Las nueve musas

Der Rosenkavalier y su estreno en México

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En una de las temporadas más paradigmáticas de la historia de la ópera en México, apoyado por un sistema de financiamiento y producción completamente distinto al de ahora, tuvo lugar el estreno de una de las obras más importantes de Richard Strauss, Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa).

Una ópera extraordinaria, estrenada en 1911 por una de las parejas artísticas imprescindibles de la historia de la lírica: el libretista Hugo Von Hofmannsthal (1874-1929) y el compositor Richard Strauss (1964-1949), cuya colaboración nos dejó seis obras maestras que siguen en los repertorios de todos los teatros del mundo.

Centrándonos en esta obra, tenemos clara que su naturaleza “es una obra de inspiración mozartiana, pero impregnada de la instrumentación moderna y ya influenciada por las corrientes innovadoras del naciente siglo XX: el mérito de Strauss fue conseguir evocar un mundo galante y evanescente con los medios orquestales de su tiempo, crear una ópera evidentemente marcada por el estilo mozartiano (sobre todo en el terreno vocal), pero que no es ni una copia ni un trasunto de la música mozartiana.”[1]

Dentro del cuerpo de su obra, se trata de un caso especial. Sabemos que Strauss era un compositor provocador y su trabajo fue muchas veces sentenciado por las altas esferas artísticas y sociales vienesas:

Desde 1888, cuando se estrenó Don Juan, hasta 1911, fecha de la presentación de El caballero de la rosa, el hombre más discutido de la música europea fue Richard Strauss. Sus poemas sinfónicos fueron considerados la última palabra del chocante modernismo, y su Salomé en 1905 y Electra en 1909, provocaron disturbios y escándalos.[2]

En el momento de su estreno el posicionamiento de compositor austriaco era clara:

… Para el público Strauss era el compositor más grande del mundo, y de paso, uno de los grandes directores mundiales. Todo lo que él creaba merecía la cobertura instantánea de los diarios del mundo entero. ¿cuál sería la siguiente sorpresa? Pues cada obra nueva era más sensacional que la precedente.[3]

Esta ópera fue una sorpresa para el espectador común, simplemente por lo extraordinario que tiene su protagónica, no en la vida real, pero sí en la ficción y las “buenas conciencias” de principios del siglo XX. Que el personaje principal y con el que se establece una profunda empatía sea una mujer infiel, con un amante adolescente y con un esposo vivo, debe haber sido un escándalo mayúsculo en una sociedad tan tradicional como la vienesa.

Para muchos críticos El caballero de la rosa es una obra que marca la obra de su compositor. Strauss entrará en una vertiente completamente distinta a partir del estreno de ésta. La segunda parte de su trabajo operístico y de composición será una polémica segura para la crítica de su tiempo:

Hasta El caballero de la rosa (incluida esa obra) Strauss fue un compositor que originó una permanente atmósfera de excitación y electricidad. Después de esa obra puede afirmarse que algo sucedió. Algunos críticos creen que todas las obras que siguieron al Caballero de la rosa constituyen una regresión: música descolorida y repetitiva en la cual muchos años de habilidad se manifestaban a través de la mera costumbre (…) otros insisten en que, después de desembarazarse del sensacionalismo superficial de los poemas sinfónicos Strauss empezó a escribir una extensa serie de óperas que culminaron con las obras otoñales, magistrales y profundas de la ancianidad.[4]

Esta ópera extraordinaria, que trata el tema del envejecimiento, el amor y la madurez, llega a México bastante más tarde, de hecho, cincuenta años después de haber sido estrenada y con dos guerras mundiales de por medio. Fue en la temporada de 1961, hace 62 años, la cual estuvo -como era común en ese momento- organizada en dos partes: la temporada nacional y la internacional. Esta segunda tuvo lugar a partir del mes de agosto y puede suponerse la expectación e interés que despertaría una programación como la que podemos ver en la publicación de la Asociación Daniel, firmada por la Sra. Concepción de Quesada.

Funciones de óperas con puesta en escena durante 1961 en el Palacio de Bellas Artes

Funciones de ópera

Fue una temporada que mostraba muchos alicientes a los espectadores: estrellas invitadas, óperas nuevas, óperas tradicionales y cantantes mexicanos que ya se habían ganado el aprecio de los aficionados.

Resumen de la temporada 1961

Temporada 1961

Ese año, la temporada internacional dio una veintena funciones entre agosto y octubre, que incluyeron un estreno en México de Der Rosenkavalier de Richard Strauss, cantado por Regine Crespin (1927-2007) y con un elenco formado por cantantes internacionales y algunos de los más queridos cantantes de nuestro teatro en esa época.

La dirección escénica fue de Desire Defrere[5]  y la musical de Joseph Rosenstock (1895-1985)[6], ambos ya con una trayectoria anterior que los avalaba para la creación de este montaje. Entre los intérpretes extranjeros que participaron en esas funciones encontramos a: Ludwig Welter (1917-1965) fue el intérprete del barón Ochs, un barítono alemán muerto tempranamente, estrella de la ópera de Viena, después de la guerra grabó al lado de Christa Ludwig y Lucia Popp un amplio repertorio que abarcó obras de compositores tan disímbolos como Haendel, Verdi, Strauss, Giordano y Wagner.

Kerstin Meyer (1928-2020) por su parte, se encargó del papel de Octavian, una mezzosoprano sueca especializada en Strauss y Wagner, compañera de escena de Birgit Nilsson y que también cantó este papel en el colón de Buenos aires, ese mismo año.

Teresa Stich-Randall (1927-2007) fue la encargada del papel de Sofie, una soprano estadounidense que fue una de las cantantes favoritas de Toscanini y una de las intérpretes más queridas en el festival de Salzburgo.

Walter Cassel (1910-200) otro barítono estadounidense fue el encargado de interpretar el papel de Faninal. Un cantante muy respetado en la ópera y la comedia musical de su país.

Al lado de ellos, diecisiete mexicanos hacían los papeles secundarios y partiquinos de esta ópera. Algunos de ellos cantantes de gran estima, que a lo largo de los siguientes años fueron parte habitual de los elencos del Palacio de Bellas Artes.

Entre ellos se debe mencionar a Beatriz Aznar (1931- 2012), alumna de Fanny Anitúa y que tenía para este momento tres años de haber debutado en el teatro de Bellas Artes como Flora en La traviata; Roberto Bañuelas (1931-2015), barítono y compositor mexicano, quien también hizo una larga carrera en ese teatro y que había también debutado en el mismo año que la Mtra. Aznar, pero en el papel de Marcelo en La Boehm;.  Jorge Lagunes (1932-2001), tenor que debutaba precisamente en esa temporada y que sería una de las voces más frecuentemente escuchadas entre 1961 y 1977; Rafael Sevilla (1938-2018), otro tenor pero que había debutado en el teatro Florida de Monterrey dos años antes, que sería solista en la ópera mexicana por más de treinta años.; Salvador Novoa (1937-2021), también tenor, cuya carrera internacional incluyó teatros como colón de Buenos aires y la New York City Opera. Todos ellos, fueron parte del cuadro de solistas que, en papeles pequeños o grandes, dieron vida a la partitura de Strauss.

La figura principal de todo el elenco fue la cantante francesa Regine Crespin, intérprete histórica del papel protagónico de esta ópera. A la fecha, Madame Crespin es considerada la única gran soprano dramática aparecida en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, tuvo una larga y exitosa carrera de carácter internacional. El papel de la Mariscala lo cantó en casi todas las casas de ópera famosas de Europa y USA. Este fue uno de los comentarios de la prensa sobre su trabajo en París en 1957:

La heroína de la noche fue, sin duda algún, Madame Regine Crespin en el papel de la Mariscala. Tal vez un poco lenta al comienzo del primer acto, luego adquirió una autoridad, un encanto y una presencia que marcaron el tono de toda la actuación, dándole su innegable encanto visual y escénicamente, ya que, además, Madama Crespin es mujer de gran belleza. Da la impresión de que se dejó aconsejar por los expertos de la más bella tradición lírica para retratar a este maravilloso personaje.[7]

Que nuestro país pudiera disfrutar de esta obra considerada como: “uno de los libretos de ópera más hermosos que jamás se hayan escrito, la interrogación de un poeta dramaturgo sobre la versatilidad esencial de los seres a lo largo de los días de su vida y el misterio de su identidad”[8], fue uno de los privilegios de la ópera en México del siglo XX.

Imagen de cabecera: Robert Sterl: Ernst Edler von Schuch dirige El caballero de la rosa (Escena del Primer Acto, Ochs/Notario) (1912)

https://www.youtube.com/watch?v=ZrgYNiTl2B8

[1] Alier, Roger. Guia Universal de la ópera. Vol II de Mussorgski a Zandonai. Barcelona: Ma non troppo ed., 2001. Pág: 311

[2] Shonberg, Harold C. Los grandes compositores. Col La música y los músicos. Buenos aires: Javier Vergara editor, 1981.

[3] Shonberg, Harold C. Los grandes compositores. Col La música y los músicos. Buenos aires: Javier Vergara editor, 1981. Pag. 400

[4] Shonberg, Harold C. Los grandes compositores. Col La música y los músicos. Buenos aires: Javier Vergara editor, 1981. Pág.402

[5] Stage director y ex barítono del Metropolitan Opera House de NY. Muerto tres años después de este montaje, según artículo del NYTimes: https://www.nytimes.com/1964/09/02/archives/desire-defrere-opera-director-exbaritone-at-met-is-dead-stage.html

[6] Concertador de origen polaco, refugiado primero en Japón hasta 1945 y luego en USA, donde muere.

[7] Rostaud, Claude. Reprise d’un chef-d’oeuvre à l’Opéra Le chevalier à la rose de Richard Strauss. Recorte sin nombre de publicación. París, 20 de marzo de 1957. Localización: Archivo Joan Tomás, MAE-Centre de documentació de les arts escèniques, Institut del teatre de Barcelona.

[8] Castarède, Marie France. El espíritu de la ópera. La exaltación de las pasiones humanas: Barcelona Paidós,2003. Pág: 116.

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Enid Negrete - Ópera

Enid Negrete

Enid Negrete se ha formado profesionalmente tanto en el medio musical como en el ámbito teatral. Es Doctora en Artes Escénicas por la Universidad Autónoma de Barcelona. Reside en esta ciudad desde hace quince años, donde ha trabajado como productora y directora de escena de teatro y ópera, así como especialista en archivos operísticos, crítico, profesora y articulista.

Como investigadora fue la primera en estudiar los archivos históricos de los dos teatros más importantes de ópera de España: El teatro Real de Madrid (actualmente consultable en el Institut del Teatre) y el Archivo histórico de la Sociedad del Gran Teatro del Liceo de Barcelona (en proceso de digitalización por la UAB). De 2013 a 2016 fue investigadora invitada del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información “Carlos Chávez” del Instituto Nacional de Bellas Artes de México, donde realizó el diseño de la primera línea de investigación de la ópera en México.

Desde el año 2006 ha colaborado en diferentes publicaciones especializadas en ópera, música clásica y artes escénicas, tales como Ópera Actual, Opus Musica, La onda, Revista ADE de la Asociación de Directores de Escena de España, Heterofonía y Recomana.cat.

Actualmente es la presidenta de la Fundación Arte contra Violencia dedicada a apoyar a los artistas de escasos recursos, dar formación profesional y difundir el arte mexicano en Cataluña.

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