“Trato de hacer concreto lo que es abstracto”
Juan Gris
“El arte no reproduce lo visible, sino que hace visible lo que no siempre es”
Wassily Kandinsky
El Museo Monjo. Un espacio dedicado a la creación
“L’habitació del darrere” (La habitación trasera) es el título de la exposición que la artista Laura Iniesta (Barcelona, 1955) celebra en el Museo Monjo de Vilassar de Mar, población cercana a Barcelona, donde exhibe una treintena de pinturas sobre tela y papel creadas estos últimos diez años.

El museo está dedicado a la obra del escultor Enric Monjo (Vilassar de Mar, 1896 – Barcelona, 1976) que ocupa el primer y segundo piso –donde se hallan los fondos del museo y una pequeña representación de su taller- Y en la planta baja se realizan las exposiciones temporales. Su ubicación es excelente ya que está frente al mar, por lo que el espectador mientras contempla las obras se siente atraído por la luz y el color del litoral mediterráneo originándose un clima acogedor, en que las esculturas de Enric Monjo y las pinturas de Laura Iniesta se fusionan con perfecta armonía, o lo que es lo mismo, unen el pasado con el presente.
Toda una vida dedicada al mundo del arte
Laura Iniesta se formó en la Escuela de Artes y Oficios, más conocida como La LLotja, y en la Universidad de Bellas Artes de Quito. Frecuentó los talleres de los pintores Ramon Sanvisens y Teresa LLácer, y también colaboró con el pintor y dibujante ecuatoriano Oswaldo Guayasamin.
Su primera exposición individual tuvo lugar en la Sala Cultural Sant Jordi de Barcelona en 1979. A principios de la década de los 80 se fue a vivir a Ecuador y Colombia, donde mostró sus obras en las principales galerías de Quito, Medellín, Barranquilla y Bogotá. Al cabo de diez años regresó a su ciudad natal, exhibiendo su trabajo en las galerías barcelonesa Mayte Muñoz, Gaudí, René Metrás, Jordi Barnadas, Ámbit, Miquel Alzueta y K. Asimismo, sus obras se han expuesto en el Palau Solterra de la localidad gerundense de Torroella de Montgrí, una de las cinco sedes de la Fundación Vila Casas y en Espai G y Factoría Cultural, ambas de Terrassa, Alba Cabrera (Valencia) y Sharon (León). En el extranjero ha expuesto en Alemania, Francia, Dinamarca, Estados Unidos, Abu Dhabi, Arabia y China. Precisamente en Shanghái realizó diversos murales en los años 2010, 2012 y 2013. Ha participado en varias ferias europeas.
El hecho de haber residido unos años en Sudamérica le sirvió para captar la luz y el color de manera muy singular, ya que se trata de un continente muy distinto al nuestro, tanto cultural como geográficamente. Ello le permitió conocer de cerca sus tradiciones milenarias tan alejadas de la cultura mediterránea. De todos modos, el conocimiento de ambos mundos aparece reflejado de algún modo en sus obras.
Aunque el trabajo de Laura Iniesta se mueve entorno a la abstracción, no siempre ha sido así, sino que hasta principios del presente milenio le interesaba el realismo mágico, el hiperrealismo e incluso el arte povera o conceptual, tal como pudimos comprobar en las exposiciones que efectuó en las galerías Gaudí y René Metrás. Precisamente fue en esta última sala donde conocí personalmente a la artista. Se trataba de una muestra en la cual destacaban los collages y los ensamblajes, asociándose la pintura con la escultura a través de una especie de tótems o fetiches y cajas con diversos objetos. Es obvio que el color era uno de los principales protagonistas de la exposición, dejando bien evidente que aún tenía en su retina el extremado e impactante colorismo existente al otro lado del Atlántico.

“L’habitació del darrere”. Un recorrido por el subconsciente de la abstracción
Esta exposición recoge un conjunto de obras creadas estos diez últimos años, entre las cuales hay una pieza de grandes dimensiones que ocupa una gran parte de la pared central de la sala principal que la artista ha titulado El meu germà bessó (Mi hermano gemelo) creada expresamente para este espacio. Para la artista este “hermano gemelo” es el arte. Un arte que lleva dentro desde sus inicios como artista ya que le permite, desde una óptica anímica y afectiva, abrirse completamente hacia el exterior a través de un proceso creativo muy intenso.
El motivo por el cual la artista ha puesto el título de L’habitació del darrere, es que se trata de una dependencia que suele estar escondida y que tiene un cierto componente misterioso que, de algún modo, sirve para dejar a un lado aspectos o situaciones que han quedado en el olvido.

Cada una de sus obras refleja a la perfección su forma de entender el mundo de la abstracción. Un mundo donde el subconsciente se manifiesta de diversas maneras, todas ellas plasmadas a partir de un universo donde lo tangible se distingue de lo que se puede considerar como innecesario, pero con la idea de alcanzar lo que es verdaderamente fundamental como es la creatividad y la imaginación.
La muestra es un compendio de las diferentes tendencias de la abstracción, sean desde la óptica del expresionismo abstracto americano como del informalismo europeo. El gesto, la mancha, el espacio, la materia, el collage y la action painting aparecen libremente en sus telas y papeles. De hecho, su pintura es abierta, desenvuelta y apasionada donde se perciben numerosos aspectos esencialmente vitales, a pesar de que no se aprecien en un primer momento, aunque de algún modo están presentes.

En algunas de las obras, principalmente las que tienen de soporte el papel, se observa su interés por la caligrafía oriental, debido a que desde siempre se ha sentido atraída por la filosofía zen. Precisamente el crítico y artista japonés Shuso Yachi al referirse a su trabajo advierte que “las líneas negras que se mueven libremente crean su propia forma y márgenes al mismo tiempo (…) En caligrafía, el pincel se mueve una sola vez”. Es cierto, en obras como Aquiles y Elevación, ambas de 2022, o bien las más recientes como las tres de la Suite Amsterdam, el trazo enérgico –el gesto- de la artista origina que las líneas negras sean gruesas o delgadas, parece que estén danzando sobre un espacio en blanco, consiguiendo a la vez que las obras respiren.
En otras piezas el uso del color adquiere un gran protagonismo, tanto si aplica tonalidades neutras, caso del negro -a partir de unas manchas extremadamente gruesas-, o del rojo, amarillo y ocre, aunque éstos desde una posición más discreta sobresalen a nivel compositivo por su acentuado cromatismo. Utiliza la materia a través de pigmentos, polvo de mármol, el collage o a través del dripping –la técnica que permite dejar chorrear la pintura libremente por la tela, tal como hacía su precursor, el estadounidense Jackson Pollock-.

Suele pintar las telas en el suelo, ya que tiene la necesidad de notar el contacto entre la materia y el soporte, integrándose completamente dentro de la propia pieza. La artista suele comentar que su obra es como un espejo que brilla en su universo más íntimo. De todos modos, añadiría que también nos muestra su vida externa, no tanto por su carácter abierto y expresivo, sino porque sabe contagiar al espectador una profusión de emociones y sentimientos que le hacen ser partícipe de la obra, consiguiendo que exista un diálogo entre ambos. Laura Iniesta se siente como una “alquimista, debido a que resulta sorprendente como un cambio casi imperceptible de color o forma, exprese estados emocionales diferentes”.


















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