Las nueve musas

Espíritu geométrico y espíritu de sutileza

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Pascal, matemático y filósofo del siglo XVII que ha planteado en sus Pensamientos, y en otros escritos los grandes temas metafísicos de la existencia.

Sus investigaciones sobre cálculo fueron analizadas por Leibniz, y sus avances en los campos de la Matemática y la Física han sido decisivos.

Su prematura muerte no ha impedido que su contribución a la Filosofía haya sido fundamental. Sus finas distinciones, y sus agudas reflexiones sobre la naturaleza humana y sobre la realidad así lo demuestran.

Pascal
Pascal por Augustin Pajou, 1785

Uno de los planteamientos más conocidos de Pascal es la diferencia que establece entre lo que llama espíritu geométrico, y espíritu de sutileza o finura.

Y es verdad que el acceso a la realidad puede realizarse de distintas formas. Indudablemente, la actitud geométrica del científico, no es aplicable en todas las circunstancias, ni a todas las cosas que se quieren conocer o comprender. Lo que se siente no se puede demostrar de un modo lógico.

En cambio, según Blaise Pascal el espíritu de sutileza intuye y siente, pero no tiene en cuenta o no comprende las razones, ya que se fija, sobre todo en los sentimientos.

Como dice Alicia Villar: «Frente al racionalismo que se instaura con fuerza en su época Pascal plantea los límites del espíritu científico. Ahí radica su originalidad y novedad». Y es curioso que un científico como Pascal sea, precisamente, el que describa claramente los límites de la ciencia.

El ideal de honestidad que planteó Baltasar Castiglione en 1528 con su libro El Cortesano influyó en Pascal, y, de modo general, en la concepción de la vida del siglo XVII, especialmente, en la cultura francesa. De hecho, frente a una existencia volcada a la heroicidad y lo extraordinario, se tiende más a una vida honesta, ya que se considera que es lo más apropiado para el ser humano desde una perspectiva claramente renacentista.

Escribe Pascal en su texto más citado y conocido que: «El hombre es sólo una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una caña que piensa. No hace falta que el universo entero se arme para aplastarlo; un vapor, una gota de agua bastan para matarle. Pero aunque el universo le aplastase, el hombre seguiría siendo superior a lo que le mata, porque sabe que muere, y la ventaja que el universo tiene sobre él, el universo no la conoce». En efecto, la capacidad de pensar es lo que nos diferencia del universo, y lo que nos convierte en unos seres muy especiales, porque somos conscientes de lo que nos pasa.

Según Pascal está claro que debemos centrarnos más en lo que hacemos con nuestra existencia que en la opinión de los demás sobre la misma. Algo que demuestra una aguda perspicacia sobre las formas de vida, y acerca de una coherente interpretación de las mismas.

Es entendible que este pensador francés insista en reconocer la fragilidad humana, y el corto tiempo de vida del que dispone cada persona. Si a esto añadimos el azar, el resultado es que no existe nada seguro, excepto la muerte. Por tanto, es perfectamente racional que Pascal escriba: «El último acto es sangriento por muy hermosa que sea la comedia en todo lo demás. Finalmente se echa tierra sobre la cabeza y todo se acabó para siempre». La finitud de la existencia y la cercanía de la muerte, por mucho que vivamos, son dos certezas que están presentes en los planteamientos y en las obras de Pascal.

Escoger entre existir con Dios o sin él presupone una deliberación de la razón y también tener en cuenta la fe. Se plantea una apuesta que para Pascal debe inclinarse a favor de la existencia divina, aunque pueda ser incierta e insegura. Ya que como también dice el pensador galo: «Si no hubiera que hacer nada más que por lo que es seguro, no se debería hacer nada por la religión, pues no es segura».

Pascal une, en un mismo argumento, lo razonable, ya que es más ventajoso apostar a favor de la existencia de Dios con lo sentido, puesto que la fe es un sentimiento. Es correcto pensar que la apuesta no es una demostración, sino una argumentación. La diferencia radica en que m la demostración supone una conclusión. No es lo mismo lo racional que lo razonable.

Lo racional es impersonal; lo razonable, en cambio, incluye un acto subjetivo de elección entre los términos de la argumentación. Incuestionablemente, apostar es diferente a demostrar, ya que dominan la subjetividad y las preferencias y sentimientos.

Juan José Angulo

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