Las nueve musas
Eulogio Varela - Blanco y Negro. Museo ABC Madrid

Eulogio Varela. La mano y la máquina

  El grueso de la obra de Eulogio Varela Sartorio ( El Puerto de Santa María , 1868- Madrid, 1955) se halla descansando en el archivo de la colección del Museo ABC de Madrid.

Eulogio Varela
Portada. Blanco y Negro. NÚM.560, 25 DE ENERO DE 1902. ACUARELA, TINTA Y PASTEL SOBRE PAPEL. MUSEO ABC.

Entre las más de 150.000 piezas que alberga el museo, herencia de las publicaciones en la revista Blanco y Negro y del diario ABC, un importante número fueron firmadas por Eulogio Varela. Prueba de su enorme relevancia tanto para la antigua Prensa Española como para su fundador Torcuato Luca de Tena.

Con Varela no sólo descubrimos a un prolijo ilustrador de portadas, planas decorativas, textos, encabezamientos tanto para las diferentes secciones de la revista como del diario, orlas compositivas e incluso de anuncios y carteles comerciales; sino además a un pionero confeccionador de la publicación. Un cargo este de esencial importancia y al que pocos accedían mediante el cual el artista gaditano delimitaba y organizaba la distribución de cada una de las páginas de Blanco y Negro,  incidiendo en la ubicación de textos, dibujos y ornamentos como encabezamientos de secciones, orlas o frontispicios.

Es decir, a pesar de ser un nombre prácticamente desconocido para el gran público, Varela fue un artista enormemente valorado y admirado, no sólo por colegas ilustradores y pintores ( como el gran Juan Gris o sus maestros José Martí y Monsó, Alejandro Ferrant y Emilio Sala), sino también por el ámbito académico (como prueban sus primeras medallas en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1908 y 1913 dentro de la sección Artes Decorativas) y por clientes particulares quienes con frecuencia le demandaban exlibris y todo tipo de trabajos decorativos para carteles, afiches, libros, postales e incluso para menús de tipo modernista o vitrales decorativos.

ilustradorEulogio Varela. Artista moderno.

Se puede asegurar por lo tanto que el punto álgido de nuestro artista llegaría a finales de 1898, momento en el que comienza su andadura para Blanco y Negro ( de este periodo data su colaboración para el llamado Almanaque de las flores o Almanaque de 1900). Pero no conviene olvidar que tanto su formación como sus primeros pasos se darían en el campo de la pintura. Es más, pareciera incluso, que a lo largo de todos sus años de vida Varela mantuviera un idílio constante con la pintura a la que nunca abandonaría a pesar tener un reconocimiento escaso en este campo. Esa alma de pintor le llevaría a realizar numerosos retratos, pinturas de género histórico, costumbristas y bastantes paisajes al aire libre de la sierra madrileña hasta sus últimos años de vida. Incluso me atrevería a decir que parte de sus ilustraciones gráficas tiene un poso pictórico reconocible en el uso de técnicas como el gouache, la aguada, la acuarela e incluso el óleo.

Sin embargo el artista portuense se embarcó en la aventura de la reproducción técnica y la convirtió en su principal modo de ganarse la vida. A partir de ese instante en su persona empezarían a convivir una vena pictórica insustancial e insuficiente para su sustento con un manejo del oficio de ilustrador cada vez más agudizado, más mecanizado y por ende más “moderno”.

Si recurriéramos a Walter Benjamin[1] podríamos aseverar que en Eulogio Varela subsistía una viva lucha entre preservar la “unicidad” de la obra de arte ( en su caso pictórica) y la seriación de la misma en base a la reproducción infinita de sus dibujos. Ahí radica entiendo la grandeza de su carrera gráfica, en la posibilidad infinita que ofrecería a todo un lenguaje visual nuevo en la capital de España como era el modernismo o su vertiente más internacional, el Art Nouveau, de ser protagonista en múltiples realidades. Las planas y portadas de Varela fueron capaces de llegar a numerosos  rincones de casas, a los ojos de millones de lectores de distintas clases para perpetuarse gracias a una presencia masiva.

Sin embargo y he aquí también un punto de distinción entre nuestro autor y otros coetáneos, Varela nunca se conformaría con la mera reproductibilidad de sus obras, de hecho en sus escritos teóricos se revolvía ante lo que Benjamin años después denominaría en su momento  como “pérdida del aura de la obra”, mediante y gracias a un valor artesanal en su oficio que era innegociable. Es decir frente a los albores del consumo de masas, el arte de Eulogio Varela ofrecía un camino alternativo en el que lo artístico y lo industrial fueran de la mano. Obviamente tanto en su doctrina pedagógica como profesor de término de la Escuela de Artes e Industrias de Madrid ( plaza que lograría en 1911) como en sus escritos teóricos podemos encontrar la base de ese sentido artesanal que como en John Ruskin siempre ha de permanecer por encima de la mera industrialización, dicho de otra forma la mano siempre por encima de la máquina.

Retrato de mujer desconocida ( posiblemente la hermana del artista). CA. 1899. ACUARELA SOBRE PAPEL. COLECCIÓN PARTICULAR.

Si la serialización de la obra a finales del siglo XIX y principios del siglo XX suponía una pérdida de lo “único” que existe en ella, Varela se afanaría en crear una nueva tipología, aquella concebida para ser reproducida, fomentando su “exponibilidad” múltiple y visibilidad pero sin perder por ello su “unicidad”;  garantizada por un punto artesanal inherente e indeleble.

Si tomamos con perspectiva este asunto y releemos a Walter Benjamin, nos daremos cuenta de que no sólo con la obra de Varela si no en conjunto con la de muchos artistas gráficos de aquella época, ha sido el tiempo el encargado de dotar a muchas de esas piezas de esa “unicidad” perdida en su momento. ¿ Acaso no es la idea de “excepcionalidad” la que nos invade cuando observamos muchos de los originales de artistas como Inocencio Medina Vera, Narciso Méndez Bringa, Joaquín Xaudaró, Carlos Vázquez, José Blanco Coris, etc.. y no la de la mera “serialización”?.

En resumen la “modernidad” en las ilustraciones de Varela no radicaba tanto en su estilo modernista, internacional y cosmopolita tan del gusto de la burguesía madrileña de la época, sino más bien en la formulación de una “nueva forma artística” plasmada en un cartón o un papel y presta a ser disfrutada por un amplio segmento social, “democratizando” por fin el arte.

Eulogio Varela. Artista modernista

No es objetivo del presente artículo desarrollar vastamente el perfil artístico del artista gaditano, como tampoco ahondar en profusión en influencias y temáticas presentes en su principal faceta artística- la ilustración gráfica- pero creo al menos importante reseñar las principales características de Varela como ilustrador y definir un perfil artístico más complejo de lo que pueda parecer a simple vista. Características que le hicieron un referente en las revistas ilustradas madrileñas del momento, equiparable a los casos de Alphonse Mucha o Eugène Grasset en París o a los grandes dibujantes modernistas catalanes como Alexandre de Riquer, Josep Triadó o Gaspar Camps[2].

Dibujo para tapas decorativas del Almanaque de 1900. Blanco y Negro, NÚM. 452, CA. DICIEMBRE DE 1899. TINTA Y GOUACHE SOBRE CARTULINA. MUSEO ABC.

Si con alguna etiqueta se ha marcado la producción gráfica de Eulogio Varela, esta ha sido la consistente en tacharlo como una suerte de Alphonse Mucha español. Incluso en ciertos textos casi se llegó a insinuar que sus dibujos básicamente emulaban los del artista checo. Nada más lejos de la realidad, Varela lideró en la prensa madrileña de la primera década del siglo XX un estilo muy influido por el Art Nouveau parisino, sin embargo cuanto más se ahonda y analiza el grueso de su obra para Prensa Española [3] más se aprecia una riqueza de repertorios y estilos difícilmente localizable en otros artistas coetáneos.

Si bien es cierto que nuestro artista encabezaría la línea más modernista, cosmopolita, simbolista, prerrafaelita e internacional junto a colegas como José Arija, Giuseppe Eugenio Chiorino ( alías GECH), José Blanco Coris, Carlos Vázquez o Lorenzo Coullaut Valera, en la onda de Mucha o Grasset, no es menos cierto que su estilo viraría lejos del mero ejercicio copista hacia una vertiente mucho más abierta a la innovación de volúmenes mediante el juego de trazos, líneas y áreas de cierta planitud con tintas negras y saturadas. Este último gusto por el “realismo sintético” provocado por el uso de los entramados lineales le vino dado gracias a su contacto con un joven Juan Gris a partir de 1906.

He ahí de nuevo una prueba de la variedad que el artista destilaba en su afán por estilizar las páginas que ilustraba, fruto de sus viajes a Múnich o a París y del estudio minucioso de las prácticas en los talleres de artes gráficas internacionales así como de los numerosos ejemplares de publicaciones extranjeras que almacenaba en su propia casa-taller sita en la calle Diego de León ( donde por cierto era vecino y amigo del ilustre Santiago Ramón y Cajal, admirable dibujante al margen de sus méritos médicos reconocidos).

Pero incluso en plena efervescencia de su vena Art Nouveau y posteriormente de sus coqueteos con el estilo de Jugend a través de Juan Gris, Varela tampoco olvidaría jamás ese poso costumbrista y semi-pictórico en el que se formó; mezclando así obras muy diferentes entre sí en un mismo lapso de tiempo. Algo que se puede apreciar fácilmente estudiando su obra para Blanco y Negro y que nos muestra un perfil mucho más rico y complejo del que usualmente se ha vendido del artista en los escasos estudios que se le han dedicado hasta la fecha.

museo ABC
Libra-Septiembre. Blanco y Negro, NÚM. 488, 8 DE SEPTIEMBRE DE 1900. TINTA Y AGUADA SOBRE CARTULINA. MUSEO ABC.

Para finalizar no me gustaría dejar de señalar los dos principales motivos en la obra dibujística de Varela que serían la mujer ( en sus diferentes acepciones simbolistas, modernistas o clásicas) y la naturaleza ( como marco idealizado, trasunto de emociones, ornato y aliada de la mujer en su suma estilización).

En definitiva con Eulogio Varela tenemos y debemos descubrir a un estudioso de su oficio, un elemento reivindicativo de las denominadas “artes menores”, un artista polifacético y complejo, un diseñador y decorador, pero por encima de todo debemos disfrutar de un lujo que paradójicamente podemos degustar en las accesibles páginas del antiguo diario ABC ( y admirar en su actual Museo ABC) y de su predecesora la mítica Blanco y Negro.

No dejen de hacerlo…

Antonio Aparicio


[1] Benajamin, Walter. La obra de arte en la época de su reproducción mecánica. Casimiro libros, Madrid, octava edición 2018.

[2] Al nivel bibliográfico, la obra gráfica de Eulogio Varela ha sido objeto de estudio de forma destacada hasta la fecha por los siguientes autores:

Arniz Sanz, Francisco Manuel, Homenaje a Eulogio Varela (1868-1955). Con motivo del XXV aniversario de su muerte, El Puerto de Santa María, Fundación Municipal de Cultura Excmo. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María de Cádiz, 1980.

Brasas Egido, José Carlos. Eulogio Varela y la ilustración gráfica modernista en Blanco y Negro. Valladolid, 1995.

Jiménez Fernández, Lourdes. “Aportación a la obra y estética de Eulogio Varela (1868-1955)”, en Espacio, Tiempo y Forma, serie VII, Historia del Arte, núm.14, 2001.

Aparicio Benítez, Antonio José. Eulogio Varela. Modernismo y modernidad. Catálogo de exposición. Museo ABC de Madrid, 2014.

  • Eulogio Varela, ilustrador y diseñador gráfico para Blanco y Negro y ABC (1899-1936). Tesis doctoral Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2015.

[3] Nombre de la empresa que aglutinaba a principios del siglo XX  a Blanco y Negro y ABC a partir de 1903.


 

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