Las nueve musas
Burro

Volver por el aroma

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Descendía por la serpentina carretera de Santa Elena y el sol, también cansado, castigaba mis ojos con su haz de luz. Treinta años se apretujaban como remolino en mi cabeza horadada: hermosos paisajes, extrañas costumbres, rostros amables, aeropuertos quedaron atrás. Sin embargo, yo ansiaba los aires frescos, la calidez de las gen­tes, los frutos alegres de mis montañas.

Al llegar vi el valle he­rido en los costados: bloques de terracotas y grises impensados eclosionaban aquí y allá. No era la estampa ideal, pero el aroma de la tierra pervivía en mi corazón que saltaba emocionado incapaz de evitar tanta felicidad.

José Fernando Suárez Isaza

José Fernando Suárez Isaza

Autorreseña gramatical

Medellín, Colombia, año sesenta y tres. En la distancia, intento adjetivarme objetivamente. Tomo el diccionario: sólo soy un sustantivo común con ansias de calificar.

Me detengo largo tiempo en dos palabras: música y publicidad. Afición y profesión. Paso la página. Más adelante, aparecen diversas expresiones verbales en modo infinitivo, conjugadas de manera irregular y en cantidad variable de tiempo, modo y lugar: Vender, enseñar, transportar…

Escribir.

Me cayó ese “mal de letras” con el sol casi trepado en lo alto. Vinieron las lecturas, los deslumbramientos, los talleres, los aprendizajes. Fiebres muy altas, ideas que rondan, mal dormir. Efectos concomitantes. Algunas historias son ahora aviones de papel (Quitasol, Lexis, editorial U. P. B., Medellín en 100 palabras, Fundación Haceb, editorial Bola de Papel, Mundo de escritores…), valiosos aprendizajes con los que la fantasía se ha echado a volar. Otras, aguardan pista reducidas en hangares: un libro de cuentos, una colección de cien microrrelatos en cien palabras, una novela y un “Cajoncito de recuerdos”. He cometido versos, pero, ¿quién no ha pecado?

Salvo Las nueve musas, que me permite —algo que agradezco— la posibilidad de volar más lejos, es imposible por el momento destacar en mayúsculas un reconocimiento. Puro cuento sería. Mas, sigo aferrado a las letras, como si yo fuera su pronombre posesivo, como si de palabra nos hubiésemos comprometido a estar juntos por siempre en un futuro perfecto.

Reseñas literarias

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