Las nueve musas
Oveja negra

¿Dónde quedó la oveja perdida?

¿Qué hombre teniendo cien ovejas, si pierde una de ella, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se perdió hasta encontrarla?

Así está  escrito en el Evangelio de san Lucas 15, 4 y en el de Mateo 18, 10, 14. Esta parábola es de las más pronunciadas y se ha convertido en parte importante del lenguaje de la fe, aunado a esto se encuentra la frase popular “oveja negra”, en donde se cataloga a todos aquellos que  se sale de las normas, a quien piensa diferente, a quien busca su libertad, entre muchas otras cosas.

De cierta manera esta  parábola nos dice que Dios ama a todos, particularmente a quien toma un camino y se extravía. Así, la Iglesia Católica particularmente la ha tomado para comunicar que su estructura, su interior, sus venas, es decir las diócesis y cada célula, sus sacerdotes, religiosos y creyentes, están ahí para rescatar, para ir a buscar y entreverar en el camino para no  dejarla perderse.

Paralelamente está escrito que  Jesús bajó a los infiernos, no a un lugar lleno de fuego, sino que bajó a lo más profundo del ser humano, que caminó a cada  lugar donde la mayoría de las personas no queremos ir; de cierta manera, la vida misionera va y toca esos lugares en las guerras, cárceles, asilos, fronteras, trata de personas, porque no sólo están bajo el cuidado físico sino que viven en carne propia el dolor del otro.

Pero frente a estas situaciones extremas de la vida social (que nos permiten ver la indiferencia e individualismo en el que vivimos), se encuentran situaciones que afectan a un gran porcentaje de la sociedad, actos que llevan a la persona a convertirse en esa oveja perdida que busca a su pastor.  Esta oveja camina desesperada y siente consuelo cuando vislumbra al pastor,  pero éste en lugar de acercarse y protegerla la ahuyenta, entonces la oveja no sólo se siente pérdida sino traicionada, entonces corre y entre las fracturas del camino se vuelve dura, indiferente, la vida entre otras cosas le ha enseñado que las ovejas sus compañeras no son confiables, y que quien debía orientarla y cuidarla la ha engañado y abandonado en la espesura.

Así es como se siente la persona ante su Iglesia cuando esta la juzga y abandona en los momentos más complicados de su vida, cuando la escucha se vuelve juicio, el llanto algo merecido, una decisión de paz personal la enemiga del derecho canónico, cuando la honestidad lleva al Infierno, y cuando la fe contempla que las enseñanzas de Cristo han sido pisoteadas, volviendo esa Buena nueva, es decir, el Evangelio, una noticia que atemoriza.

DivorcioJesús abrió un camino, gritó ante el sumo sacerdote, ante los fariseos, se indignó  ante la Ley que somete la dignidad del ser humano anteponiéndola al propio ser, ante todo aquél que vende fuera del templo, es decir, ante aquél que prostituye las palabras de Dios y las vende de una manera incorrecta negándole el verdadero encuentro, el cual sólo nace con la propia experiencia, cuestionó a quienes anteponían el sábado a la necesidad y la ayuda, ¿entonces?, frente a esto es donde más allá de la investigación, pregunto a la Iglesia que lleva mi fe, ¿por qué actúa como aquellos fariseos y sumos sacerdotes?, ¿por qué es más importante una siesta que la plática con un creyente, por qué buscar a un Obispo o Cardenal se vuelve un conjunto de minutos que se vuelven meses, por qué un niño debe de guardar silencio en la casa de Dios, por qué un divorciado y vuelto a casar no puede recibir la comunión, por qué se le niega a Dios, a quien se encuentra perdido?

¿Para qué se casan si se van a separar?, comentó  un sacerdote, la respuesta es sencilla. Una pareja se casa porque está ilusionada, porque se ama  y busca construir junto a su compañera(o) un camino, para vivir cada día, para construir una familia con o sin hijos,  y en esa unión de tiempo llegar juntos a la vejez y a la muerte. Pero en medio de esto se encuentra la convivencia con los problemas económicos, con la falta de trabajo, con la violencia, con la infidelidad, con la traición, la mentira, el engaño e infinidad de cosas que se van acumulando a lo largo del camino, circunstancias que no existían en el noviazgo, en esa etapa de enamoramiento donde no se convive con la persona todo el día, donde los problemas se comparten pero no se vuelven uno para los dos, o porque con la convivencia la violencia y los celos se vuelven parte del matrimonio convirtiendo la vida diaria en un infierno, o simplemente porque sin saber la razón el amor se acaba.

Pero sin importar la razón por la cual existe la separación, la persona se siente en un abismo sosteniendo un pasado, contemplando un futuro sin tiempo pero  construido en su mente, sueños que se convierten en un arma y se percibe viviendo un presente de ilusiones ensangrentadas. Pero hay que volver a comenzar y soltar, y ese nuevo camino construyéndose en compañía de amigos, familia, necesita, particularmente en una persona creyente: de su fe, de su Iglesia y sobre todo de Dios, sin embargo, cuando  va a la Iglesia en busca de consuelo, de acompañamiento lo que encuentra es juicio, rechazo, condena y se le prohíbe caminar hacia el altar  y recibir la Eucaristía, este signo, para alguien alejado de la fe tradicional, o para quien no sigue ninguna religión es  insignificante, pero para el creyente se vuelve un peso, algo que le trastorna el alma, un peso más a su dolor, una traición más, un nuevo abandono de quien nunca debería abandonarlo.

Y en lugar de recibir apoyo de frente a esa situación espiritual, se reciben argumentos como que el derecho canónico dice:

  • en el canon 1056: “Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la INDISOLUBILIDAD que en el matrimonio cristiano alcanzan una particular firmeza por la razón del sacramento y el 1055 lo nombra como un “consorcio para toda la vida”.
  • En el Canon 1141: El matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa fuera de la muerte.

Se sostiene que la Iglesia no puede anular el sacramento, pero bajo ciertos rasgos podrían hacerlo invalido. El argumento central es no poder anular lo que Dios a unido, la promesa a Dios, pero, bajo todas estas palabras están la doble moral y doble discurso que llevan al cuestionamiento al observar a políticos, empresarios, etc.,  casarse por la Iglesia a pesar de ser divorciados ambas partes, o alguna, como lo es claramente el matrimonio del Presidente de México, él viudo, ella divorciada, sin embargo, el matrimonio fue consumado por la Iglesia y estaban presentes obispos, cardenales y en diversos momentos se les ve recibir el sacramento de la Eucaristía, o sea que: ¿ante el poder la promesa de Dios si es nula o invalida?, ¿el poderoso que se casa una y otra vez puede recibir el sacramento cuantas veces quiera?, ¿ellos si pueden equivocarse?, ¿para el poder todo es válido y perdonado?, pero en cambio ¿para una persona común sin poder, dinero en exceso, en ellos el divorcio es un pecado, la equivocación la puerta al infierno y no puede recibir a Dios?

Bajo esos argumentos y actos la Iglesia da a entender que la oveja perdida para ser encontrada y cuidada debe de tener un apellido, una empresa, un puesto  importante, y que en cambio la oveja negra, debe de cargar y vivir con juicio y dolor sus equivocaciones y decisiones.

No permitir comulgar a personas que viven en unión libre, divorciadas, y que se han vuelto a casar, ha sido cuestionado durante mucho tiempo, y ha sido tema de sínodos de la familia dentro de la Iglesia católica, pero no se ha tenido una respuesta clara, lógica y que acoja, una respuesta que vaya más allá del juicio. La jerarquía olvida Jesús enseña que NUNCA puede ser más importante la ley que la dignidad del ser humano, que el nombre de Dios no puede venderse y pronunciarse a conveniencia y sobre todo que Dios no es de su propiedad para decidir quién puede o no recibirlo.

Las personas divorciadas y/o vueltas a casar, de manera metafórica son esa oveja perdida, extraviada por decisión propia, por la otra persona o por cuestiones ajenas, no importa el quien sólo que en ese sendero se siente sola, se cuestiona la vida y le duele el camino porque ha caído, tropezado y ha tenido que levantarse sola en el silencio de los días, ese que atormenta el alma, y que se continua caminando para encontrar el camino pero duele porque se está perdida, ella sabe en su interior que necesita de su pastor y de Dios y sabe que  la Iglesia ante el divorciado debería de ser esa majada, ese paraje en medio de la montaña que da refugio y no la orilla del barranco.

La Biblia a través del libro del Génesis, en el capítulo 3, donde habla de la caída del hombre menciona que el ser humano es propenso a caer, seguir le costará más trabajo, el camino será al principio difícil pero Dios nunca lo abandona, su caída le ayuda a reflexionar y a evolucionar, el libro del Génesis no habla del Pecado, no condena al hombre ni a la mujer, ni dice que Dios se aleja de él, simplemente enseña que cada equivocación tendrá un peso, no moral, sino un trabajo de reflexión y de acomodo de la vida, no tiene relación con la voz pecado que se dio a partir del siglo IV con san Agustín, la caída no es un pecado, divorciarse es un caída, pero no un pecado, ni un acto para ser condenado, llevado a juicio, ni un acto que impida  recibir a Dios a través de la Eucaristía.

Nos han dicho que Dios nos creó a su Imagen y Semejanza, (aclaro que bíblica y teológicamente no tiene relación con lo físico),  es una  bella imagen,  pero se vuelve cuestionable  bajo estas actitudes jerárquicas donde pareciere que la doctrina ha hecho a Dios  a la imagen y semejanza de su moral, la Doctrina y el Derecho Canónico exponen y enumeran razones por las cuales no se puede otorgar el sacramento, pero olvidan algo: “el dolor del ser humano no puede ni debe ser cuestionado ni juzgado, la decisión de cada persona no merece un juicio ni condena”.

La oveja perdida se revela en ese hijo pródigo que no necesita reproches porque él ya se los ha hecho en el camino, en su caída y  ha encontrado respuestas, la oveja perdida necesita el abrazo, alimento y el agua del pastor.

Existe una enseñanza en el judaísmo ortodoxo:

“Una noche cuando los rabinos estudiaban la Torah, una anciana tocó a la puerta desesperada, el rabino mayor se levantó, le preguntó qué le pasaba, ella dijo: “No sé qué estufa comprar”, el rabino, se acercó a la mesa, cerró la Torah, suspendió el estudio y se fue con ella, los otros rabinos lo esperaron enojados. Al regresar, uno de ellos le dijo: ¿Cómo es posible que suspendas el estudio de la Torah por esa tontería?, los demás comentaron cosas similares, el rabino mayor, esperó y esperó hasta que desahogaron su enojo, y les dijo: “si yo valoró el sufrimiento ajeno en base a mis conceptos vano es mi estudio, la Torah me enseña a no juzgar el dolor del otro ni ponerlo en un nivel, sólo la propia persona sabe el nivel de su dolor en su interior”.

La actitud de la Iglesia ante el divorciado debería de ser así,  acompañarlo y hacerle saber que ella a través de los sacerdotes y religiosas está ahí en silencio para sostenerlo,  para recordarle que Dios lo abraza en ese paso, en esa nueva etapa de vida, que ella le ayudará a poner esa nueva piedra que sostendrá su vida, que el sacramento es ofrendado en su boca como signo del amor de la Iglesia hacia él/ella, como alianza de la promesa de que Dios siempre se encuentra con el ser humano pero en mayor medida cuando éste sufre y se siente solo, que estaba perdida, pero que ya ha sido encontrada por la Iglesia y protegida por Dios, por lo cual debe de sentirse libre y fuerte para comenzar…

Martha Leticia Martínez de León

Martha Leticia Martínez de León

Hermeneuta en Libros Sagrados y Lenguas Antiguas.

Maestra en Ciencias Bíblicas y Hebreo Antiguo. Maestrante en Estudios Judaicos por la Universidad Hebraica. Licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de México. Especialidad en islam por la Universidad de Al Azhar de El Cairo, Egipto.

Especialidad en el Pensamiento del Papa Francisco y el Libro del Apocalipsis por el Boston College.

Especialidad en Música Contemporánea (Piano-guitarra).

Generación XXXII de la Sociedad de Escritores Mexicanos (SOGEM).

Ha publicado treinta y siete libros en México, España, Estados Unidos e Italia en diversos géneros literarios y teológicos.

Conferencista a nivel internacional.

Creó y desarrolla la teología del Silencio y de la Carne la cual entrelaza con la investigación mística, científica y musical bajo el nombre de “Lectura gemátrica, pitagórica y cuántica del Séfer Bereshit 1-3 -Hashem se revela a través del Big Bang-

Directorio Cultural Hispano

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