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Little Bighorn: el inicio del fin

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La batalla de Little Bighorn fue el enfrentamiento armado entre fuerzas combinadas de tribus de nativos americanos, contra el 7º regimiento de caballería de los Estados Unidos.

Little Bighorn
Mapa de la cuenca del río Bighorn en Wyoming y Montana. De Shannon1 – Shaded relief from DEMIS Mapserver (which is PD), rest by me, CC BY-SA 4.0,

La confrontación tuvo lugar los días 25 y 26 de junio de 1876 cerca del río Little Bighorn, en Montana, y además de ser uno de los episodios más destacados de la Guerra de las Black Hills, supuso la victoria más importante de la coalición india durante la contienda, que se cerró con un nuevo tratado en el que se expropiaron más territorios a los nativos americanos.

La conquista del oeste trajo consigo muchas guerras a lo largo de los siglos XVIII y XIX, ya que los indios se rebelaron ante la invasión y ocupación de sus territorios. Algunos de los pueblos más beligerantes fueron los sioux y los apaches, cuyos enfrentamientos contra el ejército norteamericano han dado lugar a innumerables westerns.

Los conflictos apaches existían desde el siglo XVI, cuando los españoles llegaron a los territorios de Arizona y Nuevo México, y posteriormente, continuaron con los mexicanos, tras su independencia a principios del siglo XIX y hasta 1848, para después reproducirse contra los Estados Unidos, cuando estas zonas pasaron a ser parte de su territorio. No obstante, la situación con este pueblo empeoró considerablemente tras el descubrimiento de oro en California y el consiguiente trasiego de inmigrantes a través de su territorio.

Las denominadas guerras apaches se desarrollaron entre 1861 y 1886, dándose los conflictos más duros durante el periodo de liderazgo del famoso jefe Gerónimo, quien puso en jaque al gobierno estadounidense a partir 1876, con su negativa a aceptar que los indios fueran recluidos en reservas. Pero su detención, y posterior destierro en 1886, precipitaron el final de los enfrentamientos.

Los sioux por su parte, se hicieron muy conocidos por su gran resistencia al avance del hombre blanco. La gran nación sioux era el nombre con el que se conocía al conjunto de tribus nómadas, lakotas, dakotas y nakotas, dedicadas a la caza de bisontes, que habitaban en las grandes llanuras, siendo el río Misisipi su frontera natural.

El origen de las guerras que se desencadenaron en el siglo XIX con este pueblo, se halla en la venta por parte de Francia de los territorios de Luisiana a los Estados Unidos en 1803. Con la adquisición de esta vasta región, que comprendía hasta quince de los actuales estados, comenzó la conquista del oeste, y los conflictos con los nativos americanos que habitaban en él.

En 1851, el gobierno de los Estados Unidos y los sioux firmaron el primer tratado de paz, el tratado del fuerte Laramie. Los nativos se comprometían a permitir la instalación de fuertes militares en su territorio, así como el paso de las caravanas, a cambio de que se reconociese los territorios como suyos. Sin embargo, los continuos incidentes entre colonos y nativos, llevaron a una ruptura de la paz, conocida como guerra de Nube Roja (1866 y 1868) por ser el nombre del jefe sioux que la lideró. Su pueblo, se alió con los cheyenne y los arapahoe, para combatir lo que consideraban un abuso de la ocupación de sus tierras. Las batallas se desarrollaron en el centro de Wyoming, buscando el control del río Powder, por donde transcurría la ruta Bozeman, el camino principal que conducía a los campos de oro de Montana. Por lo que la citada guerra también fue denominada “guerra del río Powder”.

Fuerte Philip Kearney
La batalla cerca del Fuerte Philip Kearney, Territorio Dakota, 21 de diciembre de 1866

Los nativos asaltaron trenes y atacaron caravanas, además de hostigar a las tropas que participaban en la construcción de fuertes y las que escoltaban los convoyes, llegando a bloquear la ruta. Las luchas acabaron con la firma de un segundo tratado en el fuerte Laramie en 1868, mediante el que se reconocía el control del territorio del río Powder a los lakota, así como el de las Black Hills (sus colinas sagradas). También se establecían derechos de caza en territorios de Dakota del Sur, Wyoming y Montana.

Pero la paz duró lo que se tardó en ver el potencial económico de las tierras indígenas. Si los ricos recursos madereros de la zona resultaban ya un gran atractivo para el levantamiento de los nuevos asentamientos que se estaban creando en Missouri, no lo eran menos los recursos minerales del lugar. Unido todo ello al descubrimiento de oro en las Black Hills, motivó a muchos migrantes a cruzar los territorios sioux, sin que el gobierno hiciese nada por impedirlo. Apropiarse del lugar resultaba una tentación muy grande en unos momentos en los que la economía de Estados Unidos se enfrentaba a la gran depresión de 1873, si bien eran conscientes de que los lakota jamás renunciarían a su territorio.

Las repetidas incursiones, en violación de los tratados y de la ley federal, junto a la “incapacidad” recurrente del ejército para detenerlas, no sentaron nada bien a los nativos y sus aliados, que acabaron declarando la guerra a los intrusos y a los Estados Unidos. Cabe destacar, que antes de dar este paso, una delegación sioux viajó hasta Washington para tratar de convencer al presidente Grant de que respetara lo acordado, pero lo único que lograron fue una oferta de 25.000 dólares y el traslado a una reserva en Oklahoma como compensación si abandonaban sus tierras.

La guerra, denominada de las Black Hills o Gran Guerra Sioux, tuvo lugar entre 1876 y 1877. Muchos historiadores creen actualmente, que la administración de Ulysses S. Grant provocó deliberadamente la situación, con el objetivo de abrir el territorio indio para ayudar a la economía a salir de la Gran Depresión.

Iniciadas oficialmente las hostilidades el 8 de febrero con el envío de órdenes por parte del general Sheridan, los indios lograron mantener a raya a los militares, que fracasaron en la llamada Campaña de Reynolds. El general George Crook había recibido órdenes de localizar los campamentos de varias tribus sioux y cheyenne que se sospechaba estaban acampadas junto a los ríos Powder, Tongue y Rosebud. De camino a la zona con el grueso de su ejército, el 16 de marzo decidió enviar hacia el río Powder, como avanzada, un destacamento bajo el mando del coronel Joseph Jones Reynolds, unos 380 hombres pertenecientes al 2º y 3er regimiento de caballería de los Estados Unidos.

Localizado un campamento cheyenne con un centenar de tiendas en las que debía haber unos 600 indios, algo más de 200 guerreros, el coronel decidió que emprendería el ataque la mañana del 17 de marzo. El hielo y la nieve hacía difícil acceder al campamento, por lo que Reynolds lanzó al ataque a una de sus compañías, pero no logró coordinar al resto de sus hombres para que la respaldaran. El resultado fue que los nativos contuvieron a los soldados para que los ancianos, las mujeres y los niños pudieran ponerse a salvo. Tras 5 horas de duros combates, sin lograr apenas resultados y con sus hombres atenazados por el frío, dio la orden de retirada. Los errores cometidos por el coronel durante este ataque le costaron un juicio marcial, por el que fue suspendido de rango y paga por un año, lo que provocó que dejase el ejército apenas tres meses después.

El ejército estadounidense reanudó la lucha con un plan de invasión triple de la región de los ríos Bighorn y Powder. El coronel John Gibbon dirigiría una fuerza desde el oeste; el general Alfred Terry (con el teniente coronel George Armstrong Custer) vendría del este; y el general George Crook por el norte desde Fort Fetterman, cerca de la actual Douglas, Wyoming. El objetivo de las 3 columnas convergentes, era encontrar a los indios y obligarlos a ingresar en las reservas.

George Armstrong Custer

El 29 de mayo, en el marco de estas operaciones, el General George Crook abandonó Fort Fatterman al mando de un nutrido contingente. Unos mil hombres, entre soldados de infantería y caballería, además de unas 250 mulas y 100 carretas, al que denominaron expedición Bighorn y Yellowstone. Siguiendo el camino Bozeman, escena de muchos enfrentamientos durante la guerra de Nube Roja tan solo 10 años antes, alcanzó el Tongue River el 8 de junio, cerca de la actual Sheridan, Wyoming. Caballo Loco, que había amenazado con luchar si “Tres estrellas” (Crook) cruzaba el río, cumplió su palabra el día 9.

Estando acampados en la desembocadura de la pradera de Dog Creek, observaron a dos guerreros cheyenne a caballo en los acantilados de la orilla norte. Posteriormente, aparecieron otros 200 que comenzaron a disparar hacia el asentamiento. Mientras tanto, otro grupo de nativos se ocultaba al este de la posición, con la intención de hacerse con los caballos del enemigo, aprovechando que estos se centraban en responder a los disparos. Crook ordenó el ataque. Tres compañías del 9º de infantería vadearon las gélidas aguas de la dificultad fluvial y se dispusieron a escalar los acantilados. Mientras, 4 compañías de caballería cruzaban el río más al oeste, reforzando el flanco izquierdo del ataque. Los jinetes desmontaron al llegar a una arboleda de álamos, y avanzaron a pie por los acantilados, no sin dejar sus monturas bien protegidas. Al llegar a la cima, los soldados lograron hacer retroceder a los nativos, que trataron de reagruparse y responder sin éxito en dos ocasiones, para finalmente retirarse hacia el norte. Los guerreros que pretendían robar los caballos, dadas las circunstancias, ni siquiera llegaron a intentarlo.

Caballo Loco
Caballo Loco

El general estadounidense esperó varios días en aquel lugar la llegada de guerreros aliados crow y shoshones, más de 250 hombres que por fin llegaron el día 14. Crook se había ganado una gran reputación en la lucha contra los nativos utilizando a “indios contra los indios”, por lo que aquellos refuerzos eran importantes para él. Ambas tribus deseaban aprovechar la oportunidad de golpear a sus antiguos enemigos, por lo que no dudaron en unirse al ejército frente a un enemigo más numeroso de lo que las tropas regulares pensaban.

El 16 de junio Crook y sus aliados avanzaron hacia el norte, más allá de Tongue River y hasta las cabeceras de Rosebud Creek. Cada soldado llevaba raciones para cuatro días y 100 cartuchos de munición, la intención era hacer una marcha rápida y silenciosa en busca del enemigo. Crook esperaba encontrar una gran aldea india en Rosebud Creek, pero esta se hallaba más al oeste, en Ash Creek. El general también cometió el error de subestimar la determinación de lakotas y los cheyennes, así como sus tácticas, pensando que emplearían las típicas emboscadas y atropellos, evitando un enfrentamiento a campo abierto.

George Crook
George Crook

Los guerreros indios, unos 1000 hombres, habían partido de su aldea en mitad de la noche con la intención de sorprender a los soldados a la altura de Rosebud. Cabalgaron sin apenas descanso durante toda la noche, para alcanzar la posición Crook con las primeras luces del alba del día 17 de junio. El grueso del ejército marchaba hacia el norte, a lo largo de la bifurcación sur de Rosebud Creek. Los soldados estaban fatigados debido a las intensas marchas de los días anteriores, y la vespertina diana de aquel día, por lo que el general tomó la decisión de parar a descansar. Aunque se encontraban en lo profundo de territorio hostil, no se tomaron disposiciones especiales para la defensa, las tropas se detuvieron siguiendo su orden de marcha. Los crow y los shoshones por el contrario, permanecieron alerta mientras los soldados descansaban. No tardaron en hacer contacto con el enemigo en los acantilados del norte y comenzar a disparar, detonaciones que en un principio fueron interpretadas por los soldados como acciones de caza de búfalos. Pero a medida que la intensidad del fuego aumentaba, fueron conscientes de que algo pasaba. El aviso de dos guerreros aliados, confirmó sus temores. Crows y shoshones, muy superados en número, retrocedían hacia la posición del ejército, pero su buena defensa, dio tiempo suficiente al general para desplegar sus fuerzas.

La batalla que siguió duraría seis horas y consistiría en acciones inconexas, cargas y contraataques, con los dos contendientes distribuidos en un frente de unas tres millas de ancho. Los soldados pudieron defenderse y obligar a retirarse a los guerreros de Caballo Loco, pero sin lograr derrotarlos.

Crook buscó apoderarse de las tierras elevadas al norte y al sur de Rosebud Creek. Apostó tropas en los acantilados del sur, para protegerse de los ataques indios por esa dirección, y envió varias unidades hacia el norte. Estas, a las órdenes del mayor Chambers, avanzaban hacia los lakota que defendían su posición desde un punto elevado. Para acelerar el avance, el general ordenó a la caballería cargar contra los indios, lo cual provocó su retirada. Sin la oposición de los nativos, el lugar no tardó en caer en manos de los soldados, que instauraron allí su cartel general y lo denominaron Crook’s Hill.

Las cargas de Crook habían asegurado un terreno clave, pero causaron poco daño a los indios, que si bien se habían dispersado, no abandonaron el lugar. Los lakota y cheyenne continuaban disparando desde la distancia y realizando ataques puntuales en pequeños grupos, retirándose cuando los soldados contraatacaban, haciendo sus cargas ineficaces.

Crook creía erróneamente que la tenacidad de los nativos se debía a la defensa de sus familias en una aldea cercana, por lo que envió varias unidades a buscar el citado poblado y llamó al batallón acantonado en el sur para que lo reforzase en Crook’s Hill. Mientras tanto, la situación del teniente coronel William B. Royall, su segundo al mando, que perseguía a los indios que atacaban el campamento, había empeorado. Avanzando rápidamente en pos de los nativos, se había alejado en exceso y corría el riesgo de quedar aislado. Viendo la oportunidad, los indios desviaron su esfuerzo principal de Crook y se concentraron en el teniente coronel. Si bien Royall recibió la orden de regresar al campamento, ya era demasiado tarde, sus fuerzas ya estaban comprometidas.

Viendo que la situación empeoraba, el oficial intentó retirarse a través de Kollmar Creek, pero el fuego de los indios era demasiado intenso, por lo que buscó salir hacia el sureste. Crook envió refuerzos para facilitar el repliegue de su segundo, y con dos compañías de infantería en una colina cercana, con fuego de rifle de largo alcance, y el apoyo de crows y shoshones en el cuerpo a cuerpo, logró mantener a los lakota y cheyenne a distancia, lo que salvó del desastre a las fuerzas en retirada. La batalla de Rosbund acabó varias horas más tarde, sufriendo las tropas del teniente coronel Royall la mayoría de las bajas durante la contienda.

William B. Royall
William B. Royall

Las otras dos expediciones, la del coronel John Gibbon, con 400 hombres y la del general Alfred Terry, con más de 1200, continuaban con la misma dinámica del general Crook, es decir, la búsqueda y reducción de los nativos en “rebeldía”.

El 7 de junio de 1876, la columna de Terry alcanzó la confluencia del río Yellowstone. El contingente estaba formado por 6 compañías y media de infantería, de los regimientos 6º y 17º, así como el 7º regimiento de caballería al completo, 40 exploradores arikaras y una ametralladora Gatling, además de un centenar de civiles. La columna de Gibbon se unió a ellos apenas varios días después.

El 7.º Regimiento de Caballería estaba mandado por el teniente coronel George Armstrong Custer, quien estuvo a punto de perderse esta campaña, debido a sus denuncias ante una Comisión del Congreso, que investigaba irregularidades cometidas por el Secretario de Defensa Grant, en la administración de los puestos militares de la frontera Oeste, lo que le valió la sanción del propio presidente de los Estados Unidos, hermano del investigado. Pero la intervención de los generales Sherman y Sheridan, así como presiones de la prensa, obligaron al presidente Grant a devolverle el mando del 7º Regimiento de Caballería, aunque esta vez encuadrado en el ejército que dirigía el brigadier general Terry y bajo su mando.

A Custer se le encomendó localizar el campamento de Caballo Loco, y se le dio libertad para actuar en base a las circunstancias que encontrase. Bien podía atacar el mismo con las fuerzas a su disposición, o esperar refuerzos para realizar una acción más contundente. La única orden que se le dio, fue la de evitar la fuga de los nativos hacia el sur o hacia el este, debía procurar que si estos escapaban, lo hiciesen hacia el norte, donde la columna de Terry y/o la de Gibbon los interceptarían, o en el peor de los casos hacia el oeste, donde además de la barrera del rio, se encontraban los crows, aliados del ejército, que podrían enfrentarse a los huidos.

Custer temía ser sorprendido por los indios y que estos empleasen sus tácticas de lucha habituales de golpear y desaparecer, sin ofrecer un ataque masivo salvo cuando se viesen en superioridad. Sin una localización que defender, los indios resultaban muy peligrosos en este tipo de acciones, por lo que los mandos estadounidenses buscaban ser siempre ellos los que sorprendiesen a los nativos. De este modo, el oficial estadounidense tenía dos prioridades, la de localizar el campamento y la de no ser detectado, para golpear primero. Tenía claro que el que sorprendiese al enemigo, tenía mucho ganado.

En este juego del gato y el ratón, fue el oficial de caballería el que logró su objetivo. Cerca del mediodía fue informado de la presencia de un campamento a escasos kilómetros, y que los nativos no eran conscientes de su presencia. Exultante y sin querer desaprovechar la oportunidad que se le presentaba, el comandante en jefe del 7º de caballería elaboró un plan de ataque. Su idea era golpear en un punto del campamento e inmediatamente después en el extremo opuesto, una fórmula infalible a lo largo de las guerras de la historia por desorientar al enemigo y ponerlo en pánico.

El campamento estaba situado en la orilla izquierda del rio Little Bighorn, ya que por ella se desarrollaba el valle. A la derecha había una serie de crestas y colinas, algunas bastante abruptas. Por tanto, el terreno ideal para lanzar un ataque rápido de caballería era la izquierda, y fue por allí, por el sur, por donde decidió que se daría el primer golpe, un ataque directo y sencillo. Encomendó esa misión a su segundo, al mayor Reno, y él se quedó al frente de las tropas que prosperarían por la orilla derecha, un avance más complicado, que además implicaba cruzar el rio para atacar.

Comanche
Comanche, el único caballo superviviente del destacamento de Custer

El ataque de Reno desde el sur, evitaba que los nativos huyeran por ahí, mientras el ataque de Custer, desde el este, cortaría esa vía de escape y facilitaría que los nativos huyesen hacia el norte, a lo largo del valle, tal y como se le había ordenado. Las tropas de Gibbon y Terry verían llegar a los fugitivos y les cortarían la retirada obteniendo suficientes rehenes para forzar la rendición de los guerreros y obligar la reclusión de las tribus en las reservas, tal y como se había hecho en otras ocasiones.

El plan estaba funcionando perfectamente, no habían sido detectados y se confirmaba que todo el poblado indio se encontraba a la izquierda del rio. No había campamentos a la derecha, entre las crestas, que pudieran huir hacia el este, con lo que se facilitaba la acción. Todo estaba a punto para dar el golpe, y cuando los indios tuviesen la atención centrada en su segundo, aparecería él por el este para sembrar el pánico. Pero cuando Custer llegó a los vados del rio, se sorprendió al ver que el campamento no estaba sumido en el caos. Reno había abortado la carga deteniéndose a un kilómetro y ordenando a sus hombres que desmontasen, dejando los caballos a unos 300 metros a retaguardia. No se entiende como el mayor pretendía vencer a los guerreros sioux y cheyenne, excelentes jinetes, echando pie a tierra y en una llanura inmensa, con su flanco izquierdo descubierto (el derecho lo apoyaba en el rio, que era muy boscoso, lo que se dice un flanco seguro).

Los indios detectaron las tropas del mayor Reno y tuvieron tiempo para prepararse, coger sus armas, amuletos, caballos, e incluso pintarse antes de salir al encuentro de los atacantes. Los envolvieron y buscaron el flanco débil que el oficial les ofrecía, evitando el poderío de las carabinas de retrocarga que portaban los soldados. Reno, flanqueado y amenazado con perder sus caballos, vio que la batalla estaba perdida, y también lo vieron sus hombres que, sin mediar orden, al principio uno a uno y después en grupos, corrieron a proteger sus caballos, ya que sabían que sin ellos eran hombres muertos contra los nativos. De este modo, la línea se desmoronó por completo. El ataque había durado apenas 15-20 minutos, el tiempo que había necesitado Custer para alcanzar su posición de ataque.

El general se encontró con la desagradable sorpresa de que había ya varios guerreros aprestados para la defensa, los más rezagados, que no habían acudido a hacer frente a las tropas de Reno al detectar la presencia de otro contingente enemigo. Además, el río venía más crecido de lo esperado, el mes había sido más lluvioso de lo habitual, e incluso había nevado el día uno. El río resultaría más difícil de vadear, y debería hacerlo bajo fuego enemigo.

Se produjo el nuevo ataque, en el otro extremo del campamento. Los sonidos de disparos y avisos del poblado, alertaron a los indios, que acosaban a un Reno derrotado, haciéndoles regresar inmediatamente para afrontar la nueva ofensiva y defender a sus familias, que habían huido en sentido opuesto al primer ataque y ahora se encontraban bajo una nueva amenaza.

El mayor había dejado de ser hostigado, dándose además el hecho de recibir el refuerzo de las tropas del capitán Benteen poco después. El oficial había sido enviado desde un inicio a fortalecer la izquierda de Reno, pero incomprensiblemente no había llegado a tiempo. Se le incorporó también el batallón de Mc Dougall, dejando al mayor en una posición inmejorable para reorganizarse y acudir de nuevo a la batalla, pero Reno no hizo nada durante dos horas, mientras su general se batía con los nativos al otro lado del campamento. Las únicas acciones se dieron por insubordinación de los oficiales y exploradores. Los exploradores arikara fueron los primeros en actuar, sin mediar órdenes reaccionaron inmediatamente y se acercaron tanto, que además de informar de la situación que vivía Custer, trajeron noticias de que el teniente Calhoun había sido herido. Había tiempo para reaccionar, pero el mayor Reno se mantuvo estático y paralizado. Después fue el capitán Weir, que se desplazó con su compañía, apenas cuarenta hombres, en ayuda de su general. Llegó hasta los picos más elevados a la orilla del rio, los actualmente Weir Picks, para descubrir el enjambre de nativos que acosaba a su oficial al mando. No fue hasta dos horas más tarde cuando el mayor tomó la decisión de acudir al rescate, y lo hizo obligado por sus oficiales. Además, cuando las compañías ya estaban en marcha, algunos oficiales testificaron que Reno ordenó el repliegue, pero que no obedecieron.

La masacre de Custer
La masacre de Custer en Big Horn, Montana

Custer buscó posiciones de ataque en todo momento, jamás un punto defensivo para aguantar mientras tuviese agua y municiones. Las únicas posiciones que tomó, eran puntos desde donde lanzar un contra ataque y mantener controlados a los fugitivos del enemigo, destacando compañías en los vados para evitar que los nativos pudieran huir hacia el este.

La estrategia del comandante en jefe del 7º de caballería, había sido el del ataque como mejor forma de defensa durante toda su carrera, y en Little Bighorn no fue una excepción. Nunca imaginó que sería aniquilado, y organizó a sus hombres en términos ofensivos. Entendía que en cualquier momento su ala izquierda, la columna de Reno, volvería a entrar en acción. Estando en una posición elevada, era conocedor de la llegada de Benteen, así como de que los hostiles habían dejado de acosar a su segundo para acudir a la defensa del poblado. Por tanto, solo era cuestión de tiempo que sus tropas llegasen desde el sur, un contingente que habiéndose unido también el batallón de McDougall, suponía 2/3 de sus fuerzas, así que esperaba su llegada para lanzar el contraataque. Pero los refuerzos no llegaron a tiempo…

Resultó una derrota muy dura para el ejército de los Estados Unidos, que como consecuencia multiplicó los medios destinados a la guerra, esfumándose de esa manera cualquier opción que hubiesen tenido los nativos americanos. Si bien la guerra se prolongó durante un año más, las consecuencias resultaron brutales para los lakota y los cheyenne, que se vieron confinados en reservas, y que hubieron de renunciar a las Black Hills y al territorio indio no cedido por el que hasta entonces se habían movido sin restricciones. Se acabó con el libre movimiento de los indios nómadas en las grandes llanuras. Por tanto, las consecuencias de Little Bighorn resultaron agridulces para los indios, una gran victoria táctica cuya inesperada magnitud acabo condenándolos a la ira del hombre blanco, que jamás perdonó tal afrenta.

El final de la guerra supuso prácticamente el fin de las hostilidades entre el ejército de los estados unidos y los nativos, si bien hubo un levantamiento con una última batalla unos 14 años después, en 1890.

La expansión hacia el Oeste de una nación que buscaba tierras y riquezas tras la Guerra de Secesión, chocó con la firme voluntad de unos nativos que vivían de la caza del bisonte y para los cuales no existían fronteras. Para doblegarlos, se liberó una guerra cruel que acabó con su forma ancestral de vida y que abocó a los antaño orgullosos lakota y cheyenne a convertirse en un pueblo sedentario.

Los indios habían luchado, y tras rechazar al propio Crook en la batalla de Rosebud, alcanzaron su mayor victoria en Little Bighorn, pero nada pudieron hacer ante la ambición y avaricia del hombre blanco, que utilizó todos los medios a su alcance para lograr sus objetivos, incluso la crueldad de acabar con las grandes manadas de bisontes para quitar el sustento de aquellos pueblos nómadas que vivían en harmonía con la naturaleza. A lo largo de dos décadas, la población de búfalos pasó de 50 millones a tan sólo cinco mil.

Lander Beristain

Lander Beristain

Lander Beristain, San Sebastián (Gipuzkoa) 1971. Siendo el menor de tres hermanos, se crió en el seno de una familia de clase media que además de aportarle su cariño, le inculcó el gusto por la educación y la cultura, así como unos valores personales marcados a fuego que aplica en todos los aspectos de su vida y proyectos en los que se implica.

Pasó su infancia en Deba (Gipuzkoa) y posteriormente se trasladó a vivir a San Sebastián.

Apasionado de la literatura y de la historia del imperio romano, así como de las novelas históricas que leía en diversos idiomas, tuvo que relegarlos a un segundo plano para acometer sus estudios de Ingeniería industrial en la Universidad de Navarra y desarrollar una carrera profesional estable.

Con infinidad de ideas en su cabeza comenzó a escribir “El Consejero de Roma” en 2017, tardando 2 años en confeccionar el primer borrador. Posteriormente fue puliendo diversos detalles y aspectos, antes de presentarlo a “Las nueve musas ediciones” para su edición, de forma que quedase listo para ver la luz. Un momento tan esperado como ilusionante.

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