Las nueve musas
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“Sabelotodo” o “ignorante”: una crítica de la educación

El nuevo modelo educativo es el del “analfabeto funcional”, el licenciado-robot sin horizontes de pensamiento, que sirve para idiotizar a las masas y convertirlas en inermes y sumisas a favor del reparto injusto del bienestar.

Estoy soñando con un mundo de diálogos y libros, lógica y libertad de pensamiento, lejos del oscurantismo de la censura y distante de la barrera de la ignorancia. Intento seguir trabajando en contra de la pobreza de la mente y –a la vez- contra la demostración de presunto saber y de conocimiento superficial (como eso se impone por el mercado de trabajo).

analfabetismo funcionalEsta primavera cumplo 35 años de enseñanza en la Escuela de Lenguas de la Universidad Nacional de Atenas, en los seminarios culturales de la UNESCO de Grecia y en la Educación Secundaria de Costa Rica, en América Latina. Siempre he combinado la enseñanza con la traducción literaria y la publicación de libros culturales. Y todo eso, tratando de poner en paralelo el “cogito” cartesiano con la experiencia derivada de la percepción sensorial que nos ha legado John Locke.

Me limitaré a hablar aquí solamente sobre mi país natal, Grecia, pensando que en España se vive en unas situaciones equiparables: la exacerbación de la contrariedad entre las generaciones continúa fuerte; los ancianos –reminiscencias del pasado- que disponen (o creen que disponen) de conocimientos detallados, desprecian a la juventud –sementera del futuro- que impone (o desea imponer) la superficialidad de sus conocimientos.

Considero que la década de los ´60 (en la que yo nací) era la de la hipocresía, de la exageración y de las actitudes fingidas: Grecia acababa de salir –pobre e inculta- de su guerra civil (1946-1950). Era entonces cuando los progenitores de las familias urbanas, dedicándose a apenas una decena de ciencias (medicina, derecho, arquitectura, etc) y despreciando a la población rural con sus acentos provinciales, sus manos callosas, sus barrigas hambrientas y sus pensamientos supersticiosos, alentaban y –en innumerables casos- hasta forzaban a sus vástagos para que estudiasen detalladamente todos los sectores de la vida, desde las noticias menores de los periódicos, hasta la ciencia a la que se dedicarían profesionalmente (la cual pasaba –casi siempre- de padre a hijo, junto con la infelicidad y los complejos psicológicos que esto conlleva). Y los descendientes del estamento agropecuario y “arreglatodo” eran instruidos por sus padres contemplar un futuro más halagüeño. Y aquí yace, posiblemente, la raíz de la polémica que está acosando nuestra educación de hoy. Fue, aquella, una era de Humanidades, a diferencia de nuestros tiempos de educación tecnológica: tipos verbales, personajes y acontecimientos de la Ilíada de Homero y del Cantar de Mío Cid, términos jurídicos como el “corpus delicti” en latín clásico, o las formas hiperbólicas del modernismo novecentista en la arquitectura, yuxtapuestos con el “URL”, el “winlogon.exe” y el “Synaptics touchpad” de los ordenadores, son el casus belli entre los viejos  que apoyan el saber “en todo” –como resultado de una vida difícil-, y los jóvenes que se relajan en la facilidad del nihilismo, de “la nada”, de una vida cómoda y fácil, ofrecida por sus padres –“para que no sufráis como sufrimos nosotros…” Sostienen, los ancianos, que el conocimiento de informática no es tan substancial como el de las Humanidades; lo contrario apoyan los jóvenes. A lo mejor, los viejos consideran importante todo lo que ellos conocen e inútil el resto que escapa de su conocimiento… Y viceversa: los jóvenes desprecian todo lo de viejos tiempos; un ciclo vicioso.

La generación que hoy en día cumple 65 años o más, admira los detalles y se expresa con un lento verbalismo que cansa a los jóvenes licenciados, quienes no ponen tanta atención a lo que ya ocurrió en épocas históricas del pasado; les interesa más la actualidad. Por eso, la Universidad Berkeley´s, en los EE.UU., recomienda en sus seminarios de formación que los profesores eliminemos los elementos obsoletos o simplemente innecesarios de nuestras ponencias educativas, dado que lo único que logramos con ellos es cansar a los estudiantes, sin ofrecerles ninguna utilidad esencial, ni belleza actualizada. Los gustos (hasta en el lenguaje) cambian con el paso del tiempo y son diferentes entre los grupos etarios. Los ancianos sienten placer -en su soledad- al contar durante horas interminables y con mil y un adjetivos, adverbios y locuciones anticuadas del latín y del griego clásico los detalles de los violines “Stradivarius”; y los jóvenes, cansados de escuchar toda esa “información inútil”, piensan en la conocida marca registrada de ropa moderna del mismo nombre que se vende en los centros comerciales, y les dicen a los ancianos descaradamente: -“Viejo, nos tienes fritos…” Y es, quizás, este cansancio el que ha llevado a la generación joven al borde de una revolución en pro del desprecio del conocimiento. Hay que seguir, pues, un camino medio, una educación moderada, útil y bien aplicada, en vez de un desconocimiento absoluto o de una enorme cantidad de conocimientos pormenorizados y sin utilidad práctica, que generan una sociedad de analfabetos funcionales. En nuestra era de comunicación global y de acceso inmediato a la información, el analfabetismo no ha desaparecido, sino está mermando los valores de la juventud.

Un analfabeto funcional no es el que no puede leer o escribir, sino el que no tiene capacidad crítica; es la persona que no tiene horizontes de pensamiento lo suficientemente abiertos como para cuestionar los dogmas o los ideales que se le imponen por la educación estatal. Enseñar a obedecer es adoctrinar, y eso es lo que le conviene hacer a cualquier gobierno. Si un Estado quiere llamarse democrático, debe enseñarnos a pensar, no a obedecer; pero vemos que los analfabetos funcionales no saben aprender, ni desaprender o reaprender la realidad. Y hay mucho que desaprender y reaprender en  la realidad que nos rodea. Un buen ejemplo de eso sería la Historia griega, tan maltratada por el nacionalismo. Dicen, por ejemplo,  las guías a los turistas extranjeros, que Bizancio constituye la evolución de la civilización de la Grecia clásica. Y se hacen la vista gorda ante preguntas lógicas, como:

-“¿Porqué en el período bizantino no había elecciones, como las de la democracia ateniense?, ¿porqué no se desarrollaron las ciencias exactas, como la Medicina de Hipócrates?, ¿porqué fueron prohibidos los Juegos Olímpicos –que se organizaban para lograr la paz entre las Ciudades-Estado?, ¿porqué los bizantinos destruyeron los bellos templos jónicos y las estatuas atenienses?, etc…”

competenciasPero un guía turístico es un títere del gobierno, formado mediante la educación oficial y falsificada. Es también eso, un tipo de analfabetismo funcional. Y, además, no olvidemos que solamente pocos guías hablan bien los idiomas extranjeros. Eso es también un resultado de la educación mal entendida. En la Grecia de la crisis económica actual, casi todos quieren ser guías de turismo, ya que eso es un sector que todavía funciona mejor que los demás. (Estas líneas han sido escritas durante el período del aumento de los casos del coronavirus. Esperemos, entonces, que no “fallezca” este último recurso de mi país…) Mi teléfono suena continuamente y la gente me pide aprender portugués en tres meses y con 2 horas semanales… Y cuando ven que en este idioma el “infinitivo personal” se conjuga y reemplaza el futuro del subjuntivo en casos de sujeto distinto, abandonan las clases y me acusan de que mi método de enseñanza es complicado y lento… Y hay casos que me preguntan si es mejor que aprendan español o… mexicano. Existen unas ocupaciones profesionales (y eso es una opinión personal mía, formada por las experiencias de mi vida) que para ejercerlas, no es siempre imprescindible tener un título de estudios; he conocido a algunos traductores licenciados que han destrozado las obras literarias que han intentado traducir, mientras que los propios escritores de esas obras maestras puede que no hayan tenido  la oportunidad de finalizar sus estudios básicos, como es el caso del portugués Saramago.

Hablando de literatura –que es un buen método para obtener una educación cultural- me parece que la manera de la que esta se enseña en la Secundaria griega es infértil, esterilizada. Se analiza tan minuciosamente la gramática homérica, que los estudiantes que se encaminan hacia el sector de las ciencias sociales, no obtienen ni la mínima idea de lo que era la literatura griega antigua. Y los que llegan a estudiar filología clásica, terminan recitando versos y tipos verbales que han memorizado como loros. Creo que la literatura debe ser enseñada de un modo más amplificado: no analizar solamente las obras nacionales, sino hacer referencia a todos los autores del mundo y de todas las épocas (hasta los de Asia, que tan lejanos aparentan ante los ojos occidentales), dar una breve biografía de ellos, ver los elementos de su estilo en el contexto histórico y social de su período literario, conocer en pocas palabras el argumento de sus obras más importantes y tener la oportunidad de conocer algunos de sus párrafos más impresionantes (siempre con la posibilidad opcional de comparar la traducción con el texto original, en el caso de que los estudiantes tengan este conocimiento; se dice que la literatura forma parte de la lengua a la que ha sido traducida).

Y siempre tengo en mi vida profesional varios estudiantes que han obtenido una licenciatura y unos puestos de trabajo que no merecen, mientras que otros, muy capaces y originales han quedado marginados. Durante tres meses (que apenas pudo aguantar), le estuve impartiendo clases de portugués a una licenciada de la Facultad Politécnica de Atenas (desesperada por su vida estudiantil que no le ofrecía plenitud), quien tenía el Diploma de Español como Lengua Extranjera a nivel C-2 (el reconocimiento oficial más alto en esta lengua) por el Instituto Cervantes. Durante nuestras clases, yo detectaba varios errores básicos que me parecían herencias de un español mal aprendido (tú quisiste = “usted queristeis”….) A pesar de ello, esa persona ha obtenido el DUPLE C-2 en portugués (cometiendo los mismos errores/horrores en esa lengua también), y hoy trabaja como guía licenciada por la Escuela del Organismo Nacional de Turismo en Grecia. Ahí pudo entrar pidiéndome unos apuntes -frases fijas sobre los temas más frecuentes en los exámenes- las cuales ella memorizó sin poder entender profundamente el sentido que ellas expresaban. Un día del verano pasado, cuando una agencia turística la mandó a la importante isla de Delos, ella –por no conocer nada de la historia del período helenístico- rompió a llorar; cuando yo le ofrecí ayuda –de manera discreta- me la despreció con una cara desdeñosa. –“¿Qué va a saber usted de eso? No es licenciado por la Escuela Nacional de Guías…” Ni siquiera quiso recordar que gracias a mis asignaturas había cursado ella esos estudios… Es un buen ejemplo del analfabeto funcional.

Entiendo el porqué de la memorización: de parte del Ministerio de Educación se impone porque hay profesores que no corrigen los exámenes con atención. Es tan limitada su inteligencia, tan reducida su consciencia y tan expandida su pereza, que prefieren guiar su vista colocando un dedo sobre las líneas del libro y otro en las del examen, suspendiendo a los estudiantes que hayan expresado el mismo sentido, pero con palabras diferentes; correctas, pero diferentes… Y –a la vez- los estudiantes temen la crítica: los muy hábiles están seguros de que sus examinadores -de mente limitada y burócrata- no les van a entender, y los estudiantes menos capaces por no comprender profundamente las nociones (a veces mal impartidas). En Grecia, el sistema de selectividad universitaria es tan complicado, rígido y sin sentido, que los estudiantes se cansan tanto para ser admitidos, que al entrar se rinden y abandonan cada esfuerzo, quedando huecos y desalentados. A pesar de ese sistema autoritario de selectividad, hay facultades y escuelas importantes –como la de filología hispánica de Atenas-, en las que los candidatos entran con una calificación de apenas 4.000 / 21.000 Es, entonces, por eso que hay licenciados en traducción que no… ¡hablan la lengua! No pueden aprobar los exámenes del DELE C2. Cuando ellos hablan, se les nota que su nivel de conocimiento no supera el B2. Pero el problema no es solamente griego o español; recientemente la Unión Heleno-Americana de Atenas había admitido en sus seminarios de formación de profesores del inglés como lengua extranjera a un disléxico… Veamos, ahora, una comparación ilógica: la Facultad de Sociología de Atenas tiene un programa completamente diferente del de la misma Facultad de la Universidad de Lesbos (= isla griega). Entonces, me pregunto: -“¿Cómo podrán competir entre sí esos estudiantes en el mercado de trabajo o en el sector de investigación?” Un compañero mío, profesor, me ha explicado que los programas de estudios se establecen de acuerdo con los profesores que disponga cada universidad. Pues, ¿quién tiene la culpa por el analfabetismo funcional de nuestra juventud? ¿Tiene mérito la especialización seca, o vale la pena esforzarnos para alcanzar un nivel alto de conocimiento enciclopédico que la acompañará?

Los gobiernos del mundo occidental simulan ofrecer educación a la juventud, pero los jóvenes saben muy bien que adquieren conocimientos que no les servirán sino para esperar en las filas del paro, rogando por unos puestos profesionales precarios y, lo que es peor, no pueden salir de ese rebaño manipulado.

La mayor preocupación de los gobiernos es masificar a los ciudadanos, desde su edad estudiantil, e idiotizar a esas masas para convertirlas en inermes y sumisas a favor del reparto injusto del bienestar.

He leído, recientemente, en un periódico español que “en España la Educación es lo más nefasto que podamos imaginar. Han suprimido las Humanidades hasta límites inaceptables. Han restringido la literatura y la filosofía. Han suprimido la música…” Seguramente no conocerán la Educación de Grecia… Aquí la gente se queja de que el Ministerio ha suprimido el latín clásico y las 5 de las 6 tildes obsoletas del idioma griego moderno, pero hay quien diga que ese tipo de elementos específicos –que no son útiles para las necesidades del mercado actual- hay que dejarlas para los que las quieran estudiar a un nivel universitario, y solamente para fines de investigación bibliográfica y docencia académica. Y me pongo a pensar que quizás tengan razón; me pregunto: -«Yo nací con el don de aprender fácilmente lenguas: he estudiado el análisis morfosintáctico de 12 idiomas, investigando la mentalidad cultural que ellos revelan. Y he llegado a enseñar español y portugués en la Universidad Nacional de Atenas. Pero, ¿qué recuerdo yo de la física o la matemática que a duras penas aprendí en la Secundaria? ¿De qué me sirve hoy el tipo químico del sulfato de cobre (CuSO4)? ¿Acaso me hace falta educación por esta carencia mía? Y ¿de qué le sirve a un amigo mío, que es arquitecto, la raíz griega antigua del adjetivo “heterogéneo, -a” en español, que proviene de: ἑτερογενής / heterogenḗs? Ya sé lo que me van a decir mis compañeros, los “respetables e ilustres preceptores”: -“Se trata de una educación general y enciclopédica, mi hijo”… ¿Es, acaso, el manejo correcto de las tildes una práctica efectiva para la inteligencia? Eso me recuerda a aquellos “súper griegos” que andan pregonando que los únicos científicos que se destacan en el extranjero son los… griegos, por su excelente educación y por su ilustre Antigüedad. Pensamientos (¿?) estúpidamente altivos de analfabetos funcionales…

La juventud de hoy en día es mucho más homogénea que las generaciones del pasado. El antiguo iletrado no se puede comparar con el inculto moderno: -“Antes había prestigio”, dicen los ancianos, “mientras que hoy hacen todos burradas…” Yo diría que anteriormente había, quizás, más sentimientos, mientras que ahora el grupo etario de 25-35 años funciona de un modo más frío. Pero si queremos sobrevivir en la época contemporánea, tenemos que evitar esa negatividad. Todo lo que no se renueva, que no se adapta a las normas de los tiempos, se debilita; muere –como los dinosaurios… Yo cobro vida de mis estudiantes jóvenes. Me dan aliento a continuar adelante.

-“En nuestra época, la educación era buena, estricta”, dicen los que hoy están jubilados. ¿Buena y estricta? ¿Se pueden combinar esas cosas? No hay quien considere correcta la educación impuesta por la última dictadura de los coroneles en Grecia. Si insistimos en contemplar una educación estricta  y nacionalista como buena, entonces, ¿cómo se podrá lograr la democratización de un Estado? Grecia todavía sufre por esta mentalidad nacionalista que dicta pensamientos como: -“Somos los perfectos del Universo… Cuando nuestros antepasados construyeron la Acrópolis, los demás europeos todavía vivían entre las ramas de los árboles…” Pues, esos ideales falsos, que conducen a los pueblos hacia un irredentismo nocivo, se tienen que eliminar por medio de una nueva educación efectiva.

Hoy parece que los jóvenes sufren por una especie de depresión por falta de intereses, pero la mayoría de ellos tienen unas ideas frescas, basadas en la igualdad de los seres humanos dentro de sus diferencias. Una gran parte de los alumnos y estudiantes puede que no conozcan el tipo doble del presente del indicativo del verbo “erguir” (irgo / yergo), como si tuvieran una especie de dislexia, pero esta “dislexia adquirida” se debe a nosotros, sus maestros y profesores, que mostramos también falta de interés, o al Ministerio de Educación; no hay peor ciego que el que no quiere ver…

Recuerdo una de mis experiencias como educador: en Costa Rica; la maestra de Primaria de mi hija, le corregía las palabras “había” y “pez” en su cuaderno, y ponía: “avia” y “pes”… Y en Brasil, las maestras escriben solamente con mayúsculas. Me pregunto: ¿Será por esa educación minusválida que los brasileños usan la palabra-muletilla “não entendi” tan frecuentemente? Ante los fracasados sistemas de educación, aplicados en los países latinoamericanos, los alumnos oponen su indiferencia; y ante el nuevo término americanizado de “overqualified” (sobrecualificado), con el que se caracteriza una gran cantidad de currículos que se envían a las empresas multinacionales –para que los sueldos se mantengan bajos y bajo amenaza de despido-, los jóvenes licenciados de Europa oponen esa “dislexia adquirida”, esa depresión por falta de interés… Hoy en día, ese sistema de tener muchas siglas –supuestamente impresionantes- en una licenciatura universitaria (UCLA, HR, IT etc) y llevar títulos profesionales huecos –y sobre todo en inglés- (managing director for international business services) hacen que un simple cafetero de antes (que hoy se le llama con el término fino de “barista”) –por lo general inculto- se sienta importante, porque –según él- ¡ha culminado estudios… “superiores”!

INTELIJENCIA / INTELIGENCIA

 (¿Qué importa la grafía en este poema de Juan Ramón Jiménez?)

¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
…Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos,
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…

¿Qué es mejor, entonces?, ¿la sociedad de antes, cuando la mayoría de la gente era iletrada, o la de “medio-educados” de hoy en día? Se trata, pues, de una pregunta retórica; de las que no esperan respuesta. Los incultos del pasado eran toreros y frecuentadores de los típicos bares españoles –las sedes de la “Universidad de la Vida”- y eran también creadores de culturas –como la del flamenco- y a la vez más “hinchas”; ellos caracterizaban la “generación-puente” de los ´60, que vivía la transición entre lo antiguo y el “nuevo estado de cosas”. Pero los analfabetos funcionales del siglo XXI –maestras, abogados y los demás licenciados- son menos fanáticos, menos patrioteros y politicastros, menos santurrones, y creen más en la igualdad de todos los seres humanos dentro de nuestras diferencias raciales y sexuales. Nada de la España cañí, ni de la Grecia profunda.

Yo hubiera preferido un mundo de “voluntarios de la(s) Humanidad(es), moderados y concienciados en la lucha por la independencia del individuo y por sus derechos dentro del conjunto de la sociedad. Una sociedad caracterizada por la abstención de dirección o interferencia; un mundo donde prevalezca la libertad individual de elección y acción; donde se oponga a la injerencia gubernamental. Un mundo, donde las únicas regulaciones gubernamentales que existan serán para proteger los derechos individuales de la persona y nada más. Un “laissez faire, laissez passer” (dejen hacer, dejen pasar) socioeconómico y educativo.

Es, en fin, el analfabetismo funcional –la ignorancia de todo lo antes referido- una manera de suicidio… Junto con la crisis económica, nos ha llegado también una crisis de inspiración… Es una situación tristísima… Pero estamos aquí para buscar soluciones, dejando atrás la arteriosclerosis.

La revista agradece sus comentarios. Muchas gracias
Ilias Tampourakis

Ilias Tampourakis

Nació en Atenas (Grecia) y creció en el seno de una familia griega con raíces internacionales.

Ha enseñado español y portugués en la Facultad de Idiomas de la Universidad Nacional I. Kapodistrias de Atenas y en los seminarios culturales de la Unesco en Grecia.

Traductor en el Cuerpo Diplomático de América Latina en Atenas y escritor de artículos y libros con temas culturales.

Representa al comité de arte de la Alianza Sociocultural Latinoamericana y Española en Grecia y era durante varios años columnista del boletín social africano en Atenas.

Ha dedicado un largo período al estudio de las civilizaciones de Asia, la filosofía y la naturaleza de este continente.

Además, ha estudiado el análisis morfosintáctico de 12 idiomas, investigando la mentalidad cultural que ellos revelan.

Certificado de los seminarios de paleografía española y oriental de las Universidades de Harvard (EE.UU.) y Complutense (Madrid); depositó (el año 2014, en colaboración con la Universidad de Colorado, EE.UU) su obra pertinente en los archivos estatales de Plasencia (España).

Ha estado viajando durante 30 años por 76 países del mundo, fotografiando y coleccionando piezas musicales y otras curiosidades

Ha vivido trabajando con su familia en Costa Rica (América Latina).

Considera que el conocimiento es substancial solo cuando se combina con la experiencia, y se niega a conformarse con cualquier tipo de opresión.

Cree que el hibridismo cultural proyecta varios elementos interesantes pero que, a la vez, corre en sus venas el dolor.




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