Las nueve musas
El caso acusativo

Sobre el caso acusativo

Promocionamos tu libro

Insistiendo con nuestra reivindicación del estudio de los casos gramaticales (la que nos ha llevado a analizar cada caso por separado), en esta nota nos ocuparemos del acusativo.

  1. Generalidades

El acusativo es el tercer caso que el español ha heredado del latín. Se trata del caso del sustantivo en función de complemento u objeto directo, por lo que quizá sea preciso extendernos un poco más que en los dos artículos anteriores.

Para empezar, veamos cómo la Academia lo explicaba en la obra que usamos como principal referencia: «En la oración la corriente desvió el arenal, el nombre arenal expresa el objeto sobre que recae directamente la acción del verbo desviar, y por eso decimos que dicho nombre está en acusativo, o que es el objeto directo o el complemento directo del verbo»[1].

Rebajas

A esto podemos agregar que, en relación con el verbo, el acusativo comparte con el nominativo el papel de caso directo, porque interviene muy directamente en la expresión de la acción verbal, pero, en tanto objeto, se lo considera un caso oblicuo y dependiente, como el dativo y el genitivo.

Ahora bien, si pensamos al acusativo como un objeto directo, solo podemos esperar que acompañe a un verbo transitivo, ya que este tipo de verbo, por definición, exige un objeto directo para completar su significado; sin embargo, a veces, el acusativo aparece también junto a verbos intransitivos. Cuando esto sucede, el acusativo solo aporta información complementaria, que, dicho sea de paso, casi siempre es redundante. Este fenómeno se manifiesta principalmente cuando la idea esencial que informa el verbo se desprende de él para sustantivarse y unírsele como complemento. Así ocurría en latín con pugnare pugnam, y así ocurre en castellano con vivir la vida. Como vemos, este acusativo puede tener la misma raíz del verbo (acusativo homónimo), que es lo que sucede en los ejemplos anteriores, o un concepto afín, que es lo que sucede en las expresiones dormir un sueño o jugar una mano.

  1. Sintaxis del acusativo

 Sintácticamente, tal como hemos dicho al inicio del artículo, la función principal del acusativo es la de representar el objeto o complemento directo del verbo,[2] es decir, la persona o cosa en la que recae la acción verbal, que es lo que caracteriza a los verbos transitivos.

La manera más fácil de reconocer cuándo un sustantivo o sintagma nominal está en acusativo es convirtiendo la oración en pasiva, ya que dicho sustantivo o sintagma nominal, de cumplir la función de objeto directo en la oración activa, pasará a cumplir la de sujeto en la pasiva. Por ejemplo, en la oración El coronel desenvainó la espada podemos afirmar que el sintagma nominal la espada está en acusativo porque, al pasar la oración a pasiva, aquel cumplirá la función de sujeto (La espada fue desenvainada por el coronel). Lo mismo ocurre cuando la construcción en acusativo está precedida por una preposición. Así pues, al trasladar la oración He visto a tu padre a pasiva, el sintagma nominal tu padre pasará a cumplir la función de sujeto (Tu padre ha sido visto por mí).

Otras veces, el objeto directo está representado por un infinitivo, que, como sabemos, cumple sintácticamente las mismas funciones del sustantivo. Así, en la oración El niño desea pasear, pasear es el objeto directo del verbo desear, lo que puede comprobarse en la pasiva Pasear [o El pasear] es deseado por el niño.

Algo similar ocurre cuando el objeto directo es una subordinada. Por ejemplo, en las oraciones Renzo me preguntó cuándo vendrías o Su amiga me confirmó que no lo había visto, observamos que las dos subordinadas (cuándo vendrías y que no lo había visto) están en acusativo, ya que pueden cumplir la función de sujetos en la pasiva. Si bien es cierto que inversiones como Cuándo vendría me fue preguntado por Renzo o Que no lo había visto me fue confirmado por su amiga no son del todo naturales, también es cierto que siempre podemos reemplazar las subordinadas por el pronombre esto para ratificar nuestro punto (Esto me fue preguntado por Renzo o Esto me fue confirmado por su amiga). Por otra parte, hay verbos que directamente no admiten la construcción pasiva, como sucede con el verbo poder, que no nos permite la inversión Hablar no es podido por el perro, y otros que solo la admiten en ocasiones, como sucede con saber, que permite decir es sabido por se sabe en construcción impersonal, pero que no nos permite inversiones en pasiva como Cantar es sabido por Lisa. Naturalmente, esto no significa que los infinitivos hablar y cantar no estén en acusativo en las oraciones El perro no puede hablar o Lisa sabe cantar, sino más bien que el español siente un rechazo natural por las construcciones en pasiva.

Es este mismo rechazo, tal como veremos en el próximo apartado, el que impide el doble acusativo. Por ejemplo, en los verbos de percepción acompañados por un infinitivo y un pronombre personal átono, este no puede pasar como sujeto a la pasiva, sino que debe quedar en ella como dativo, es decir, como objeto indirecto. Por ejemplo, en la oración La vi representar comedias, el carácter de la como acusativo no genera ninguna duda y, de hecho, hasta se revela en la pasiva Fue vista por mí, siempre y cuando le quitemos las dos últimas palabras a la oración; sin embargo, si se las agregamos, obtendremos la chocante construcción en pasiva Fue vista representar comedias por mí.

No obstante, conviene exceptuar de esto a la pasiva con se, ya que es la única posible. Por ejemplo, en la oración Lo oí cantar dos coplas, podemos decir que lo es acusativo de oír, equivalente a Él fue oído por mí, pero como el español desechó la pasiva personal en estas construcciones, el pronombre personal átono lo, que en activa es acusativo, pasa como un le dativo en la pasiva. Así pues, no puede decirse Él fue oído cantar dos coplas, sino Se le oyeron cantar dos coplas.

  1. Acerca del doble acusativo en español

 En nuestro idioma existen varios verbos cuya acción puede recaer indistintamente en un objeto directo de persona o de cosa, o incluso en ambos a la vez, como los verbos preguntar, enseñar, vestir, robar, inspirar, etc. Estos objetos, como ya se ha visto, pueden cumplir la función de sujeto paciente cuando pasamos la oración a pasiva, siempre y cuando aparezcan solos, es decir, por separado, pero si aparecen juntos, cuando se pase la oración a pasiva, uno de ellos cumplirá la función de objeto indirecto. Tomemos como ejemplo la oración La vida del campo inspiró a fray Luis de León una de sus más bellas odas. Si le quitamos el primer complemento (La vida del campo inspiró una de sus más bellas odas), obtendremos la pasiva Una de sus más bellas odas fue inspirada por la vida en el campo; si le quitamos el último, obtendremos la pasiva Fray Luis de León fue inspirado por la vida en el campo, pero si no le quitamos ninguno, nos encontraremos en serios problemas, ya que los dos complementos no pueden cumplir la función de sujeto paciente al mismo tiempo. Como ya hemos insinuado, una de las maneras posibles de resolver este inconveniente es convertir en sujeto al acusativo de cosa y en objeto indirecto o dativo al acusativo de persona. Así pues, de la oración que hemos propuesto más arriba como ejemplo obtendríamos la pasiva Una de sus más bellas odas fue inspirada a fray Luis de León por la vida en el campo.

Vale señalar que, en ciertas ocasiones, el acusativo de persona puede pasar a ser sujeto paciente de la oración pasiva, lo que obliga al acusativo de cosa a cumplir la función de complemento circunstancial, ya que no puede cumplir la de dativo. Así, de nuestro ya citado ejemplo obtendríamos la pasiva Fray Luis de León fue inspirado por la vida en el campo en una de sus más bellas odas, donde vemos que el complemento subrayado cumple la función de circunstancial.

Echémosle un vistazo ahora al verbo hacer, pero particularmente en su acepción de ‘reducir a lo que expresa el nombre a que se incorpora’, que es lo que sucede en expresiones como hacer polvo, hacer pedazos o hacer trizas. En estas construcciones, la unión conceptual entre el verbo y el complemento es tan íntima que casi siempre puede reemplazarse por otro verbo equivalente (hacer polvo = pulverizar, hacer pedazos = despedazar, etc.), y así debemos entenderlo.  Por consiguiente, en una oración como Juan hizo trizas el libro, no hay doble acusativo, solo hay uno, y es el libro. Esto puede corroborarse al pasar la oración a pasiva (El libro fue hecho trizas por Juan), donde vemos que el libro, en tanto único objeto directo, pasa a cumplir la función de sujeto paciente. Queda claro entonces que, en este tipo de expresiones, los sustantivos polvo, pedazos o trizas no están en acusativo, son más bien aditamentos inseparables del verbo, sin los cuales este perdería su significado concreto.

Algo parecido sucede con verbos como ver, hallar, encontrar, traer, etc. Con ellos, el complemento en acusativo puede construirse acompañado de un adjetivo o de un participio, que vendrían a ocupar, por decirlo de algún modo, el lugar de «definidores de la frase». Estos vocablos, además de completar explicativamente al verbo, se refieren al acusativo u objeto directo de la oración, con el cual, por cierto, concuerdan en género y número, tal como lo demuestran los siguientes ejemplos: Te veo cansado, La hallaron desconsolada, Lo encontré ojeroso, Los considero arruinados, Las penas lo traen alicaído, etc. Tampoco podemos decir que en estas construcciones haya doble acusativo, pues los adjetivos o participios no cumplen la función de objeto directo, los que sí lo hacen son los pronombres personales átonos te, lo, la y las.

En definitiva, más allá de que ciertas frases, construcciones u oraciones puedan resultarnos engañosas a primera vista, debemos saber que el doble acusativo no es posible en español.

  1. La preposición a en el acusativo

 En una de sus obras más difundidas y estudiadas, el maestro Samuel Gili Gaya nos recordaba lo siguiente:

Todo verbo transitivo lleva por lo menos un complemento objetivo en el cual termina y se consuma la acción: el mozo trae el equipaje; he visto a María. Si no lleva más que un solo complemento, éste es necesariamente directo, el cual, como ya sabemos, va sin preposición cuando es de cosa (el equipaje), y con la preposición a cuando es de persona o cosa personificada (María), o puede confundirse con el sujeto de la oración. Hablando en los términos de la gramática latina diremos que un solo complemento objetivo es siempre acusativo.[3]

Queda claro entonces que, en el acusativo u objeto directo, la preposición a significa personalidad y determinación. Cualquiera de estas dos posibilidades bastará para que aparezca esta preposición, y con más razón si confluyen ambas en una misma expresión. Veamos algunos ejemplos: Don Quijote cabalgaba a Rocinante, El ladrón ha matado a tu perro, Besó a María con ternura, No conozco a ninguno.

Cabe señalar que los sustantivos comunes o apelativos de personas determinadas deben llevar la preposición cuando van provistos del artículo o de otro complemento que los precise. Así pues, decimos Busco a mi [tu, su, nuestro] criado (determinado), pero también Busco [un] criado (indeterminado); Necesito al sastre (al mío), pero también Necesito un sastre (cualquiera); Conozco al presidente de Colombia, pero también Conozco seis presidentes latinoamericanos.

De estas reglas sobre la determinación se deducen otras, como aquella que indica que los nombres propios que se usan con valor de apelativo se construyen sin preposición. Esto se da fundamentalmente con los nombres propios que representan héroes o aventureros (Plutarco les dará mil Alejandros, Dadnos Pizarros si queréis imperios). Algo similar ocurre con los apelativos de cargos, dignidades o empleos, cuando no llevan artículo (Busco mecanógrafos), o cuando, llevándolo, tienen carácter de totalidad (El papa crea los cardenales), o cuando el acusativo va determinado por un numeral (El presidente nombró cuatro ministros).

La preposición a tampoco se usa con los pronombres personales átonos (me, te, nos, la, las, lo, los, le, les), aunque conviene aclarar que, si el acusativo se duplica pleonásticamente, el acusativo pleno sí la exigirá. Veamos algunos ejemplos: Los destituyeron a todos, La llamaron a Luisa, Al subsecretario lo mataron.

Por último, tal como nos anticipaba Gili Gaya al inicio de este apartado, no deben llevar la preposición a los sustantivos comunes o apelativos de cosas o animales. Así pues, decimos Me pareció ver un perro y no *Me pareció ver a un perro. No obstante, esos sustantivos pueden llevarla cuando les atribuimos una personalidad ficticia, como ocurre en No llames a la muerte o No temo más que a la soberbia.

Otras veces, la necesidad de evitar ambigüedades —especialmente, aquellas que confunden al objeto directo con el sujeto— puede hacer, o bien que empleemos la preposición donde no sería necesaria (Acompañaba al libro un índice onomástico), o bien que la suprimamos si aparece otro complemento precedido por la misma preposición (Prefiero el cauto al valeroso). Asimismo, puede ocurrir que los complementos que confluyan en la frase sean sustantivos de persona, el uno en acusativo y el otro en dativo. Aquí también tendremos dos alternativas: o bien se conserva la preposición en cada complemento, dándole siempre prioridad al acusativo (Entregaron a Luis XV a los verdugos), o bien se conserva la a en el acusativo, transformando al dativo en complemento circunstancial (Puse a Diana en manos de don Sancho en vez de *Le di a Diana a don Sancho).

¿Por qué es importante el estudio de los casos gramaticales?

[1]Academia Española. Gramática de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 1931.

[2] No por nada, en su Gramática de 1847, el maestro Andrés Bello llamaba complemento acusativo a esta función.

[3] Samuel Gili Gaya. Curso superior de sintaxis española, Barcelona, Bibliograf, 1980.

Última actualización de los productos de Amazon el 2022-12-04 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con cinco libros de poesía publicados:
«Por todo sol, la sed», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2000);
«La gratuidad de la amenaza», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2001);
«Íngrimo e insular», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2005);
«La ciudad con Laura», Sediento Editores (México, 2012);
«Elucubraciones de un "flâneur"», Ediciones Camelot América (México, 2018).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Su más reciente trabajo publicado es «Del nominativo al ablativo. Una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

Informes de lectura

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  • El consejero de Roma
  • En el país del tiempo posible
  • Reverso y anverso
  • Las vírgenes confinadas
  • La ópera de México
  • La herida narcisista
  • La ciencia no es asunto de dioses
  • A la sombra del palo en Cuba
  • Elixir de Pasados

Los + vendidos en Amazon

Última actualización de los productos de Amazon el 2022-11-26 / Los precios y la disponibilidad pueden ser distintos a los publicados.

  • Espacio disponible para tus productos o servicios
Apadrina a un redactor