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hipérbaton

El hipérbaton: una aproximación gramatical

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Cometeríamos un error imperdonable si circunscribiéramos el hipérbaton a un ámbito puramente retórico. En este díptico, por lo tanto, haremos hincapié en su aspecto gramatical.

  1. Una muestra de la flexibilidad sintáctica del español

Como bien sabemos, para la retórica tradicional, el hipérbaton es una figura de construcción en la cual se invierte el orden regular de las palabras que aparecen en determinada frase u oración. Sin embargo, este recurso estético —empleado, sobre todo, en poesía por razones vinculadas a la rima— sería imposible de plasmar si nuestra sintaxis, en sí misma, no fuera tan convenientemente flexible;[1] de lo que podemos colegir que el hipérbaton, asimismo, nos plantea un problema de índole gramatical.

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Ya en su momento, el maestro Nebrija explicaba que el hipérbaton tomaba el nombre de cacosyntheton «cuando hazemos dura composicion de palabras»[2]. En otro lugar, y con referencia a una transposición de don Enrique de Villena («una vuestra recebi letra»), llama también a esta figura anastropha, «que quiere dezir tornamiento atras»[3]. Añadía nuestro primer gramático que, «aunque el griego i latin sufra tal composición, el castellano no la puede sofrir no mas que lo que dixo enel segundo de la Eneida: Pues levantate, caro padre, i sobre mios cabalga ombros»[4]. Con esto queda establecido el primer límite de los muchos que enunciaremos en este trabajo.

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 Sucede que esta inversión sintáctica, tal como lo señalaba la Academia en 1931, «no es caprichosa: está sujeta a ciertas leyes que impone la misma lógica del lenguaje y que no es posible quebrantar si queremos que se nos entienda»[5]. En un sentido análogo se expresaron algunos prestigiosísimos gramáticos. Gili y Gaya, por ejemplo, sostenía que el hipérbaton no es una alteración del orden regular de la Academia, sino la colocación de los elementos oracionales «en una sucesión comprensible, pero sentida como no habitual en cada época del idioma»[6]. Sus límites, agrega, son «la comprensibilidad, por un lado, y las construcciones corrientes, por otro»[7]. De acuerdo con esto, el orden de la colocación de las palabras puede invertirse cuando estas expresan ideas de sustancia o de cualidad, pero nunca cuando expresan ideas de relación. Por ejemplo, los modificadores del sustantivo que, a excepción del artículo, se colocan usualmente detrás de este, pueden aparecer también delante, y no solo si se trata de adjetivos calificativos, sino también si se trata de sintagmas preposicionales. Así vemos casos como este de Zorrilla: «… de traidor como tú fue digna hazaña»[8].

Por supuesto, la misma libertad que hay para los modificadores de los sustantivos, la hay para los de los adjetivos. Podemos apreciar esto en frases como de gracia lleno o de amor sediento.

Con el verbo es muy corriente el hipérbaton de sujeto, como el que advertimos en estos versos de Campoamor: «Al arrancar el tren subió a mi coche / una joven hermosa»[9]. Con el verbo en infinitivo quedaron cristalizados casos de hipérbaton como hombre de armas tomar, a más no poder y algún otro.

Las palabras de relación (conjunciones y preposiciones) no admiten hipérbaton, pues deben preceder formalmente a la que se concibe como segundo término de la relación propiamente dicha: lo enviaron a Francia, salió para buscarte, lo ahorcaron por homicida, donde las voces subrayadas tienen que preceder siempre a Francia, buscarte y homicida, aunque se invierta la construcción y se diga a Francia lo enviaron, para buscarte salió o por homicida lo ahorcaron.

Por su parte, en la oración compuesta existe la misma libertad hiperbática con respecto al orden lógico de las suboraciones que aquella consigna. Si estas van unidas por coordinación, la partícula conjuntiva ha de colocarse entre ellas. Si las oraciones son principal y subordinada, esta es la que, cuando precede a la principal, debe tomar la partícula conjuntiva. Precioso ejemplo de hipérbaton de todas clases son estos versos del ya citado fray Luis: «Cuando contemplo el cielo / de innumerables luces adornado, / y miro hacia el suelo, / de noche rodeado, / en sueño y en olvido sepultado, / el dolor y pena / encienden en mi pecho un ansia ardiente»[10].

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  1. El reprensible hipérbaton violento

Condición indispensable en la colocación de los complementos es que no puede haber lugar a anfibología ni dudarse en cuanto a la voz que complementa y la complementada. A este propósito advierte la Academia que, «si no se trata de un yerro casual, o de pluma o de imprenta, es reprensible el hipérbaton que se nota al principio del capítulo VI de la Primera parte de El ingenioso hidalgo, donde, queriendo decir que el cura pidió a la sobrina de D. Quijote las llaves de una estancia, se lee que pidió las llaves a la sobrina del aposento»[11]. Para enmendar esta evidente distracción, Francisco Rodríguez Marín, a partir de sus respectivas ediciones, se limitó a puntuar el pasaje con una coma después del sintagma nominal la sobrina.

El mismo Cervantes nos ofrece un hipérbaton aún más violento en algunos otros casos, por ejemplo, cuando en el capítulo 34 de la segunda parte del Quijote leemos: «Sancho, mostrando las llagas a la Duquesa de su roto vestido»[12], o incluso en uno de los sonetos intercalados en la historia del cautivo, en el cual observamos esta singular expresión: «… que en propia y sangre ajena coloraste»[13].

Este tipo violento de hipérbaton ha sido siempre objeto de censura o de burla. Y para muestra tenemos los versos que reprochaba Nebrija a Villena, como también un soneto de Lope, que empieza así: «Inés, tus bellos ya me matan ojos / y al alma roban pensamientos mía, / desde aquel triste en que te vieron día / con tan crueles por tu causa enojos»[14]. Con todo, no fue otro sino Góngora el que más críticas recibió por el uso desmedido que hacía del hipérbaton, tal como nos lo recordará por los siglos de los siglos este satírico verso de Quevedo, en el cual se le indica al lector que, si quiere componer poemas tan «únicos» como los de Las soledades, este «la jeri (aprenderá) gonza siguiente»[15]; a este verso le sigue una lista de palabras —evidentemente, neologismos en su tiempo—, muchas de las cuales fueron poco a poco incorporándose al léxico español.

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[1] Esta idea está desarrollada en mi artículo «Las sintaxis, esa facultad del alma», que se publicó también en este medio.

[2] Antonio de Nebrija. Gramática sobre la lengua castellana, edición, estudio y notas de Carmen Lozano, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2011.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Academia Española. Gramática de la lengua española. Madrid, Espasa-Calpe, 1931.

[6] Samuel Gili Gaya. Curso superior de sintaxis española, Barcelona, Bibliograf, 1980.

[7] Ibíd.

[8] José Zorrilla, El puñal del godo, México, Editorial Herrero S. A., 1967.

[9] Ramón de Campoamor, El tren expreso: poema en tres cantos, Córdoba, Besoy, 1925.

[10] Fray Luis de León. «Noche serena», en Poesías completas. Barcelona, Editorial Castalia, 2000.

[11] Academia Española. Óp. cit.

[12] Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha, Madrid, Alfaguara, 2005.

[13] Ibíd.

[14] Félix Lope de Vega. El capellán de la virgen, en Obras completas, Tomo 1, Madrid, Aguilar, 2003.

[15] Francisco de Quevedo. «Quien quisiere ser culto en sólo un día», en Antología poética, Espasa-Calpe, 1975.

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Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con cinco libros de poesía publicados:
«Por todo sol, la sed», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2000);
«La gratuidad de la amenaza», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2001);
«Íngrimo e insular», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2005);
«La ciudad con Laura», Sediento Editores (México, 2012);
«Elucubraciones de un "flâneur"», Ediciones Camelot América (México, 2018).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Su más reciente trabajo publicado es «Del nominativo al ablativo. Una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

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