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Teatro Degollado

Un panorama de la ópera en Guadalajara en el siglo XIX

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En 1796 se representaba por primera vez una ópera en la ciudad de Guadalajara: El matrimonio secreto, de Domenico Cimarosa, la cual tuvo lugar en el Real Coliseo de Comedias.

Esta ópera fue cantada en español y no en italiano, como era costumbre en la España del siglo XVIII. Sin embargo, tan solo tres años más tarde, en 1799 “fue dictado en la metropoli el real decreto que prohibía las representaciones operísticas en España y en las Indias, por considerar que en particular este género podría propagar ideas liberales” (Pareyón, 2000), por lo que tuvieron que pasar algún tiempo antes de que se reanudaran este tipo de representaciones.

El Real Coliseo de Comedias fue el primer edificio destinado a las obras teatrales; antes de su construcción, entremeses, comedias, sainetes y las populares tonadillas escénicas, se llevaban a cabo en corrales –que abundaban en las cercanías al centro de la ciudad–, en mesones o en el atrio de algún templo, donde al aire libre se improvisaba provisionalmente un coliseo, con techos de rama, zacate o manta y palcos de madera. Los mesones más frecuentados fueron La Tadea, San Antonio, La Unión y el Rincón del Diablo. Estos, al igual que otros espacios, tuvieron un éxito notable, por lo que se hizo evidente la necesidad de un local que tuviera una mayor capacidad y en el que se pudieran presentar espectáculos de mayor calidad. Así, en 1788 el ayuntamiento tomó la decisión de construir un edificio dedicado a la representación de obras teatrales: el Real Coliseo de Comedias. Para 1789 ya estaba en funciones, aunque sus actividades pronto se verían amenazadas por las guerras de insurgencia que sacudirían a todo el país.

En noviembre de 1810 Miguel Hidalgo y Costilla llega a Guadalajara con sus tropas, luego de que José Antonio Torres tomara la ciudad. Allí permanece hasta enero de 1811. Durante este lapso, aunque breve, la ciudad sufrió un desabasto muy importante, problemas de salubridad pública e incluso de seguridad, pues las tropas insurgentes superaban en cantidad al número de habitantes; de manera que la ciudad se vio absolutamente desbordada (Olveda, 2009). Luego de la salida de Hidalgo y sus tropas, José de la Cruz, general español de las fuerzas realistas, es mandado por el virrey Francisco Xavier Venegas a combatir las fuerzas insurgentes.

Luego de varias batallas logra recuerar Guadalajara y es nombrado presidente de la misma ciudad. Durante este periodo el Coliseo sólo ofrecía funciones ocasionalmente hasta que cerró sus puertas después de que sufrió daños importantes cuando una compañía, que realizó una comedia de bailes panameños y filipinos, destruyó parte del edificio (Mora, 1986). José de la Cruz mandó reparar la construcción, sin embargo, debido a la falta de recursos, se tuvo que suspender la orden, pues los fondos tuvieron que ser destinados a la reparación de la muralla que circundaba la ciudad, protegiéndola del ejército insurgente. Estas y otras vicisitudes afectaron la prosperidad de las artes escénicas tapatías.

En 1827 el Coliseo reabrió sus puertas hasta su demolición en 1840 (González, 2015). Además del ya mencionado, existieron otros teatros, como el Teatro Principal, el Apolo, el Tívoli, el Teatro del Carnaval, el teatrito del Tanque o de La Primavera, por mencionar algunos; siendo el Teatro Principal uno de los más populares e importantes, donde se llegaron a representar, las entre 1827 y 1836, siguientes óperas: El barbero de Sevilla, La Cenicienta y La urraca ladrona, De Rossini; así como La sonámbula y Norma, de Bellini; y El elixir de amor, de Donizetti; todas estas ejecutadas por compañías de ópera italiana (Pareyón, 2000).

Teatro Degollado, 1890
Teatro Degollado, 1890

Desde 1821 se intentó construir un nuevo teatro, aunque sin éxito, pues Jalisco, al igual que el resto del país, atravesaba tiempos de grandes debacles. No fue sino hasta 1855 que Antonio Pérez Verdía presentó un proyecto al general Santos Degollado –entonces gobernador de Jalisco–, de un nuevo teatro que llevaría por nombre “Alarcón”. Mismo que fue aprobado. El pintor y escultor Jacobo Gálvez fue comisionado para su construcción. El día 5 de marzo de 1856, Santos Degollado colocó la primera piedra que daría inicio a la obra. La construcción fue a menudo interrumpida por numerosas dificultades, como la Guerra de Reforma, la intervensión francesa y otros conflictos. En 1865, a pesar de no estar terminado completamente, se decidió inaugurar el teatro que llevaría por nombre “Degollado” en honor al benemérito gobernador que perdiera la vida en batalla el 16 de junio de 1861. A partir de 1855 hasta 1896, el Teatro Degollado sería protagonista de una de las más importantes actividades operísticas en México.

El Teatro Degollado fue inaugurado el 13 de septiembre de 1866 con la ópera Lucía de Lammermoor, de Donizetti, representada por la compañia de ópera italiana del maestro Annibale Biancchi, siendo la cantante principal Ángela Peralta, “El ruiseñor de México”.

Esta función fue la primera de una temporada que constó de trece títulos, que se representaron del 13 de septiembre al 7 de octubre. El éxito y el entusiasmo del público tapatío fueron palpables en cada función, aunque la assitencia fue irregular y muchas de las veces, insuficiente. Por lo que el año siguiente, en 1867, no hubo temporada –y prácticamente ninguna actividad más que una gala a inicios del año–. Después, de 1867 a 1868, hubo otra temporada que constó de 28 funciones de la compañia de ópera italiana de Luigi Donizetti, siendo su director musical Miguel Meneses, quien el 14 de abril estrena su ópera Atala, misma que fue especialmente ovacionada. De acuerdo con Aurelio Hidalgo “se verificó ante el escaso público, que al concluirla función pedía a gritos la repetición de Atala. (…) al fin el señor Donizzeti notificó la repetición de Atala para el martes 21, pues la orquesta tocaría gratis esa noche y no se cobraría renta del teatro. Hubo grandes aplausos.” (Hidalgo, Aurelio. 1996). A pesar del éxito obtenido, llama la atención el que ninguna otra ópera mexicana fuera representada a lo largo del siglo XIX.

De 1872 a 1877 se rerpresentaron 24 óperas, en las que participaron la compañía de ópera de Elisa d’Aponte, la compañía de ópera italiana de Luigi Donizetti, la compañia de ópera Pardini, así como un grupo de aficionados jaliscienses que el 27 de febrero de 1876 representó la ópera El trovador, de Verdi. De 1879 a 1883, hubo más de 60 funciones, teniendo la participación de la compañía de ópera de Ángela Peralta, hasta entonces la primera compañía mexicana de ópera en presentarse en el Teatro Degollado. En lo sucesivo, las temporadas de ópera se vuelven más escasas hasta 1896, habiendo solamente en los años 1887, 1891, 1892 y 1896, destacando la participación de la compañía inglesa de ópera de Emma Juch en estos dos últimos años, presentando óperas de Mascagni, Leoncavallo y Wagner.

De 1866 a 1896 se representaron los siguientes títulos:

 Un panorama de la ópera en Guadalajara en el siglo XIX

ópera

Cuadro 3

A lo largo de treinta años del Teatro Degollado, se llegaron a representar cerca de cincuenta títulos en más de cien funciones, hazaña hoy día inconcecible. Es notoria la preponderancia de la ópera italiana en el repertorio y, en general, en la cultura musical imperante. El estilo italiano fue la norma durante muchos años entre cantantes, músicos y compositores mexicanos de la época. La misma ópera Atala, única ópera mexicana que se llegó a representar en el Teatro Degollado durante el siglo XIX, fue escrita bajo la influencia de la música italiana. No obstante, llama la atención que no se llegara a representar ninguna otra ópera mexicana a pesar del enorme éxito que tuvo Atala, cuando al mismo tiempo, en la capital, sí se llegaron a representar muchos más títulos de compositores mexicanos, como el mismo Meneses, Melesio Morales, Aniceto Ortega y Felipe Villanueva, por mencionar algunos. En 1866, meses antes de la inauguración del Teatro Degollado, la compañía de ópera de Annibale Biancchi, estrenó la ópera Ildegonda de Melesio Morales en el Teatro Imperial, sin embargo, ésta no se estrenó en Guadalajara hasta el 2007.

Además del Teatro Degollado, en el Teatro Principal también se representaron óperas, como comentamos anteriormente, sin embargo, la mayor actividad se dió en el Degollado. Los demás teatros se limitaron a la representación de obras teatrales, como pastorelas, dramas, comedias, coloquios, sainetes e incluso zarzuelas. Poco a poco los teatros comenzarían a desaparecer, algunos de estos se convertirían en hoteles (como el Teatro Principal), otros en cines y otros hasta en terminal de autobuses (como el Teatro del Tanque).

Para concluir podemos afirmar que en Guadalajara la ópera estuvo muy presente, a pesar de las grandes debacles que azotaron la ciudad a lo largo de estos cien años; además de que esta desempeñó un papel crucial en el desarrollo cultural, musical y artístico de la ciudad. El centralismo que imperó, y el cual Jalisco combatió arduamente a lo largo del siglo XIX, afectó el desarrollo de las artes en provincia. No obstante, el entusiasmo del público tapatío, así como la existencia del Teatro Degollado, permitieron que Guadalajara llegara a ser una de las ciudades con mayor actividad operística en el México decimonónico.

Iván Nájera

Bibliografía

Mora Sánchez, Basilio. 1986. Aspectos históricos del teatro en Guadalajara desde sus orígenes a la formación del teatro moderno. Universidad de Guadalajara.

González Pérez, Lourdes Adriana. 2015. La ópera en Guadalajara: una aproximación socio-cultural. ITESO.

Pareyón, Gabriel. 2000. Diccionario de música en Jalisco. Secretaría de cultura de Jalisco.

Pizano y Saucedo, C. 1967. Centenario del Teatro “Degollado” de Guadalajara. Historia Mexicana16(3), 419–426. Colegio de México

Olveda, Jaime. 2009. Presencia de los insurgentes en Guadalajara. Colegio de Jalisco

Octavio Sosa. 2002. La ópera en Guadalajara. Secretaría de Jalisco

Hidalgo, Aurelio. 1996. El Teatro Degollado 1866-1896. Gobierno del Estado  

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Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

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