Las nueve musas
Afectiva

La resonancia afectiva

La resonancia afectiva, un concepto familiar para nosotros, es algo considerado erróneamente obvio por parte de la población general.

Un terapeuta, público o privado, cualquiera afincado aquí en Asturias, en Oviedo, ha visto la semana pasada a varias personas que no emanaban una natural resonancia afectiva.

Resonancia afectivaPudieron sentirlo, en su superávit o en su ausencia, porque ellos si tenían resonancia afectiva. Son las misma tripas de las que hablaba aquel insigne psiquiatra vasco que nos enseñó los mecanismos animales del miedo.

El miedo se siente, se respira, se palpa en el aire, quizás porque puede ser cierto que aun residen en nosotros destrezas del hombre antiguo, de un código ancestral que tenía más que ver con la capacidad de erizarse de la piel que con gurús de la criminología.

Puedo sentir en consulta cuando mi interlocutor apenas siente nada. Cuando le importo lo mismo que un protozoo, puedo sentirlo en mi propio ego. Esa no es la cuestión. Mucho más crucial es la presencia clínica de escasa resonancia afectiva en personas que sufren o que hacen sufrir a los demás.

Para apelar a la capacidad de las personas que trato para girar la cabeza cuando les hablo de un sueño o de un objetivo que creo les puede ayudar a sublimar sus problemas estoy contando con su resonancia afectiva. Me gusta el concepto de sublimación de conflictos; si bien es cierto que en un intento de acercarlo a la gente lo cocinamos desprovisto de excesos psicodinámicos. Lo hacemos nuestro. Una persona con un objetivo ya no está sola. Una persona con un plan B quizás pueda dormir.

Se puede observar el odio y la rabia hacia los demás o hacia uno mismo en el grado, si bien aparente, de resonancia en un speech sobre la familia de uno. Sea proyectivo o introyectivo puede sentirse gracias a lo gestual, a la tensión que conlleva el hermetismo o al tono de voz.

Esta semana veremos otra vez a personas que sienten demasiado o demasiado poco. Si logramos ponderar cuánto hay de uno y cuánto es sintomático, huir otra vez del papel de jueces, veremos mucho más del problema de esa persona.


 

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Pedro Rico

Pedro Rico

Pedro Rico nació en Gijón; sin embargo, se crió y creció en Oviedo (Asturias), en cuya Universidad se licenció en Psicología en 2006.

Psicólogo clínico, ha trabajado en una unidad de corta estancia, una unidad de rehabilitación y hospital de día para trastorno mental grave, centros de salud mental para adultos, infanto-juveniles y toxicomanías, servicios de interconsulta en dos hospitales generales con incidencia en apoyo a la Oncología, un centro de atención primaria, un centro de daño cerebral y un centro psicogeriátrico.

Me formé en la utilización de técnicas provenientes de las escuelas más importantes, como el conductismo, el cognitivismo, la terapia familiar y sistémica o las perspectivas más filosóficas y humanistas.

Tuve la oportunidad de poner en práctica dichos conocimientos, así como dirigir terapias grupales orientadas a diferentes patologías.

Este recorrido desembocó en mi paso por la Unidad Asistencial de Formación e Investigación en Psicoterapia del Hospital Universitario La Paz en Madrid. Esta unidad articula un programa formativo para psicólogos y psiquiatras basado en la integración de conceptos y herramientas de las perspectivas más válidas en la atención a la salud mental en diversos servicios asistiendo a personas ingresadas por distintos motivos médicos, a familias y a grupos.




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