Las nueve musas
PIcasso
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Luego de finalizado el encuentro con que pre­tendíamos reivindicar nuestros de­rechos, algo en un muro de la calle San Juan, cerca de la Alpuja­rra, llamó mi atención: una suerte de Picasso, bastante más grotesco, se desprendía del gra­fiti emi­tiendo barbaridades hilarantes. Contorsionán­dose en el aire con la agili­dad de un saltimbanqui, el engendro mutante eludía los vehículos que cir­culaban ve­loces por el deprimido. Con un guiño de su ojo dislocado gesticulaba bochorno­samente como dirigiéndose a mí. Asombrado, lo dejé atrás y me fui a casa. «Qui­zás sea tiempo de dejar la mal­dita yerba», pensé, mientras volaba trepado en mi nube.

 

José Fernando Suárez Isaza

José Fernando Suárez Isaza

Autorreseña gramatical

Medellín, Colombia, año sesenta y tres. En la distancia, intento adjetivarme objetivamente. Tomo el diccionario: sólo soy un sustantivo común con ansias de calificar.

Me detengo largo tiempo en dos palabras: música y publicidad. Afición y profesión. Paso la página. Más adelante, aparecen diversas expresiones verbales en modo infinitivo, conjugadas de manera irregular y en cantidad variable de tiempo, modo y lugar: Vender, enseñar, transportar…

Escribir.

Me cayó ese “mal de letras” con el sol casi trepado en lo alto. Vinieron las lecturas, los deslumbramientos, los talleres, los aprendizajes. Fiebres muy altas, ideas que rondan, mal dormir. Efectos concomitantes. Algunas historias son ahora aviones de papel (Quitasol, Lexis, editorial U. P. B., Medellín en 100 palabras, Fundación Haceb, editorial Bola de Papel, Mundo de escritores…), valiosos aprendizajes con los que la fantasía se ha echado a volar. Otras, aguardan pista reducidas en hangares: un libro de cuentos, una colección de cien microrrelatos en cien palabras, una novela y un “Cajoncito de recuerdos”. He cometido versos, pero, ¿quién no ha pecado?

Salvo Las nueve musas, que me permite —algo que agradezco— la posibilidad de volar más lejos, es imposible por el momento destacar en mayúsculas un reconocimiento. Puro cuento sería. Mas, sigo aferrado a las letras, como si yo fuera su pronombre posesivo, como si de palabra nos hubiésemos comprometido a estar juntos por siempre en un futuro perfecto.

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