazis el transporte de un submarino alemán, lleno de dinero, oro y joyas, que todos podemos suponer de dónde venían, de Gibraltar a los puertos seguros de la Argentina. Al final, el plan no se implementó pero no fue el último atentado de colaboración con criminales de guerra alemanes. En 1947 Carlos Schulz, de origen alemán, fue arrestado en Suecia con varios pasaportes falsificados en su posesión. Su respuesta a las autoridades suecas fue que actuaba de parte de la CAPRI, o sea la Compañía Aeronáutica de Argentina, buscando especialistas en el área.
A través de esta participación indirecta y voluntaria en la guerra se cubrió un “hueco” en la historia argentina, en comparación con la griega, o sea, la llegada de la guerra hasta su territorio.
Se trata de una táctica que no siguió solo Argentina, sino otros ganadores de la guerra también, como la Unión Soviética o EEUU. Un caso bien característico es el de Wehrner Von Braun, el experto en misiles de largo alcance que resultó ser uno de los mayores contribuyentes a las misiones legendarias a la luna.
No obstante, Argentina apenas consiguió unas 300 personas de bajo rango y conocimiento limitado que no aportaron nada significante al desarrollo tecnológico del país, pese a las expectaciones de Perón. Uno de los casos que algunos todavía recuerdan como un gran chiste fue el de Ronald Richter, un presunto experto nuclear que aseguró a Perón que iba a construir una bomba de hidrógeno. Perón demoró bastante en darse cuenta de que se trataba de un estafador que simplemente sacaba provecho de los recursos invertidos en el proyecto.

Tal como hemos referido en el caso griego, el clima no era muy democrático en general. El país, casi desde su declaración de independencia, balanceaba entre gobiernos de moral y espíritu democrático dudosos y militares siempre al acecho para agarrar el poder, derrocando a los gobiernos antes mencionados a través de golpes. Después del golpe de Uriburú ya en 1881 y el de Perón en 1943, también tuvimos el golpe mediante el cual Perón fue derrocado en 1955.
Dicho golpe fue realizado por los generales Frondizi, Ilia, Onganía y Levingston que, a continuación, gobernaron el país sucesivamente, hasta 1973. Aquí vale la pena subrayar que los golpes dentro de golpes, o sea el derrocamiento de militares por otros militares, exaliados, es un fenómeno extremamente frecuente en todo el mundo.

Aquí vale la pena mencionar que aun el país que se supone que dio la democracia a la luz, Grecia, tuvo varios golpes hasta la Segunda Guerra Mundial también. Tanto Grecia como Argentina, a pesar de lo que mucha gente cree, desde su independencia en el siglo XIX hasta, por lo menos, el comienzo de la Guerra Fría, tuvieron principalmente administraciones autoritarias y pocas democráticas como intervalo.
Cabe recalcar que cuando los alemanes entraron en Grecia al principio de la Segunda Guerra Mundial encontraron un régimen bien conveniente, esto es la dictadura de un fascista pro-alemán, llamado Metaxás, que gobernaba el país manteniendo relaciones excelentes con los Nazis ya desde 1936, exactamente como la élite del ejército argentino.

Aunque el pueblo resistió de modo triunfante contra la invasión italiana en 1940, humillando a Mussolini, y, a continuación, de modo bien persistente y feroz contra la invasión alemana que siguió en 1941, al final el ejército griego sucumbió a la superioridad del respectivo alemán.
A continuación, la élite local tanto política como militar, que en muchos casos, como en Argentina, coincidía, en pleno acuerdo con el líder Metaxás, mantuvo también buenas relaciones con los Nazis durante los 30, así que en 1941 los recibió con brazos abiertos, sin compartir el sentimiento popular de miedo, tristeza y decepción.
En resumen, los gobiernos y las clases superiores de ambos países, colaboraron con placer con los fascistas, justificando sus acciones con el pretexto de la amenaza comunista, entre otros. ¿Qué tipo de futuro era de esperar bajo condiciones así?


















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