Los primeros edificios construidos para la ópera y el teatro musical en la Nueva España.
Uno de los edificios más interesantes inventados por el ser humano es el espacio de representación. Muestra de civilización y sofisticación cultural, los teatros, circos, foros y otros espacios tanto públicos o privados, íntimos o multitudinarios, son una manifestación de la importancia de la representación de la realidad por medio de la ficción para toda sociedad humana. Para nadie es un secreto que los teatros son el resultado de una manera de vivir y concebir del mundo.
En la Nueva España, los primeros conquistadores se encontraron con espacios representacionales, tanto abiertos como cerrados que siguen siendo un tema de investigación muy importante y sin resolver del todo. La mayor parte de las fuentes históricas recalcan que la conquista de nuestro territorio no hubiera podido llevarse a cabo sin la música, el teatro, la danza y todas las artes escénicas, que fueron utilizadas como herramientas de evangelización de la iglesia católica española y sus sacerdotes pioneros. Esto se confirma con el hecho de que, menos de un siglo después de su consumación, en México había más de 200 conventos con representantes de todas las órdenes religiosas y con escuelas que incluían la educación musical y artística.
Es evidente la necesidad de la evangelización como forma de control de una población y un territorio que quintuplicaba el de España. Por lo tanto, también es muy claro que la imposición de la visión europea era la que iba a prevalecer, sin embargo ¿pudimos permearla o no? ¿pudimos crear un espacio de representación propio?
Comencemos con la definición del espacio representacional, asunto nada fácil de precisar, ya que no se refiere solamente a un lugar (espacio físico) donde se hace una representación, sino que también incluye el espacio mental del espectador. Un lugar donde existe una convención pactada explicita e implícitamente entre el actor y el espectador. Hablamos del espacio-tiempo compartido donde se materializan las ideas de un grupo de creadores. Un sitio donde se crean estímulos visuales (escenografía, luz, vestuario y caracterización) y sonoros (espacio sonoro y espacio textual) –e incluso táctiles, olfativos o del gusto– para un espectador que puede o no interactuar con el actor.
¿Qué ha significado este punto de encuentro del espacio-tiempo? Ninguna definición puede darnos una idea más clara que el texto con el que abre la obra teatral El arte de la comedia de Eduardo de Filippo:
“Del escenario ya me contará: una embocadura de seis metros y pare usted de contar. Seis, por cuatro de profundidad. ¡Y he interpretado lo que me ha dado la gana en esos pocos metros cuadrados! Shakespeare entero y todo Molière. Dos mil años de teatro se pueden interpretar sobre cuatro metros de tablas…”
Dos mil años de representación de la manera en la que los seres humanos hemos pensado, sentido y actuado. Solo eso y todo eso.
¿Cómo conformamos el espacio representacional? ¿Es solo un edificio? Esencialmente es un espacio donde confluyen convenciones, acciones físicas, conceptos, ideas y estímulos sensitivos. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué tan importante era esta idea en la Nueva España? Bueno, pensemos que había dos misiones importantísimas: la primera la conversión a la religión católica y segunda, pero no menos importante, demostrar que habíamos dejado de ser unos salvajes para convertirnos en seres civilizados, (Por supuesto desde el punto de vista de los conquistadores).
La manera de demostrar y lograr ambas cosas será entonces: evangelizarnos con el teatro, después demostrar que éramos civilizados con las representaciones artísticas. ¿Sorprende entonces que veamos dieciséis teatros en una ciudad de ciento trece mil habitantes? Por supuesto que no, como tampoco puede admirarnos las palabras de la investigadora italo-mexicana Giovanna Recchia en su extraordinario estudio sobre los espacios teatrales en México: “A lo largo de su historia, México es el país de América Latina que ha construido el conjunto más amplio y consistente de espacios y edificios dedicados al espectáculo.” No, lo que verdaderamente impresiona es que seamos mexicanos y no lo sepamos.
Primer espacio representacional cerrado
La plaza mayor, los atrios de las iglesias y otras calles serían los primeros espacios representacionales públicos de la Nueva España, pero el primer edificio cerrado del que se tiene noticia, donde hubo representaciones de teatro musical y que está documentado desde 1533, es el Coliseo viejo del Hospital Real de Naturales, lleva ese nombre porque estaba ligado al Hospital de Naturales de la ciudad de México.

Empezó a funcionar antes de que se terminara de construir el Hospital en 1533 y ocupaba todo el claro del patio, lo que le daba una superficie de 24.36 m de largo por 20.16 m de ancho, además se sabe que estaba construido con madera y con materiales endebles y perecederos, por lo que n incendio, y después la inundación del año de 1629 acabaron con él.
Con el paso del tiempo y casi 25 años después de su destrucción por el incendio, este espacio se va a convertir en el Coliseo Viejo del Hospital Real de Naturales, es decir, un espacio hecho para la actividad teatral y no un espacio adaptado para representaciones. La descripción que tenemos de este espacio es esta:
El coliseo es de planta rectangular, con los extremos del lado sur ochavados (el ochavo representa un adelanto con respecto a la anterior tipología de los corrales y refleja un análisis de las condiciones de visibilidad para los espectadores); está recargado en los arcos del patio, en los lados norte y sur, y se despega de los lados oriente y poniente del mismo, dejando una circulación que permite la ventilación de los corredores del hospital. Catorce vigas de grandes dimensiones detienen las armaduras del techo a dos aguas, cubierto de tejamanil.
Desde 1662 está documentada la existencia de un espacio especial para representaciones en el Palacio Virreinal. La única descripción de este espacio es de cuatro años después (se conserva la ortografía original):
“… a mano derecha de la Galería, en medio está una puerta grande que haze entrada al salón de comedias, ques de cuarenta varas de largo, y más de nueve de ancho, sus valcones tienen la vista a los jardines, y a sus paredes, que, desde la solera, a la cenefa están pintadas; trasladó primoroso el pincel, los árboles del monte, las flores del soto, las aguas del valle, los ruidos de la casa y quietudes del desierto.”
En este escenario se presentaron comedias de Sor Juana, pero también la primera ópera escrita por un americano: La Parténope de Sumaya, en 1711. Es decir, era el teatro más importante de la capital novohispana, pero estaba restringido a la corte virreinal, los prelados y los integrantes de la cúpula del poder.
Coliseo Nuevo
La construcción del nuevo teatro se inició durante el gobierno del primer conde de Revillagigedo, en un lote ubicado a espaldas del anterior, con acceso por la actual calle de Bolívar. Según el virrey el nuevo edificio “tenía que reunir todas las condiciones de belleza y comodidad dignas de la Capital de Nueva España.”
“La sala era un octágono perfecto, conectado con un área rectangular en la que se ubicaban el escenario y los servicios de escena. Según lo describen los cronistas, cada uno de los tres pisos de aposentos tenía 18 palcos, con balcones de hierro, cosa difícil de confirmar con respecto a la planta baja del inmueble; de hecho, ésta necesitaba de un área de acceso a la sala, lo que hace descartar la hipótesis de los 18 palcos a menos de perder la simetría interior de la sala. Este espacio es una muestra de creatividad local, porque contiene elementos de la arquitectura teatral del corral, pero también adaptaciones propias que no existen en los teatros europeos de la época. Es la primera vez que se va a buscar un desnivel con el escenario y se acentúa la colocación de las butacas en ángulo para que los espectadores puedan ver mejor.”
El escenario del Coliseo Nuevo al representar una evolución y maduración de los elementos que lo componen en lo que se refiere a diseño del escenario, mecánica teatral, distribución de palcos y distribución funcional de los espacios de servicio y recepción, también establece una nueva relación entre el intérprete y su espectador.
El Coliseo Nuevo va a ser un teatro sumamente importante para la ópera mexicana. Va a sustituir al teatro del Palacio Virreinal, tomando un lugar mucho más central y público en la vida social de la Nueva España.

Cinco años después el recinto cambió de nombre a Teatro Principal, con este continuó hasta su último día de vida que fue el 2 de marzo de 1931 cuando sus instalaciones fueron arrasadas por un incendio.
Como de todos nuestros teatros, no sabemos dónde está su documentación administrativa. Se sabe que en un principio el virrey nombró a un Oidor y un censor de piezas escogía lo que se presentaba, posteriormente y como en todos los teatros de la época, se ponía a concurso la elección del empresario que lo llevara. Esto provocaba la desaparición periódica de su documentación. Por supuesto, es una de las prioridades de la investigación que aún queda pendiente.
Conclusiones
La ópera en México tiene un carácter tan ecléctico como nuestra sociedad e historia. Podemos ver óperas que siguen las tendencias europeas de una manera incuestionable, pero también óperas que se preocupan por buscar un lenguaje propio, temas locales o visiones propias.
Definir las características de la ópera mexicana sería tan difícil como definir las características de México.
Por todo ello no es extraño pensar que su lugar de representación puede tener también características propias y que, a pesar de que la mayor parte de los edificios dedicados a la representación operística están construidos bajo los cánones europeos, eso no puede invalidarlos como mexicanos por una sencilla razón: nuestra entrada a la cultura europea se pagó con sangre y tenemos tanto derecho a considerarlos nuestros como los propios europeos.
Por otro lado, es muy interesante pensar en una posible creación propia y un espacio nuestro. La ópera de nuestros días propone muchos usos del espacio distinto y muchas formas de representarse. Quizá ya no se trata de buscar una imagen netamente mexicana, usando nuestros lugares comunes, sino encontrar qué es lo que podemos expresar estética, musical y vocalmente en un espacio, para llegar a un espectador como el del México de nuestros días.
Bibliografía:
• Filippo, Eduardo de. El arte de la comédia. Madrid : Asociación de Directores de Escena de España, D.L.1990.
• González Obregón, Luis. México viejo. México: Ed. Patria, 1945.
• Mañón, Manuel, Historia del Teatro Principal de México, prólogo de Juan Sánchez Azcona. México: Editorial Cultura, 1932.
• Pareyón, Gabriel. Diccionario enciclopédico de la música mexicana. Tomos I y II. México: Universidad Panamericana, 2005.
• Recchia, Giovanna. Espacio teatral en la ciudad de México siglos XVI-XVIII. México: INBA, CITRU, 1993.
• Romero, Jesús. La ópera en México. Manuscrito mecanografiado. CENIDM
• Valle Arizpe, Artemio de Calle vieja, calle nueva, México, Diana, 1980.
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