Las nueve musas
Batalla Naval, Santiago de Cuba.

La Batalla Naval de Santiago de Cuba. (II)

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«La Batalla Naval de Santiago de Cuba, es uno de los hechos más heroicos que se conocen en la historia de las batallas navales. A los norteamericanos debiera darle vergüenza hablar de tal victoria. Ese tipo de victoria no constituye una gloria, porque fue alcanzada en condiciones muy desiguales, con una superioridad total y contra cada barco español aisladamente; no fue el combate de una escuadra contra otra, combate que habría estado en condiciones de ganar la escuadra española, aun estando desplegada la habrían hundido irremediablemente. Este caso la hundieron barco a barco, uno por uno y todos contra uno. Creo que fue realmente una victoria moral de aquellos marinos españoles a quienes rendimos hoy tributo…»
Fidel Castro Ruz
Líder de la Revolución Cubana.
3 de julio de 1998

La valentía del Almirante Pascual Cervera y Topete y sus hombres, en la Batalla Naval de Santiago de Cuba. (II)

En la primera sección de este estudio, concluimos que la flota estadounidense persiguió al Vizcaya hasta dejarlo fuera de combate en la entrada de la bahía de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898. Sin embargo, ¿cuáles fueron las acciones bélicas de la flota estadounidense antes de la batalla de Santiago de Cuba? Veamos.

En 1898, Estados Unidos instruyó a su flota del Pacífico para que se dirigiera a Hong Kong y realizara ejercicios de tiro hasta recibir la orden de dirigirse a Filipinas y a la isla de Guam. Tres meses antes, se había establecido un bloqueo naval a la isla de Cuba sin ninguna declaración de guerra.

el Cristobal Colón

El 15 de febrero, el acorazado Maine de Estados Unidos, que se encontraba en Cuba en una visita no anunciada, explotó en el puerto de La Habana. La explosión, cuyas causas fueron objeto de controversia y de dos investigaciones separadas realizadas por los gobiernos de España y Estados Unidos, ocurrió cuando algunos de sus oficiales estaban en tierra en una fiesta ofrecida por los españoles, causando la muerte de 254 marineros y dos oficiales. Estados Unidos acusó a España de la explosión y declaró la guerra inmediatamente, con efectos retroactivos al inicio del bloqueo. Las tropas estadounidenses llegaron rápidamente a Cuba.

En realidad, investigaciones posteriores concluyeron que la explosión se produjo desde dentro del barco, no desde fuera, lo que lleva a pensar que fue un autoatentado para declarar la guerra a España.

El Vizcaya

El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, ya fallecido, realizó un análisis detallado al respecto, al conmemorarse el centenario de la misma, el 3 de julio de 1998. Fidel dijo entonces:

«…se demostró absolutamente que la explosión no vino de fuera, que la explosión ocurrió dentro del barco. ¿Cómo fue? ¿Fue accidental? Si se considera accidental, uno no deja de sospechar de la casualidad de que en ese preciso momento haya estallado. Puede haber sido intencional, que alguien lo hiciera porque individualmente decidió hacerlo, una persona que pudiera estar enajenada, enloquecida; o un racista fanático que quisiera exterminar una tripulación que era en su inmensa mayoría negra, o porque alguien preparó al autor de los hechos, y dio las instrucciones adecuadas para hacerlo con un fin político, pero los españoles no fueron realmente culpables del hundimiento del Maine, pretexto de guerra que dio lugar a la intervención, cuando ya los españoles estaban realmente derrotados, no podían resistir esa guerra a tanta distancia, con tantas bajas, productos de los combates y las enfermedades […] En ese momento en que los estadounidenses intervienen, ocupan el país, estuvieron cuatro años ocupándolo, se apoderan del territorio de la base de Guantánamo; todavía está ahí después de cien años, están allí a la fuerza.»

El 1 de mayo de 1898, la flota del Pacífico de Estados Unidos se enfrentó en una batalla naval a la flota española de Filipinas. En aquel momento en España, muy pocos creían que un país como Estados Unidos, que nunca había librado una guerra fuera de sus fronteras, pudiera atacar y derrotar a la Armada española, considerada en otros tiempos una de las mejores del mundo, a pesar de que Estados Unidos tenía la experiencia militar reciente de la Guerra de Secesión, donde ya se habían dado varias batallas navales. A pesar de la creencia en España

A pesar de una supuesta superioridad naval, la flota española en Filipinas fue completamente destruida en el evento conocido como el Desastre de Cavite. En respuesta, el gobierno español decidió enviar a Cuba otra flota naval, bastante similar a la que se había perdido recientemente en Filipinas en la batalla de Cavite, bajo el mando del almirante Pascual Cervera y Topete. La flota zarpó el 29 de abril. Por su parte, Estados Unidos envió dos flotas a Cuba. En conjunto, ambas flotas eran militarmente superiores a la española. Sin embargo, tenían la prohibición de enfrentarse individualmente a la flota española.

Batalla naval Santiago de cuba

A pesar de las proclamas emitidas por la prensa española y el ánimo exaltado de la clase política, que esperaba unánimemente una victoria militar aplastante contra Estados Unidos, los marinos españoles eran plenamente conscientes de que se enfrentarían a un enemigo claramente superior, con el consiguiente sacrificio inútil de las fuerzas navales españolas y las vidas de cientos de hombres. Antes de zarpar, Cervera escribió una carta a su hermano en la que, entre otras cosas, le decía: “Vamos a un sacrificio tan estéril como inútil; y si muero en él, como parece seguro, cuida de mi esposa y de mis hijos”.

A su llegada a Cuba, la flota española permaneció atracada en el puerto de Santiago, evitando el combate en mar abierto contra las flotas estadounidenses. Era un lugar aparentemente seguro, ya que era casi imposible para el enemigo entrar, pero del que sería muy difícil salir si la flota estadounidense establecía un bloqueo. Cervera estaba convencido de la imposibilidad de su flota de mantener un enfrentamiento directo con los estadounidenses, dada la manifiesta inferioridad y disminuida operatividad de sus barcos.

El capitán de navío Fernando Villaamil, jefe de la escuadrilla de destructores y considerado un auténtico especialista en este tipo de barcos, diseñados por él mismo, propuso realizar incursiones rápidas con sus ágiles y veloces destructores, atacando puertos de la costa este de Estados Unidos (Nueva Orleans, Miami, Charleston, Nueva York o Boston) para forzar así a gran parte de la flota estadounidense a volver para defender sus propias costas.

Fernando Villaamil
Monumento erigido en 1911 a Fernando Villaamil en el parque de Castropol, Asturias.

De este modo, se habrían igualado las fuerzas navales de ambos contendientes en Cuba. En la postura de Villaamil pesó el conocimiento de que el puerto de Nueva York carecía prácticamente de defensas militares, hecho que hizo notar en su libro Viaje de circunnavegación de la corbeta Nautilus. De una u otra forma, estos planes no fueron ejecutados, tal vez por la oposición del almirante Cervera, que optó por que todos los buques permaneciesen en puerto, o bien porque Cervera o los dirigentes políticos o militares temían que un ataque a la costa estadounidense provocara un ataque de represalia estadounidense en la costa peninsular española, las islas Canarias, las islas Baleares o el pequeño imperio colonial español en África o incluso la pérdida de más territorios.

Habíamos quedado que el Vizcaya resultó hundido en la refriega, entonces es que El Cristóbal Colón, la unidad más rápida y moderna de la flota española, se alejaba a toda máquina. Y quizás hubiera escapado si no se le hubiera agotado el carbón inglés de alta calidad, por lo que tuvo que continuar su viaje con carbón cubano, de menor poder calorífico. Esto le hizo perder sustancialmente velocidad y la ventaja obtenida hasta el momento. A pesar de que no recibió grandes daños gracias a su blindaje, su comandante, al ver que no podía escapar, decidió embarrancarlo.

Restos de unos de los buques españoles
Restos de unos de los buques españoles a la entrada de la bahia de Santiago de Cuba. Foto de Juan-Gonzalez. CMKC

Los estadounidenses, inicialmente, atribuyeron la actitud del Cristóbal Colón de huir sin entrar en combate a la cobardía. Sin embargo, solo después de la batalla se dieron cuenta de que el barco aún no tenía instalada su artillería principal ni otros armamentos, por lo que tenía pocas opciones de defensa.

Todos los grandes cruceros, después de ser alcanzados por el fuego enemigo, lograron mantenerse a flote el tiempo suficiente para ser embarrancados cerca de la costa sin hundirse. Como resultado, todos sus comandantes y muchos de sus oficiales y marineros sobrevivieron a la batalla. En contraste, los pequeños destructores sufrieron daños más severos. Además de Villaamil, el militar de mayor rango que murió en la batalla, prácticamente todos sus tripulantes perdieron la vida. El cuerpo de Fernando Villaamil nunca fue recuperado. (CONTINUARÁ)

La Batalla Naval de Santiago de Cuba. (I)

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Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Alfonso Ramón Naranjo Rosabal

Las Tunas (1953) Periodista, Investigador de temas históricos, documentalista, escritor.

Graduado de Licenciado en Periodismo en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba. Diplomado en Historia y Marxismo, en la Universidad “Ñico López”, La Habana. Diplomado en Nueva Realidad del Periodismo Latinoamericano, Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, La Habana.

Tiene publicado los libro: Quifangondo a Vitoria é Certa. «Editorial Capitán San Luis», La Habana, Cuba. Legado Inmortal; Madrugada de los Gallos; Las Desavenencias en las guerras: dos conflictos y… Soliloquio: El general dice su verdad. Todos en Editorial AutoresEditores.com. Colombia.

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