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Retazos de poemario absurdo y feromonas

Retazos de poemario absurdo y feromonas

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Escribir y leer poesía hoy en día, en esta época de prisas e inmediatez, resulta un acto extraordinario, es decir, fuera de lo ordinario. Porque la poesía requiere calma, paciencia, lentitud, pausa.

Es degustar un plato elaboradísimo que no puede ni debe tragarse como una píldora insípida. Si además se trata de escribirla, hay que sumar el proceso de elaboración, esfuerzo, selección y dedicación (sin olvidarnos de la obligada visita que el poeta ha de recibir de las musas).

En esta heroica empresa se ha embarcado -y nos ha embarcado a nosotros, sus lectores- Jorge García Zúñiga con este libro de poemas: Retazos de poemario absurdo y feromonas.

En primer lugar, hemos de aclarar que tras su lectura no encontramos nada de absurdo en estos poemas, según se nos adelanta en el título. Tal vez la calificación se deba no a lo ‘extravagante o disparatado’, sino a que se opone a la razón, o sea, nace de la pasión (“Derrochando corazón” se titula el último de los poemas). En cuanto a las feromonas, no hay duda de que las hay, puesto que algunos de los poemas que aparecen en este libro sí pretenden influir en el comportamiento o desarrollo de quienes los leamos, pero sin didactismos autoritarios ni imposiciones tiránicas: con natural sencillez (cuya consecución no siempre es fácil), Jorge García Zúñiga aconseja, homenajea o critica para alcanzar un mundo mejor: «vivir con respeto, tolerancia, educación e igualdad».

El libro está compuesto por 34 poemas de diferente extensión. En su gran mayoría, son de temática amorosa en casi todas sus vertientes: la buena suerte para expresar el éxito amoroso (“El novio de la [suerte]”), el recuerdo de un amor que terminó (“Reinona Ryder”), la superación de un desamor (“Olvidando(te)”), el viaje de amor para reencontrarse con la amada (“El turista enamorado”), la pasión sexual (“Eyakul-arte”), el tópico de la mirada que transmite más que las palabras -imposible me ha sido no rememorar el famoso soneto de Quevedo que dice «Si mis párpados, Lisi, labios fueran, / besos fueran los rayos visüales»- (“Las miradas”), el dolor por una ruptura que convierte en cobarde al yo poético por no atreverse a decir «la frase adecuada / cuando el dolor es inevitable / cuando se quieren minimizar los daños» (“Ardía mi cobardía”), o que sufre tanto por la pérdida que «me convierto en un poema imposible de leer» (“Tocado y hundido (…pero con pelazo)”). Pero esa “Pena de olvido” (título del Poema 16) se acaba superando («Hoy me toca ganar» dice el verso de otro poema) y se convierte en una bella razón para cambiar el mundo y a la gente (“El esbirro subversivo”). Porque como dice el poema 24 (“Llena de gracia”): «Amar es siempre un punto de partida / un apasionante camino en esta vida / eternamente dispuesto a recorrer».

Pero el libro también es rico en otros temas que se van combinando magistralmente con los de amor y que aportan la visión del autor en otros asuntos igual de interesantes. De hecho, el poemario se abre con “Maldito GPS”, que habla de la búsqueda existencial y de la libertad, de cómo hay que labrar el propio camino y no ser conducido por otros (viene a la mente el camino machadiano), de cómo hay que disfrutar del viaje y no pensar en el tiempo que nos ocupa el trayecto (como en “Ítaca” de Cavafis). También me parece magnífico el poema “Dentro del laberinto (sin David Bowie)”, de tono pesimista, casi angustioso, en el que la vida es «un callejón sin salida», «un laberinto / vasto y angosto» por el que el yo poético camina aguardando el fatal encuentro con «el Minotauro / y me comerá». ¿Y qué decir de poemas como “Valientes”, “Astro caído”, “Echar a volar” o “Mujer”? Alabanza a quienes luchan o lucharon por una sociedad mejor, recuerdo de alguien que pudo ser y no fue por su vida de desenfrenos y drogas, la exhortación a las mujeres para que alcancen sus metas o el canto a la mujer -repleta de virtudes- a la que debemos admirar, respetar y cuidar.

No quisiera cerrar este prólogo sin citar el humor que también hay entre estas páginas. Animo al lector agudo para que se fije en títulos y versos varios. Son muy ingeniosos.

Finalmente, sólo queda dar la enhorabuena al autor por tan logrado poemario («desear es el inicio de poder» concluye el poeta) y esperar -con total seguridad- que los lectores disfruten de su lectura tanto como la disfrutó quien estas palabras escribe.

Javier Vicente Moreno

Sobre el autor

Retazos de poemario absurdo y feromonas
  • García Zúñiga, Jorge (Autor)

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