Las nueve musas
Malestar

Malestar

Es una frase frecuente en las consultas: “me siento mal”. Los sentimientos son indiscutibles. Pero, ¿qué quiere decir estar mal? Atender las sensaciones es abrir con curiosidad y estimular preguntas. ¿Qué está diciendo el malestar?

En principio aparece  un catálogo  de situaciones que llevan a ese  estado muy común. Hasta diríamos sano, pero confuso.

Desde los contratiempos cotidianos que golpean excesivamente: “no me saludó en la oficina” o “se rompió un caño” y convierten cualquier contrariedad en desdicha.

O las interpretaciones que causan dolor. “Hizo tal cosa porque no le importo, porque no me quiere.” Conjeturas con visos de verdad revelada.

Una lectura de lo que el otro “siente” que impide suponer, por ejemplo, que simplemente se olvidó. Una simple distracción no pone en juego  la relación, ni el afecto.

Otra de las causas de mal/estar es la impresión de haber sido estafado/as. Sin saber bien cómo se creció con la convicción de que la vida iba a ser diferente.

Dicha creencia conlleva cierta dificultad para soportar los obstáculos que la realidad impone. A la hora de las decisiones y las acciones seguramente aparecerán impedimentos. No existen paraísos soñados ni películas en cámara lenta. El hacer por su propia estructura se revela en la realidad, en choques, contramarchas, re calculaciones y enmiendas en la realización.

En ocasiones, el malestar desaparece, se va solo como vino, se diluye; o se instala como una segunda piel, sin que exista algo que amerite el sentimiento desagradable e indefinible.

Las diferencias deben tratarse con profundidad,  que no significa maquinar  ni rumiar los problemas rebuscadamente. Alimentar mentalizaciones y análisis que podrían llegar hasta Adán y Eva, en la búsqueda de una respuesta en las generaciones pasadas. Una búsqueda de culpables, vicio que hasta inhibe las salidas y más bien sofoca con  explicaciones un estado valioso.

Mal puede significar cansancio, miedo, rutina, desasosiego, secretos penosamente llevados, aislamiento, soledad, falta de espontaneidad, deseos insatisfechos, aburrimiento, dolor de barriga o de muela, frustración, sensaciones de irrealidad, torpeza, ausencia de lazos sociales, ropa inadecuada. Falta de auto aceptación. Competir, rivalizar: odiosas comparaciones. Inmadurez. Duelos sin elaborar, mudanzas, cambios que asustan,. Preocupaciones económicas o de salud, agobio, goteras en el techo, el peso en la balanza. La edad. Dudas, desconfianza, insomnio,  celos  y… podríamos continuar.

Parece una mezcla, pero, precisamente una característica de las personas que “están mal” es la de que no funciona la capacidad de medir o valuar adecuadamente las heridas. Todo está en el mismo nivel: zapatos,  piedras y manzanas.

¿Por qué perder tan rica gama de posibilidades y enarbolar un “estar mal” cerrado? Obturando las posibilidades de conocerse y ampliar las respuestas y los espacios personales.

Aunque abrir produce molestias e incomodidades, los esfuerzos valen la pena.

Explorando se puede tropezar con algo nuevo, inventar un código personal que exprese en los hechos –tanto  como en los dichos–  necesidades y permisos.

Silvia Fantozzi

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