Las nueve musas
Rubén Pinella
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Qué secreta
y oculta alianza
existe entre la mirada y la mirada?
y qué relación persiste
aquí abajo
en la sombra
en la última sombra
de nosotros (?)
Juan Manuel Inchauspe

En la obra de Rubén Pinella [1] encontramos el  trabajo sistemático de  mostrar lo que no vemos, de obligar la mirada, detenerla.

obligar la mirada

Una mirada de lo que quedó, del rastro histórico de lo que fue  y a la vez la foto de lo que ya no está, su evidencia: esa dialéctica entre un pasado más remoto que la foto y el presente de la toma. La metáfora de lo que ha sido, duplicada. Así, Una década, una política determinadas han dejado su huella y Pinella enfoca su mirada y su objetivo en esa huella.

Dice Philippe Dubois[2]

“la fotografía está emparentada con esa categoría de “signos” entre los que se encuentra también el humo (indicio de un fuego), la sombra (indicio de una presencia), la cicatriz (marca de una herida) la ruina (vestigio de lo que ha estado ahí), el síntoma (de una enfermedad) la huella de un paso, etc. Todos estos signos tienen en común el hecho de ser realmente afectado por su objeto, de mantener con él una relación de conexión física”

En este sentido, la fotografía de Pinella está conectada con esa ruina, ese resto y los motivos,  la historia en ellos implicada.

En su libro “Abandonos” coproducido con Jorge Pousa  releva las huellas de la década de los 90 en Tres Arroyos, una ciudad al sur de la Provincia de Buenos Aires.  En su prólogo[3] se lee:

“Al contrario de la gran mayoría de los fotógrafos, las imágenes presentadas no son imparciales (…)  Buscan la presentación del fenómeno abordado en su totalidad histórica.

Es necesario tener en claro que toda imagen fotográfica, es pasible de decodificación y tiene algo para decirnos.

En ese sentido, el lenguaje fotográfico ha sido recurrentemente interpretado de dos maneras radicalmente distintas e igualmente equivocadas: a) como forma de conocimiento lúcido de la realidad (sin ninguna intermediación del fotógrafo en cuanto autor ideológico); b) como mera ilusión de lo real a partir de métodos y abordajes intuitivos y no racionales de carácter idealista. Mientras que aquella afirma su característica única de ser “reflejo de lo real” y testimonio imparcial de la historia, ésta le da una primacía de representación casi autónoma y arbitraria. (…) Estas dos percepciones poseen su ontología basada en una concepción metafísica del mundo. La imagen fotográfica, como cualquier otro documento, está construida a través de visiones de lo real.”

 Una edición de 2004 que se enriquece continuamente con la captura cotidiana que Rubén realiza del entorno.

Rubén PinellaPor último, la visibilidad de aquello que no es mirado, ante lo que la mirada y el objetivo de la cámara usualmente no se detienen,  frente a lo que se sigue de largo, ese no registro en su doble sentido: fotográfico y humano.

Esa visibilidad es posible en la medida del recorte, casi quirúrgico que practica Pinella, ese encuadre donde lo que estaría por fuera de la imagen es puesto en primer plano: como denuncia, como grito, como ostentación de lo real.

En una sociedad y una época que  exacerba el culto a la imagen pero donde su producción no es democrática sino que responde a imposiciones ,  se puede trasladar lo que Barthes[4] dice de la lengua a la imagen:

“Pero la lengua, como ejecución de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresista, es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar a decir.”

Beatriz Fiotto

[1]  Rubén Pinella, fotógrafo y profesor de fotografía. Vive en Tres Arroyos. Buenos Aires

[2] Philippe Dubois en “El Acto Fotográfico”

[3] Paulo Humberto Porto Borges en Prólogo al libro Abandonos

[4] Roland  Barthes en “la lección Inaugural”

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Olmer Ricardo Cordero Morales

Olmer Ricardo Cordero Morales

Pertenezco a la Generación Perdida que creció en medio de la guerra contra el narcotráfico en las décadas de los años 80's y 90's.

Me considero un "medellinologo", soy un investigador urbano que se ha dejado atrapar por una ciudad tan compleja, a la cual todos sus poetas y escritores mayores le han cantado con una profunda mezcla de amor y odio.

Desde muy temprana edad me entregué a la literatura que es mi pasión. A los quince años asistí al Taller de Escritores dirigido por Manuel Mejía Vallejo en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. A los 18 años ingresé a la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, allí empecé a participar en la actividad cultural y política de la ciudad, fundé junto con otros jóvenes ingenuos y soñadores grupos de poesía y teatro, también realicé documentales.

Soy egresado en Letras: Filología Hispánica, Universidad de Antioquia.

En 2015 gané el premio de Crónica: Belén sí tiene quien le escriba, con la obra “La calle, la esquina, el barrio”. Soy docente, periodista y corrector de texto y estilo. En 2018, publiqué la novela, La flor de los 80’s. En 2022, ocupé el segundo puesto en el IV premio de Relato Breve convocado por Las nueve musas, revista digital de España.

Corrección de textos

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