Las nueve musas
Trafalgar
Muerte de Cosme de Churruca, por Eugenio Álvarez Dumont

Siglo XIX: una serie de catastróficas desdichas

Promocionamos tu libro

Son muchos los acontecimientos que marcaron el siglo XIX y que provocaron el declive de España. Habiendo acabado la centuria anterior siendo una de las potencias europeas de la época, el país pasó a ocupar el puesto vigésimo entre las economías del viejo continente durante este periodo.

Los innumerables conflictos internos, la pérdida de las colonias y la incapacidad para sumarse a la revolución industrial, marcaron el devenir de una nación carente de infraestructuras y dedicada mayoritariamente a la agricultura.

Los datos y comparativas con los demás países resultan demoledores. Valgan como ejemplo los siguientes valores; si bien a principios de siglo la renta per cápita española estaba al nivel de los estados punteros, a mediados había pasado a ser del 70% y a finales del 50%.

El analfabetismo duplicaba las tasas europeas, siendo superior al 80% a mediados de siglo, y por si esto no fuese suficiente, las escasas infraestructuras hacían que un producto se encareciese en un 35% respecto a origen mientras que en los principales países europeos sólo lo hacía en un 4%.

El siglo comenzó con “la guerra de las naranjas” contra Portugal, un conflicto al que España se vio abocada debido a su coalición con Francia. Napoleón había instado a Portugal a romper su alianza tradicional con Reino Unido y a cerrar sus puertos a los barcos Británicos bajo amenaza de guerra. Advertencia que cumplió, ante la negativa portuguesa, haciendo que España, obligada por el tratado de Madrid de 1801, declarase la guerra a los lusos. Si bien la pugna duró apenas 18 días, tras los cuales la línea divisoria entre ambos países se fijó en aquella zona utilizando el curso del río Guadiana, el conflicto supuso un avance de lo que resultaría el siglo XIX para el país: Guerra, enfrentamientos y miseria.

Posteriormente, en 1805, se dio uno de los hechos más relevantes, y a partir del cual se precipitó el declive español: La batalla de Trafalgar. La derrota de la coalición franco-española frente a la armada real británica, provocó la pérdida de gran parte de la flota hispana, que a partir de aquel momento quedó diezmada e incapaz de realizar el control marítimo que llevaba décadas ejerciendo. Las rutas comerciales con las colonias quedaron desprotegidas, y ello supuso un durísimo golpe para la economía.

Trafalgar

Tres años más tardes, en 1808, se inició la guerra de la independencia. Según el tratado de Fontainebleau de 1807, España proveería a Francia el necesario apoyo logístico al tránsito de sus tropas por el país, de cara a una invasión conjunta de Portugal. Tal y como habían acordado, las tropas francesas entraron en España y cruzaron su territorio hasta la frontera lusa. Sin embargo, los planes de Napoleón iban más allá, y su ejército fue tomando posiciones en importantes enclaves con objeto de implantar su propia dinastía, convencido de contar con el apoyo popular.

Si bien la gran inestabilidad política, posiblemente orquestada por Fernando VII para obtener la corona, otorgó el trono a José Bonaparte (tras la detención de Manuel Godoy, jefe de gobierno, y la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII, que se vio obligado a abdicar apenas dos meses después), la precaria situación de la población, unida a la exigencia de manutención de un ejército extranjero cuyo comportamiento provocó innumerables episodios de violencia, derivaron en revueltas y brutales represiones. Dichos enfrentamientos, acabaron provocando la guerra por la vía de la presión popular, a pesar de la actitud contraria de la Junta de Gobierno que había designado Fernando VII, en el escaso tiempo que permaneció en el trono.

 Godoy como general
Francisco de Goya – Godoy como general

La citada guerra de independencia, que se alargó durante 6 años, dejó un país arruinado. A los propios costes de la guerra y la gran cantidad de muertos, se sumaron la destrucción y la rapiña. Los ejércitos se habían aprovisionado sobre el terreno mediante requisas, embargos y robos, además de devastar todo aquello que pudiera ser empleado por el enemigo, lo que redujo el número de cultivos extendiendo la hambruna y la mortandad. La situación también afectó a la industria y al transporte. Las fábricas textiles desaparecían por falta de ovejas, que servían de alimento a los contendientes, y el transporte se vio muy limitado, ya que bueyes, mulos, caballos y otros animales de tiro fueron incautados por los militares. Además, los ejércitos extranjeros aprovecharon las circunstancias para reventar el tejido industrial español que competía directamente con empresas de sus respectivos países (es el caso del bombardeo por parte de los ingleses de la industria textil de Béjar o el de la real fábrica de porcelana en Madrid).

Fernando VII
Fernando VII

El regreso ilusionante de Fernando VII al trono en 1814, supuso el inicio de un periodo de decepciones, en el que caben destacar la restauración del régimen absolutista y la progresiva emancipación de las provincias americanas. Siendo un constante las luchas internas con los liberales, y tras seis años en las que el monarca y su gobierno no consiguieron resolver la dura situación de crisis, el 1 de enero de 1820, el Teniente Coronel Rafael del Riego se sublevó junto a las tropas que estaban preparadas para acudir a las provincias americanas en rebeldía y reclamó la restitución de la constitución de 1812 (“La Pepa”). Ante este hecho que seguía las corrientes europeas, el regente no tuvo más remedio que ceder y jurar la constitución apenas unas semanas después.

Transcurridos tres años de dominio liberal, Fernando VII solicita ayuda a varios reinos absolutistas de Europa, que le envían un poderoso ejército (“Los cien mil hijos de San Luis”) con el que consigue la capitulación del gobierno y el restablecimiento de la monarquía absolutista.

Da comienzo la época conocida como Década Ominosa, que arranca con la purga de los liberales, y que tras varios años de alternancia de absolutistas moderados y radicales en el favor del rey, derivó en la persecución de estos últimos. Durante este periodo, mientras la facción moderada intentaba hacer pequeñas reformas liberales, influenciados por los cambios que se daban en el continente y con la necesidad de dar solución a la crisis tanto económica como institucional que asolaba el país, los realistas (radicales) se oponían a cualquier variación al no entenderla necesaria. Ante las maniobras de los radicales, que incluso originaron algunas revueltas, el rey inicia su persecución, lo cual agudiza su extremismo y hace que amparándose en la falta de descendencia del monarca, busquen un sucesor al trono que mantenga los valores del absolutismo. Lo encuentran en el infante Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey.

En 1829, tras el fallecimiento de su tercera esposa y ante la necesidad de un heredero, Fernando VII contrae matrimonio con su prima carnal de 23 años Mª Cristina de Borbón.

Consciente de los movimientos de los radicales y en previsión de una eventual falta de descendencia masculina, deroga el reglamento de sucesiones en detrimento de su hermano, lo que permitirá que su descendencia femenina también pueda sucederle. Al transcender la noticia del embarazo de la reina, el malestar entre las filas ultra absolutistas se acrecentó, y más aún cuando en octubre de 1830 nació la infanta Isabel, que pronto sería investida como princesa de Asturias y por tanto declarada oficialmente heredera legítima al trono.

Los seguidores de Carlos María Isidro de Borbón no se resignaron, y tras varias maniobras, aprovecharon la enfermedad de Fernando VII para en septiembre de 1832, siendo su estado delicado, presionar y engañar a la reina para que intercediese en su favor. De este modo, María Cristina influyó en su esposo y éste revocó la ley que cerraba el acceso al trono a su hermano. La norma que impedía reinar a las mujeres volvía a estar en vigor. Pero la inesperada recuperación del monarca, que contaba con el apoyo de los moderados, provoca la destitución del gobierno y la anulación del decreto derogatorio. De esta forma, Isabel, de dos años de edad, volvía a ser la heredera al trono.

Francisco Cea Bermúdez
Francisco Cea Bermúdez

El nuevo gobierno, con Francisco Cea Bermúdez a la cabeza, no tarda en ser consciente de que necesita el apoyo de los liberales moderados para sostener a Isabel en el trono una vez fallezca el rey, con lo que toma una serie de medidas encaminadas a lograr el acercamiento y a preparar la regencia de la reina María Cristina; reabren universidades, amnistían presos y exiliados liberales, se crea el Ministerio de Fomento General del Reino, se sustituyen altos cargos del ejército y la policía, se restringen las actividades de los Voluntarios Realistas (milicias de absolutistas radicales compuestas por unos 300.000 hombres)… Por su parte, los “Carlistas”, apartados ya del poder, no dudan en enfrentarse al gobierno y hacer un llamamiento a las armas, produciéndose algaradas, e incluso un proyecto de insurrección en León antes de la muerte de Fernando VII y que fue abortado en enero de 1833.

Tras la muerte del rey el 29 de septiembre de 1833, el pretendiente Don Carlos María Isidro de Borbón se dirige a los españoles mediante la redacción de un manifiesto (Manifiesto de Abrantes). En él, reclama la corona apoyándose en la religión y en la ley fundamental de sucesión, la Ley Sálica que apenas un año antes había vuelto a derogar su difunto hermano. Según esta ley, las mujeres sólo podrían heredar el trono si no había hijos varones, hermanos o sobrinos. Este manifiesto, que rechazaba la autoridad de la Reina regente, inició el conflicto dinástico denominado Primera Guerra Carlista (1833-1840). Una guerra civil con un fuerte componente ideológico y de gran violencia política. Un enfrentamiento en extremo sangriento, en el que al no haber posiciones definidas, la población sufrió las idas y venidas, así como las represalias de ambos bandos. Hablamos de unos 250.000 fallecidos (100.000 civiles) en una población de 12 millones de habitantes.

Pero las consecuencias fueron más allá y marcaron el devenir de gran parte del siglo XIX, e incluso se dejaron notar en el XX, tanto en cuestiones políticas, como económicas. En el plano político, produjo la definitiva inclinación de la Monarquía española hacia el liberalismo como único apoyo al trono de Isabel. También reforzó el protagonismo de los militares en la política, que conscientes de su relevancia se acomodaron al frente de los partidos liberales. A nivel económico, la guerra supuso un enorme gasto que lastró aún más la pésima situación de una hacienda que ya venía deteriorada por los graves acontecimientos de las décadas anteriores.

Isabel II
Isabel II

Además, el cierre inadecuado del conflicto hipotecó un futuro marcado por la rivalidad entre “Carlistas” e “Isabelinos”, como lo atestiguan los conflictos vividos en las siguientes décadas. La segunda guerra Carlista tuvo lugar entre 1846 y 1849, en 1868 se produjo una revolución (“La Gloriosa”) que supuso el derrocamiento y exilio de Isabel II, entre el año 1871 y 1873 se vivió la monarquía parlamentaria con Amadeo de Saboya como regente, después hubo una época republicana (1873-1874) con la tercera guerra Carlista como telón de fondo (1872-1876). Todos estos acontecimientos marcaron el acontecer del siglo XIX, un periodo de declive que concluyó con la pérdida de las tres últimas colonias en el año 1898 (Cuba, Puerto Rico y Filipinas).

Las brechas abiertas durante este periodo afectaron al nuevo siglo, que se inició con el monarca Alfonso XIII gobernando bajo la fórmula de monarquía parlamentaria. Unos primeros años en los que el rey sufrió varios atentados y vivió revueltas motivadas por la precariedad laboral, la crisis económica, la guerra de Marruecos y la situación existente debido al desarrollo de la primera guerra mundial. Quizás intentando eludir responsabilidades de los hechos ocurridos durante la guerra de Marruecos, legitimó el golpe de estado del capitán general Primo de Rivera (1923-1930) para gobernar bajo la forma de una dictadura militar que posteriormente le obligó a exiliarse. En 1931 se instauró la segunda república, pero apenas cinco años después, en 1936, se produjo el levantamiento militar que derivó en la dictadura franquista.

En definitiva, el declive iniciado a finales del siglo XVIII y principios del XIX, fue derivando en un sinfín de acontecimientos a lo largo de la centuria, a cada cual más negativo, que hundió al país y lo relegó a posiciones internacionales postreras hasta entonces desconocidas.

El estado en el que acabó la nación tras dicho periodo, lastró tremendamente el comienzo del nuevo siglo, e impidió la recuperación hasta finales del mismo.

Lander Beristain

Lander Beristain

Lander Beristain, San Sebastián (Gipuzkoa) 1971. Siendo el menor de tres hermanos, se crió en el seno de una familia de clase media que además de aportarle su cariño, le inculcó el gusto por la educación y la cultura, así como unos valores personales marcados a fuego que aplica en todos los aspectos de su vida y proyectos en los que se implica.

Pasó su infancia en Deba (Gipuzkoa) y posteriormente se trasladó a vivir a San Sebastián.

Apasionado de la literatura y de la historia del imperio romano, así como de las novelas históricas que leía en diversos idiomas, tuvo que relegarlos a un segundo plano para acometer sus estudios de Ingeniería industrial en la Universidad de Navarra y desarrollar una carrera profesional estable.

Con infinidad de ideas en su cabeza comenzó a escribir “El Consejero de Roma” en 2017, tardando 2 años en confeccionar el primer borrador. Posteriormente fue puliendo diversos detalles y aspectos, antes de presentarlo a “Las nueve musas ediciones” para su edición, de forma que quedase listo para ver la luz. Un momento tan esperado como ilusionante.

Publicamos tu libro

Añadir comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.