Las nueve musas
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Teresa. La telenovela perfecta

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Las telenovelas, conocidas en España como “culebrones”, debido a su exagerada duración, son un producto que cuenta con un amplio público en diversos países

Considero que cualquier expresión cultural es digna de análisis; no sólo aquellas que reflejan el gusto de una élite socioeconómica, como la ópera o las artes conceptuales, sino también las actividades que expresan ideas de las masas. Si, además, esta expresión muestra lo que las élites quieren que piensen las masas de sí mismas, y se convierte en un producto de aceptación internacional (31 países, si no conté mal), hablamos un fenómeno sumamente interesante.

Este es el caso de la telenovela Teresa (Televisa, 2010), con guion original de Mimí Bechelani (1961). Esta versión fue protagonizada por Angelique Boyer (actriz francesa nacionalizada mexicana), Sebastián Rulli (actor argentino nacionalizado mexicano) y Aarón Díaz (actor y cantante mexicano).

El argumento

Teresa, una joven de familia pobre urbana, logra la excelencia académica en Leyes (en una universidad privada) y se casa con un abogado triunfador (su exprofesor y mentor). En el proceso, su ambición desmedida la lleva a renegar de su familia y amigos, y a traicionarlos de diversas formas. El abogado y un doctor (exnovio de Teresa) rivalizan por su amor, aunque ella deja a su esposo por un amigo de él, el cual es aún más acaudalado. Al final, ella paga su soberbia y su codicia, abandonada por todos los que alguna vez la amaron.

Este argumento es replicado casi exactamente en Rubí (1968), de Yolanda Vargas Dulché, que fue también cómic, película y telenovela. En ambas obras se da el triángulo amoroso entre una joven de origen humilde y dos profesionistas, uno de los cuales es médico. La versión que nos ocupa ahora tuvo dos finales, como la serie animada Candy Candy, cuyo final sin amor romántico no satisfizo al público italiano. En el fin alterno de Teresa (que se volvió el favorito del público) el abogado la perdona y le pide que vuelva.

Los personajes

Esta producción podría llamarse perfectamente La vecindad de los ojos claros, pues el personaje principal, sus enamorados, sus dos padres, su hermana, su madrina, varios vecinos y otros personajes secundarios (incluso el narcomenudista de la vecindad) tienen los ojos verdes, azules, grises o por lo menos claros, caso totalmente atípico en las zonas pobres de la Ciudad de México. Eso no significa que no se trate de un gran elenco, y destaca enormemente el amplísimo repertorio gestual de Angelique Boyer, que ofrece toda una gama de connotaciones en cada uno de sus parlamentos, dejando al espectador la tarea de interpretarlos, involucrándolo así en la trama.

Diálogos

Ximena Suárez, Julián Aguilar, Janely Lee y Vanesa Varela hicieron un magnífico trabajo de adaptación y edición, pues los parlamentos resultan sumamente naturales y dan una gran posibilidad expresiva a los actores. A diferencia de otras producciones de Televisa, las incongruencias son apenas perceptibles en medio de las virtudes de la obra total (casas “pobres” pero amplias, por ejemplo); quedan en el campo en el cual el autor de una obra narrativa, para empezar, le pide tácitamente a su público creer que ciertas cosas son posibles.

El fondo

Todo lo dicho anteriormente permite que el espectador se identifique con los personajes, se enamore y odie alternadamente a Teresa, se enfurezca a causa de su soberbia o por la ingenuidad de los que la rodean, y hasta los episodios cómicos están bien calculados y dan un respiro al televidente.

Pero, más allá de todo esto, Teresa expone una realidad ingrata: a las mujeres la sociedad les exige mucho más que a los hombres. En el fondo, es eso lo que lleva a su protagonista a la obsesión por ser “exitosa”, “agresiva”, por supuesto, desde un punto de vista androcéntrico: cuando su novio por fin logra graduarse como doctor, ella le exige que trabaje en una gran clínica privada para obtener jugosos dividendos, mientras él prefiere fundar dispensarios para atender a la gente pobre.

La historia de Teresa Chávez es desgraciadamente vigente: una mujer que, debido a su belleza, y ante la presión de la sociedad por alcanzar el éxito material, termina explotando su sexualidad como cualquier mercancía.

A ella no le basta con triunfar sobre sus rivales, sino que su obsesión competitiva (¿inmasculación?) la lleva a buscar la completa aniquilación de las “otras”: su rival de la escuela, la exesposa del abogado, la madre del amigo de su esposo, incluso su mejor amiga.

El cuadro se completa con el tema musical Esa hembra es mala, de una Gloria Trevi que comenzaba entonces su regreso triunfal a los escenarios. El estribillo pegadizo estigmatiza al personaje, que ni siquiera merece el nombre de mujer o de persona, sino el de hembra, aquella cosa animal con el mismo sexo que la mujer, pero que no alcanza esa categoría debido a su vileza.

El mensaje global que la élite le da a las masas es claro: Las mujeres bellas pueden aspirar a “superarse”, pero ¡cuidado!, no deben ambicionar “demasiado”: las que así lo hacen son exageradamente egoístas, son unas “trepadoras” que merecen ser castigadas.

Por todo lo anterior podemos afirmar que Teresa es la telenovela perfecta: atrae al público con los actores, cuya mayoría coincide con el estereotipo de belleza eurocentrista; lo atrapa al apelar poderosamente a sus emociones, lo hace aceptar el juego de que es posible otra realidad (una en la que los ricos y los pobres forman parejas), y le da a las masas un mensaje que es, al mismo tiempo, de esperanza y de conformismo: las previene contra los “males” de la movilidad social (especialmente si el individuo inquieto es mujer).

Valdemar Ramírez Loaeza

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