Las nueve musas
5 Botero

Fernando Botero. Un artista singular y comprometido con el volumen y el color

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“Lo que me interesa  no son los seres, sino la manera en que sus volúmenes se inscriben en el espacio. Veo la vida en volúmenes”
Fernando Botero

 “La inspiración es trabajar todos los días”
Charles Baudelaire

 

Fernando Botero. Un artista que no ha tenido la repercusión que merecía en Barcelona

La última y única exposición individual que tuvimos la oportunidad de presenciar en Barcelona del artista colombiano Fernando Botero fue hace seis años en la recientemente desaparecida galería Marlborough, cuyo título era Pinturas recientes.

artista universal

Ahora, en el Palau Martorell de Barcelona se exhibe una magnífica antológica que, además, es la más importante que se ha celebrado en España, ya que anteriormente se realizó otra en el CentroCentro de Madrid, donde sólo se mostraron 60 cuadros de gran formato. En cambio, en Barcelona, se exponen obras que no se habían visto antes. En conjunto  consta de 110 obras, entre pinturas, esculturas, acuarelas, sanguinas, pasteles, carboncillos y dibujos a lápiz. Las comisarias son su hija, la productora e interiorista Lina Botero y la exdiplomática y comisaria  Cristina Carrillo de Albornoz.

El Palau Martorell está ubicado en la Plaça de la Mercè, delante mismo de la basílica de la Verge de la Mercè. Se edificó a finales del siglo XIX bajo la dirección del arquitecto Joan Martorell y Montells, de marcado estilo neoclásico y alejado de las tendencias del momento, o sea del modernismo. En su origen acogió la Antigua Sociedad del Crédito Mercantil. Desde hace dos años cumple la función de centro expositivo, en que se han llevado a cabo exposiciones de gran envergadura, entre ellas las de Marc Chagall, Alphonse Mucha, Joaquín Sorolla y Fernand Léger.

La exposición está producida conjuntamente por el Palau Martorell y  Arthemisia, además de la colaboración de la Fundación Fernando Botero. Proviene del Palazzo Bonaparte de Roma, donde recibió 205.000 visitantes durante los cuatro meses que se exhibió. De hecho, para Lina Botero, la circunstancia por la cual no ha expuesto habitualmente en Barcelona, no es fácil de entender, teniendo en cuenta que su obra ha viajado por todo el mundo. En cambio, en la ciudad, hay dos esculturas de enormes dimensiones –Caballo y Gato-, una en el hall de la terminal 2 del aeropuerto y otra en plena calle del barrio del Raval, que previamente estuvo instalada en otros lugares de la ciudad, hasta que se encontró la ubicación definitiva. Gato la adquirió el Ayuntamiento en 1987 por 20.000 dólares y se gestó en la localidad italiana de Pietrasanta, cerca de Carrara, donde pasaba varias temporadas trabajando.

volumen

La muestra se divide en diez apartados que permiten visualizar sus temáticas más frecuentes como, por ejemplo, las relacionadas con Latinoamérica, las diferentes versiones e interpretaciones de obras maestras de la historia del arte, la religión, las naturalezas muertas, el circo, las de carácter político y social, principalmente las referentes a las torturas que se produjeron en la guerra de Irak y las de carácter violento en su país. Entre las obras que se exhiben, hay algunas que no se habían mostrado nunca, como La Menina, según Velázquez y el Homenaje a Mantegna, que durante cuatro décadas no estuvo expuesta al público y que fue rescatada por Lina Botero de una colección privada estadounidense.

Fernando Botero. Una vida dedicada enteramente al arte

 Se da la circunstancia que Fernando Botero (Medellín, Colombia, 1932 – Mónaco, 2023) antes de dedicarse a la pintura se interesó por la tauromaquia cuando sólo contaba 14 años. Estuvo dos años aprendiendo en una escuela el arte del toreo. Al poco tiempo ya se adentra en el terreno de la creación, aunque sus primeras obras giran alrededor del mundo taurino. A los 15 años trabaja como ilustrador en el diario El colombiano.

Palau Martorell

Nació en una familia modesta de la que no se conocen antecedentes artísticos. Su padre fue un vendedor ambulante que viajaba con mulas llevando mercaderías por las montañas de Antioquia. Su madre era modista. Botero tuvo cuatro hijos, Pedro, Lina, Fernando y Juan Carlos. Según Lina, para su padre “no había nada más importante que su trabajo y su pintura: y nos inculcó también aquel respeto por el trabajo de un artista, que es fundamental. No hay nada más importante que la vocación y la pasión de una persona, por eso es necesario fomentar y dar soporte a aquella pasión”. La primera de sus tres esposas y madre de Lina, Gloria Zea, fue directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, de la Ópera de Colombia y de la entidad que se convertiría en el Ministerio de Cultura. Su última esposa fue la pintora y escultora griega Sophia Vari que murió el mismo año que el artista colombiano.

En 1951 realiza su primera exposición en la galería Leo Matiz de Bogotá, ciudad donde residirá un par de años, ya que al poco tiempo se matricula en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid completando su formación con visitas cotidianas al Museo del Prado para estudiar las pinturas de los grandes maestros: Tiziano, Velázquez y Goya. En 1953 se marcha a Florencia interesándose por el trabajo de los pintores del siglo XV, principalmente Paolo Ucello y Piero della Francesca, que luego aparecerán en sus obras. Es la época en que se acerca al terreno del volumen. De Piero della Francesca destaca “la coexistencia de una plenitud de las formas mezcladas con un sentido del color local extraordinario. Cogía un color y lo cambiaba, convirtiéndolo en una forma plena: mantiene su importancia como color, pero potencia la forma”.

Después de dos años viviendo en la capital toscana regresa a Bogotá donde le conceden una beca para ir a México. En 1957 ya expone en Estados Unidos, concretamente en la Unión Panamericana de Washington. En 1961 el MOMA de Nueva York adquiere la obra Mona Lisa a los doce años. En 1972 exhibe su obra en la galería Marlborough de Nueva York, que será su sala de arte de referencia. Su primera gran exposición en España fue en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en 1989. Durante el período 1992-1994 celebra varias exposiciones en las principales ciudades de diversos continentes, entre ellas Madrid – donde se mostraron una veintena de esculturas de bronce monumentales en el Paseo de Recoletos, desde la Plaza de la Cibeles hasta la Plaza de Colón-. El crítico y escritor Joan Perucho comentó en el Avui que “algunas figuras que se levantan hacia el cielo tienen un cierto regusto a Fernand Léger. De aquí a un momento podrían volar como un globo aerostático, que es el que parecen las primas hermanas de Niki de Saint-Phalle”. En 2000 se crea el Museo Botero de Bogotá y el  Museo de Antioquia y la Plaza Botero en Medellín, gracias a una importante donación de su colección.  En conjunto su legado consta de más de 3000 cuadros y 300 esculturas que se encuentran en innumerables museos, plazas y espacios públicos de todo el mundo.

pinturas

Su obra ha despertado todo tipo de comentarios, tanto positivos como negativos. Cuando se instalaron las enormes esculturas en el Paseo de Recoletos, hubo manifestaciones de protesta, principalmente porque se “invadía” un espacio público como si fuera una galería privada. El pintor Luís Gordillo señaló que no estaba de acuerdo con el montaje debido a “la obra y el rollo patatero que se ha montado alrededor”. Diversos críticos y escritores han evidenciado su desacuerdo por la obra del artista al considerar que estaba sobrevalorado. Es obvio que en la Historia del Arte, sobre todo en el arte contemporáneo siempre ha habido detractores, ¿o es qué no los han tenido Picasso, Miró y Tàpies?, o cuando Josep Maria Subirachs participó en las esculturas del templo de la Sagrada Familia de Barcelona, donde incluso se celebraron concentraciones en su contra, manifestándose personajes significativos del tejido cultural barcelonés. De todos modos, a Botero no le ha importado mucho la opinión de sus opositores, ya que “hay gente que odia mi trabajo. Siempre hay controversias, y eso es bueno y enriquecedor”.

Es cierto que su manera de entender las tendencias más alejadas de la figuración lo han convertido en un artista polémico. En una entrevista que le hizo en La Vanguardia, el corresponsal en México, Joaquim Ibarz, en 1993, señalaba que “en un par de años seré el artista más valorado del mundo (…) Admiro la pintura abstracta para hacer cortinas y forrar muebles”. En aquel momento su obra ya era muy cotizada internacionalmente.

Fernando Botero. Un maestro universal

 La muestra se divide en diversas secciones ocupando las tres plantas del edificio: Versiones, Escultura, Dibujo. El punto de partida, Naturaleza muerta, Pasteles, Mito y religión: más allá de las convenciones, El circo, La violencia, Acuarelas y América latina: sus raíces colombianas.

Se inicia el recorrido por la sección de Versiones, donde se exhibe la pieza más antigua, se trata de Tributo a Mantegna, pintada en 1958. La obra fue premiada en el XI Salón Anual de Artistas Colombianos de 1958. A Botero siempre le han interesado los artistas del Renacimiento, principalmente Piero della Francesca y Leonardo Da Vinci. El homenaje a Andrea Mantegna, uno de los más importantes pintores del Quattrocento, se basó en un fragmento de uno de los frescos del Palacio Ducal de Mantua, su ciudad natal. Muestra una escena en la que aparece Ludovico III Gonzaga, sentado, mientras su secretario le da una carta. A su alrededor hay diversos familiares y un perro. Aunque sea una obra diferente a las habituales, ya se atisba su inclinación por representar a los personajes con unos rostros enormes y desproporcionados, evocando de algún modo, a las esculturas precolombinas.

Fue a partir de mediados de los sesenta que su pintura se vuelve más suave con la idea de ser más atractiva en contraposición al uso de gamas más compactas realizadas mediante pinceladas minuciosas y refinadas. Posteriormente los colores planos y brillantes serán los protagonistas de la composición, empleando un método sistemático: eliminar las texturas y cualquier apariencia de pincelada para dar homogeneidad al color y, a través de este, luz a sus pinturas.

pinceladas minuciosas

El díptico Según Piero della Francesca (1998) demuestra perfectamente su interés por uno de sus pintores favoritos, como también lo son Los Arnolfini, según Van Eyck (2006) y El niño de Vallecas (1971) y La Menina, según Velázquez (s.d.). En conjunto la admiración que siente por los artistas del Renacimiento y el Barroco indica que su estancia en Madrid y la Toscana, fue muy provechosa permitiéndole   conocer de primera mano  la obra de estos maestros, empleando muchas horas de estudio y aprendizaje como copista, lo que le sirvió para darse cuenta de que “en el arte la grandeza siempre tiene su origen en un profundo conocimiento de la tradición” que, de alguna manera, siempre estará presente en su obra.

Personajes célebres como Eduardo VI, Margerhita Luti, más conocida como La Fornarina, amante de Rafael, La Gioconda y Maria Antonieta, también aparecen en la muestra a través de pintores de diversas épocas:  Holbein, Rafael, Leonardo y Vigée le Brun, entre otros autores. Todas las obras llevan el sello personal de Botero, señalando que “el arte es la posibilidad de recrear la misma obra de manera distinta”.

pintores favoritos

En la sección de Dibujo: el punto de partida, demuestra que el dibujo es la base de la creación artística, al que le da una enorme  importancia, debido a que “es la identidad del pintor, es su estilo, es su convicción formal, y luego el color es una especie de regalo que se le hace al dibujo”. Las obras que se exponen tanto pueden ser bocetos o dibujos previos, o bien, tienen su propia identidad.

Las temáticas representadas son diversas, desde naturalezas muertas a retratos, pasando por escenas de la vida cotidiana, el circo, la tauromaquia, el desnudo y el paisaje, aunque éste como fondo compositivo y meramente anecdótico, tal como se ve en la sanguina y lápiz sobre lienzo, Naturaleza muerta con paisaje colombiano (1973). Es una obra con tintes cubistas, en que la jarra y el cesto lleno de frutas que están encima de la mesa son los verdaderos protagonistas de la escena. En cambio, detrás de la ventana aparecen los tejados de las casas y las montañas en forma de conos produciendo la sensación de amplitud visual.

Las mismas montañas surgen en el carboncillo sobre papel Retrato de mi padre (1990) montando a caballo. Como hemos comentado antes su padre era vendedor de caballos. Falleció de un infarto cuando Botero sólo contaba 4 años, la misma edad en que murió su hijo Pedro en un accidente de tráfico en España. A partir de aquel momento creó una serie de dibujos, pinturas y esculturas para recordar su ausencia. En la acuarela y pastel Mujer vistiéndose (2006), se ve a una mujer desnuda de espalda que recuerda a La bañista de Valpinçon de Ingres, otro de sus autores predilectos.

Respecto al ámbito de la Naturaleza muerta, es una temática que Botero utiliza preferentemente, aproximándose a la pintura holandesa, debido a que “el tema es tan poco importante que prácticamente desaparece. Lo que cuenta, en lo que hay que hacer hincapié en un bodegón, es el estilo específico e individual del artista. (…) Es la capacidad creativa de hacer algo peculiar, que vive dentro de una persona y se transmite al cuadro en virtud de una gran emoción”. Esto es lo que sucede en el tríptico de gran formato Flores rojas, azules y amarillas (2006) que ocupa toda una pared del piso superior, que por su espectacularidad no deja indiferente a nadie. En cierto modo recuerda las composiciones del pintor manierista italiano Giuseppe Arcimboldo, cuyos personajes tenían el rostro compuesto por diversos tipos de fruta, flores o animales.

 El resto de obras de este apartado también son de grandes dimensiones, cuyo protagonismo es dual, o sea, es tan importante la manera de representar la forma como el color. Botero da el mismo valor al color como fondo compositivo que a los objetos o frutas que aparecen en primer plano: naranjas, melones, limones, sandias, plátanos o peras. Hay algunos óleos en los que se recrea en algún detalle: un pequeño gusano que surge en una esquina de una enorme sandia o bien, un ligero mordisco en una pera.  

 Cuando se enfrenta al pastel, lo hace con la misma intensidad y creatividad que en el resto de técnicas pictóricas. Por ello, considera que “el arte tiene que resaltar los aspectos positivos de la vida, y ennoblecer al hombre, no rebajarlo”, tal como se puede comprobar en la sección de Pasteles a través de distintas temáticas realizadas en 2002, mediante escenas de la vida cotidiana –Hombre recostado y Bailarines–  y de naturalezas muertas –Gato sobre la mesa y Naturaleza muerta con cafetera azul-.

singularidad

Una de las características que demuestra la singularidad de su obra son los personajes, que están desproporcionados respecto a su entorno, ya que tanto los hombres, mujeres y gatos ocupan la mayor parte de la composición. Por ello su obra se la identifica a primera vista por su estilo inconfundible. Las formas sinuosas, henchidas, agrandadas, robustas, gruesas y a veces deformadas son perfectamente reconocibles. Que. En Mujer cayendo de un balcón (1994), las casas que se encuentran alrededor de la mujer son de pequeñas dimensiones si las comparamos con ella.

Al artista siempre le han interesado aspectos relacionados con la religión, la política y las cuestiones sociales, declarándose “a veces creyente y a veces agnóstico”. En Mito y religión, observamos al Botero más crítico y polémico sobre el clero, que en su país poseía una gran autoridad, poniendo el ejemplo de que “el obispo parecía el Papa”. Obras como Nuestra Señora de Colombia (1992), El nuncio (2004) y Baño del Vaticano (2006), reflejan a la perfección su manera de pensar respecto al poder de la Iglesia. En Baño del Vaticano muestra a un cardenal o a un obispo vestido dentro de la bañera llena de agua que casi no cabe en ella, mientras un sacerdote lo espera con una toalla para secarlo. A pesar de que éste se encuentra en primer plano, su figura es más pequeña que la del nuncio, además es de piel oscura, magnificando aún más su inferioridad social.

color

La temática circense le sirve para aproximarse al mundo de la ilusión, pero también de la nostalgia, la melancolía y la tristeza. Fue a partir de 2006 que empezó a crear una serie de obras que mostraban un tema universal. Fue durante una serie de visitas a la localidad mexicana de Zihuatanejo que presenció en directo un circo que actuaba allí anualmente, llamándole “sobre todo la atención la inmensa poesía y plasticidad de sus formas y colores” que, de hecho, es lo que suelen plasmar la mayoría de sus obras.

Una de las piezas destacadas es El circo es Elefante (2000), representando un elefante encima de un podio con la pata delantera levantada mientras detrás suyo una trapecista -de la que sólo se ve un fragmento- observa la escena. En otras obras la figura de una equilibrista, un forzudo o unos músicos, indica que el circo forma parte de los recuerdos de su infancia.

Posiblemente el ámbito dedicado a La violencia sea el menos agradable de presenciar debido a la crudeza de las imágenes que aparecen plasmando fidedignamente las diferentes situaciones que se produjeron tanto en su país como fuera de él. Botero considera que “el arte no tiene el poder de provocar cambios sociales o políticos, pero sí el de perpetuar el recuerdo de su episodio”.

recuerdo

Escenas como Pablo Escobar muerto (1997), Fusilado y La masacre: 20:15 horas, ambas de 2004, son de una violencia extrema, tanto por lo que representan como por la repercusión que tuvieron en su momento. Pero las más mediáticas son las que se produjeron en la prisión iraquí de Abu Grahib en 2003 durante la Guerra del Golfo, en la que el ejército estadounidense torturó y vejó a diversos prisioneros. Las imágenes que aparecieron en los medios de comunicación provocaron en el artista una sensación de impotencia y rechazo delante de unos hechos tan reprobables que la mejor manera de denunciarlos fue las de realizar una serie de obras que reflejaran esta barbarie.  La serie la donó a la biblioteca de la Universidad de Berkeley. Este acontecimiento le produjo una gran depresión y estuvo durante un largo tiempo obsesionado con ello. La comisaria Cristina Carrillo considera que Botero reconocía que el arte “no puede cambiar la realidad, pero si dejar un testimonio. Posiblemente hoy en día no se recordaría la tragedia del Gernika si Picasso no hubiera pintado su cuadro”.

En el apartado de Acuarelas, Botero demuestra su afecto por una técnica que en su país era muy común. Precisamente sus últimos trabajos fueron acuarelas. Se da la circunstancia de que el soporte que utiliza no es el  papel, sino que es la tela. Son obras que nos acercan a los frescos, pero que son tratadas “con un trazo firme y decidido y una paleta prodigiosamente sutil, es de un refinamiento que llega a lo sublime”.

Botero se adentra en diferentes temáticas: desnudos (El baño, 1993, Dos mujeres y Mujer que se arregla el cabello, ambas de 2003), musicales (Los cantantes, 2011 y Bailarines, 2019), naturalezas muertas (Naturaleza muerta frente a la ventana, 2012) y de la vida cotidiana (Hombre a caballo, 1993).

diferentes temáticas

En América latina: sus raíces colombianas, refleja la pasión y atracción que siente por su país, a pesar de que vivió varios años fuera de él, pero ello no fue óbice para que le haya dedicado una atención especial en  diferentes épocas, considerando que “el arte, para que sea universal, antes tiene que ser local”. En la exposición hay diversas obras que plasman este interés por mostrar imágenes de su lugar de origen, como es el caso del díptico El presidente a caballo y la primera dama a caballo (1989). Ambos personajes son más grandes que sus caballos, escena que recuerda a algunos cuadros que pintó Velázquez de los reyes españoles.

En una entrevista que le hizo Joan Gil en la revista barcelonesa Arte Omega en 1992 con motivo de una exposición de esculturas en los Campos Elíseos de París le preguntaba qué es lo que más le interesaba del arte precolombino respondiendo que “la imaginación formal. Me siento, como latinoamericano, muy sensible ante el arte de ese tiempo, es muy bello e imaginativo, y, además, es lo único nuestro. Es nuestra única verdad. Tal vez, por ser lo único que tenemos, lo he mirado con más amor, con más interés del que puedo sentir al mirar otra cultura”.

Las escenas campestres, a modo de Le Déjeneur sur l’herbe de Manet, también plasman los instantes de placer en el campo, tal como vemos en El picnic (1989 y 2001), donde una pareja vestida de domingo -demasiado elegante para disfrutar de un ágape en plena naturaleza- observa al espectador en lugar de estar tomando las frutas que se atisban en el cesto.

pintor

Los desnudos vuelven a aparecer en este ámbito: El baño (1989), (Mujer sentada (1997) y La trompetista (2016), en que la figura femenina está dispuesta desde diferentes ángulos, aunque dentro de una óptica que evoca a las mujeres barrocas. En cambio, en las obras de la vida cotidiana muestra el quehacer diario de los habitantes de su país: La viuda (1997) y La calle (2000) que, en espacios reducidos, los personajes transitan libremente por sus calles o conversan amablemente entre ellos, a pesar de  los problemas que padecen pero que no se perciben a primera vista. Botero los muestra vestidos elegantemente, como si se tratara de un domingo cualquiera.

Otras obras más críticas con el régimen político de su país son El presidente y sus ministros (2001) y Secretario de guerra (2019), demostrando que lo que sucede en Colombia no le pasa desapercibido, bien al contrario; el poder dictatorial de sus dirigentes va más allá de lo que un buen político ha de llevar a cabo para el bien de su país. El artista es muy consciente de ello, sobre todo si se tiene en cuenta que ha vivido un largo tiempo en países que llevan muchos años en un régimen democrático. Asimismo, las condiciones de tipo social están presentes en este apartado, caso de El final de la fiesta (2006), reproduciendo una escena de un burdel, donde dos mujeres semidesnudas están al lado de un hombre desnudo en la cama ante la atenta mirada de un guitarrista -es una imagen ciertamente surrealista- y un bebé que se encuentra en el suelo mientras coge la pierna de una mujer, tratando de que le preste atención.

escultura

Finalmente, no podía faltar en la exposición el Botero escultor, aunque sea con piezas de formato pequeño, pero que sirven igualmente para darse cuenta de su sello personal en este terreno creativo, debido a que la escultura es “mi pasión extrema por la forma que me llevó a la necesidad de convertir los motivos de mi pintura en verdaderos volúmenes tridimensionales y táctiles”. Por ello, siempre solía decir que no le importaba que el público tocara o acariciara -lo que debería hacerse cuando uno se siente atraído delante de una escultura suya- una de sus obras tridimensionales.

Botero se inició en la escultura a los 20 años cuando estuvo en Florencia y descubrió el mundo del Renacimiento. En la década de los setenta ya empezó a esculpir piezas de formato pequeño. Durante muchos años se desplazó a Pietrasanta para crear sus esculturas, lo que le sirvió para conocer de cerca los fundamentos de la escultura clásica o renacentista.

artista singular

Al margen de las esculturas que se encuentran ubicadas en Barcelona, en Madrid hay La mujer con espejo en la Plaza de Colón y La mano en el Paseo de la Castellana; en La Coruña se expone El romano, situada en la entrada de la Casa del Hombre y en la Plaza de la Escandalera de Oviedo, hay La maternidad.

La mayoría de las piezas que se exhiben son de bronce y de mármol rosa y blanco, y se centran en la figura femenina y los équidos, sólo con la excepción de algún hombre o niño. Todas ellas siguen los mismos parámetros que las pinturas y dibujos. Por suerte tenemos los ejemplos de las esculturas que hemos mencionado anteriormente de Barcelona que nos sirven para darnos cuenta de su aportación dentro de este terreno

Ramon Casalé

Ramon Casalé Soler

Ramón Casalé Soler (Barcelona. 1955)
Museólogo, historiador y crítico de arte
Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)
Miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM)
Licenciado en Geografía e Historia, especialidad en Historia del Arte (Univ. Barcelona)
Máster en Museología y Patrimonio Cultural (Univ. Barcelona)
Curso de Anticuario (Barcelona)
He formado parte de la Junta Directiva, con el cargo de Tesorero, de la Asociación Catalana de Críticos de Arte (ACCA), durante el período 2001-2016
Colaborador del programa de radio “Formas y Ángulos en las cadenas Onda Cero y COPE de Barcelona durante 7 años
Excoordinador de Artes Plásticas del Museo de la Marina de Vilassar de Mar (Barcelona)
Exdirector artístico de la Galería de Arte Sant Pol Art, de Sant Pol de Mar (Barcelona)
Corresponsal en España de la revista italiana ARTE IN de Venecia durante 20 años
Miembro del Comité de Redacción de la revista digital Mur Crític (ACCA)
Actualmente también soy crítico de arte de la revistas LAS NUEVE MUSAS de Madrid, ARTEPUNTOES de Madrid y BONART de Girona, del diario semanal L’INDEPENDENT DE GRÀCIA de Barcelona y del FULL INFORMATIU de la Societat Catalana d’Arqueologia de Barcelona.
Asimismo, he sido crítico de arte de las revistas Batik, Arte Omega y Marte de Barcelona, Papers d’Art de Girona, Arte por excelencias de La Habana, El temps de les arts de Valencia, Zerovuittresquaranta y Vilassar Actiu de Vilassar de Mar (Barcelona), entre otras publicaciones, desde los años 1987 hasta la actualidad.

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