Las nueve musas
Poder Prieto

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«En América todos tenemos algo de sangre originaria,
unos en las venas, otros en las manos«,
Eduardo Galeano

La comunidad LGBTTTI+ cada vez va conquistando más derechos y espacios de visibilidad, recientemente la lucha feminista inició el indispensable #MeToo para denunciar a los acosadores y violadores que laboran en el teatro y la danza, así como en las escuelas dedicadas a esos oficios, y ahora cobra fuerza el movimiento Poder Prieto.

Este colectivo demanda mayor inclusión en los medios de actores y actrices de piel morena, indígenas y afrodescendientes, así como erradicar los estereotipos de personajes cuyo color de piel se asocia frecuentemente con la ­­pobreza, violencia, delincuencia o sordidez. Sobre todo, en un país donde más del 70% de la población es de piel morena, aunque en los medios de comunicación es una minoría.

Entre los más de 200 integrantes de Poder Prieto se encuentran Maya Zapata, Tenoch Huerta, Conchi León, Aquetzali Verástegui, Quetzalli Cortés, Christel Klitbo, Ricardo Esquerra, César Enríquez quienes, aprovechando el merecido reconocimiento que tienen, nos exhortan a combatir toda forma de discriminación. El movimiento afirma que “La lucha es contra la blanquitud de la mente, que alimenta y perpetúa el racismo sistémico, y no contra la gente de piel blanca” porque, como bien dice el exfutbolista y activista francés Lilian Thuram, “La blanquitud no es un color de piel, sino una forma de pensar”.

En un país multicultural y sumamente diverso, Poder Prieto es vital porque nos enfrenta a los arraigados prejuicios que hemos arrastrado desde hace siglos ya que, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis), más de la mitad de la población indígena y afrodescendiente considera que son muy poco o nada respetados sus derechos. Asimismo, el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Copred) reveló que ser pobre o tener la piel morena son los principales motivos de exclusión en la capital.

La gran paradoja es que en este país se suele admirar a las culturas prehispánicas que erigieron las pirámides, pero se discrimina a los indígenas que viven hoy en día. Llamarle “indio” a alguien suele ser una forma de ofensa; en el lenguaje coloquial existen dichos racistas como “No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre” o aquel es “Un indio bajado del cerro a tamborazos”. Como bien ha expresado Tenoch Huerta: “México es un país racista que niega ser racista”.

Por otro lado, las diputadas Indalí Pardillo Cadena, Xóchitl Bravo Espinosa y Ana Francis López Baughen Patiño, más conocida como la actriz, cabaretera, directora y activista Ana Francis Mor, propusieron que, en la convocatoria de 2022, la Compañía Nacional de Teatro (CNT) contemple criterios raciales y de fenotipo, para que “al menos un 50 % de los actores y actrices del elenco de esa agrupación teatral tengan un tono de piel morena”.

Lo anterior a propósito del montaje de “Códice Tenoch”, obra escrita por el dramaturgo Luis Mario Moncada y montada por la CNT. Lo más desconcertante fue que en el elenco predominó gente de piel blanca, algo absurdo tratándose de un texto que aborda las intrigas por el poder entre los señoríos de Texcoco, Azcapotzalco y Tenochtitlán, previo a la conquista española, y que se presentó justa e irónicamente para conmemorar los 500 años de la resistencia indígena.

Por eso, las diputadas conminaron a la CNT a incorporar una perspectiva de inclusión, diversidad, antirracismo y no discriminación a fin de hacer modificaciones a la ley para que, en la Compañía, y en todos los medios, se cambien los estereotipos que existen por el color de piel.

A su vez, Enrique Singer, director artístico de la CNT, declaró que dicha problemática “merece una reflexión amplia, ya que debe analizarse con cuidado y responsabilidad, pues el problema es mucho más complejo” y, como siempre hay un “pero” cuando se trata de derechos, le parece riesgoso hacer una selección de actores y actrices a partir de un pantone.

Uno de los ejemplos más claros de la discriminación y los prejuicios en la pantalla grande pueden verse en la película Nuevo Orden, de Michel Franco, la cual, a pesar de haber ganado varios premios, solo evidencia un profundo racismo y clasismo. En la cinta, un grupo adinerado de whitexicans, es víctima de una rebelión por parte de sirvientes y gente morena que, sin ideología alguna ni un discurso político o social, se dedican a robar, saquear, asesinar y generar el caos en un México distópico. Esta pesadilla de gente blanca enfrentada a una horda de salvajes sedientos de sangre debe ser, muy probablemente, una de las películas favoritas de los partidarios de Vox y de la extrema derecha mundial.

Como afirma Tenoch Huerta: “La blanquitud posee todos los medios de comunicación, los medios económicos, los medios culturales, donde la gente racializada siempre es la criminal. El chingón siempre tiene que ser blanco”. Por eso tampoco podemos olvidar la ola de críticas que se volcaron contra la protagonista de la película “Roma”,  Yalitza Aparicio, actriz indígena, quien admirablemente y con gran entereza ha sabido enfrentar el racismo y la violencia en su contra.

Para darle mayor impulso al movimiento, en diciembre pasado, Poder Prieto organizó, junto con Racismo Mx, Prietologías y otras organizaciones, su primer festival que se llevó a cabo en la Fábrica de Artes y Oficios (Faro) Cosmos, junto con activistas feministas, de la comunidad LGBTTTI+, actores, actrices, cineastas y músicos. Entre otras actividades, hubo una exposición, paneles, mesas de discusión, una mesa de aliades antirracistas, caminatas, conversatorios, talleres de cabaret para niños, y música con Kime y Los de Abajo.

Conminamos a que los medios se sensibilicen frente a este tema que nos atañe a todos; si no lo hacen, afortunadamente estarán Poder Prieto y otras organizaciones listas para seguir exigiendo que se acaben el racismo y el clasismo que imperan.

Humberto Robles

Nació en la Ciudad de México en 1965.

Dramaturgo y guionista independiente.

Paralelamente colabora con varias organizaciones de derechos humanos.

Actualmente es considerado el dramaturgo mexicano vivo más representado en el mundo (30 países, tres continentes).

Autor de las obras “Mujeres de Arena”, “Frida Kahlo Viva la Vida”, “La noche que jamás existió”, “El Arca de Noelia”, “Sangre en los Tacones”, “Nosotros somos los culpables”, “Leonardo y la máquina de volar”, “El Ornitorrinco”, “Les demoiselles d’Avignon”, entre otras.

Sus obras han sido traducidas al inglés, francés, portugués, italiano, alemán y polaco.

Ha recibido seis premios como dramaturgo, uno internacional y cuatro nacionales, entre ellos el Premio de la Fundación La Barraca de Venezuela y el Premio Nacional de Dramaturgia "Emilio Carballido" 2014.

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