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Nuclear
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¿Accidente? ¿Imprudencia? ¿Ignorancia? ¿Arrogancia? ¿Temeridad?… pero desde luego no fue casualidad

El 26 de abril de 1986, durante el transcurso de unas pruebas iniciadas el día anterior, y destinadas a crear un procedimiento de seguridad, se produjo el que es considerado, junto con el de Fukushima en 2011, el peor accidente nuclear de la historia, y uno de los desastres medioambientales más graves.

El reactor número 4 de la central nuclear “Vladimir Ilich Lenin”, situada a 18 Km de Chernóbil, Ucrania, y perteneciente a la Unión Soviética, sufrió un sobrecalentamiento durante el proceso, derivando en dos explosiones sucesivas, y liberando una gran cantidad de radioactividad a la atmosfera.

Se estimó que la cantidad de materiales tóxicos fueron unas 500 veces superiores a los de Hiroshima.

El suceso, que inicialmente trató de ser ocultado por las autoridades, obligó a la evacuación de urgencia de 135 mil personas, creó una zona de exclusión de un radio de 30 kilómetros (unos 2800 Km² alrededor de la planta que posteriormente se aumentaría a 4134 Km²) y causó la alarma internacional al detectarse radioactividad en al menos 13 países de Europa central y oriental. Y si bien vemos los hechos como algo lejano, no debemos olvidar que la radioactividad tarda décadas, siglos, milenios… en desaparecer, por lo que aún seguimos sufriendo unas consecuencias que también afectarán a las generaciones futuras.

Si bien se cataloga lo sucedido como “accidente”, analizándolo con perspectiva, vemos que son muchas las cosas que se hicieron mal y por tanto, preferiría describirlo como la consecuencia lógica de una combinación de elementos. En primer lugar, debemos hablar del mal diseño de la central, con un reactor RBMK que no disponía de un recinto de contención donde habría quedado confinada la radiactividad. Esto no hubiera sido autorizado en los países occidentales, donde las prácticas operativas soviéticas no eran homologables, de hecho, nunca se ha construido un reactor de este diseño fuera de la antigua URSS. Después, nos encontramos con la escasa preparación del personal, que además de carecer de una cultura de seguridad, cometió varios errores, dejando incluso fuera de servicio voluntariamente varios sistemas de prevención con el fin de realizar la prueba. Además, la Unión Soviética, no tenía un sistema independiente de inspección y evaluación de la seguridad de las instalaciones nucleares, es decir, un organismo regulador, como en los países occidentales. A todo ello, debemos sumar además, el hecho de que el poder político prevalecía frente al conocimiento tecnológico.

Chernóbil
Esquema de un reactor RBMK – De C_records, Fireice~commonswiki, Sakurambo, Emoscopes – Esta imagen ha sido extraída del archivo, CC BY-SA 3.0,

Antes de entrar a describir el propio accidente, establezcamos unas ideas básicas para entender mejor lo que sucedió. En primer lugar, indicar que, una central nuclear, básicamente, genera vapor de agua mediante el calor desprendido durante la fisión (división del átomo de uranio), para emplearlo en hacer girar una serie de turbinas y producir electricidad. Es decir, se trata de una máquina de vapor sofisticada.

El principal problema es que la fisión nuclear es impredecible y volátil, y llegado a un punto se da una reacción en cadena. Por tanto, resulta fundamental poder controlar la fisión, para lo cual, se debe mantener estable la temperatura del núcleo, además de emplearse unas denominadas “barras de control”, fabricadas de elementos como plata e iridio. Dichas barras absorben los neutrones liberados durante la fisión y disminuyen la velocidad de esta. En el caso de Chernóbil, se utilizaba agua para enfriar el núcleo y unas barras de control hechas de boro con punta de grafito, que se deslizaban dentro del reactor para disminuir la reactividad. El fallo de diseño de este sistema consistía en que, si bien el boro desaceleraba las reacciones, las puntas de grafito aumentaban la tasa de fisión en una primera instancia.

El 25 de abril de 1986, se había programado el mantenimiento rutinario del cuarto reactor de la central, circunstancia que decidió aprovecharse para comprobar, en caso de pérdida del suministro eléctrico, si podrían utilizar la inercia de la turbina de vapor para alimentar el circuito de refrigeración hasta la entrada en funcionamiento de los generadores diesel de emergencia. Estos, necesitaban un lapso de 60 a 75 segundos para entrar en funcionamiento, con lo que era imprescindible mantener activo el sistema de refrigeración durante ese tiempo para evitar el desastre. Se habían realizado tres pruebas desde 1982, pero no habían proporcionado una solución en este sentido, así que el objetivo era averiguar si la inercia de la turbina de vapor era capaz de cubrir la brecha existente.

Las condiciones de la prueba se habían acordado con anterioridad al inicio del turno diurno del 25 de abril, y los empleados habían sido instruidos y estaban familiarizados con el procedimiento. A la 01:06 de la mañana comenzó la reducción programada de potencia, llegando al 50 % de su capacidad para el comienzo de la jornada. En ese instante, otra planta de energía de la región quedó inesperadamente fuera de servicio, y se solicitó a Chernóbil detener la reducción de potencia para hacer frente a la demanda eléctrica, con lo que se postergó dicha reducción, aunque se continuó con el resto de preparativos, incluyendo la desactivación del sistema de emergencia de enfriamiento del núcleo.

A las 23:04 se permitió reanudar la reducción de potencia. A esas horas, el turno diurno ya se había ido y el vespertino estaba a punto de hacerlo, el de noche entraba a las 00:00. La prueba debería haber concluido para entonces, dedicándose únicamente el relevo entrante a monitorear el calor remanente, pero el retraso provocó que todo el peso del ensayo recayese sobre este equipo, que no había sido instruido.

No obstante, había órdenes de realizar la prueba. Un experimento que iba con retraso, y que sin duda obligaba a actuar con celeridad para cumplir con lo establecido. Así que a pesar del inminente cambio de turno, se procedió a la rápida reducción de potencia del reactor 4, introduciendo las barras de control, para alcanzar los registros de potencia a los que estaba previsto realizar la prueba, valores entre 700 y 1000 MW, que se obtuvieron a las 00:05 del 26 de abril, una vez que el nuevo relevo ya había tomado la responsabilidad de las operaciones. Sin embargo, la detención de la bajada de potencia durante aproximadamente 9 horas, que había hecho trabajar la central al 50% durante ese tiempo, había ocasionado un aumento de la producción natural xenón y por tanto de su concentración, con lo que la potencia continuo disminuyendo (“Envenenamiento por Xenón”, este gas es muy absorbente de neutrones y ralentizó la fisión).

central nuclear de chernóbil
Estructura de hormigón denominada «sarcófago» De Paweł

Con el reactor a unos 500 MW, se continuaron insertando las barras de control por error (supuestamente el operador se había olvidado de programar el ordenador para mantener los valores entre 700 MW y 1000 MW), haciendo que la potencia cayese aún más, situándose en torno a los 30 MW. A un nivel tan bajo, los sistemas de seguridad podían detener el reactor debido a su peligrosidad, por lo que los operarios los anularon para evitarlo y continuar con la prueba dictada desde Moscú. Como urgía aumentar la potencia, se decidió desactivar el sistema automático que movía las barras de control y elevarlas manualmente, lo que subió la potencia hasta estabilizarse entre los 160 y 200 MW. Pero la caída inicial y el funcionamiento a un nivel por debajo de los 200 MW habían provocado una mayor producción de xenón, lo que impedía aumentar más la potencia, así que se decidió extraer aún más barras de control.

El funcionamiento a baja potencia y la presencia de xenón fueron acompañados de inestabilidad en la temperatura del núcleo y en el flujo de refrigerante, lo que disparó las alarmas relacionadas con los parámetros termo-hidráulicos. Sin embargo, estos indicadores fueron ignorados aparentemente con el objetivo de mantener la potencia.

Cuando finalmente se logró estabilizar el nivel de potencia a 200 MW, se reanudó la preparación para el experimento. No se encontraban en los valores de potencia acordados, pero disponían de un valor estable, con lo que se disponían a cumplir las órdenes. Como parte del plan, a la 01:05 se activaron bombas de agua adicionales, aumentando el caudal. A las 01:19 salto la alarma de baja presión de vapor en los separadores. El flujo adicional había reducido la temperatura del núcleo y con ello las burbujas (huecos) existentes de vapor, tanto en el propio núcleo como en los separadores de vapor, con lo que la potencia del reactor disminuyó. Como respuesta se apagaron dos de las bombas y se retiraron manualmente más barras de control para mantener la potencia.

A estas alturas, la configuración del reactor resultaba extremadamente inestable, claramente fuera de los márgenes de funcionamiento seguro. Por un lado, se habían retirado demasiadas barras de control, el reactor disponía de 211 barras y dejaron únicamente 8, cuando las reglas de seguridad exigían que hubiese al menos 30 unidades bajadas para poder controlar el reactor, incluso en el caso de una pérdida de refrigerante. Por otro lado, se habían anulado los elementos de seguridad y si bien el apagado de emergencia aún podía ser activado manualmente, el sistema automático había sido inhabilitado para mantener la potencia. Además, el bombeo de agua al reactor se había reducido, con lo que cualquier aumento de potencia herviría el agua, lo que reduciría la absorción de neutrones. Sin obviar que para observar la capacidad de refrigeración se habían bloqueado los equipos de refrigeración de emergencia.

La situación en la que estaba operando la central, constituía una grave violación del Reglamento de Seguridad Nuclear de la propia Unión Soviética. A la hora de operar una central siempre se deben asegurar 3 cosas fundamentales:

  1. Asegurar la parada del reactor. No se cumplía en el momento de la prueba al estar los dispositivos de parada automática bloqueados. Además, se estaba operando la central en condiciones de inestabilidad y se habían extraído manualmente la mayoría de las barras de control. Otro de los factores fundamentales, es la lentitud de entrada de barras en los reactores RBMK. Mientras que en los reactores occidentales el tiempo para que se inserten las barras en su totalidad es inferior a 2 seg, en estos reactores, se requieren 20 seg, necesitando unos 10 segundos más para que resulten efectivas, con el riesgo de que los 2-3 primeros segundos provocan el aumento de potencia, debido a la punta de grafito, si no se toma algún tipo de precaución adicional.
  2. Asegurar la refrigeración del núcleo. No se cumplía en el momento de la prueba al haber desconectado los sistemas de refrigeración de emergencia.
  3. Asegurar el confinamiento de la radiactividad. No se cumplía al no existir estructura o edificio de contención.

Es decir, en el momento de la prueba no se cumplía ninguno de los objetivos de protección. En estas condiciones, el 26 de Abril de 1986. A las 01 h. 23 min. 04 s, se inicia el test, que irónicamente estaba destinado a aumentar la seguridad de la planta. El experimento consistía en alimentar 4 de las 8 bombas de recirculación de agua de refrigeración, con la energía que aún se produciría durante bajada de revoluciones del turbogrupo, una vez que no llegara vapor a la turbina.

Estando el reactor funcionando con 4 bombas de refrigeración (las otras 4 habían sido paradas), se procedió al cierre de las válvulas de admisión de vapor de la turbina. De este modo, las citadas bombas pasaron a ser alimentadas con la electricidad generada por la turbina en su rotación de parada.

liquidadores
Medallas soviéticas concedidas a los liquidadores.

En estas condiciones, a medida que disminuía el impulso del generador, también lo hizo la electricidad dirigida a las bombas, reduciendo el caudal de agua de refrigeración y aumentando la temperatura del núcleo. Los equipos de refrigeración de emergencia, bloqueados, no actuaron, con lo que la temperatura del refrigerante fue rápidamente en aumento, haciendo que hirviese el refrigerante y se creasen burbujas. Esto redujo la capacidad del agua de absorber neutrones, con lo que aumento la potencia del reactor, creándose más burbujas y aumentando más la potencia. Se entró en bucle. Con los sistemas de emergencia desconectados, el reactor experimentó una subida de potencia tan extremadamente rápida que los operadores no lograron detectarla a tiempo.

Si bien inicialmente el sistema trató de compensar esta retroalimentación, fue incapaz debido al escaso número de barras de control operativas, con lo que la temperatura había continuado su rápido ascenso. Así, el refrigerante se vaporizó, subió la presión y provocó una explosión que dañó la envolvente del reactor y dejó seco el núcleo.

Percatados de la gravedad de la situación, se presionó el botón de parada de emergencia. Se suponía que hundiendo las barras de control en el reactor lograrían detener el calentamiento y la espiral de aumento de potencia. Trágicamente, la maniobra tuvo el efecto contrario. Las barras se atascaron al poco de comenzar a entrar, quizás porque el núcleo ya estuviese ligeramente deformado o porque la reacción inicial resultó brutal. El hecho es que sólo las puntas entraron, con lo que la potencia aumentó exponencialmente, la última lectura en el panel de control fue de 33000 MW, y la temperatura se disparó comenzando a fundir el núcleo. Fue entonces cuando empezó a pararse el reactor, al perder su geometría, pero la producción de calor aún prosiguió. Uno de los efectos de este fenómeno es la producción de grandes cantidades de hidrógeno, lo que provocó una devastadora explosión que destruyó el edificio del reactor, haciendo desaparecer la cubierta de 2000 Tn. y matando en el acto a dos miembros del personal operativo.

Llegado este momento, el grafito, al entrar en contacto con la atmosfera, empezó a arder, por lo que la producción de calor no se detuvo, y se destruyeron las vainas que encierran las pastillas de combustible, con lo que los productos de fisión escaparon libremente, creándose una gigantesca nube altamente radioactiva. La temperatura alcanzó los 2.500 ºC y, en un efecto chimenea, impulsaba el humo radiactivo a más de 1.000 metros de altitud.

Minutos después, los bomberos y militares asignados a la central, ya estaban en camino. Las llamas afectaban a varios pisos del reactor Nº4 y se acercaban peligrosamente al edificio del reactor Nº 3. El material eyectado provocó al menos cinco incendios distintos en el techo del reactor 3, que aún seguía funcionando. La prioridad se centraba en extinguir las llamas, proteger los sistemas de refrigeración de los reactores activos, y detenerlos de forma segura. La rápida intervención de los equipos de emergencia resultó fundamental para evitar un desastre aún mayor.

La radiación en las zonas más afectadas se estimó 200 veces superior a un nivel letal, por lo que los trabajadores, que no tenían protección adecuada, recibieron dosis mortales en menos de un minuto. Los dosímetros no estaban preparados para ese nivel de contaminación, por lo que la aguja quedaba atascada en el nivel máximo. Los empleados solo podían determinar que el nivel de radiación estaba en algún lugar por encima del máximo de sus aparatos, pero debido a las pocas e inexactas lecturas, estimaron que el reactor estaba intacto y que los aparatos eran defectuosos, por lo que continuaron con sus labores. La mayoría murieron dentro de las tres semanas siguientes.

Con el paso de las horas empezaron a ser conscientes de la magnitud del desastre y comenzaron a preparar la evacuación de la ciudad de Prípiat y de un radio de 10 Km entorno a la central. Los vientos favorables mantuvieron la radiación lejos de la localidad, donde la población todavía no había sido evacuada. De no haber sido por la meteorología, la tragedia podría haber sido todavía peor. Esta primera evacuación comenzó de forma masiva 36 horas después del accidente. La evacuación de Chernóbil, y de un radio de 30 km, se llevó a cabo una semana más tarde. Para entonces ya había más de 1000 afectados por lesiones agudas producidas por la radiación.

El ejército se puso en marcha y varios helicópteros comenzaron a arrojar sobre el núcleo una mezcla de materiales. Boro, como absorbente de neutrones, plomo, para contener la radiación, dolomita, para favorecer el enfriamiento, así como arena y arcilla, como materiales aglutinantes. Durante las 2-3 semanas que se dedicaron a esta labor, se realizaron 1800 vuelos y se arrojaron al núcleo unas 5000 toneladas de estos materiales.

Comenzó entonces la construcción de un túnel por debajo del reactor accidentado, para afianzar el terreno y evitar que toda la estructura se hundiera. Después, se inició el levantamiento de una cúpula para envolver el reactor y aislarlo del exterior, que las circunstancias, el sensacionalismo y la analogía, hicieron que fuese denominada “sarcófago”.

Las obras duraron unos 7 meses. Está estructura era provisional y se diseñó para que durase unos 30 años. En 2013 se inició la construcción de una nueva estructura, que concluyó en 2016, y que ayudará a ganar tiempo. Está diseñada para durar 100 años.

Pripyat
Pripyat

El accidente generó una nube radioactiva que se extendió por unos 162000 km², abarcando gran parte de Europa y zonas de América del Norte, y estimándose que la cantidad de materiales tóxicos emitidos fue 500 veces mayor que la liberada en 1945 por la bomba atómica en Hiroshima. 31 personas murieron en el momento del accidente y alrededor de 135.000 tuvieron que ser evacuadas, permaneciendo extensas áreas deshabitadas durante muchos años. El suceso, que no tardó en ser descubierto, provocó gran alarma internacional al detectarse radioactividad en al menos 13 países europeos.

Entre las primeras medidas, se enviaron unas 600.000 personas, denominados liquidadores, a la zona para realizar labores de descontaminación, contención y mitigación, y se aisló un área de 30 km de radio en torno del reactor, que se denominó zona de alineación (aún vigente). Los equipos de liquidadores, compuestos en su mayoría por bomberos, obreros, operarios de la industria nuclear, mineros del uranio, científicos, ingenieros, geólogos y militares, se vieron expuestos a altísimos niveles de radiación. Por tanto, no es difícil de imaginar que a pesar de estar trabajando por turnos, durante breves espacios de tiempo, estas personas, sin apenas protección, absorbieron ingentes dosis de radiación. Varios miles de ellos acabarían muriendo y muchos sufriendo consecuencias posteriores en forma de lesiones y/o enfermedades. Si bien nunca se han sabido las cifras exactas, según el sindicato de liquidadores, hablaríamos de unos 60.000 muertos y 165.000 discapacitados.

La divulgación del accidente nuclear se consideró un riesgo político significativo, pero la magnitud de la catástrofe hizo que no pudiese esconderse. La radiación se había propagado, y en Suecia, las autoridades de otra central nuclear, detectaron niveles inusualmente elevados que, después de análisis, dedujeron provenían de la URSS.

Tras negar el accidente en un primer momento, los soviéticos no tuvieron más alternativa que admitirlo en un breve comunicado el 28 de abril. Pero si bien los dirigentes de la Unión Soviética habían tomado la decisión de no dar detalles, ante la evidencia, el 14 de mayo el secretario general Mijaíl Gorbachov decidió leer un extenso y tardío, pero sincero, informe en el que reconocía la magnitud de lo sucedido. La prensa internacional, sin embargo, creyó que las autoridades soviéticas minimizaban el suceso.

Además de las consecuencias medioambientales y para la salud, el desastre supuso un gran coste económico y político que aceleró el fin de la URSS e impulsó un movimiento antinuclear internacional.

Se estima que el desastre ha costado más de 210.000 millones de euros en daños. Valga como dato que Bielorrusia perdió casi una quinta parte de su terreno agrícola, y que este mismo país, utilizó el 22 por ciento de su presupuesto total para hacer frente a Chernóbil en 1991.

Después de más de 30 años, la denominada zona de exclusión es una reserva natural, con más de 2.500 kilómetros cuadrados. La ausencia de actividad humana ha hecho que algunas especies, como linces, lobos y alces, hayan aumentado. Incluso varios tipos de animales que no se habían visto en la zona antes del desastre, se encuentran ahora en abundancia.

La zona continúa deshabitada, pero se permite la visita de turistas mayores de edad, si bien aún existen puntos donde la contaminación es más alta que la radiación de fondo, presente de manera natural en el medioambiente.

A día de hoy, no existen trabajos concluyentes sobre la incidencia real, y no teórica, de este accidente en la mortalidad de la población, pero podemos decir que millones de personas estuvieron expuestas a niveles peligrosos de radiación, y que las estimaciones de la cifra final de muertos por problemas de salud a largo plazo ascienden a 200.000. No debemos olvidar además, que pasarán milenios hasta que desaparezca la radioactividad, se cree que no se extinguirá hasta pasados 300000 años

Una de las enfermedades más generalizadas entre la población afectada fue el cáncer de tiroides, que afectó especialmente a niños y adolescentes, ya que  las glándulas tiroides a estas edades son más susceptibles al yodo radioactivo.

Otro de los aspectos que ha perjudicado gravemente la salud de los afectados, ha sido el daño psicológico, que aún sigue haciendo estragos, provocando numerosos casos de suicidio, problemas de alcoholismo y casos de depresión.

Chernóbil
Esta foto fue tomada desde un helicóptero varios meses después de la explosión – De IAEA Imagebank

Los informes iniciales después del accidente, basados en fuentes rusas, culparon de los sucesos a los operadores de la planta, que deshabilitaron las medidas precautorias de seguridad para acelerar su experimento, y con eso violaron las normas y regulaciones existentes. No obstante, informes posteriores desvelaron que no había ni el más mínimo protocolo de seguridad, que la comunicación entre los diseñadores y los operadores del reactor era deficiente y que el propio reactor tenía fallas de diseño peligrosas.

Por increíble que parezca, la Unión Soviética tomó la decisión de continuar produciendo electricidad con los reactores no accidentados debido a la gran dependencia de Ucrania a nivel energético de la central, decisión que se mantuvo después de que dicho país obtuviese la independencia.

Posteriormente, en diciembre de 1995, el G7 y Ucrania firmaron un acuerdo por el que la central se cerraría a cambio de ayuda para obtener fuentes alternativas de electricidad (financiación de dos nuevos reactores nucleares) así como la construcción de un gasoducto y un oleoducto desde Turkmenistán y Kazajistán. Mediante este pacto y adoptando las medidas de transición necesarias, indicar que en diciembre del año 2000 se paró definitivamente la unidad 3, la última que quedaba en funcionamiento.

El desarme completo de Chernóbil, que implica la descontaminación de toda la planta y alrededores, incluidos el agua y el suelo, así como la eliminación del combustible, se lleva a cabo bajo la supervisión del Gobierno de Ucrania, con la colaboración de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA)

Las lecciones aprendidas sirvieron a la IAEA para identificar deficiencias, con lo que actualmente gran parte de su trabajo está destinado a identificar los puntos débiles de las centrales. En este sentido, los reactores del Este de Europa, incluyendo los RMBK, han sido mejorados con una gran ayuda occidental. Además, también se está poniendo el acento en otros aspectos cruciales, como la seguridad operativa y la supervisión de los sistemas de seguridad. Por otro lado, también, desde el accidente, se han creado asociaciones y comisiones con el objetivo de alcanzar los más altos niveles de seguridad y fiabilidad en la operación de las centrales nucleares.

Únicamente recalcar, que es muy complicado que vuelva a repetirse un accidente como el de Chernóbil, ya que en aquel momento se combinaron demasiadas circunstancias que dieron lugar a la tormenta perfecta: la falta de una cultura de seguridad, no contar con un organismo regulador, el hecho de que prevaleciera el poder político frente al conocimiento tecnológico, fallos de diseño… Se trató de un desastre donde la incompetencia burocrática coincidió con la ignorancia voluntaria y tuvo consecuencias trágicas que podían haberse evitado. En definitiva, el precio de la la arrogancia y de las mentiras sostenidas.

Si bien la energía nuclear tiene sus riesgos, es una de las formas de energía más seguras, limpias y confiables del mundo. Debe ser regulada y monitoreada muy de cerca, pero su potencial para reducir drásticamente el consumo de combustibles fósiles y las emisiones de carbono no se puede ignorar. El problema es que la gestión de este recurso, así como de tantos otros potencialmente peligrosos, están en manos de seres humanos.

Lander Beristain

Lander Beristain

Lander Beristain, San Sebastián (Gipuzkoa) 1971. Siendo el menor de tres hermanos, se crió en el seno de una familia de clase media que además de aportarle su cariño, le inculcó el gusto por la educación y la cultura, así como unos valores personales marcados a fuego que aplica en todos los aspectos de su vida y proyectos en los que se implica.

Pasó su infancia en Deba (Gipuzkoa) y posteriormente se trasladó a vivir a San Sebastián.

Apasionado de la literatura y de la historia del imperio romano, así como de las novelas históricas que leía en diversos idiomas, tuvo que relegarlos a un segundo plano para acometer sus estudios de Ingeniería industrial en la Universidad de Navarra y desarrollar una carrera profesional estable.

Con infinidad de ideas en su cabeza comenzó a escribir “El Consejero de Roma” en 2017, tardando 2 años en confeccionar el primer borrador. Posteriormente fue puliendo diversos detalles y aspectos, antes de presentarlo a “Las nueve musas ediciones” para su edición, de forma que quedase listo para ver la luz. Un momento tan esperado como ilusionante.

Reseñas literarias

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