El último poemario de Joaquín Martín Quirosa (Jayena, Granada, 1970), que lleva por título Romancero de un día (Cuadranta, 2025), retoma la tradición del romance para construir un puente entre lo clásico y lo contemporáneo.
En esta obra, la cadencia casi hipnótica del verso popular se convierte en vehículo de una reflexión profunda sobre la identidad, la soledad y la alienación del individuo moderno: “Este tráfico imposible, / que se va comiendo el suelo / y que llena el horizonte / entre sus luces y hierros, / deja un aire irrespirable / que me golpea en el pecho.”
Joaquín Martín Quirosa logra con notable destreza fusionar la métrica tradicional con un contenido altamente introspectivo, donde el yo lírico se descompone entre espejos rotos, pantallas frías y la presión del rendimiento constante. La sociedad alienada que describe no es un lugar distante ni abstracto, sino el mundo que habitamos: un escenario donde la conexión digital ha reemplazado al contacto humano, y donde las emociones se sofocan bajo la estética del éxito superficial: “Lo que veo cada día / me llena de desconsuelo: / gente sin cara vagando / entre penumbras y fuego, / buscando sobrevivir / evitando un mar de miedos / (…) Todo un trasiego de máscaras / que quedan al descubierto / cuando las toca la muerte / con su largo brazo negro.”
A lo largo del poemario, se siente una tensión constante entre lo interno y lo externo, entre el deseo de comprenderse a uno mismo y la imposibilidad de hacerlo en un entorno que trivializa la profundidad emocional. El romance, por su ritmo cercano y su musicalidad casi oral, acentúa este conflicto, dotando al discurso de una resonancia ancestral que contrasta irónicamente con la frialdad del presente.
Cada poema parece un acto de resistencia, un intento de reconquistar el sentido desde lo íntimo. El lenguaje es sencillo, pero no por ello simple; hay una economía verbal que recuerda a los cantares de antaño, pero con un contenido afilado como bisturí. El resultado es una obra que emociona y perturba, que obliga al lector a detenerse y mirarse en un espejo que tal vez preferiría evitar.
Los romances alternan entre retratos íntimos de la vida familiar y escenas más abstractas donde se sienten la presión del sistema, el ruido de la ciudad o el vacío de las relaciones superficiales. Esta yuxtaposición crea un contraste poderoso: mientras todo afuera tiende a fragmentar, la familia sutura.
Joaquín consigue un equilibrio notable entre la crítica social y la emoción contenida. No idealiza el núcleo familiar, pero sí lo presenta como el último espacio donde aún es posible mirar a otro ser humano a los ojos sin máscaras. En ese sentido, este romancero se convierte en una meditación poética sobre la pertenencia, la identidad y el consuelo: “Este amor que habita en mi casa / y que, al abrir la puerta, huele / me alimenta durante el día / y cuando duermo me mantiene.”
Romancero de un día no solo es una muestra de habilidad poética, sino un grito contenido contra la deshumanización de nuestros días. Un poemario necesario en tiempos donde la prisa ha enterrado la pausa, y donde la poesía aún puede abrir grietas por las que entre la luz.
Joaquín Martín Quirosa, nacido el 28 de octubre de 1970, en Jayena, un pequeño pueblo de la provincia de Granada. Actualmente, vive en la ciudad de Alicante. Es miembro de la asociación cultural Espejo de Alicante, donde dio sus primeros pasos como poeta.
En 2022 publicó su primer poemario: Tiempo. Ha participado en varias antologías poéticas de la Editorial Diversidad Literaria, en Hablan los Poetas y en los encuentros de poesía de Albatera. Fue miembro de la Asociación Cultural Auca de las Letras, ejerciendo de vicepresidente y formando parte del consejo asesor de la revista Auca, donde publicó sus trabajos en los años 2023 y 2024.
Recita poesía con el grupo Amarilis y con EDA, también ha participado en varios recitales de Parnaso.
En 2023 se unió al grupo de teatro Espejo a Escena, donde se estrenó como actor en la obra Sobre las buenas mujeres, dirigida por Fernando Gessa y de la cual es coautor.
El mismo año ganó el Primer Premio en el III Certamen Internacional con la Estrofa Julia, con su poema «Lloran las musas», dedicado a la guerra de Ucrania. Más tarde fue elegido miembro del jurado del primer certamen nacional de Argentina con la estrofa Julia.
En 2024 fue presidente del jurado en el IV Certamen Internacional de Poesía, con la estrofa Julia, donde recibe el premio honorífico Teresa Cía.
Entre otras distinciones, cuenta con el Doctor Ho- noris Causa en lengua y literatura, por la Academia Mundial de Literatura Moderna Costarricense. Premio Oro Puro por la Fundación Amazónica Produc- tiva. Premio Español y premio Amistad del Movimiento Parnaso Siglo XXI, Certificado de honor por el Patronato Cultural Albaterense y el Trébol Poético de Espejo de Alicante.
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