Las nueve musas

Giorgio Morandi. La esencia de la pintura

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“El arte se hace mediador entre la existencia indigente de los objetos y su liberación”
Luigi Magnani

“La naturaleza se hace paisaje cuando el hombre la enmarca”
Le Corbusier

Regreso a la normalidad expositiva

Después de estar prácticamente cerrada, la sala de exposiciones de la Fundación Catalunya La Pedrera, situada en el edificio de la Casa Milà en pleno centro de Barcelona, ha abierto sus puertas recientemente después de dos años de inactividad por causa de la pandémia, ya que se trata de un espacio muy visitado por el turista nacional y extranjero.

Precisamente su directora general Marta Lacambra señalaba que “el retorno es una alegría, una vuelta a la vida, estamos haciendo el mismo proceso que la sociedad, ahora que parece que recuperamos una cierta normalidad”.

Morandi
Morandi, resonancia infinita

Y qué mejor regreso que una exposición de alto nivel como es la deMorandi, resonancia infinita, que permite conocer de cerca la evolución de un artista inclasificable y a la vez excepcional como es el pintor y grabador italiano Giorgio Morandi.

El hecho de no pertenecer a un “ismo” concreto no le ha favorecido demasiado para que se reconozcan sus méritos artísticos, como también ha ocurrido con otros creadores caso de Georges Roualt, Marc Chagall, Valerio Adami y Balthus, entre otros. De todos modos, en estos últimos decenios se han celebrado retrospectivas de todos ellos, permitiendo que el público tenga un mayor conocimiento de sus aportaciones al arte de la segunda mitad del siglo XX.

Anteriormente la exposición se exhibió en el Museo Guggenheim de Bilbao y en la Sala Recoletos de la Fundación MAPFRE de Madrid, entidad que también ha colaborado en la organización de la muestra en Barcelona, aunque hay diversas novedades respecto a ella ya que aquí se muestra una recreación del estudio del artista, en donde puede observarse el proceso de creación de sus obras.

Las comisarias de la exposición son las italianas Daniela Ferrari y Beatrice Avanti, conservadoras del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Trento y Rovereto (MART), que han seleccionado un centenar de obras, entre pinturas, dibujos, acuarelas y grabados, de diferentes momentos de su trayectoria creativa, procedentes de diversos museos y colecciones privadas europeas.

La mayoría de las obras que se exhiben son naturalezas muertas, y el resto son paisajes y algunos retratos. Asimismo, hay un espacio didáctico en el que se aprecia el proceso de creación de la técnica del aguafuerte, además de la proyección de una versión del audiovisual La polvere di Morandi y de la implementación de dos itinerarios sonoros, uno musical y otro narrativo. La última vez que se pudo contemplar su trabajo en Barcelona fue en 1984 en el Palau Macaya, antigua sede de la Fundación La Caixa.

Giorgio Morandi. Un pintor intemporal y eterno

 Giorgio Morandi (1890-1964) nació en Bolonia, ciudad en la que transcurrió la mayor parte de su trayectoria artística. Siempre ha trabajado desde una óptica figurativa, interesándose principalmente por el paisaje y la naturaleza muerta dentro de un estilo muy personal, con “una gran pureza y elegancia, marcada por la armonía, la austeridad …y el silencio”, tres aspectos que caracterizan su obra, además de profundizar en todo lo concerniente a la composición, la luz, el color y la forma. Por ello se aprecia una pintura “silenciosa e inmóvil que registra en la poesía de los objetos domésticos de su estudio los estados del alma y el inexorable fluir del tiempo”.

Morndi
Natura morta, 1953-1954

Se formó en la Academia de Bellas Artes de Bolonia. Viajó a Florencia interesándose por los maestros renacentistas italianos. Posteriormente se dedicó a la docencia como maestro de dibujo en diversos colegios de su país. Más adelante le asignaron la cátedra de Técnicas de Grabado en la misma academia donde estudió. En sus primeras obras se aprecia su interés por la obra de Paul Cézanne y el cubismo. Posteriormente la pintura metafísica y el futurismo que, en aquel momento, eran predominantes en Italia, le producen un gran aliciente creativo. Curiosamente no estuvo en París y, por tanto, sólo conoció el trabajo de Cézanne, los impresionistas y postimpresionistas franceses, a partir de revistas y catálogos, así como por sus visitas a las exposiciones que realizaban en diversas ciudades italianas  Monet, Renoir, Cézanne… Del cubismo –Georges Braque y Pablo Picasso– tomó “la reducción de la paleta a escasas tonalidades de marrones y a la descomposición de los planos, mientras que de los futuristas adoptará la pincelada rápida y cargada de materia”.

Su primer paisaje fue en 1910 dentro de un estilo que podríamos considerar como impresionista. En 1914 realiza su primera exposición en una colectiva en el Hotel Baglioni de su ciudad natal, pero ya inmerso en el futurismo. Una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, en 1918, reinicia su trabajo dentro de la tendencia metafísica debido a su estrecha relación con Carlo Carrá y Giorgio de Chirico. Por ello, elementos como los “maniquís, esferas, botellas pasan a formar parte de su repertorio figurativo”. Pero no será hasta el año 1921 que se dedicará a pintar objetos cotidianos desde una visión muy particular en la que los efectos lumínicos y el espacio serán los principales protagonistas de sus obras.

Para Morandi las “nuevas ideas estéticas aún respondían menos que las viejas a las pretensiones de mi espíritu, Sentía que la única cosa que me podía guiar en la búsqueda de mi camino era comprender lo más vital que la pintura había producido a lo largo de los siglos anteriores”.

Su reconocimiento internacional se produjo en las décadas de los 20 y 30, en que participó en varias ediciones de la Bienal de Venecia. Además, consiguió diversos premios como, por ejemplo, el Carnegie de Pittstburgh,  la Quadrinnale de Roma, el Primer Premio de Pintura de la Bienal de Venecia y el Gran Premio de la ciudad de Sao Paulo. Su primera exposición monográfica tuvo lugar en 1939. En 1960 algunas de sus pinturas aparecieron en la película La dolce vita del director italiano Federico Fellini.

En 2001 se inauguró el Museo Morandi en Bolonia, cuyas colecciones de modo temporal se exhiben en el Museo de Arte Moderno, también conocido como MAMBO. Hace unos años tuve la ocasión de visitarlo, causándome una pequeña decepción, ya que me esperaba encontrar un mayor número de naturalezas muertas, debido a que es el tema relevante en su obra, y en cambio las pinturas y grabados eran de su primera época o bien de otras temáticas.

artista inclasificableMorandi. Resonancia infinita

 El título de la exposición se basa en la capacidad de hablar de nuestra alma a través de los cuadros, como una especie de sentimiento eterno. La muestra inicia su recorrido a partir del estudio del artista, representado por un gran mural fotográfico en que no aparece él, pero sí se puede advertir su presencia, ya que mientras lo contemplamos es como si nos adentráramos en su intimidad.

Habitualmente el taller de un artista es un lugar sagrado, al que pocas personas tienen acceso. Vemos una cama, una estufa y diversas estanterías con objetos y botes de pintura, o lo que es lo mismo, su estudio es como una sala monacal. Hay otra fotografía en que se ven botellas, vasijas y frascos, que son los elementos que luego irá pintando paulatinamente según sus preferencias.

Paisajes

Los paisajes de Morandi se centraban en algunos lugares que le eran cercanos, caso de los alrededores de Grizzana, localidad situada en los Apeninos, donde pasaba largas temporadas y durante los años que duró la Segunda Guerra Mundial. Además, desde la ventana de su estudio podía contemplar el patio que le servirá de modelo. De todos modos, no se le puede considerar un artista aislado, ya que conocía bien su entorno artístico. Según las comisarias, este presunto aislamiento “se ha de leer como fruto de su voluntad de dedicarse absolutamente y sin interferencias a lo que quería: la pintura”. Su obra es como una especie de diario íntimo

A diferencia de los pintores paisajistas a “plein air”, Morandi representa la naturaleza de modo indirecto, mediante una extensa preparación mental, debido a que la naturaleza transcurre “a través de una organización compositiva, una reinterpretación pictórica resultado de la meditación interior”.

pintor y grabadorComposiciones florales y bodegones

 No es muy habitual que un pintor represente en sus cuadros flores secas o artificiales, por ejemplo, de seda y papel, pero en el caso de Morandi se produce este hecho. Es obvio que lo hace para acentuar “el estatismo y la artificialidad que destilan algunas de estas escenas”. Solía regalar flores a las damas, pero en lugar de ser naturales eran artificiales, por lo que perduraban eternamente.

Respecto a las naturalezas muertas son como una especie de diálogos silenciosos, acumula y combina objetos que, en un primer momento, parecen monótonos, pero en cambio existe una gran variación de materia, color y luz en cada una de las obras. Es como si se tratara de una ventana que se abre al alma. Todas las obras son rigurosas e intemporales.

A Morandi se le conoce también como “el pintor de la botella”, pero según las comisarias no es un apelativo negativo, ya que para él la botella, igual que otros objetos, son los verdaderos protagonistas de sus pinturas y grabados. Son sus modelos, profundizando en la esencia de las cosas. Cada una de las obras tiene un componente romántico, aunque lo represente desde una óptica entre clásica y abstracta. Su pintura se la define como existencialista y formalista.

El hecho de colocar y disponer los objetos en el cuadro no es tarea fácil, ya que busca el equilibrio constantemente, sobre todo porque representa de manera armónica el lleno y el vacío, mediante la aplicación de diferentes coloraciones y tonos. Las composiciones “siempre siguen una disposición controlada, tan solo aparentemente casual: podía pintar un cuadro en dos horas, aunque el tiempo de la creación mental, el recogimiento del taller, podía durar diversas semanas”.

exposición de alto nivelCon el transcurso de los años su pintura se va volviendo más depurada, aplicando una suave pincelada en la tela. Concretamente a mediados del siglo pasado sus obras eran de “una extrema simplificación y una disolución creciente, hasta el punto que los motivos dejan de distinguirse claramente”. En la década de los 40 el blanco para a ser el color preponderante en sus composiciones, pero, aunque parezca paradójico, en una misma obra se aprecian diferentes gradaciones tonales de los blancos.

En conjunto su obra persigue la simplificación formal y a la vez la búsqueda de lo esencial, lo básico, a pesar de que exista una reiteración en su propuesta plástica y estética, principalmente en las naturalezas muertas, ya que cada uno de los objetos representados son los silenciosos protagonistas de sus obras. La aparente monotonía que desprenden sus cuadros no lo es en realidad, ya que explora las constantes variaciones tonales.

Paralelamente a la exposición se celebran diversas actividades, desde talleres de plástica familiar donde se crean “morandis”, a experiencias creativas dirigidas a adultos, como sesiones de sketching y de grabado.

Ramon Casalé Soler

Ramón Casalé Soler (Barcelona. 1955)

Museólogo, historiador y crítico de arte

Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)

Miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM)

Licenciado en Geografía e Historia, especialidad en Historia del Arte (Univ. Barcelona)

Máster en Museología y Patrimonio Cultural (Univ. Barcelona)

Curso de Anticuario (Barcelona)

He formado parte de la Junta Directiva, con el cargo de Tesorero, de la Asociación Catalana de Críticos de Arte (ACCA), durante el período 2001-2016

Colaborador del programa de radio “Formas y Ängulos en las cadenas Onda Cero y COPE de Barcelona durante 7 años

Excoordinador de Artes Plásticas del Museo de la Marina de Vilassar de Mar (Barcelona)

Exdirector artístico de la Galería de Arte Sant Pol Art, de Sant Pol de Mar (Barcelona)

Fui corresponsal en España de la revista italiana ARTE IN de Venecia durante 20 años

Formaba parte del Comité de Redacción de la revista digital Mur Crític (ACCA)

Actualmente también soy crítico de arte de la revista BONART de Girona, de la revista ARTE por EXCELENCIAS de La Habana, de la revista digital EL TEMPS DE LES ARTS de Valencia , del periódico L’INDEPENDENT DE GRÀCIA de Barcelona y del FULL INFORMATIU de la Societat Catalana d’Arqueologia de Barcelona.

Asimismo, he sido crítico de las revistas Batik, Arte Omega, Marte de Barcelona, Papers d’Art de Girona, Zerovuittresquaranta y Vilassar Actiu de Vilassar de Mar (Barcelona), entre otras publicaciones, desde los años 1987 hasta la actualidad

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