Las nueve musas
poesía y pintura
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Desde que abrimos los ojos, entramos en la posibilidad de conocer. Cuando recordamos, nuestra memoria reconoce. Dispuestos a comparar, relacionamos, como consecuencia vemos más: un ver que es encuentro. “Los ojos no ven, saben”, dice Jorge Guillén. El cuadro, la fotografía, el cine son lenguajes que transforman la realidad, semejan ese momento en el que caen las murallas de una ciudad y aparecen los campos, el curso del río, las montañas.

Quisiera tener la facilidad de Ramón Gómez de la Serna que daba conferencias para ciegos y les hacía ver. El ciego, como se sabe, ve lo que toca, esta aproximación es un rasgo fundamental de la nueva pintura, se trata de algo que no se fundamenta en el parecido, el retrato, un paisaje, naturaleza muerta, algo que ya hemos visto y que, el espectador, reconoce. Ahora nos acercamos a otra cosa, como si la realidad fuese el conjunto de materiales que la componen, aunque se nos ofrecen aparentemente sin un orden determinado, no concretados en objetos.

No se trata de un inventario, sino una sorpresa, el pintor escamotea lo que considera prescindible, así cuando esperábamos una cara sólo aparece una mancha, como si intencionadamente hubiésemos eliminado al protagonista, descubrimos que la realidad ha anulado al yo, como constante y lo ha sustituido por casuales apariciones.

No voy a proponer una revolución de los sentidos, porque para eso están las sinestesias, pero si trataré de aproximar la pintura y las voces. Fue este mismo Ramón quien repobló el páramo de la literatura con sus greguerías, relámpagos de metáforas: esponja, calavera de las olas, o motocicleta, cabra loca. También debo recordar a otro don Ramón, ahora, María del Valle-Inclán quien, con su esperpento, visual deformación goyesca, ofrece el panorama moral de la sociedad española.

Con las vanguardias, caligramas, collages, carteles, anuncios luminosos, Ultraísmo, se modifica la tipografía, el poema no solo se oye, sino que se ve. Gómez de la Serna, ilustra sus obras. Juan Ramón comenzó como pintor. Definitivo, novedoso y fundacional es su viaje a Estados Unidos: “Diario de una poeta reciéncasado”, 1917, descubre y desarrolla una poesía urbana moderna, se olvidan los viejos pueblos de Castilla; comparable a una visión cinematográfica, desenfadada, como un collage, un diario donde interviene el verso y la prosa, he aquí el texto CXI, que titula:

LA LUNA

Broadway. La tarde. Anuncios mareantes de colorines sobre el cielo. Constelaciones nuevas: El Cerdo, que baila. Verde todo, saludando con su sombrerito de paja, a derecha e izquierda. La Botella, que despide, en muda detonación, su corcho colorado, contra un sol con boca y ojos. La Pantorrilla eléctrica, que baila sola y loca, como el rabo separado de una salamanquesa. El Escocés, que enseña y esconde su Whisky con reflejos blancos. La Fuente, de aguas malvas y naranjas, por cuyo chorro pasan, como en una culebra, prominencias y valles ondulantes de sol y luto, eslabones de oro y hierro (que trenza un chorro de luz y otro de sombra…) El Libro, que ilumina y apaga las imbecilidades sucesivas de su dueño. El Navío que, a cada instante, al encenderse, parte cabeceando, hacia su misma cárcel, para encallar al instante en la sombra…y…
-¡La luna! ¿A ver? – Ahí, mírala, entre esas dos casas altas sobre el río, sobre la octava, baja, roja ¿no la ves…? No… ¿Es la luna, o es un anuncio de la luna?

Claro que la influencia del surrealismo y su escritura automática, en España casi siempre semiconsciente, nos lleva a Larrea, a Alberti y su libro “Sobre los ángeles”, 1929, a José Moreno Villa autor de “Jacinta la pelirroja”, 1929, así como a Federico García Lorca y “Poeta en Nueva York”, póstumo 1940, “Los Placeres prohibidos”, 1931, de Cernuda, o “Pasión de la tierra”, 1935, de Vicente Aleixandre.

Citaré otro autor, Francisco Pino, y su “Méquina dalicada”, 1981, más su “Siyno Sino”, 1995, donde el crítico Antonio Piedra afirma que reúne las experiencias vanguardistas de su exilio interior. Me gusta de este poeta la brevedad a veces de sus poemas, recuerdo en “Versos para distraerme”, 1940-1960, el titulado:

Dios, Noé, Omar Kayyan:
Pámpanos.

Una sola palabra, como un cuadro minimalista. Pintor y escritor tienen los mismos problemas, aunque distintas soluciones. La comunicación es fluida, lo que no impide su independencia, ambos pretenden hacernos ver sobre un plano algo desconocido o que, por costumbre, habíamos relegado al olvido. Poeta y pintor han de distribuir luces y sombras, de modo que revelen, tan importante es el hueco como el relieve. La relación entre pintura y escritura en estos años es más perceptible.

Repasemos una historia cercana: primero fue la tira cómica, de ahí pasamos al tebeo y de éste al cómic, en todos ellos, la imagen, convive con la palabra y conforma una obra armónica. Hoy, superada definitivamente la etapa de historias ilustradas, se ha alcanzado una autonomía en la que muchos de sus cuadros poseen un valor autónomo, sin que por ello pierdan la relación con el texto. Así como una batalla resume con una escena el relato de la guerra, podemos encontrar viñetas que reúnen el contenido.

Los años veinte y treinta del siglo pasado constituyen el tiempo de las revistas, donde el escritor, poeta, ensayista, corresponsal, expone su obra, experimenta en ese espejo que es el lector, dado que el texto flota sobre el papel por primera vez y el autor adquiere la perspectiva necesaria para conocer si ha dicho aquello que quería decir, si este primer paso abre un camino o es un fin en sí mismo. Por la lectura de sus compañeros puede intuir que su proyecto tiene o no futuro.

Todas las regiones tendrán sus revistas representativas, es un tiempo sin fronteras, ni obstáculos burocráticos o localistas, la correspondencia y la amistad serán lazos que unan. El intercambio de revistas, de autores, la libertad en la expresión, a veces la temática, así ocurre en el caso de Góngora o Lope de Vega, ofrecen un panorama del momento completo al alcance de muchos. Cada página se suele componer de textos diversos, ya sean aforísticos, ensayísticos o poemáticos, siempre acompañados de ilustraciones, dibujos, acuarelas, óleos, cuyos autores, suelen ser compañeros de generación.

Para aproximarme a la inquieta atmósfera, que da lugar a la revista, elijo Murcia, por ser el lugar en el que vivo y porque podría ser representativa de esos supuestos, que originan la unión de unos pocos que comparten actitudes y comportamientos semejantes.

Murcia está alejada de la metrópolis, hace apenas unos años que se ha abierto en Madrid la Gran Vía, y del veintiséis al veintinueve, se construye el primer rascacielos de la Telefónica. Entre tanto, el futuro, permanece dormido al pie de la catedral. Sin embargo, dado que Murcia está en el mundo, aquí llega también esa arquitectura que nos llevará a la modernidad, la casa de los nueve pisos y la racionalista de calle Santa Teresa. El fútbol y el tenis, automóviles, bicicletas, el cine, la radio, los deportes incluirán al murciano en el siglo XX.

En esos años hablo de una ciudad pequeña, cercada por la huerta, de calles estrechas y pequeñas plazas, donde a veces sorprende el portalón de un palacio o el ruidoso tranvía que compite con las galeras.  Las casas suelen abrirse a patios donde se levantan palmeras que dialogan con la calle y conocen el ir y venir de la familia. La línea del cielo de las casas podría ser cubista y, si miramos desde la torre de la catedral la ciudad está compuesta de múltiples planos, los terrados, en algunos se levantan palomares. El cielo limpio aparece salpicado por el vuelo de las palomas.

Gaya descubrirá el espíritu geométrico del huertano que, azada en mano, proyecta el equilibrio arquitectónico de su bancal. Su atención a la realidad le lleva a esa armonía entre tradición y originalidad. Recordemos que, si el huertano quiere alabar la belleza de un rostro femenino, suele decir que es como un dibujo.

Será definitiva la presencia de Juan Guerrero Ruiz y su amistad con Juan Ramón Jiménez, relación ejemplar que comienza en 1913. Creo que, por su influencia, se modifica la sensibilidad del artista murciano, se orienta hacia una musicalidad suave, al encuentro con la luz y el aire, al triunfo de la inteligencia, el acceso a lo cotidiano, exaltación de la imagen, prosa poética… Imprescindible agregar aquí la lectura de Gabriel Miró: asistimos a la aparición de sus paisajes que se ofrecen en fragmentos, más las estancias en Altea y Polop. Altea se convierte en un lugar donde trabajan y pintan Benjamín Palencia, Luis Garay, Ramón Gaya. Juan Guerrero se establecerá más tarde en Benidorm. Valga este texto de Miró donde muestra el paisaje de Cabo de Palos en “El ángel, el molino, el caracol del faro”, 1921, pertenece a “Estampas del faro”:

Peñas de herrumbre, con cicatrices de pechinas; matas duras, afiladas de dedos que dan un zumo de sabor a petróleo; cantizal y arena. En lo hondo, aduares de pescadores, con las sendas negras de las redes tendidas; sogas enrolladas; nasas viejas sirviendo de jaulas a las crías de una gallina clueca. Campos de higueras; tierras rojas segadas; montes mineros, llagados por el escorial de la galena; montes de un perfil árido y exacto. En la lejanía, las montañas azules de los paisajes frescos.

Existen testimonios de José Ballester y de Garay, decisivos en esta formación, ambos se refieren al estudio que, a instancias del escultor Planes, el núcleo de artistas murcianos establece en un viejo caserón de la calle Riquelme. A Guerrero Ruiz se debe también el conocimiento de Cristóbal Hall, amigo a su vez del poeta y profesor de nuestra Universidad, Jorge Guillén. Supongo que la amistad del matrimonio Gordon tiene también semejante origen. La manera de pintar, la manera de ver, los autores que citarían, y sobre todo las revistas leídas, abrían nuevas perspectivas.

A este respecto las cartas de Hall a Juan Guerrero son definitivas:

Muy Sr. mío y distinguido amigo: nada más llegar a Murcia me apresuro a ponerle estas líneas para saludarle y reiterarle la vivísima impaciencia que siento de conocerle personalmente.

Vengo, además, cargado de toda clase de recuerdos de nuestro amigo Guillén, con quien he estado estos días en Madrid… Así hasta casi cincuenta.

Los textos e ilustraciones que aparecen en el “Suplemento Literario de la Verdad”, ponen a esta pequeña ciudad a la altura de las circunstancias creativas del momento, coincide con “La Revista de Occidente” y con “Europe”, fundamentales en pensamiento y literatura.

Andrés Cegarra
Andrés Cegarra

Andrés Cegarra en La Unión, poco antes, 1918, funda con Pedro García Valdés La editorial Levante, pionera en estas inquietudes. Las prosas de Cegarra son breves como un poema, muestran un paisaje liberado de toda atadura sentimental, gozan de humor, ajustadas al marco del concepto con pinceladas precisas:                                             

EL ÁLAMO

He visto una casita rural con un pozo junto a la puerta, y al lado del pozo, un gracioso álamo que tiene el tronco lleno de arabescos y las hojas de color de plata con polvo; un álamo legítimo, no cabe duda. Y como la casa está en lo alto, en la tierra seca, y el agua del pozo es amarga, el dueño de todo tiene amarrado a su álamo al modo de un perro labrador: es que pasa el río              cerca, un poco más a lo hondo, con su agua dulce y renovada, tan alegre y tan fresca. Pienso que, si el dueño de todo, suelta a su álamo, el gracioso árbol se marchará hasta el río como un libertado perrito labrador.

Jorge Guillén y Juan Guerrero dirigen Verso y Prosa, 1927-1928, en sus doce números reúnen a los pintores y escritores más representativos. El poema deja de ser un estado de ánimo para convertirse en otro objeto, y las palabras que todos conocen a veces se convierten en enigma que han de descifrar. ¡Viva Góngora!

Hay un cuadro de Luis Garay que representa el interior de una barraca huertana, y sobreimpreso, como un grafiti, figura este lema: Hall huertano, no sé si se trataba de una broma a su amigo Cristóbal Hall, una ironía localista sobre el anglicismo, o un guiño socarrón a “La deshumanización del arte”, 1925, de Ortega, libro fundamental por aquellos años.

Sigo con anotaciones sobre poesía y pintura: Alberti es pintor y lo manifiesta en su poesía, “A la pintura”, 1945-1948, poema: 1917:

Mi adolescencia: la locura
por una caja de pintura,
un lienzo en blanco, un caballete.

Moreno Villa, escribe, dibuja y pinta. Lorca, compone sus dibujos tal como poemas, síntesis, elipsis, hipérbole.  Así en el “Poema del cante jondo”, 1921, he aquí los versos finales de su poema “La guitarra”:

Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
 ¡Oh guitarra!
corazón malherido
por cinco espadas

 O bien en “La monja gitana” de su “Romancero gitano”, agrega la sinestesia, 1928:

Silencio de cal y mirto.
Malvas en las hierbas finas.
La monja borda alhelíes
sobre una tela pajiza.

 Dalí y Picasso escriben. Están acostumbrados a hacer ver. La poesía se desnuda, ¿cuáles son sus consecuencias? Quizá por ello se prefiere la línea; esta precisión se hace tensión de sustantivos, cubista, ha perdido el romanticismo, desaparecen los adjetivos, ¿se deshumanizan? Leamos a Juan Ramón su maestro:

 ¡Inteligencia, dame
el nombre esacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
 creada por mi alma nuevamente…

 O lo que es lo mismo, los rasgos precisos, el esquema abstracto, Juan Ramón ha vivido en Nueva York, y sabe que el espacio del hombre es la ciudad, y que la ciudad no es sino una segunda naturaleza, de ahí que la vida retirada de Jorge Guillén transcurra en un rincón de la casa y en ella el “Beato sillón”, de “Cántico”, 1928-1950, es comparable al paraje de La Flecha de Fray Luis:

 ¡Beato sillón! La casa
Corrobora su presencia
Con la vaga intermitencia
De su invocación en masa
A la memoria. No pasa
Nada. Los ojos no ven,
 Saben. El mundo está bien
Hecho. El instante lo exalta
A marea, de tan alta,
de tan alta sin vaivén.

 Y desde ese sillón, asomado a una ventana, a un balcón: ¿Qué ven?, ¿qué desean ver? El cine ha convertido el mundo en una pantalla de sombras mudas que contemplan millones de sombras, también mudas. La realidad se ha hecho añicos, y aparece el primer plano, que nos convierte en mirones.  Aunque aparentemente nada ha cambiado, se ve al mundo con otros ojos. Cuando acaba la película y la luz se enciende, parece que salimos de la caverna platónica, entonces, la realidad, tiene el brillo de las cosas recién hechas.

El poeta, como el pintor, se distancia de su obra y abandona la pasión. Guillén como Miró no son, hasta que no han encontrado la forma, dice Guillén: la forma se me vuelve salvavidas.

Veamos esta décima, se titula “A lápiz”:

¿El mundo será tan fino?
¿Le veo por nuevas lentes?
Hay rayas. Inteligentes,
 Circunscriben un destino,
 Sereno así. Yo adivino
Por los ojos, por la mano
 Lo que se resuelve arcano
Bajo calidad tan lisa.
Toda un alma se precisa,
Vale. Tras ella me afano.

Ahora, he aquí algunos textos para pintar, no hay una relación causa efecto, comentaré algunas afinidades. Moreno Villa en su libro “Jacinta la pelirroja”, 1929, resultado de un viaje a Nueva York para contraer matrimonio, del que volverá compuesto y sin novia, aparece el poema “Cuadro cubista”, véase como los objetos pierden su identidad y pasan a ser meros elementos de la composición:

Aquí te pongo, guitarra,
en el fondo de las aguas
marinas, cerca de un ancla.
¿Qué más da
si aquí no vas a sonar?
Y vas a ser compañera
de mi reloj de pulsera
que tampoco ha de marcar
si es hora de despertar…

 Más adelante, Alberti, en el poema que dedica a Picasso, dice: Le journal. Una pipa, Una guitarra, Una botella. El cubismo. Es curiosa la persistencia de la guitarra.   

Manuel Altolaguirre
Manuel Altolaguirre

  Manuel Altolaguirre en “Las islas invitadas”, 1926, imprenta Sur, donde se edita “Litoral”, el poema: “Las barcas”, la segunda parte titulada: “Playa”, dedicada a Federico García Lorca, léase dibujando con el dedo, uno no sabe si se trata de un poema o de un dibujo:

Las barcas de dos en dos,
como sandalias al viento
Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.
Sobre la arena tendido
como despojo del mar
 se encuentra un niño dormido.
Yo y mi sobra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.
Y más allá, pescadores
tirando de las maromas
amarillas y salobres.
Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

 En “Sudeste”, Murcia, núm. 3, 1931, escribe Juan Guerrero Ruiz: “Adiós a Jorge Guillén”, en seis secciones, la tercera, titulada: “La obra poética”. El texto parece una acuarela, dice así:

 Poco a poco se iba formando el libro que, al cerrarse, llevaría prisionera entre sus páginas la luz de Murcia, la gracia y la poesía virginales de nuestro mundo: cielos, nubes, montañas, colores, vientos, claridades. Toda la belleza intacta del paisaje murciano que Jorge Guillén supo recoger en el bloque transparente de su poesía, encendida de entusiasmo y pasión frente a nuestro horizonte luminoso.

 Veamos: “Naturaleza Viva”, correspondiente a “Cántico”, sobre cuya composición se trata arriba, título que invierte el pictórico: Naturaleza muerta, y devuelve a su origen el objeto mesa:

¡Tablero de la mesa
Que, tan exactamente
Raso nivel, mantiene
Resuelto en una idea
Su plano: puro, sabio,
Mental para los ojos
Mentales! Un aplomo,
Mientras, requiere al tacto,
Que palpa y reconoce
Cómo el plano gravita
Con pesadumbre rica
De leña, tronco, bosque
De nogal. ¡El nogal
Confiado a sus nudos
Y vetas, a su mucho
Tiempo de potestad
Reconcentrada en este
Vigor inmóvil, hecho
Materia de tablero
Siempre, siempre silvestre!

 Citaré el poema que dedica, desde el exilio, a la calle de la Aurora y su Arco que ha sido objeto pictórico necesario:

CALLE DE LA AURORA

Así se llama: calle de la Aurora,
Puro en arco en el medio, cal de color azul,
Aurora permanente que se asoma
-Sobre corro o motín- al barrio aquel del Sur,
Humilde eternidad por calle corta.

 De Antonio Oliver: “Mástil”, 1923-25, este: “Contraste”, que parece un aguafuerte:

En el paisaje yermo,
los árboles frondosos
del viejo cementerio.

 Carmen Conde: “Brocal”, 1929, el juego de las luces: En este caminito del agua, ¡qué tibia el ala roja y verde de la luz!

 María Cegarra: “Cristales míos”, 1935, dibuja así uno de los instrumentos de su laboratorio:

75

 Balanza, urna de sensibilidad: Eres el crucifijo de la mirada.

En este repaso no puede faltar un recuerdo al Miguel Hernández de “Perito en lunas”, Sudeste, 1933, nacido en una Orihuela donde cualquiera de sus iglesias presenta relieves comparables a aquellos carteles que explicaban sus imágenes. Un limón en una jaula: el canario.

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

José Luis Martínez Valero

José Luis Martínez Valero. Águilas, 1941

Catedrático de Enseñanza Media de Lengua y Literatura Españolas.

Ha publicado: Poesía (1982), La puerta falsa (2002), La espalda del fotógrafo (2003), Tres actores y un escenario (2006), Tres monólogos (2007) Plaza de Belluga (2009) El escritor y su paisaje (2009) Libro abierto (2010), Merced 22 (2013), Daniel en Auderghem (2015), Puerto de Sombra (2017), Sintaxis (2019), Otoño en Babel (2022), Antología del Veintisiete en Murcia (Mayo, 2024)

Ha coordinado el ciclo de Poesía en el Archivo (2007, 2008 y 2009).

Guionista en los documentales: Miguel Espinosa y Jorge Guillén en Murcia.
Aguafuertista e ilustrador.

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