Las nueve musas
Siva

Religión y vanguardia: una lectura de los «Cantos a Siva»

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Para la filología —al menos, para aquella que sigue el camino marcado oportunamente por Vossler— todo texto escrito es un documento de cultura, incluso los textos religiosos, y los Cantos a Siva son un claro ejemplo de esto.

A continuación, ofreceremos una lectura diferente de la obra mencionada.

  1. El fuego purificador de las vanguardias

«Un arte realmente nuevo es siempre revolucionario y aniquilador para lo viejo»[1], dijo el poeta y ensayista Aldo Pellegrini. La experiencia vanguardista, tal como nos lo recuerda el autor de Valija de fuego, lleva consigo una impronta destructiva, un mandato «purificador» que consiste justamente en acabar con lo existente y crear «lo nuevo», entendiendo «lo nuevo» como una suerte de respuesta definitiva y vehemente a aquello que conocemos por cultura instituida. Dicho proceso de transformación no caduca, es permanente, ya que el verdadero arte nunca se detiene, sino que pugna por seguir su trayectoria, su eterna mutación.

Las vanguardias planteaban «lo nuevo» como un absoluto, y esta paradoja, al mismo tiempo que garantizaba la fluctuación de los dispositivos creadores, implicaba una radical negación de lo ya instituido. En relación con esto, Adorno sostiene lo siguiente: «Lo nuevo es el deseo de lo nuevo, no lo nuevo en sí. Esta es la maldición de todo lo que es nuevo»[2]. Como podemos advertir, esta especie de búsqueda continua se vuelve pronto una condena, pero es lo que, al mismo tiempo, le da la categoría de efímero al arte vanguardista.

La ruptura con la tradición, incluso en términos violentos, es una de las ideas fuerza de las vanguardias y, por supuesto, esto tiene un correlato político. La distinción que René Lourau establece entre instituido, instituyente y contrainstitucional es completamente aplicable en este contexto.[3] Cuando cierta manifestación artística es asimilada, pierde su efecto insurreccional y se convierte en parte de la institución arte. Pasa de ser cosa instituyente a ser cosa instituida, abandonando así su furor contrainstitucional.

  1. Los poetas virasaivas o de la destrucción en nombre de un dios

Si leemos los Cantos a Siva, es posible que lleguemos a la conclusión de que el espíritu insurgente que vemos en las vanguardias de manera explícita sea algo inherente al ser humano. El aura religiosa de estos cantos le da un matiz comparable al de los poemas místicos, pero recordemos que nuestros místicos también fueron tildados de peligrosos por su particular heterodoxia, la misma que los impulsaba a trascender (aunque más indicado todavía sería vincular a los virasaivas con los cátaros del cristianismo hereje, aquella «diferencia masacrada»). Los santos virasaivas del Medioevo eran los artífices de los cantos en cuestión: virasaiva significa ‘militante de la fe de Siva’.

En la mayoría de las tradiciones hindúes, Siva forma parte de la trinidad de dioses que regulan el universo: Brahma, el creador; Visnú, el preservador, y Siva, el destructor. No para los virasaivas, para ellos únicamente había un dios al que adorar.

Estos poetas santos no solo rechazaron las grandes tradiciones védicas, sino también aquellas otras provenientes de su propio sistema sociocultural por considerarlas superficiales. Esas tradiciones simbolizan el deseo del hombre de estabilizar el cosmos para su provecho, convirtiéndolo en un lugar previsible, manipulable, seguro. Para los virasaivas no hay nada más arrogante que la previsibilidad, hija dilecta de la razón, porque el mundo de Siva es impredecible. Se presenta, entonces, una crisis del discurso instituido, a tal punto que se llega a descartar la idea de que es necesario hacer el bien para ganarse el Cielo, esa presunta recompensa, pues la rectitud, la virtud y la corrección no suponen ya ninguna garantía. Estos protonihilistas alentaban la experiencia individual, directa y original, en otras palabras, la más acerada forma de libertad posible: el furor contrainstitucional del que hemos hablado más arriba.

Cantos a Siva es un libro de vacanas. Una vacana es un poema lírico religioso en lengua kannada, estructurado en verso blanco. El kannada es una lengua culta utilizada en actividades sagradas, hecho que revela una vez más la estrecha relación entre lo sagrado y lo poético. El verso blanco, por otro lado, recién se ganaría el respeto que hoy posee, al menos en nuestro limitado Occidente, en el siglo XIX con el simbolismo; necesario es recalcar la audacia de estos santos al estructurar sus poemas, audacia que no se detenía, como vimos, en lo escrito.

A continuación, transcribimos una breve selección de vacanas:[4]

Se zambullen
donde quiera que vean agua.

Dan un rodeo
cada vez que ven un árbol.

¿Cómo pueden conocerte,
oh señor,
que adoras
las aguas que se secan,
los árboles que se marchitan?

Basavanna, poeta virasaiva

¿A quién le importa
si se poda un árbol
una vez cosechado el fruto?

¿A quién le importa
si alguien duerme con la mujer
que ya ha dejado?

¿A quién le importa
si se ara la tierra
que se abandonó?

Después de que mi cuerpo conoció a mi señor,
¿a quién le importa si sirve
de alimento a los perros
o si se convierte en agua?

Mahadevi, sacerdotisa virasaiva

Alimenta a los pobres,
di la verdad,
ofrece agua
al sediento
y construye pozos para la ciudad.

Entonces, tal vez, vayas al paraíso
después de la muerte, pero no estarás
más cerca de nuestro señor.

Y el hombre que no conoce a nuestro señor
nada consigue.

Allama Prabhu, músico y poeta virasaiva

[1] Aldo Pellegrini. Para contribuir a la confusión general, Buenos Aires, Leviatán, 2001.

[2] Theodor Adorno. Teoría estética. Madrid, Ediciones Akal, 2005.

[3] Véase René Lourau. «Instituido, instituyente y contrainstitucional», en El lenguaje libertario, Buenos Aires, Ediciones Terramar, 2005.

[4] Todas las vacanas fueron extraídas de Cantos a Siva, Buenos Aires, Need, 2000.

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Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi

Flavio Crescenzi nació en 1973 en la provincia de Córdoba, Argentina.

Es docente de Lengua y Literatura, y hace varios años que se dedica a la asesoría literaria, la corrección de textos y la redacción de contenidos.

Ha dictado seminarios de crítica literaria a nivel universitario y coordinado talleres de escritura creativa y escritura académica en diversos centros culturales de su país.

Cuenta con cinco libros de poesía publicados:
«Por todo sol, la sed», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2000);
«La gratuidad de la amenaza», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2001);
«Íngrimo e insular», Ediciones El Tranvía (Buenos Aires, 2005);
«La ciudad con Laura», Sediento Editores (México, 2012);
«Elucubraciones de un "flâneur"», Ediciones Camelot América (México, 2018).

Su primer ensayo, «Leer al surrealismo», fue publicado por Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional de la República Argentina en febrero de 2014.

Su más reciente trabajo publicado es «Del nominativo al ablativo. Una introducción a los casos gramaticales» (Editorial Académica Española, 2019).

Desde 2009 colabora en distintos medios con artículos de crítica cultural y literaria.

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