La Historia se repite, el ser humano la repite, lo cual significa que no aprende. Es la conclusión a la que llegamos leyendo a Anders. El piloto de Hiroshima fue escrito en 1958, trece años después del lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki. La humanidad se encontraba al borde del Apocalipsis.
La Guerra Fría estuvo a punto de corroborar lo que Anders profetiza y, ya antes de que estallara la guerra de Ucrania, crecía de nuevo la tensión entre los EE. UU. y Rusia, (V. N. Chomsky). Ahora hay voces que amenazan de extender el conflicto a escala apocalíptica y se ha sumado estos días el conflicto, también altamente inquietante entre Israel y Hamás.
Günther Anders, seudónimo de Günther Stern (Breslau, 1902 – Viena, 1992), filósofo y activista, vivió dos de los acontecimientos más contundentes que marcaron la Historia de la raza humana: el totalitarismo nazi y el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, en un momento en que Japón ya no representaba ninguna amenaza. En Hiroshima la bomba causó, según el autor, 200.000 víctimas, en Nagasaki, 70.000. Estas experiencias extremas afectaron su vida y su pensamiento.
En 1958 Anders asistió en el IV Congreso Mundial contra las Bombas Atómicas y de Hidrógeno y a favor del Desarme, que se celebró en Japón con representantes de muchos países de todas las áreas de conocimiento. El peligro nuclear marcaba un antes y un después, porque a partir de entonces se abría la posibilidad de la autodestrucción de la humanidad. Una comisión debía debatir y redactar un texto que acabara siendo asumido por las potencias del mundo comprometiéndose a no recurrir nunca más a las armas nucleares. El texto se publicó en forma de llamamiento (No more Hiroshima, nº especial, 1958).
El piloto de Hiroshima es, como reza el título de la edición catalana publicada por Club Editor en 2023, un diario. El título catalán es absolutamente fiel al original alemán: L’home dalt del pont. Diari d’Hiroshima i Nagasaki. Anders lo escribió después de su estancia en Japón, después de encuentros con representantes de otros países versados en la temática atómica, con supervivientes y enfermos incurables y con familiares de víctimas, así como con otras personas con las cuales coincidió en sus desplazamientos por el país nipón. La experiencia profundizó su reflexión sobre lo que denomina la Nueva Era: era necesaria una nueva moral. El libro es el rico fruto de aquella estancia.
Anders describe experiencias directas y nos hace partícipes de los cambios que la era nuclear suscita (o debiera suscitar) en nuestro modo de pensar y actuar. Su mente deviene bisturí que disecciona y profetiza. El giro copernicano que exige la nueva situación hace desaparecer nociones tan tradicionales como «soberanía», porque los «experimentos nucleares» devienen injerencia cuando la energía atómica sobrepasa las fronteras nacionales.
Seguramente Anders es pionero en hablarnos de conciencia global. La era nuclear ha borrado el sentimiento de «lejanía» y nos ha hecho vecinos inmediatos a todos. La tecnología ha logrado un desarrollo tal que el ser humano ya no puede controlarla.
Ya a finales de los años treinta del siglo pasado, en memorables obras dramáticas de expresión alemana como la de Bertolt Brecht Galileo Galilei (la primera versión, de 1939, cuando Brecht supo de la fisión del átomo, se estrenó en 1943, segunda versión escrita después del lanzamiento de las bombas) o la del suizo Friedrich Dürrenmatt, Los físicos (estreno 1962).
Pero Anders, el filósofo, va más allá de la reflexión: intenta lograr un compromiso de los mandatarios, un documento que comportara obligación.
El libro es muy enriquecedor por la palestra de temáticas que aborda, todas relacionadas con la «Nueva Era»: la religión, la existencia de Dios o el ateísmo, cierta terminología lingüística, sobre todo la relacionada con la política o con la guerra, la percepción del mundo, del viaje, la traducción, los lugares dedicados a memoriales…, esgrimiendo argumentos de una dialéctica abrumadora, que hace saltar por los aires la argumentación tradicional. El libro gasta una dialéctica magistral, incorpora conversaciones que son una delicia por la sutilidad argumentativa.
Nos encontramos ahora en el mismo punto en el que Anders escribió su Diario. La supervivencia del ser humano depende de un sí o de uno no, pende de un hilo. El libro es de absoluta actualidad. El apocalipsis nos puede llegar. Las probabilidades y el potencial son grandes. El milagro es que todavía estemos ahí.
El libro recoge la correspondencia que Anders mantuvo con Claude Eatherly, el piloto estadounidense que, tras recibir la orden, calculó el blanco donde debía caer la bomba sobre Hiroshima: el puente situado entre el cuartel general y la ciudad de Hiroshima; sin embargo, un error de cálculo la desvió un kilómetro e impactó en plena ciudad. Su ‘go ahead’ (adelante) al avión bombardero ‘Enola Gay‘ causó así una tragedia mayor aún.
El libro es altamente recomendable para todo ciudadano, pero de obligada lectura para cualquier político.
El piloto de Hiroshima.
Más allá de los límites de la conciencia
Traducción de Vicente Gómez
Ed. Paidós, 2010
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