Las nueve musas
Bedel

Poéticas del Libro Objeto en la obra de Jacques Bedel

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Desde hace más de treinta y cinco años, Jacques Bedel transita en la creación de sus libros por diferentes propuestas estéticas y poéticas.

Jacques Bedel
Las ciudades de plata 1977

Del libro infinito a la obra indestructible y total[1]

Creados como objetos escultóricos, son enigmáticos libros de artista que, una vez abiertos, exhiben sus secretos ante quien se disponga a descifrar sus claves.

El autor realiza una arqueología prospectiva, trasciende el objetivo formal y estético para utilizar el libro como símbolo del conocimiento y de acceso al saber.

La puesta en escena de las obras apunta a develar el sentido de la historia.

A lo largo del tiempo, en nuevas versiones, el artista-arquitecto agrega posibilidades de lectura que proliferan hacia otras diversificaciones en su obra, como si esta ofreciera una pieza más que contribuye para descubrir los enigmas que plantean en cada entrega. En sus inicios, Bedel utilizaba una capa de hierro para recubrir sus libros, lo que les confería un aspecto de extrema densidad y peso.

Lo efímero del libro en la antigüedad es perpetuado en su obra.

Si nos remontamos al Códice. Inspirada en la disposición de las tabillas de cera, la forma del códice[2] se avenía mejor con la naturaleza del pergamino, materia más apta que el papiro para recibir la escritura por ambas caras.

El rollo fue substituido por el códice. El primer escritor latino que habla de códices en pergamino es Marcial (38/41-102/104), quien menciona un Homero, un Virgilio, un Cicerón, un Tito Livio, un Ovidio, e incluso códices que contenían sus propios poemas.

Tras la huella de la hipótesis de la obra de Jacques Bedel afirmamos que:

              El libro objeto, amplia los limites en el espacio, es una obra por acabar ante el espectador.

Hallamos la comprobación de su arqueología prospectiva en sus obras representativas.

 

Summa[3] Geométrica (389 a 396, 400 a 402), es otra de las series de libros objetos [4] realizados por Jacques Bedel durante el prolífico año 1979.

 Los espacios interiores de cada libro se hallan “habitados” por figuras geométricas como la esfera, el cubo, el cilindro, el cono, el hexaedro, la pirámide.

Cada pieza mide 45 x 31 x 11 cm. y fueron realizadas con hierro electrolítico sobre material sintético. El artista realizó otra versión de la misma idea dibujada sobre papel.

Suma geométrica
Suma geométrica

La obra realiza un contrapunto de la pureza y la perfección intelectual de la figura geométrica y el libro antiguo con la doble función de soporte de protección. El cruce de símbolos parece aludir a la interrelación de la ciencia con la sabiduría.

Este libro habitado por figuras geométricas nos lleva a reflexionar con Gastón Bachelard, “La metafísica más profunda se ha enraizado así en una geometría implícita, en una geometría  que _ se quiera o no espacializa el pensamiento; ¿si el metafísico no dibujara, pensaría? Lo abierto y lo cerrado son para él pensamientos. Lo abierto y lo cerrado son metáforas que se añade a todo, incluso a sus temas”.

La Summa Geométrica que se remonta en su elipsis épocal, con la sabiduría de Aristóteles como el padre de la enciclopedia, nos introduce a su intuición geométrica. Si se multiplicasen las imágenes, tomándolas en los dominios de la luz y de los sonidos, del calor y del frío, se prepararía una ontología más lenta, pero sin duda más segura que la que descansa sobre las imágenes geométricas- dice Gastón Bachelard.[5]

La Summa, desplegada ante nosotros nos conduce a seguir avanzando en esa intuición geométrica “Es preciso[6] que estemos libres respecto a toda intuición definitiva _ y el geometrismo registra intuiciones definitivas _ si queremos seguir, como lo haremos después, las audacias de los poetas que nos llaman a referimiento de experiencia de intimidad, a “evasiones” de imaginación.

Libros de artistaDescubrimos la geometría en el espacio de las sombras[7], Henri Michaux escribe:

“El espacio, pero no pueden ustedes concebir ese horrible adentro-afuera que es el verdadero espacio”.

“Ciertas (sombras), sobre todo uniéndose, por última vez, hacen un esfuerzo desesperado por “ser en su sola unidad”. Mal les va. Yo encontré una”.

“Destruido por castigo, ya no era más que un ruido, pero enorme.”

“Un mundo inmenso lo oía todavía, pero ya no era, convertida sola y únicamente en un ruido que iba a rodar aún durante siglos, pero destinado a extinguirse completamente, como si nunca hubiera sido”.

Entre las imágenes de Summa Geométrica, se desliza entre las sombras de las aristas del libro la esfera “Toda existencia parece en sí redonda«[8], dice Jasper Von der Wahrheit.

Así, la “esfera”[9] de Parménides ha conocido un destino demasiado grande para que su imagen permanezca en su primitividad y sea así el instrumento adecuado a nuestra investigación sobre la primitividad de las imágenes del ser.

¿Cómo resistiríamos a enriquecer la imagen del ser parmenidiano por las perfecciones del ser geométrico de la esfera?.

Pero, ¿por qué hablamos de enriquecer una imagen, cuando la cristalizamos en la perfección geométrica?.

cristalizamos en la perfección geométricaPodríamos dar ejemplos en que el valor de la perfección atribuido a la esfera es totalmente verbal. He aquí uno que debe servirnos de contraejemplo en donde se manifiesta el desconocimiento de todos los valores de imágenes. Un personaje de Alfred de Vigny, un joven Consejero, se instruye, leyendo las Meditaciones de Descartes[10]. “Algunas veces tomaba una esfera colocada cerca de él y haciéndola girar largamente bajo sus dedos, se sumergía en los más profundos ensueños de la ciencia”.

El ensueño vislumbrado en el camino que traza la esfera nos lleva a meditar con Bachelard[11] en ese drama de la geometría íntima, ¿dónde hay qué habitar? El consejo del filósofo de entrar en uno mismo para situarse en la existencia, ¿no pierde acaso su valor, su significado mismo, cuando la imagen más flexible del “estar-allí” acaba de ser vivida siguiendo la pesadilla ontológica del poeta?.

Observemos bien que esta pesadilla no se desarrolla en grandes sacudidas de espanto. El miedo no viene del exterior. Tampoco se compone de viejos recuerdos. No tiene pasado. Tampoco tiene fisiología. No tiene nada en común con la filosofía del aliento entrecortado. El miedo es aquí el ser mismo.

Entonces, ¿dónde huir, dónde refugiarse? ¿A qué afuera podríamos huir? ¿En qué asilo podríamos refugiarnos?. El espacio no es más que un “horrible afuera-adentro”…

…En ese espacio equívoco el espíritu ha perdido su patria geométrica y el alma flota…

El alma flota introduciéndose en los restos de la memoria del conocimiento y aventurándose en la relación sombra-tiempo, en la cual la concibe de una manera muy característica: “una sombra nocturna escapa del orden natural del tiempo y paraliza el flujo del devenir”.

Platón[12] dice: “esta vida contemplativa o teórica puede no ser posible en este mundo si nos atenemos a la famosa imagen de la caverna, de la cual parece desprenderse que estamos encadenados y obligados a contemplar solamente las sombras de las cosas que la luz exterior proyecta sobre la inmensa pared hacia la cual se nos fuerza a dirigir la vista”.

En la infinidad de interpretaciones, acrecienta la ambigüedad de la luz y la sombra en la caverna funeraria del libro, donde la luz de la intentio lectoris, en el trabajo teorético nos hace participes de trascender los límites de la arqueología…

Graciela Marta Alfonso


[1] Raymond, Antoine ; Magalháes, Fabio ; Sacca Abadi, Corinné. Jacques Bedel. – Traducido por Florencia Baranger … [et al.] –  Buenos Aires : La Riviére, 2005. – p. 76-78

[2] La palabra “caudex” designó en los primeros tiempos el conjunto de varias tablillas. C.F. Séneca, De brevitate vitae, 13, 4 : “Plurium tabularum contextus caudex apud antiguos vocabatur”.

[3] En la Edad Media se denominaba a la Enciclopedia: Thesaurus, Summa, Speculum, Imago Mundi, Catholicon, Liber Floridus y Margarita Philosophica. Sabor, Josefa Emilia. – Manual de Fuentes de la Información. – Buenos Aires : Kapelusz, 1957. – p. 27

. [4] Raymond, Antoine ; Magalháes, Fabio ; Sacca Abadi, Corinné. Jacques Bedel. – Traducido por Florencia Baranger … [et al.] –  Buenos Aires : La Riviére, 2005. – p. 80.

[5] Bachelard, Gastón. La poética del espacio. – Traducido por Ernestina de Champourcin. – Buenos Aires :  Fondo de Cultura Económica, 2000. – p. 188.

[6] Henri Michaux, Nouvelles de l´étranger Mercure de France, 1952. Ibidem, p. 189

. [7] Ibidem, p. 188.

[8] Ibídem, p. 201

. [9] Ibídem, p. 203

. [10] Alfred de Vinyl, Cinq-Mars, cap. XVI. Ibídem, p. 203

. [11] Ibídem, p. 190.

[12] Ferrater Mora, José. Diccionario de filosofía : tomo 3. –  2a. ed. – Madrid : Alianza, 1980. – p. 2587.

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