Las nueve musas
Francisco Mas-Magro

Francisco Mas-Magro: Cuaderno de blues

Promocionamos tu libro

UNA ENTREVISTA DE ADA SORIANO Y JOSÉ LUIS ZERÓN HUGUET

«la poesía representa mi resistencia a dejar el pasado, mi deseo de perpetuar el presente»
Francisco Mas-Magro

El libro de poemas que hoy presentamos, Cuaderno de blues, publicado este mismo año en la editorial madrileña Devenir y cuyo autor es Francisco Mas-Magro, constituye un verdadero homenaje a la música y a la poesía en sí misma con una base de las llamadas y respuestas de blues, además de las inconfundibles voces rasgadas del jazz.

La poesía goza de su propia música, y Mas-Magro lo sabe y añade más música a la música en su recreación lírica e incluye un listado de nombres de grandes compositores además de escritores de prestigio como son Vicente Huidobro y Carlos Edmundo de Ory. Y el café, inevitablemente, con su aroma y calor, hace gala de su esencia en muchos de sus versos: «Un café, por favor, / caliente y oloroso como un beso», leemos en el poema «Nostrum».

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Francisco Mas-Magro y Magro (Alicante, San Blas, 1946) se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada e inició su actividad profesional en Geriatría Clínica, hasta su jubilación en el año 2012. Es miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología desde 1981 y ha destacado como docente en el campo de esta especialidad, así como por su bibliografía científica, sin embargo, como escritor se ha dado a conocer en los últimos años con una gran actividad. Su primer libro fue publicado en 2018, una antología poética titulada Glosa de lo cotidiano (1969-2018), en la editorial Soldesol. En ella encontramos los cimientos que sostienen la poética del autor como son los viajes, el paso del tiempo, la fragilidad y la memoria, el amor y el dolor, el erotismo velado y una honda preocupación por el lenguaje. Este año han visto la luz el poemario Cuaderno de blues y el libro de relatos Los duendes de tía Elisa y otras narraciones (editorial Soldesol), y ya tiene en preparación un nuevo poemario.

Los duendes de tía Elisa y otras narraciones
  • Los duendes de tía Elisa y otras narraciones

No es habitual que un poeta en la edad tardía irrumpa con solvencia y originalidad en el mundillo literario, y el libro que nos ocupa es un ejemplo de este fenómeno insólito en el que la poesía va de la mano de lo auténtico con una naturaleza genuina normalmente achacable a la frescura de la mocedad. La poesía de Mas-Magro goza de una libertad expresiva a salvo de simplificaciones falaces mediante el empleo de un verso libre de ritmo irregular basado en el estrato fonético, las recurrencias léxicas y sintácticas y la imagen.

Ante los poemas de Cuaderno de blues el lector tiene la sensación de hallarse en un territorio híbrido en el que conviven la vanguardia y la modernidad tardía. El autor levanta un gran edificio lírico rotundo e inequívoco con la voz en primera persona y una mirada atenta al presente inmediato, mas no deja de mirar hacia atrás para explorar los laberintos autobiográficos.

Dice el poeta Antonio Gracia en la introducción a este Cuaderno: «La pasión juvenil es un gran horticultor, pero la madurez es un inmejorable recolector.» Por nuestra propia experiencia, admitimos que tal reflexión es bastante cierta. Y pensamos asimismo que no hay una edad concreta para escribir ni para publicar. Se trata de algo que aflora cuando menos lo esperamos: «La fragilidad/ de mis años/ sí es un blues arrastrando la nostalgia, / abrazado a la pasión, / aquel/ ardor de muchacho adolescente». Leemos en el poema «No es un blues lo que hoy suena».

Los poemas agrupados en este libro suelen ser extensos y en su gran mayoría fragmentados en varias partes, pero todos ellos conforman un conjunto unitario a pesar de la variedad temática, la complejidad de formas y contenidos y las intertextualidades y homenajes. Pese a la fragmentariedad expresiva y las perspectivas poliédricas, destaca la fusión entre el universo íntimo y la realidad social con una voz propia que concilia en la escritura fondo y forma y un tono que conserva movimiento, vigor y lucidez.

La poética de Mas-Magro está al margen de discursos homogeneizantes y entecos y nos invita a asomarnos a una estética que no reniega de la condición humana. El poeta crepuscular lucha contra el cansancio y el desencanto, se asombra y siente, se solidariza y es capaz de dialogar con la diversidad del mundo y todos sus claroscuros. Es así que Cuaderno de blues contiene una gran carga cultural (que no culturalista) y en especial evidencia el espíritu melómano del autor, pero también devuelve la literatura a la vida con un impulso confesional y autocontemplativo que, como decíamos, no pierde la conciencia de la realidad.

Estamos, pues, ante una poesía intensa y de una gran potencia expresiva que a la vez lucha contra el exceso. Se suceden las pinceladas autobiográficas con una lúcida trabazón de hervor imaginístico y coloquialismo, de espesura hímnica y vislumbres signados por lo elegíaco. También en esta escritura se aprecia una ironía traviesa dotada de una verdad raigal que huye del mero ingenio. Y el autor obtiene tales resultados combinando sintagmas breves, frases quebradas y sentencias casi aforísticas con tropos encendidos, secuencias metafóricas, veladuras surrealistas nunca descabaladas, anáforas, aliteraciones y enumeraciones caóticas.

El verso denso e intenso de Francisco Más -Magro nunca pierde la elegancia incluso cuando se astilla; no resulta hermético ni cuando se contrae o se cierra en reflexiones rememorativas o adquiere ocasionalmente timbres ominosos y lacerantes.

Cuaderno de Blues es un poemario honrado, reflexivo y pasional que indaga en la memoria y traduce la médula de lo cotidiano.

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Cuaderno de Blues: 316 (Devenir Poesía)
  • Mas-Magro Magro, Francisco (Autor)

Francisco, como bien dice Antonio Gracia en el prólogo, Cuaderno de blues está «semillado de voluntad hímnica». Ya en el primer verso del primer poema del libro, «Anacrusa», hay una asunción de la vejez («La vejez ya no me llama pues me tiene entre sus brazos»), pero en el espacio crepuscular por el que transitan tus versos hay lugar para la celebración de los sentidos, de lo mínimo y sus enigmas desde una afirmación del cuerpo y el deseo.

Sí, no se trata de un sentimiento negativo, o de pesimismo. Se trata de un acto de autorreconocimiento de una realidad que, por cuestiones culturales, entendibles solamente desde un punto de vista de la vida como lugar efímero, que tiene sus límites en el nacimiento y en la muerte, la vejez se ha considerado como una etapa fea y decrépita.

Nosotros los geriatras hemos luchado durante nuestro ejercicio profesional para inyectar en la sociedad un concepto diferente de «vejez», siguiendo a los grandes gerontólogos y al gran Maslow.

Es lógico un miedo a la muerte, como fin de todo. Vejez se relaciona con una cercana muerte. La eterna oscuridad. Los que tenemos algún sentimiento trascendente, pensamos que más allá, probablemente, existe esa otra vida inacabable. Pero es el miedo a la soledad y la posterior oscuridad lo que nos mueve a temer a la ancianidad y a ese Ángel de la Muerte, que en definitiva es un Ángel ecológico.

 El filósofo Spinoza asoma en estos blues a través del conatus, es decir la necesidad de perseverar en el ser. En tu caso, esa perseverancia se fortalece a través de la música y la palabra prendidas al afecto, al apego a la vida, bien desde el presente, bien través de la memoria y sus claroscuros. No hay preeminencia de lo metafísico, sino que predomina la conciencia de inmanencia. Hay un continuo mirar atrás en un inexorable ir hacia adelante. El poema es una membrana que comunica, sin aspavientos elegíacos, pasado y presente como un gesto de resistencia ante la conciencia de finitud.

Claro. Es una buena explicación de lo que he dicho antes sobre el miedo a la muerte. La vida hay que vivirla en plenitud, sobre todo plenitud espiritual. La música es la esencia de esa plenitud. Yo no podría vivir sin la música. Es algo que me han enseñado mis padres. Por otra parte, la vida se compone de tres etapas, el pasado, el presente y el futuro. El presente es inamovible en su calidad de espacio, pero es muy importante en su sentido de momento trascendente, ya que de este presente surge la noción de pasado, e incluso condiciona el futuro.

Por otra parte, cada vez tenemos, como norma general, más pasado que futuro… La poesía representa, por un lado, mi resistencia a dejar el pasado y por otro, mi deseo de perpetuar el presente. Repito, que la música es una representación de sentimientos, por tanto, para mí, como creyente en un Dios y en un futuro dentro de Dios, la música es parte de ese Dios. El arte en general, son manifestaciones del alma y el alma está configurada a imagen y semejanza de Dios.

Dices en tu hermoso y extenso poema en el que rindes homenaje a Huidobro, iniciador del denominado creacionismo: «No estaba muerto el poeta, / sino olvidado». Tú lo rescatas aquí. ¿Por qué a Huidobro?

Vicente Huidobro fue el gran descubrimiento. Su literatura es, al menos para mí que soy un médico que escribe, complicada. Su lectura tiene el encanto del paciente que abre su intimidad en consulta y te cuenta cosas que el médico ordena, las estudia y luego le lleva a un diagnóstico. Algo así me ocurrió con Huidobro, por eso el poema que le dedico en este libro es el más largo. Huidobro me subyugó y casi me quitó el sueño, intentando descifrar qué es lo que quería decirme con sus versos. Mi poema «Huidobro» si os dais cuenta, es una pura imitación del propio Huidobro. Un intento de meterme dentro de él para sacar conclusiones, las que escribo al final del poema.

Y se lo dedico a mi gran amigo José Ramón Cendrán Mallol, quien fuera mi mano derecha en el Grupo Lasser, hombre muy complejo también.

En Cuaderno de Blues hay un atractivo enlace entre la dimensión imaginativa y el intimismo confesional. La voz poética registra una tensión que va virando de lo extraordinario a lo cotidiano, y viceversa.

 Es mi concepto de trascendencia. La vida ha de tener alguna trascendencia. Yo sé que voy a morir y de hecho lo escribo de continuo, pero también que mi eternidad no va a consistir en vivir eternamente, aquí o allí.

Mi eternidad es lo que yo dejo transcendente en este mundo. En mi caso: tres hijas, seis nietos y una obra. Una obra que pasa por una vida en la que he intentado ser, sencillamente, buena persona. En todos los sentidos. Y escribir es reencontrarme conmigo mismo y transmitir mi propio sentimiento al resto de la sociedad. Se puede escribir con letras y palabras o siendo un buen profesional, por ejemplo. O como escribo en uno de los poemas de mi último libro, no publicado aún, «Bajo el arco de las palabras», planchando el cuello de una camisa.

Volvamos a Huidobro. El poeta chileno dice en su poema «Prefacio»: «Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: “Entre una estrella y dos golondrinas. He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.» Destaca Esther Abellán en la honda reseña que hace de esta obra, tu obra, que «El poeta es su propia sombra y se identifica con ese paracaidista que en su camino crea mundos, imágenes y otras naturalezas.» ¿Es así?

(Risas) Esther es una gran poeta y actriz. Es una enorme mujer. Alma de la cultura. Dice cosas, a veces, inverosímiles y siempre suele acertar. Es cierto que la vida de cada uno se puede asimilar a la del paracaidista. Al menos la mía. Nacemos y nos vamos elevando a los cielos, con la avioneta de la propia madurez. Cuando ya hemos alcanzado la altura de vida suficiente, una vez atravesadas las negras nubes tormentosas de la adolescencia, la mía fue difícil, cuando tu vida se estabiliza, lo que llamamos madurez, fijas el rumbo que dura un tiempo variable y después te das cuenta de que, en realidad, estas flotando en un ambiente inestable, que es la realidad de la vida, y te acuerdas del pobre Huidobro, Altazor, cayendo sin remedio y aferrándose a cualquier cosa para no descalabrarse. En ese caer, que concluye con la muerte, es importante dar sentido a ese despeñarse, para que, al menos tenga una razón trascendente este cataclismo.

También destaca en todo el libro la omnipresencia de la música. Además de las constantes referencias al blues y al jazz, en los poemas abundan los términos musicales y los continuos homenajes a compositores de distintas épocas (Boccherini, Kodaly, Vaughan Williamns, Janis Joplin, Eric Clapton), pero es que además los poemas están compuestos con un gran sentido musical sin encorsetarte en patrones métricos.

Sí. No tiene mérito alguno. Soy un amante de la música. De la clásica y de la actual. Un enamorado del jazz, el que me enseñó mi padre. Soy, entre otras frustraciones, un desbaratado pianista. Un enamorado de Janis Joplin, mi pequeña Janis de carrera rota por la droga. Y otros compositores o cantantes son manifestación de emociones que son recuerdos íntimos, pequeñas o grandes heridas a las que les aplico remedios en forma de letras.

¿Escuchas música mientras escribes o prefieres el silencio con sus leves, casi imperceptibles sonidos metálicos que a veces asemejan a un remoto e incesante concierto de grillos?

La música y la vida están absolutamente unidas. La mayoría de mis poemas los escribo como consecuencia de composiciones musicales. A veces los poemas son verdaderos cantos o tarareos de notas que interpreto en forma de palabras.

Hace unos días le decía a mi Párroco, que mi deseo es que la Vida Eterna fuera un Paraíso lleno de música.

¿«En cierto modo, / blindamos el presente/ para no reconocer un pasado/ con la vida/ por delante.»?  ¿Disfrazamos el pasado? ¿Todo lo que pasó lo disfrazamos a nuestra conveniencia?

Estoy convencido de ello. El presente es lo que tenemos con seguridad entre las manos y muchas veces necesitamos disfrazar el pasado para asegurar nuestro presente y con el fin de tener más claridad ante un futuro incierto. Se trata de un ejercicio de autoconfianza. Aunque reconozco que no debemos engañar ni engañarnos y sí ser responsables con la vida actual, tal y como define el psicólogo Abraham Maslow.

Otra característica de Cuaderno de blues es el sentido de lo lúdico. No en vano el poema se abre y se cierra con versos de Carlos Edmundo de Ory, uno de los poetas más densos y a la vez juguetones y traviesos que ha dado la literatura contemporánea española.

Tened en cuenta que yo soy médico. He ejercido cuarenta años largos mi profesión. Dedicado veinticuatro horas al día a la misma. Y, aunque también he dormido y tenido tiempo para engendrar cuatro hijos, el ultimo “non nato” ya forma parte del coro de los angelitos, sacrifiqué mi vocación literaria por la vocación médica. Mis antecedentes me obligaban.

Carlos Edmundo de Ory fue uno de los poetas descubiertos en mi segunda vida, la de jubilado, me causó muy buena impresión y, enseguida nos hicimos amigos.

Yo he heredado de mi abuelo y de mi padre el sentido del humor y Carlos de Ory es un poeta con sentido del humor. Me pareció fundamental dar entrada y salida a mi libro con unos versos suyos.

También hay en tu poemario una evidente pretensión vanguardista: cortes versales, ritmos inestables, dicción porosa, sintaxis escindida y astillada, etcétera.

No puedo evitar ser un vanguardista en mi hechura. No en vano he vivido la llamada «generación de los 70», salvando las distancias con los grandes poetas de la generación citada.

Somos hijos de una dictadura que nos acechaba y censuraba hasta límites insospechados…

Yo creo que la ruptura fue una manera de luchar contra el sistema. De todas formas, a mí me gusta este mi tipo de verso roto, creo que le impone fuerza al verso y es también una muestra de que, en el fondo, estoy siempre aprendiendo.

Tengo la confianza de un maestro como Antonio Gracia, quien, el otro día, me dijo algo así como: He leído tu libro «Llegar a ti» con tus poemas «característicos», tus versos rotos. Me sentí, francamente, muy halagado.

Pero no soy una persona que se hinche en glorias. Tengo muy claro quién soy y hasta donde llego. Leo muchos libros que me obligan a preguntarme «¿qué demonios haces tú en este terreno?»

Cuaderno de blues
Ada Soriano y José Luis Zerón con Francisco Mas-Magro (en el centro) durante la presentación de Cuaderno de Blues en la librería Codex de Orihuela el pasado 15 de diciembre. Foto: Julia Valoria

Con el paso de los años vamos perdiendo energía. Pero, el entusiasmo…

 El entusiasmo, no. Primer principio de la termodinámica: «La energía, ni se crea, ni se destruye, tan solo se transforma».

La vida es la máquina que más nos transforma y es muy importante que esa energía no se convierta, con los años, en pesadumbre, soledad, apatía.

Hemos de llegar a conseguir que la vejez sea una etapa más de la vida, caracterizada por un volumen de experiencia que se ofrece generosamente a la sociedad.

Hemos oído muchas veces que no hay belleza en la vejez. Nosotros no compartimos esta opinión. ¿Cuál es la tuya?

Desde un pensamiento hedonista, la vejez es una etapa fea. Genera pérdidas y es un periodo en el que la acción se enlentece, física y mentalmente.

La vejez se relaciona con la soledad. Una soledad que va unida a un rechazo y al desprecio.

La vejez va unida a deformaciones, procesos degenerativos, enfermedades (cáncer, por ejemplo).

La vejez es un estado asumido a la inutilidad, que lleva a la jubilación.

Pero, ¿qué es la belleza?

Es la cualidad de una persona de provocar un placer sensorial, intelectual o espiritual.

Sin darnos cuenta nos volvemos hacia Maslow. Maslow nos sugiere no subir un peldaño de nuestra vida, sin asegurarnos de que estamos seguros y conformes en el que estamos. Conformes con lo que nosotros somos y queremos. Es la autoconfianza. La autoconfianza no tiene edad y es un don importante y bello.

La vejez, asumida y aceptada, supone uno de los momentos más importantes de la vida del hombre.

Pero, ojo, la vejez, como la niñez, la juventud o la madurez, hay que cuidarla al máximo.

La vejez se define en geriatría, como la perdida de la capacidad de enfrentarse con los cambios que se producen en el medio ambiente, en nuestro hábitat.

No existe un muro entre el joven de veinte años y el anciano de setenta y seis. Lo que existe es que el uno no comprende al otro. El «viejo cascarrabias» no es más que una persona intolerante a los cambios lógicos de la vida.

La juventud se puede alargar hasta edades avanzadas, simplemente, manteniendo un ánimo creativo, por ejemplo, con el arte, o con las relaciones sociales. Y sobre todo, asumiendo la vejez como algo propio que no impide ser quien cada uno es y con capacidad de proyectarse.

Mis nietos saben que su abuelo es joven.

Desempeñaste tu profesión como médico especializado en Geriatría Clínica: ¿Cómo ha influido tu actividad científica en tu poesía? Aunque no lo parezca hay muchos casos de médicos que son a la vez poetas, ¿crees que ciencia y poesía deben ir unidas? ¿Qué opinas de la razón poética?

 La filosofía ha de ser nuestra madre, en el conocimiento, por eso no comprendo por qué se ha suprimido de la educación básica esa asignatura. La filosofía nos enseña a pensar. Y eso es lo más importante en esta vida.

El tema de la «razón pura» nos remite a María Zambrano y su concepto, que nos dice que debemos lograr que «todos los saberes del mundo se puedan unificar, incluso relacionando lo racional con lo irracional». La «razón poética» es la justificación de este hecho.

Ciencia y poesía pueden ir unidas, de hecho, ahí tenemos un poemario escrito por Emili Rodriguez Bernabeu y Juan Antonio Buil, el primero cardiólogo, el segundo internista, un poemario titulado Poesía Científica, versos que hablan de temas científicos, sin ningún tipo de maquillaje.

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Ada Soriano

Ada Soriano

Ada Soriano nace en Orihuela el 30 de diciembre de 1963 en el conocido Palacio Sorzano de Tejada, sito en la Calle del Ángel, donde sus padres residieron durante tres años.

Colabora con reseñas y entrevistas en los medios digitales Mundiario, Frutos del Tiempo, El Cuaderno y Las nueve musas.

Ha publicado las plaquetas Anúteba, compuesto por poemas de la autora y del poeta José Luis Zerón (Edición de autor,1987) y Alimentando lluvias, compartido con el poeta Miguel Ruiz Martínez (Instituto Alicantino de Cultura Juan-Gil Albert, 2000), así como los libros de poemas Luna esplendente o sol que no se oculta (Ediciones Empireuma,1993), Como abrir una puerta que da al mar (Biblioteca Pública Fernando de Loazes, Generalitat Valenciana, 2000), Poemas de amor (Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Principio y fin de la soledad (Cátedra Fernando de Loazes, Universidad de Alicante, 2011), Cruzar el cielo ( Editorial Celesta, Madrid, 2016), Dondequiera que vague el día (Ars Poetica, Oviedo, 2018) y Línea Continua (Huerga & Fierro, Madrid, 2022) y los libros de entrevistas No dejemos de hablar. Entrevistas a 19 poetas y No dejemos de hablar (2). Entrevistas a 24 poetas (Editorial Polibea, Madrid, 2019 y 2022 respectivamente).

Antologías: Narradoras españolas de hoy (Editada por la Universidad de Perpiñán, Facultad de Ciencias Humanas, Jurídicas, Económicas y Sociales, 1988); Los nuevos poetas (Ediciones Seuba, Barcelona, 1994); La Mar, II Ciclo de Poesía y Prosa Temáticas ((Alicante-Murcia, 2001-2002); Alimentando Lluvias, pliego compartido con el poeta Miguel Ruiz Martínez, quien falleció en 2009 a la edad de 51 años (Instituto de Cultura Juan-Gil Albert, Alicante, 2000); Arte contra la violencia de género, Plataforma contra la violencia de género de Orihuela (Sala de exposiciones CAM, Orihuela, 2009); Tauromaquia teñida de azul, exposición de José Aledo Sarabia (Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2011); El libro de plomo (A.C. Ediciones Empireuma, Orihuela, 2013); Exposición fotográfica Mujeres de Orihuela y pedanías, Asociación de Mujeres Clara Campoamor de Orihuela (Sala Museo San Juan de Dios, Orihuela, 2017); Diez mujeres que escriben hoy. Diez mujeres que cambiaron la historia del Arte. (Monográfico por Rosario Troncoso, Cádiz, 2019); Casa Natal. Encuentros con la Poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. 27 poetas (Fundación Cultural Miguel Hernández y excelentísimo Ayuntamiento de Orihuela, 2019); Pandémica, Terrestre, Infernal (El Cuaderno, Diarios de Cuarentena (Asturias, 2020).

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