“Hacer arte es formar el material”
Vladimir Tatlin
“La inspiración es trabajar todos los días”
Charles Baudelaire
“Lo personal, lo íntimo, en las cosas del mundo debe revelarnos lo trascendental de lo que constantemente tenemos ante nuestros ojos”
Torres-García. El descubrimiento de sí mismo. 1917

Ciclo de exposiciones con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Torres-García
Para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento de Joaquín Torres-García (Montevideo, Uruguay, 1874-1949) se han llevado a cabo diversas exposiciones en España, entre las cuales destacan las del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la sala Dalmau de Barcelona, que recientemente ha cerrado sus puertas después de 45 años apostando por el arte de vanguardia desde la segunda mitad del siglo pasado hasta la actualidad, y la sala Parés, también de la capital catalana, considerada como una de las galerías de arte más antiguas de Europa, que ofrece la muestra Torres-García. Entre el Noucentisme y las vanguardias (1891-1934), centrada principalmente en su presencia en Catalunya hasta su regreso a su ciudad natal. Posteriormente la exposición irá a Madrid, concretamente a la galería Leandro Navarro.
En el MNCARS y en la sala Dalmau se han exhibido obras de diferentes momentos creativos del artista, en cambio en la sala Parés la muestra compuesta por unas 120 obras, entre óleos, obra sobre papel y juguetes, sirve para constatar el afecto y estimación que sintió por Barcelona, ciudad que le acogió durante cuatro décadas y que permitió que conociera y valorara diferentes formas de expresión plástica: modernismo, noucentismo de raíces mediterráneas y constructivismo.
La exposición cuenta con la colaboración del Museo Torres-García de Montevideo, de la Generalitat de Catalunya y de la propia familia del artista. La mayoría de las piezas que se exhiben proceden de colecciones privadas, entre las que sobresalen los dibujos preparativos de los frescos del Salón de Sant Jordi del Palau de la Generalitat. Asimismo, se ha editado un excelente catálogo con textos de la Dra. Michela Rosso, profesora de la Universidad de Barcelona y especialista en la obra del artista.

Entre Barcelona, Nueva York, París y Montevideo. Un artista universal
Cuando sólo contaba 16 años marcha de su ciudad natal junto con su familia y se instala en Mataró, ciudad cercana a Barcelona -de donde era originario su padre. Su madre era uruguaya-. Su formación artística en sus inicios se basó principalmente en acudir a la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Mataró. Posteriormente estudia en diferentes centros barceloneses: Escuela Oficial de Bellas Artes, Academia Baixas y Círculo Artístico de Sant Lluc.
Es importante resaltar que durante su estancia en la Escuela de Bellas Artes (1892-1895) tuvo como compañeros a quienes fueron destacados pintores, como por ejemplo, el modernista Isidre Nonell, el impresionista Joaquim Mir, el postimpresionista Ricard Canals y el noucentista Joaquim Sunyer. Todos ellos tenían en común su interés por pintar à plein air.

El hecho de frecuentar Sant Lluc le sirvió para acercarse y conocer el modernismo a través de diversas revistas que llenaban la biblioteca del Círculo. Pero su interés por esta nueva manera de expresión plástica se acrecentó con motivo de visitar una exposición en la sala Parés donde se exhibían grabados de reconocidos cartelistas como Henri Tolouse-Lautrec, Alphonse Mucha y Théophile Steinlen.
Su primera obra fue un óleo que pintó en Mataró a los 17 años. Antes de dedicarse plenamente a la pintura, trabajó como ilustrador en revistas como Pèl & Ploma, publicación relacionada con el modernismo, y en las editoriales Gustavo Gili y Librería y Tipografía Católica. Se da la circunstancia que usaba el pseudónimo de Quim Torras en sus labores de dibujante en periódicos y revistas como La Vanguardia, Iris, El Gato Negro, La Saeta, La vida literaria y Barcelona Cómica. A finales de los 90 frecuentó Els Quatre Gats, donde se reunían los artistas más inquietos de la época: Picasso, Nonell, Utrillo, Casas, Rusinyol…

A partir de 1901, según Michela Rosso, el artista reivindica “un sentimiento religioso del arte que trasciende lo puramente estético y -a pesar de rehuir el realismo concebido como la reproducción de lo visible- atribuye al artista la capacidad de acceder al orden esencial desde la percepción del mundo”. Esta actitud la tendrá a lo largo de su trayectoria plástica y en sus planteamientos teóricos a través de diversas publicaciones y conferencias. Su interés por lo que se entiende como tradición cultural mediterránea dentro de la órbita renovadora del arte catalán, o sea, el denominado Noucentisme, le llevará a relacionarse con esta corriente. Ello se produce cuando en 1909 recibe el encargo de colaborar en la reforma del Palau de la Generalitat, bajo la iniciativa de Enric Prat de la Riba, quien fue presidente de la Diputación de Barcelona y de la Mancomunidad de Catalunya.
Dos años más tarde realiza un conjunto de cartones para las vidrieras de la Sala del Consell, combinando la técnica habitual con “el procedimiento de la superposición de vidrios de los tres colores primarios y de diferente grosor”. Esta manera de trabajar la adquirió a través de Antoni Gaudí cuando estuvo colaborando con él en la restauración de la Catedral de Palma de Mallorca. Igualmente intervino en la decoración mural del Salón de Sant Jordi. Para tener más información sobre la técnica del fresco estuvo una temporada en Italia. Pero, no sólo realizó estas decoraciones, sino que también lo hizo en diversos espacios privados, públicos y religiosos. En 1910 decoró el Pabellón de Uruguay de la Exposición Universal de Bruselas.

En 1917 Torres-García avanza hacia una nueva forma de expresión, concretamente se dirige hacia lo que se podría considerar como moderno, o sea, se distancia del mediterranismo abocándose a mostrar la realidad del momento: lo contemporáneo. Este cambio se ve reflejado en la exposición que celebró en las antiguas Galerías Dalmau. De algún modo, la influencia ejercida por el futurismo a través de Marinetti y sus máquinas -y a su vez por el poeta Joan Salvat-Papasseit– aparecen en algunas de sus obras: barcos, automóviles, tranvías, locomotoras… Todo ello es una manera de representar la modernidad.
De aquella época también son sus juguetes. Unas pequeñas esculturas de madera pintadas que se exhibieron también en las Galerías Dalmau. Junto con el industrial egarense, Francisco Ramblà, funda la Sociedad del Juguete Desmontable con la idea de que sirva no solamente desde el aspecto comercial, sino que tenga otras finalidades, como son la pedagógica y la artística.

En 1920 se traslada a Nueva York con su familia, donde residirá dos años solamente. Pero no se siente cómodo en la ciudad, ya que le produce un sentimiento desigual: por un lado, le agrada que sea una urbe moderna, pero, por otro, no está de acuerdo con los valores materialistas que acompañan este modelo de sociedad, y decide regresar a Europa. Primero se dirige a la localidad italiana de Fiesole, después a la ciudad francesa de la Costa Azul, Villefranche-sur-Mer y más tarde a París, donde se instala en 1926. En la capital francesa es cuando lograr articular un nuevo lenguaje que sintoniza perfectamente con su ideario: el constructivismo universal. Esta modalidad plástica se convertirá en su contribución más importante dentro de las vanguardias del siglo pasado.
En 1932 vuelve a España, pero al poco tiempo regresa a su ciudad natal donde vivirá hasta su muerte. Allí funda la Asociación de Arte Constructivo y simultanea su trabajo artístico con la docencia como profesor de la Facultad de Arquitectura. Edita la revista Círculo y Cuadrado. El Taller Torres se constituyó entre los años 1942 y 1943, ofreciendo clases de pintura para jóvenes artistas. Después de su muerte el Taller seguirá en pie hasta finales de los 60 gracias al empeño de algunos de sus discípulos por seguir las ideas y teorías de su creador. En 1944 publica el libro Universalismo constructivo, que ayuda a entender y comprender mejor su visión sobre el arte contemporáneo.

Torres-García. Entre el noucentisme y las vanguardias. 1891-1934
De las 120 piezas de que consta la exposición, la más antigua corresponde a una acuarela sobre papel de 1894 titulada Jarrón con flores y la más moderna el óleo sobre cartón, Velero blanco de 1947 poco antes de su muerte. De todos modos, la mayoría de las obras que se exhiben abarcan una gran parte de su proceso creativo, aunque predominan los esbozos cedidos por la Generalitat de Catalunya que ocupan un lugar destacado de la sala central, además de la producción realizada en Barcelona. Asimismo, se muestran algunas piezas provenientes de sus estancias en Nueva York y París de los años 20. Como señala el subdirector de la galería, Sergio Fuentes Milà, “El joven Torres-García es un pintor que explora, que prueba, que estudia, pero qué, sobre todo, es capaz de construir un arte personal cuya finalidad es la de conectar con el orden esencial desde la percepción y plasmar este orden mediante una propuesta artística propia”. Esta propuesta llegó después de su permanencia en París a través del arte constructivo universal. Debido a la singularidad de su propuesta su obra ya forma parte de la Historia del Arte. Posteriormente sus seguidores y discípulos aún la engrandecerán más.

En sus primeras obras ya se aprecia su interés y predisposición para el dibujo que, sin ser de un realismo acentuado, sí responde a los modelos de la época, tal como se puede comprobar en La Salpêtriere, 1898 y La Boba, 1900. En el primer caso hace referencia a un antiguo hospital parisino del siglo XVII donde se internaba a los pobres y vagabundos. A finales del siglo XVIII hubo un suceso que convulsionó la ciudad debido a la masacre de una treintena de mujeres que estaban en el hospital. Torres-García hizo una reinterpretación de este acontecimiento, en que aparece una mujer muerta en el suelo, mientras otras la están mirando, exclamándose o llorando. Respecto a La Boba, representa a una mujer sonriendo que recuerda a las figuras femeninas de Nonell.

Como hemos señalado anteriormente, se exhiben un conjunto de esbozos de los frescos del Salón de Sant Jordi realizados en 1912, como es el Esbozo para la Catalunya Eterna, que es el primero de los que pintó, en que se explican diversos aspectos relacionadas con el país, desde la cultura, el conocimiento, el trabajo, la fertilidad… a través de una serie de personajes masculinos y femeninos vestidos o desnudos, en un estrilo clásico mediterráneo. Otros esbozos que se exhiben son La Catalunya Industrial y La Bòbila. En total Torres-García realizó cuatro murales y el esbozo del quinto, pero debido a la muerte de su impulsor Prat de la Riba en 1917, se canceló el encargo.
Dentro de esta inspiración marcadamente clásica se muestran obras como la témpera sobre cartón Dos mujeres junto a una fuente, 1905 y los óleos sobre tela Mujeres de pueblo, 2011 y La fuente griega, 1912, en que representa a diversas mujeres jóvenes peinándose al lado de una fuente o bien llevando cestos llenos de fruta.

Coincidiendo con el final de su intervención en los murales de la Diputación de Barcelona, se produce un cambio importante en su devenir artístico, ya que se aleja de la pintura de raíz mediterránea -aunque regresará en diferentes momentos- y se decanta por la “la representación de la realidad contemporánea”. Por ello, de 1917 hay un conjunto de óleos en los que se aprecia nítidamente este cambio como son el bodegón Objetos de tocador, el paisaje urbano Calle de Barcelona o las escenas costumbristas Estación y Entoldado.
Cuando vuelve de su corta estancia en Nueva York y vive un tiempo en Francia, hasta finales de los 20, Torres-García se sumerge en el que será su lenguaje plástico más conocido: el constructivismo. Hay una pequeña acuarela y rotulador sobre papel creada en París: M. Arène, tailleur, 1927, en la que ya se adivina esta transformación y en Café de París, 1928, se produce este paso de manera plena. Otras piezas del mismo año: Constructivo y Constructivo en cinco colores, muestran, según su autor, “la comunión del hombre con el orden cósmico”. Se trata de un lenguaje abstracto geométrico, esquematizando los objetos que aparecen en sus cuadros, ya que “no puede existir, para mí, convicción mayor que ésta: primero la estructura, después la geometría, luego el signo, finalmente el espíritu, y siempre la geometría”.
En cuanto a sus esculturas de madera, o sea los juguetes Aladdin Toys, están expuestas en una sola sala, lo que permite contemplarlos con mayor atención. Estos objetos infantiles que, como hemos comentado anteriormente, los creó también con propósitos educacionales, son los mismos o al menos se asemejan a determinados elementos de sus obras dimensionales, representándolos a modo de vehículos (Camión lechero y Camión,1917-1919), animales (Jirafa y Burros y caballo, 1917-1919, Pelícano, 1922-1923 y Perrito, 1924-1925) y personajes (Hombrecito con tres cabezas, 1922 y Hombre gris, 1925-1926).























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