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etnia Yekwana

La etnia Yekwana

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La etnia Yekwana, también conocida como Maquiritare, es un grupo indígena que habita principalmente en el sur de Venezuela, en la región amazónica, y en algunas áreas de la Amazonia brasileña.

Son un pueblo de origen caribe que se caracteriza por su conexión profunda con los ríos y selvas de su entorno, lo que ha marcado su modo de vida, costumbres y cosmovisión.

Yekuanas

Localización geográfica

Los Yekwana se encuentran en la cuenca del río Caura, en el estado Bolívar, así como en las márgenes del río Ventuari, en el estado Amazonas de Venezuela. También están presentes en el Parque Nacional Canaima, en las cercanías del río Caroní. En Brasil, algunos grupos se han asentado cerca del río Orinoco, formando una pequeña población transfronteriza.

El río Caura

El río Caura es uno de los afluentes más importantes del río Orinoco y uno de los ríos más majestuosos de Venezuela. Nace en la Sierra de Jaua-Sarisariñama, en el estado Bolívar, y fluye hacia el noreste por más de 700 kilómetros antes de desembocar en el Orinoco. El río Caura atraviesa una de las áreas más biodiversas y prístinas del país, albergando extensas selvas tropicales y siendo el hogar de varias comunidades indígenas, incluyendo los Yekwana y los Sanemá, además de otros grupos originarios.

El Caura es un río de aguas oscuras, una característica común de los ríos que atraviesan bosques tropicales, debido a la presencia de ácidos húmicos y otros compuestos orgánicos provenientes de la descomposición de la vegetación. Está rodeado por densa vegetación, lo que contribuye a su biodiversidad y la protección de la fauna que lo habita. La cuenca del Caura cubre aproximadamente 45,336 km², y es reconocida por su riqueza en flora y fauna, así como por la baja intervención humana en buena parte de su recorrido.

El río y sus alrededores forman parte de una región de gran biodiversidad, siendo hogar de especies tanto de flora como de fauna únicas. Entre los animales más emblemáticos de la región se encuentran jaguares, delfines de río, anacondas, caimanes, y numerosas especies de aves. La cuenca del Caura alberga también una gran variedad de peces, muchos de los cuales son fundamentales para la alimentación de las comunidades indígenas que habitan en sus orillas.

El río Caura es vital para los pueblos indígenas que habitan en su cuenca. Para ellos, el Caura no solo es una fuente de agua y alimentos, sino también un elemento central en su cosmovisión y cultura. Los Yekwana, por ejemplo, tienen una relación sagrada con el río y creen que está habitado por espíritus y seres que deben ser respetados. La agricultura, la pesca y la caza son actividades fundamentales para su subsistencia, y dependen en gran medida del equilibrio ecológico del río y sus alrededores.

La cuenca del río Caura está considerada una de las áreas de mayor conservación ecológica de Venezuela. El entorno ha sido relativamente poco intervenido por la mano del hombre, aunque en años recientes ha habido crecientes amenazas, principalmente por la minería ilegal y la deforestación. Estas actividades no solo ponen en peligro el ecosistema, sino también las formas de vida de las comunidades indígenas que habitan en la región.

El Caura fue objeto de atención nacional e internacional por los esfuerzos para declararlo área protegida y por la lucha de las comunidades indígenas y organizaciones ambientales por evitar su explotación. En 2017, se declaró la creación del “Parque Nacional Caura”, con el fin de proteger su biodiversidad y asegurar la conservación de esta región de alto valor ecológico. Esta medida ha sido clave para proteger su riqueza natural, pero aún enfrenta grandes desafíos debido a la presencia de actividades extractivas ilegales.

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El río Ventuari

El río Ventuari es otro de los principales afluentes del río Orinoco y un río de gran importancia geográfica, ecológica y cultural en el sur de Venezuela. Nace en las sierras de Parima, cerca de la frontera con Brasil, y fluye a lo largo de unos 500 kilómetros a través del estado Amazonas, en la región amazónica del país, antes de unirse al Orinoco. Es una de las zonas más remotas y biodiversas de Venezuela, caracterizada por su escasa intervención humana y su diversidad natural.

El río Ventuari es un río de aguas claras, en contraste con otros ríos amazónicos de aguas oscuras, lo que refleja las diferencias en la composición de los suelos y la vegetación circundante. Su cuenca se extiende por más de 45,000 km² y está rodeada por selvas tropicales densas, formaciones rocosas y serranías, que contribuyen a su belleza escénica y su complejidad ecológica.

El curso del río está marcado por rápidos, cascadas y cañones, como los famosos “Raudales de Ventuari”, lo que lo convierte en un río de difícil navegación en ciertas secciones. Esto ha contribuido a su relativo aislamiento, preservando la integridad ecológica de la región. Además, debido a su ubicación remota, gran parte de la cuenca del Ventuari ha sido poco explorada, lo que la convierte en una de las áreas más vírgenes de la Amazonía venezolana.

La cuenca del Ventuari es hogar de una rica biodiversidad, albergando numerosas especies de flora y fauna. Entre los mamíferos se encuentran jaguares, tapires, monos, y otros animales típicos de la selva amazónica. También es conocida por su diversidad de aves, con cientos de especies documentadas, incluyendo guacamayos, tucanes y águilas arpías. El río también sustenta una amplia variedad de peces, lo que lo convierte en una fuente crucial de alimento para las comunidades indígenas.

El entorno que rodea al Ventuari es conocido por albergar varias especies endémicas y otras que están en peligro de extinción, por lo que es considerado un área prioritaria para la conservación en Venezuela. Las selvas y ríos de esta región juegan un papel importante en la regulación del clima y en el ciclo hidrológico, así como en la absorción de carbono.

El río Ventuari ha sido históricamente el hogar de diversas comunidades indígenas, entre las cuales destacan los Yekwana y los Yanomami, dos de los pueblos más emblemáticos de la región amazónica. Para estos pueblos, el río no solo es una fuente de sustento, sino también un elemento central en su cosmovisión. Los Yekwana, en particular, viven en aldeas a lo largo del río, y su vida gira en torno a la pesca, la agricultura y la cestería.

Los Yanomami, que también habitan en las cercanías del Ventuari, tienen una relación profundamente espiritual con la naturaleza, considerando que todos los elementos del entorno, incluidos los ríos, las montañas y los animales, están habitados por espíritus. Esta relación espiritual se refleja en sus rituales y creencias, que buscan mantener el equilibrio con el mundo natural.

El río Ventuari y su cuenca son fundamentales para el equilibrio ecológico de la Amazonía venezolana. Al ser una de las áreas menos intervenidas por la actividad humana, actúa como un refugio para muchas especies y como una reserva natural que ayuda a mitigar los efectos del cambio climático. Además, la cuenca del Ventuari es crucial para la salud del sistema hidrológico del Orinoco, el tercer río más caudaloso del mundo.

A nivel de conservación, el Ventuari forma parte del Gran Ecosistema Amazónico, una de las zonas prioritarias en términos de biodiversidad global.

A pesar de su aislamiento, el río Ventuari no está exento de amenazas. La minería ilegal, en busca de oro y otros minerales, ha comenzado a afectar algunas áreas de la cuenca, generando problemas de contaminación y deforestación. Estas actividades ilegales, a menudo vinculadas a grupos armados, representan una seria amenaza para el equilibrio ecológico del río y para la salud y seguridad de las comunidades indígenas que dependen de él.

Otro desafío es la presión sobre los recursos naturales debido a proyectos de infraestructura o concesiones para la explotación de recursos en la región amazónica. Aunque el gobierno venezolano ha implementado algunas políticas de protección, como la creación de áreas protegidas, la falta de recursos y la gobernanza en la región amazónica dificulta la implementación efectiva de estas medidas.

río Caura

El Parque Nacional Canaima

El Parque Nacional Canaima, situado en el sureste de Venezuela, en el estado Bolívar, es una de las áreas naturales más emblemáticas y extensas del país, con una superficie de aproximadamente 30,000 km², lo que lo convierte en el segundo parque más grande de Venezuela y uno de los parques nacionales más grandes del mundo. Este parque fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994 debido a su singular belleza y su relevancia ecológica y geológica.

Canaima es famoso por sus “tepuyes”, mesetas gigantescas de cumbres planas y paredes verticales que sobresalen del paisaje, y que son formaciones geológicas únicas en el mundo. Estos tepuyes, como el Roraima y el Auyantepui, son restos de una de las formaciones rocosas más antiguas del planeta, datando de más de 2,000 millones de años. Auyantepui es particularmente conocido por albergar el “Salto Ángel”, la cascada más alta del mundo, con una caída de 979 metros.

Grupo indígena

El parque está dividido en dos sectores principales: el sector occidental, conocido como “Gran Sabana”, y el sector oriental, donde se encuentran los famosos tepuyes. La Gran Sabana es una vasta planicie de sabana intercalada con colinas, ríos y cascadas. Este paisaje combina praderas interminables, bosques tropicales y selvas húmedas, creando una increíble variedad de ecosistemas.

El Parque Nacional Canaima es hogar de una biodiversidad impresionante debido a su variada topografía y ecosistemas. En sus selvas y sabanas habitan especies icónicas como el jaguar, el oso hormiguero gigante, el tapir, el puma y diversas especies de monos. También se encuentran numerosas aves endémicas y una rica variedad de reptiles, anfibios e insectos.

Los tepuyes son especialmente importantes desde el punto de vista ecológico, ya que actúan como islas biogeográficas. Debido a su aislamiento, estos gigantes de piedra han desarrollado ecosistemas únicos que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo. Muchas de las especies de plantas que crecen en las cumbres de los tepuyes son endémicas, lo que significa que solo existen en esas formaciones.

Además, Canaima es un refugio para numerosas especies de plantas medicinales utilizadas por las comunidades indígenas, así como una gran variedad de orquídeas y bromelias. La flora del parque es igualmente diversa, y los bosques y sabanas de la Gran Sabana también son ricos en plantas únicas adaptadas a las condiciones extremas del suelo y el clima.

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El Parque Nacional Canaima es el hogar de varios pueblos indígenas, entre ellos los Pemón, que han habitado la región durante siglos. Para los Pemón, los tepuyes y el resto del paisaje de Canaima tienen un profundo significado espiritual. Consideran los tepuyes como morada de los espíritus ancestrales y seres míticos, y el Salto Ángel es conocido por ellos como *Kerepakupai Merú*, que en su lengua significa “salto desde el lugar más profundo”.

La vida de los Pemón está intrínsecamente ligada a la tierra y al entorno natural. Practican una economía basada en la agricultura de subsistencia, la caza, la pesca y la recolección, pero también participan en el turismo, ya que el parque es un destino importante para visitantes de todo el mundo. A través de su cosmovisión y tradiciones, los Pemón han mantenido una relación de respeto y equilibrio con su entorno, lo que ha contribuido a la preservación del parque.

El Salto Ángel es una de las maravillas naturales más destacadas del Parque Nacional Canaima y, sin duda, una de las más conocidas a nivel mundial. Con casi un kilómetro de altura, esta cascada, la más alta del mundo, es una de las principales atracciones del parque. El agua del salto proviene de las lluvias que caen sobre el Auyantepui, y su caída libre forma una bruma que se puede ver desde kilómetros de distancia. El salto fue descubierto en 1933 por el aviador estadounidense Jimmy Angel, de quien tomó su nombre en el ámbito internacional.

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A pesar de su belleza y su estatus como área protegida, el Parque Nacional Canaima enfrenta varios desafíos. Las actividades mineras ilegales, especialmente en busca de oro, han afectado algunas áreas del parque, causando deforestación, contaminación de ríos y destrucción de hábitats naturales. Estas actividades, aunque prohibidas, han sido difíciles de controlar debido a la lejanía del parque y la falta de recursos para hacer cumplir las leyes de protección ambiental.

Otra preocupación importante es la presión del turismo. Aunque el turismo puede ser una fuente vital de ingresos para las comunidades locales, si no se gestiona adecuadamente, puede tener impactos negativos en el medio ambiente, como la degradación de senderos, la contaminación y el estrés sobre los recursos naturales. Por ello, los esfuerzos para fomentar un turismo sostenible son clave para la protección del parque.

El Parque Nacional Canaima es un tesoro natural de incalculable valor, no solo para Venezuela, sino para el mundo entero. Su geología única, su biodiversidad extraordinaria y su significado cultural y espiritual lo convierten en un lugar insustituible. La conservación de este patrimonio es crucial, tanto para preservar los ecosistemas que alberga como para garantizar que las futuras generaciones puedan admirar la belleza y la riqueza de este paraíso natural.

En resumen, Canaima es un símbolo de la diversidad y la majestuosidad natural de Venezuela, que combina un paisaje espectacular con una rica herencia cultural.

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Organización social y política

La sociedad Yekwana se organiza de manera comunitaria, siendo las aldeas el núcleo de su estructura social. Estas aldeas están formadas por casas comunales, llamadas *churuatas*, donde conviven varias familias extendidas. Tienen una estructura social que valora el respeto a los ancianos y la importancia de los líderes comunitarios, que suelen ser hombres con experiencia en la vida tradicional y en los conocimientos sobre la selva y la espiritualidad.

La economía de los Yekwana es de subsistencia, basada principalmente en la agricultura de roza y quema, que consiste en la tala controlada de áreas forestales para la siembra de cultivos como yuca, plátano, maíz y otros tubérculos. También practican la pesca, la caza y la recolección, lo que refuerza su autosuficiencia. Otro aspecto importante de su economía es la elaboración de artesanías, especialmente la cestería, conocida por sus intrincados diseños geométricos y la calidad de su confección. Estas cestas, conocidas como “guapas”, son valoradas tanto dentro como fuera de las comunidades indígenas.

etnia Yekwana

La espiritualidad Yekwana está profundamente ligada a la naturaleza. Creen en un equilibrio entre los seres humanos y los espíritus de la selva, los animales y los ríos. Sus mitos y leyendas narran el origen de su pueblo y el mundo, y están cargados de simbolismo que refleja su relación con el medio ambiente. Los chamanes o líderes espirituales tienen un rol fundamental en la vida comunitaria, ya que son intermediarios entre el mundo de los humanos y el de los espíritus.

Como muchas otras etnias indígenas en la región amazónica, los Yekwana enfrentan varios desafíos en el mundo moderno. La minería ilegal, la deforestación y los proyectos de infraestructura amenazan su territorio y estilo de vida. Además, la presencia de grupos armados y las tensiones por el control de recursos naturales han creado situaciones complejas para su supervivencia cultural y física. A pesar de esto, muchos Yekwana han mantenido sus tradiciones y luchan por la protección de su territorio y derechos.

En resumen, los Yekwana representan una cultura rica y compleja, que ha sabido mantener una relación armoniosa con su entorno natural y preservar una identidad fuerte a lo largo de los siglos, pese a los desafíos externos que enfrentan.

Fotografías de la etnia © Alfredo Cedeño

José Rico

José Rico nace en Oviedo (España) en 1956.

Estudia en la Universidad de su ciudad natal, las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, pero no finaliza ninguna de las dos dedicándose durante muchos años a tediosos y poco edificantes trabajos de seguros, transportes, venta de fitosanitarios, construcción y productos financieros.

Lector apasionado por la poesía desde muy joven es, en la actualidad, Gestor cultural.

Fundador y administrador de la desaparecida red social de escritores en lengua castellana "palabra sobre palabra".

Entre octubre de 2015 y finales de 2016 dirige el Ateneo Las nueve musas donde se imparten cursos online de artes, ciencias y humanidades.

Autor, junto a Alonso Pinto Molina, del blog "Ángel González - poeta", homenaje al poeta de Áspero mundo y Tratado de urbanismo. Blog que se trunca al año de su nacimiento dada la insistencia de la viuda del poeta en censurar los contenidos del mismo.

Editor de "MEMORIA 2012" (Editorial Círculo Rojo), "El viaje" (2013) Editorial círculo Rojo, "La gramática de las cigarras" (2014) Editorial Círculo Rojo. "En este banco" (2016) Ruíz de Aloza Editores.

Desde al año 2015 es Director-Editor de la revista de artes, ciencias y humanidades "Las nueve musas".

En agosto de 2017 comienza con el proyecto editorial Las nueve musas ediciones.

Ha publicado el poemario "Ayer soñé que calvo me quedaba" (Las nueve musas ediciones - 2020)

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